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SOBRE LA GUERRA PROLONGADA
¿POR QUE UNA GUERRA
PROLONGADA?
30. Examinemos ahora el problema de la guerra prolongada.
únicamente sobre la base de todos los contrastes fundamentales entre el enemigo
y nosotros, se puede dar una respuesta correcta a la pregunta: "¿Por qué una
guerra prolongada? "Por ejemplo, si nos limitamos a arg¸ir que el enemigo es una
fuerte potencia imperialista en tanto que nosotros somos un débil país
semicolonial y semifeudal, corremos el peligro de caer en la teoría de la
subyugación nacional, pues el simple hecho de que el débil se oponga al fuerte
no puede producir como resultado, ni en la teoría ni en la práctica una lucha
prolongada. Tampoco puede producirla el solo hecho de que uno sea grande y el
otro pequeño, o uno progresista y el otro retrógrado, o el que uno cuente con
amplio apoyo y el otro no. La anexión de un país pequeño por otro grande, o de
uno grande por otro pequeño, son cosas que suceden corrientemente. Es frecuente
que un país o fenómeno progresista, pero débil sea destruido por otro país o
fenómeno retrógrado, pero fuerte. La amplitud del apoyo es un factor importante,
y no obstante, secundario y su efecto depende de los factores básicos de ambos
contendientes. Por eso, nuestra afirmación de que la Guerra de Resistencia
contra el Japón será una guerra prolongada, es una conclusión derivada de la
interrelación entre todos los factores del enemigo y los de nuestro país. El
enemigo es fuerte y nosotros débiles; en esto reside el peligro de que seamos
subyugados. Pero al mismo tiempo, el enemigo tiene sus puntos débiles, y
nosotros, nuestras ventajas. Con nuestros esfuerzos, la ventaja del enemigo
puede ser reducida, y sus defectos, agravados. Por otra parte, esforzándonos,
podemos acrecentar nuestras ventajas y superar nuestro punto débil. Por
consiguiente, podemos lograr la victoria final y evitar la subyugación, mientras
que el enemigo será finalmente derrotado y no podrá evitar el derrumbamiento de
todo su sistema imperialista.
31. Si la ventaja del enemigo reside en un solo aspecto, y en
todos los demás se revelan sus puntos débiles, mientras nosotros tenemos un solo
aspecto débil y los restantes constituyen nuestras ventajas, ¿por qué no ha
producido esto, en el momento actual, una paridad de fuerzas, sino al contrario,
superioridad del enemigo e inferioridad nuestra? Es evidente que no se puede
abordar el problema de manera tan formal. El hecho es que la disparidad entre la
fuerza del enemigo y la nuestra es ahora tan grande, que los defectos de aquél
aún no se han desarrollado ni pueden desarrollarse, por el momento, en la
proporción necesaria para contrapesar su fortaleza, en tanto que nuestras
ventajas tampoco se han desarrollado ni pueden desarrollarse, por el momento, en
la proporción necesaria para compensar nuestra debilidad. Por lo tanto, todavía
no puede haber paridad, sino disparidad.
