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SOBRE LA GUERRA PROLONGADA
SOBRE LA GUERRA
PROLONGADA
Mayo de 1938
PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA
1. Se acerca el 7 de julio, primer aniversario del estallido de
la gran Guerra de Resistencia contra el Japón. Hace ya casi un año que toda la
nación, uniendo sus fuerzas y perseverando en la Guerra de Resistencia y en el
frente único, lucha heroicamente contra el enemigo. Esta guerra no tiene
precedentes en la historia de Oriente y ocupará un lugar destacado también en la
historia universal; los pueblos del mundo entero siguen con atención su
desarrollo. Todos los chinos que sufren los desastres de la guerra y luchan por
la existencia de la nación, anhelan diariamente la victoria. Pero ¿cuál será en
realidad el curso de la guerra? ¿Podremos vencer? ¿Podremos vencer rápidamente?
Muchos hablan de una guerra prolongada, pero ¿por qué una guerra prolongada? y
¿cómo hacerla? Muchos hablan de la victoria final, pero ¿por qué será nuestra la
victoria final? y ¿cómo lograrla? No todos han encontrado respuesta a estas
preguntas; más aún, la mayoría no la ha encontrado hasta ahora. Y así, los
derrotistas partidarios de la teoría de la subyugación nacional se han
presentado a decirle a la gente que China será subyugada y que la victoria final
no le pertenecerá. Ciertos amigos impetuosos también han salido a decir que
China puede triunfar muy pronto, sin necesidad de grandes esfuerzos. Pero ¿son
correctas estas opiniones? Siempre hemos dicho que no. Sin embargo, la mayoría
no ha comprendido aún lo que hemos venido diciendo. Esto se debe, en parte, a
que nuestro trabajo de propaganda y explicación ha sido insuficiente, y en
parte, a que los acontecimientos objetivos, en su desarrollo, aún no han
revelado por completo su naturaleza inherente ni manifestado claramente sus
rasgos, de modo que la gente no puede discernir las tendencias y perspectivas
del desarrollo de los acontecimientos en su conjunto ni, por lo tanto,
determinar enteramente las orientaciones y los métodos de acción. Ahora las
cosas van mejor; la experiencia de diez meses de Guerra de Resistencia ha sido
más que suficiente para desbaratar la teoría absolutamente infundada de la
subyugación nacional y, al mismo tiempo, para disuadir a nuestros amigos
impetuosos de su teoría de la victoria rápida. En estas circunstancias, mucha
gente pide una explicación a modo de balance. Y con mayor razón en lo referente
a la guerra prolongada, ya que no sólo existen contra ella las teorías de la
subyugación nacional y de la victoria rápida, sino que existe también una
comprensión huera de la misma. "Desde el Incidente de Lukouchiao, los
cuatrocientos millones de chinos vienen realizando esfuerzos mancomunados, y la
victoria final será de China." Esta fórmula está muy en boga. Es correcta, pero
es necesario darle un contenido. Si hemos podido perseverar en la Guerra de
Resistencia contra el Japón y mantener el frente único, ello se ha debido a la
concurrencia de numerosos factores: en el plano interior, todos los partidos y
grupos políticos, desde el Partido Comunista hasta el Kuomintang; todo el
pueblo, desde los obreros y los campesinos hasta la burguesía, y todas las
fuerzas armadas, desde las tropas regulares hasta las unidades guerrilleras; en
el plano internacional, el país socialista y todos los pueblos amantes de la
justicia, y en el campo enemigo, aquellos que entre la población civil y entre
los soldados del frente se oponen a la guerra. En una palabra, todos ellos han
contribuido en distintos grados a nuestra Guerra de Resistencia. Todo persona de
buena fe debe rendirles homenaje. Junto con los demás partidos que están por la
resistencia y el pueblo entero, los comunistas tenemos como único objetivo
luchar por unir todas las fuerzas para vencer a los abominables invasores
japoneses. El 1.ƒ de julio de este año se cumplirá el XVII aniversario de la
fundación del Partido Comunista de China. A fin de que cada comunista aporte
mejores y más grandes esfuerzos a la Guerra de Resistencia contra el Japón, es
también preciso conceder una importancia particular al estudio de la guerra
prolongada. Por esto, mis conferencias estarán dedicadas a ese estudio. Trataré
de hablar sobre todos los problemas vinculados con la guerra prolongada, pero no
me será posible entrar en todos los detalles en un solo ciclo de conferencias.
