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SOBRE LA GUERRA PROLONGADA
GUERRA POR UNA PAZ
PERDURABLE
57. La naturaleza prolongada de la Guerra de Resistencia de
China contra el Japón es inseparable de la lucha por una paz perdurable en China
y en el mundo entero. En ninguna época histórica ha estado la guerra tan próxima
como hoy a una paz perdurable. Como resultado de la aparición de las clases, la
vida de la humanidad a lo largo de milenios ha estado llena de guerras. Son
incontables las que ha sostenido cada nación, ya dentro del marco nacional, ya
contra otras naciones. En la etapa imperialista del desarrollo de la sociedad
capitalista, las guerras han adquirido una envergadura y un encarnizamiento
excepcionales. La Primera Gran Guerra imperialista, ocurrida hace veinte años,
fue una guerra sin parangón en la historia, mas no la última. Sólo la que ha
comenzado ahora está cerca de ser la última, es decir, está próxima a la paz
perdurable de la humanidad. Hasta hoy, una tercera parte de la población mundial
ha entrado en la guerra: Italia, luego el Japón; Abisinia, después España, luego
China. La población de los países beligerantes suma ahora cerca de seiscientos
millones, o sea, casi un tercio de la población mundial. Los rasgos peculiares
de la guerra actual son su carácter ininterrumpido y su proximidad a la paz
perdurable. ¿Por qué es ininterrumpida? Luego de invadir Abisinia, Italia agrede
a España, y Alemania se asocia a la agresión. Después, el Japón ataca a China.
¿Qué vendrá a continuación? No cabe duda de que Hitler combatirá contra las
grandes potencias. "El fascismo es la guerra"; esto es completamente cierto. No
habrá interrupción alguna en la transformación de la guerra actual en una guerra
mundial; la humanidad no podrá eludir la calamidad de la guerra. ¿Por qué
decimos entonces que esta guerra está próxima a la paz perdurable? La guerra
actual es el resultado del desarrollo de la crisis general del capitalismo
mundial, que comenzó con la Primera Guerra Mundial; esta crisis general empuja a
los países capitalistas a entrar en un nuevo conflicto bélico y, sobre todo, a
los países fascistas a emprender nuevas aventuras bélicas. Se puede prever que
esta guerra no salvará al capitalismo, sino que lo aproximará a su ruina: Esta
guerra será más vasta y encarnizada que la de hace veinte años, abarcará
inevitablemente a todas las naciones y será muy prolongada; la humanidad
soportará grandes sufrimientos. Pero en el curso de ella, debido a la existencia
de la Unión Soviética y a la elevación de la conciencia política de los pueblos
del mundo, surgirán sin duda grandiosas guerras revolucionarias para oponerse a
todas las guerras contrarrevolucionarias, confiriendo así a esta guerra el
carácter de lucha por una paz perdurable. Aunque más tarde haya todavía otro
período de guerra, ya no estará muy lejos la paz perdurable en el mundo entero.
Una vez que la humanidad haya eliminado el capitalismo, entrará en la era de la
paz perdurable, y ya no será necesaria la guerra. No se necesitarán entonces
ejércitos, buques de guerra, aviones militares ni gases tóxicos. El hombre ya no
volverá a ver la guerra por los siglos de los siglos. Las guerras
revolucionarias que han comenzado son parte de esta guerra por la paz
perdurable. El conflicto entre China y el Japón, países que tienen una población
total de más de quinientos millones, ocupará un lugar importante en esta guerra
por la paz perdurable, y de ella saldrá la liberación de la nación china. La
nueva China liberada, la China del futuro, será inseparable del nuevo mundo
liberado. el mundo del futuro. De ahí que nuestra Guerra de Resistencia contra
el Japón adquiera el carácter de lucha por una paz perdurable.
58. La historia demuestra que las guerras se dividen en dos
clases: las justas y las injustas. Todas las guerras progresistas son justas, y
todas las que impiden el progreso son injustas. Los comunistas nos oponemos a
todas las guerras injustas, que impiden el progreso, pero no estamos en contra
de las guerras justas, progresistas. Los comunistas lejos de oponernos a estas
últimas, participamos activamente en ellas. . Entre las guerras injustas, la
Primera Guerra Mundial fue un caso en que ambos bandos pelearon por intereses
imperialistas; por lo tanto, los comunistas del mundo entero se opusieron
resueltamente a ella. La forma de combatir una guerra de este tipo es hacer
cuanto se pueda por prevenirla antes de que estalle y, si llega a estallar,
oponer la guerra a la guerra, oponer la guerra justa a la injusta, tan pronto
como sea posible. La guerra que realiza el Japón es una guerra injusta, que
impide el progreso, y todos los pueblos del mundo, incluido el japonés, deben
oponerse y de hecho se oponen a ella. En China, todos, desde el pueblo hasta el
gobierno, desde el Partido Comunista hasta el Kuomintang, han levantado la
bandera de la justicia y realizan una guerra revolucionaria nacional contra la
agresión. Nuestra guerra es sagrada y justa, es progresista y aspira a la paz.
No sólo aspira a la paz de un país, sino también a la de todo el mundo, y no
sólo a una paz temporal, sino a una paz perdurable. Para lograr este objetivo,
debemos sostener una lucha a muerte, estar preparados para cualquier sacrificio,
perseverar hasta el fin y no detenernos jamás antes de alcanzar la meta. Serán
grandes los sacrificios y hará falta mucho tiempo, pero ya aparece con nitidez
ante nosotros un mundo nuevo donde reinarán para siempre la paz y la luz. La
convicción con que hacemos esta guerra se basa precisamente en que estamos
luchando por una nueva China y un nuevo mundo de paz y luz perdurables. El
fascismo y el imperialismo quieren perpetuar las guerras, pero nosotros queremos
acabar con ellas en un futuro no muy lejano. Para conseguir este fin, la gran
mayoría de la humanidad debe esforzarse al máximo. Los 450 millones de chinos
constituyen una cuarta parte de la población del mundo, y si mediante sus
esfuerzos mancomunados logran aplastar al imperialismo japonés y crear una nueva
China libre e igual en derechos, habrán hecho indudablemente una inmensa
contribución a la lucha por una paz perdurable en todo el mundo. Esta no es una
esperanza vana, pues el mundo entero ya se aproxima a este punto en el curso de
su desarrollo social y económico; y a condición de que la mayoría de los hombres
redoble sus esfuerzos, nuestro objetivo será de seguro alcanzado dentro de
algunas décadas.
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