32. Si bien nuestros esfuerzos por perseverar en la Guerra de
Resistencia y mantener el frente único han modificado un tanto la correlación de
fuerzas entre el enemigo y nosotros, no se ha producido, sin embargo, un cambio
radical, por lo cual, en una etapa determinada de la guerra y en cierta medida;
el enemigo obtendrá victorias y nosotros sufriremos derrotas. Pero ¿por qué las
victorias enemigas y nuestras derrotas se limitarán a una determinada etapa y a
cierta medida, sin poder sobrepasar dicha etapa ni llegar a ser una victoria
total o una derrota completa? La razón reside, primero, en que desde el comienzo
la fortaleza del enemigo y nuestra debilidad han sido relativas y no absolutas,
y segundo, en que nuestros esfuerzos por perseverar en la Guerra de Resistencia
y mantener el frente único han acentuado ese carácter relativo. Consideremos la
situación desde el comienzo: si bien el enemigo es poderoso, su fortaleza ya se
ve minada por los factores desfavorables, aunque todavía no en grado suficiente
para destruir su superioridad. Por otra parte, si bien nosotros somos débiles,
nuestra debilidad ya se ve compensada por los factores favorables, aunque
todavía no en grado suficiente para superar nuestra inferioridad. Así resulta
que el enemigo es relativamente fuerte y nosotros relativamente débiles, que
aquél se encuentra en una posición relativamente superior y nosotros en una
relativamente inferior. Para ambos lados, la fortaleza y la debilidad, la
superioridad y la inferioridad no han sido jamás absolutas, y además, en el
curso de la guerra, nuestros esfuerzos por persistir en la Resistencia y en el
frente único han modificado aún más la correlación inicial de fuerzas. Por
consiguiente, las victorias del enemigo y nuestras derrotas se limitarán a una
determinada etapa y a cierta medida, y de ahí que la guerra sea prolongada.
33. Pero la situación continuará modificándose. En el curso de
la guerra, siempre que empleemos tácticas militares y políticas correctas, no
cometamos errores de principio y hagamos los mayores esfuerzos, los factores
desfavorables para el enemigo y los favorables para nosotros se desarrollarán a
medida que se prolongue la guerra, lo que continuará modificando inevitablemente
la correlación inicial de fuerzas y la posición relativa de los dos bandos.
Cuando se llegue a una nueva etapa determinada, se producirá un gran cambio en
la correlación de fuerzas y en la posición relativa de ambos lados, que
desembocará en la derrota del enemigo y en nuestra victoria.
34. Por el momento, el enemigo aún puede, de un modo u otro,
explotar su fortaleza; nuestra Guerra de Resistencia todavía no lo ha debilitado
en lo fundamental. Su insuficiencia de recursos humanos y materiales no es aún
lo bastante grave como para detener su ofensiva; por el contrario, esos recursos
todavía le permiten continuarla hasta cierto punto. El carácter retrógrado y
bárbaro de su guerra, factor que ha de intensificar los antagonismos de clase en
el propio Japón y la resistencia de la nación china, no ha creado aún una
situación que impida radicalmente la ofensiva del Japón. El aislamiento
internacional del enemigo está creciendo, pero todavía no ha llegado a ser
completo. En muchos países, que han expresado el deseo de ayudarnos, los
capitalistas que negocian en armamento y materias primas estratégicas, dedicados
sólo a la caza de ganancias, continúan proporcionando al Japón inmensas
cantidades de material bélico, en tanto que sus gobiernos aún no están
dispuestos a aplicar, junto con la Unión Soviética, sanciones prácticas contra
el Japón. Todo esto determina que nuestra Guerra de Resistencia no pueda
triunfar rápidamente y sólo pueda ser una guerra prolongada. En cuanto a China,
si bien en los terrenos militar, económico, político y cultural, en los que se
pone de manifiesto su debilidad, ha realizado ciertos progresos durante los diez
meses de Guerra de Resistencia, estos progresos, sin embargo, están todavía
lejos de alcanzar el grado necesario para detener la ofensiva del enemigo y
preparar nuestra contraofensiva. Más aún, desde el punto de vista cuantitativo,
hemos tenido que sufrir ciertas pérdidas. Si bien todos los factores que nos son
favorables actúan en sentido positivo, aún nos quedan por hacer ingentes
esfuerzos para que dichos factores se desarrollen hasta un grado tal que nos
permitan detener la ofensiva del enemigo y preparar nuestra contraofensiva.
Todavía no se han convertido en hechos la eliminación de la corrupción y la
aceleración del progreso en el país, ni el predominio sobre las fuerzas
projaponesas y el aumento de las fuerzas antijaponesas en el extranjero. Todo
esto también determina que nuestra guerra no pueda triunfar rápidamente y sólo
pueda ser una guerra prolongada.
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