2. Toda la experiencia de los diez meses de Guerra de
Resistencia demuestra que son erróneas tanto la teoría de la inevitable
subyugación de China como la de su victoria rápida. La primera engendra la
tendencia al compromiso, y la segunda, la tendencia a la subestimación del
enemigo. Los partidarios de estas teorías abordan el problema de una manera
subjetiva y unilateral, es decir, no científica.
3. Antes de que se iniciara la Guerra de Resistencia, existían
muchas opiniones inspiradas en la teoría de la subyugación nacional. Se decía,
por ejemplo: "China está peor armada que el enemigo, y condenada a la derrota en
una guerra." "Si China resiste, se convertirá inevitablemente en otra Abisinia."
Desde que empezó la guerra, ya no se expresan abiertamente opiniones de este
orden; pero siguen manifestándose solapadamente, y en abundancia. Por ejemplo,
de tiempo en tiempo surge una atmósfera de compromiso, y sus partidarios
argumentan: "La continuación de la guerra significa la subyugación inevitable."
Desde la provincia de Junán, un estudiante nos escribe:
"En el campo tropiezo a cada paso con dificultades. Al hacer
propaganda sin ayuda de nadie, tengo que hablar con la gente donde y cuando la
encuentro. Mis interlocutores no son en modo alguno ignorantes; todos tienen
cierta comprensión de lo que está ocurriendo y se muestran muy interesados en lo
que les digo. Pero cuando tropiezo con mis propios parientes, siempre me dicen:
China no puede vencer; está condenada' ¡Qué asco! Y menos mal que no andan por
ahí divulgando sus opiniones, pues eso sería desastroso. ¡Los campesinos, como
es natural, les darían más crédito a ellos que a mí!"
Estos partidarios de la teoría de la inevitable subyugación de
China forman la base social de la tendencia al compromiso. A elementos de esta
especie se les encuentra en todos los rincones de China; por eso, el problema
del compromiso puede aflorar en el seno del frente antijaponés en cualquier
momento y quizá subsistirá hasta el final mismo de la guerra. Ahora que ha caído
S¸chou y que Wuján está en peligro, creo que no será inútil dar un mentís a la
teoría de la subyugación nacional.
4. Durante estos diez meses de Guerra de Resistencia, han
aparecido también toda clase de opiniones caracterizadas por la precipitación.
Por ejemplo, al comienzo de la guerra, mucha gente mostraba un optimismo sin
fundamento; subestimaba al Japón e incluso creía que los japoneses no podrían
llegar hasta la provincia de Shansí. Algunos menospreciaban el papel estratégico
de la guerra de guerrillas en la Guerra de Resistencia contra el Japón y ponían
en duda el siguiente planteamiento: "En el plano de conjunto, la guerra de
movimientos es lo principal, y la de guerrillas, lo auxiliar; en el plano
particular, la guerra de guerrillas es lo principal, y la de movimientos, lo
auxiliar." Desaprobaban la línea estratégica del VIII Ejército, que es: "Tomar
la guerra de guerrillas como lo fundamental, pero no perder oportunidad alguna
para realizar la guerra de movimientos cuando las condiciones sean favorables",
y consideraban que éste era un punto de vista "mecanicista". Durante la campaña
de Shanghai, algunos decían: "Basta resistir tres meses; la situación
internacional tendrá que cambiar, la Unión Soviética habrá de enviar tropas y la
guerra terminará." Depositaban sus esperanzas para el futuro de la Guerra de
Resistencia principalmente en la ayuda extranjera. A raíz de la victoria de
Taierchuang, algunos sostenían que la campaña de S¸chou debía ser una "batalla
casi decisiva" y que había que cambiar la política establecida de guerra
prolongada: Decían cosas tales como: "Esta campaña representa el último y
desesperado Forcejeo del enemigo"; "Si ganamos, los militaristas japoneses
quedarán desmoralizados y sólo podrán esperar su juicio final". La victoria de
Pingsingkuan se les había subido a la cabeza a algunos, y la de Taierchuang hizo
perder el juicio a un número aún mayor de personas. Y así se han suscitado dudas
acerca de si el enemigo atacará Wuján. Muchos piensan que "probablemente no", y
muchos otros, que "de ninguna manera". Tales dudas pueden afectar a todos los
problemas importantes. Por ejemplo: ¿son ya suficientes nuestras fuerzas para
resistir al Japón? La respuesta podría ser afirmativa; pues si se piensa que
nuestras actuales fuerzas son ya suficientes para detener la ofensiva del
enemigo, ¿para qué aumentarlas? O por ejemplo: ¿sigue siendo correcta la
consigna de consolidar y ampliar el frente único nacional antijaponés? La
respuesta podría ser negativa; pues si se cree que el frente único en su estado
actual es lo bastante fuerte para rechazar al enemigo, ¿para qué consolidarlo y
ampliarlo aún más? O bien: ¿deben intensificarse nuestras actividades
diplomáticas y la propaganda para el extranjero? Aquí, de nuevo, la respuesta
podría ser negativa O también: ¿es necesario proceder concienzudamente a
reformar el sistema que rige en el ejército y el sistema político, desarrollar
el movimiento de masas, poner en vigor la educación para la defensa nacional,
reprimir a los colaboracionistas y a los trotskistas, desarrollar la industria
de guerra y mejorar las condiciones de vida del pueblo? O igualmente: ¿siguen
siendo correctas las consignas que llaman a la defensa de Wuján, Cantón y el
Noroeste, y al desarrollo vigoroso de la guerra de guerrillas en la retaguardia
enemiga? Las respuestas podrían ser todas negativas. Existen incluso personas
que, apenas se produce un cambio ligeramente favorable en la situación de la
guerra, se preparan para intensificar los "roces" entre el Kuomintang y el
Partido Comunista, desviando la atención de los asuntos exteriores a los
interiores. Esto ocurre casi invariablemente cada vez que se gana una batalla
relativamente grande, o cuando el enemigo detiene en forma temporal su ofensiva.
Todo esto puede llamarse miopía política y militar. Tales argumentos, aunque
parecen razonables, son en realidad palabrería absolutamente infundada y
engañosa. Poner fin a tal verborrea ayudará a la prosecución victoriosa de la
Guerra de Resistencia contra el Japón.
5. La cuestión es entonces: ¿Será China subyugada? Respondemos:
No, no será subyugada; por el contrario, obtendrá la victoria final. ¿Puede
China vencer rápidamente? Respondemos: No, no puede vencer rápidamente; la
Guerra de Resistencia contra el Japón será una guerra prolongada.
6. Hace ya dos años señalamos; en líneas generales, los
principales argumentos relativos a estos problemas. EL 16 de julio de 1936,
cinco meses antes del Incidente de Sían y doce antes del Incidente de Lukouchiao,
en una entrevista con el Sr. Edgar Snow, periodista norteamericano, hice una
apreciación general de la situación de la guerra entre China y el Japón y
formulé una serie de orientaciones para conseguir la victoria. No está de más
traer acá algunos apartes:
Snow : ¿En qué condiciones puede China vencer y destruir
las fuerzas del imperialismo japonés?
Mao : Se necesitan tres condiciones: primera, la
creación de un frente único antijaponés en China; segunda, la formación de un
frente único antijaponés internacional; tercera, el ascenso del movimiento
revolucionario del pueblo japonés y de los pueblos de las colonias japonesas.
Para el pueblo chino, la más importante de las tres condiciones es su gran
unidad.
Snow : Según piensa usted, ¿cuánto tiempo durará esta
guerra?
Mao : Eso dependerá de la fuerza del frente único
antijaponés de China, y de cómo se desarrollen muchos otros factores
decisivos para China y para el
Japón. Es decir, aparte de la propia fuerza de China, que es lo principal,
desempeñarán también un papel importante la ayuda internacional y el apoyo que
le preste la revolución en el propio Japón. Si el frente único antijaponés de
China se desarrolla con vigor y se organiza eficiente en amplitud y profundidad;
si los gobiernos y pueblos convencidos de que el imperialismo japonés amenaza
sus propios intereses proporcionan a China la ayuda necesaria, y si la
revolución estalla rápidamente en el Japón, entonces la guerra terminará pronto
y China obtendrá rápidamente la victoria. Si estas condiciones no se hacen
realidad con prontitud, la guerra se prolongará. Pero el resultado será el
mismo: el Japón será derrotado y China vencerá, sólo que los sacrificios serán
grandes, y habrá que pasar por un período muy doloroso.
Snow : ¿Cuál es su opinión acerca del
probable desarrollo de esta guerra en el plano político y militar?
Mao : La política continental del Japón
está ya fijada. Quienes se imaginan que un compromiso con el Japón y nuevos
sacrificios del territorio y de la soberanía de China pueden detener la ofensiva
japonesa, sólo viven de ilusiones. Sabemos a ciencia cierta que también el valle
inferior del Yangtsé y nuestros puertos del Sur están ya incluidos en la
política continental del imperialismo japonés. Más aún, el Japón aspira a
apoderarse de las Filipinas, Siam, Vietnam, la península de Malaca y las Indias
Orientales holandesas, con el objeto de aislar a China de otros países y
establecer su dominación exclusiva en el Pacífico del Sudoeste. Esta es la
política marítima del Japón. En tales circunstancias, está fuera de toda duda
que China se encontrará en una situación sumamente difícil. Pero la gran mayoría
de los chinos creen que las dificultades pueden superarse. Sólo la gente
adinerada de los grandes centros comerciales es derrotista, porque teme perder
sus bienes. Muchos piensan que a China le será imposible continuar la guerra una
vez que su litoral sea bloqueado por el Japón. Esto es un disparate. Para
refutarlo bastaría referirnos a la historia de guerra del Ejército Rojo. La
posición de China en la Guerra de Resistencia contra el Japón es muy superior a
la del Ejército Rojo durante la guerra civil. China es un país inmenso. Aunque
el Japón consiguiese ocupar regiones con cien o incluso doscientos millones de
habitantes, estaríamos todavía muy lejos de ser derrotados. Aún nos quedaría una
gran fuerza para luchar contra el Japón, mientras éste
tendría que sostener, durante toda la guerra, incesantes combates defensivos en
su retaguardia. La falta de unidad en la economía china y su desarrollo desigual
presentan más bien ventajas para la Guerra de Resistencia contra el Japón. Por
ejemplo, aislar a Shanghai del resto de China no es en absoluto tan desastroso
para nosotros como lo sería para los EE.UU. separar a Nueva York del resto del
país. Aunque el Japón bloquee el litoral de China, le será imposible bloquear el
Noroeste, el Sudoeste y el Oeste de China. Por eso, una vez más, el punto
central del problema es la unidad de todo el pueblo chino y la Formación de un
frente antijaponés en que se una toda la nación. Esto es lo que venimos
proponiendo desde hace tiempo.
Snow : Si la guerra dura mucho tiempo sin que el Japón
sea derrotado por completo, ¿aceptaría el Partido Comunista negociar una paz con
el Japón y reconocer su dominio en el Nordeste de China?
Mao : No. Al igual que todo el pueblo, el Partido
Comunista de China no permitirá que el Japón retenga un solo palmo de territorio
chino.
Snow : ¿Cuál es, en su opinión, la línea estratégica
fundamental que ha de seguirse en esta guerra liberadora?
Mao : Nuestra línea estratégica debe ser la de emplear
nuestras fuerzas principales en operaciones sobre frentes muy dilatados y
variables. Para alcanzar la victoria, las tropas chinas deben sostener una
guerra de movimientos de gran movilidad en vastos teatros de operaciones, actuar
con rapidez tanto en los avances como en las retiradas, tanto en la
concentración como en la dispersión. Es decir, una guerra de movimientos en gran
escala, y no una guerra de posiciones, que depende exclusivamente de las obras
de fortificación con profundos fosos, altas fortalezas y sucesivas líneas
defensivas. Esto no significa el abandono de todos los puntos estratégicos
vitales, que deben ser defendidos mediante una guerra de posiciones siempre que
sea provechoso. Pero la estrategia capaz de transformar toda la situación ha de
ser la guerra de movimientos. La guerra de posiciones también es necesaria pero
sólo puede desempeñar un papel secundario, auxiliar. Desde el punto de vista
geográfico, el teatro de la guerra es tan vasto que nos permite efectuar una
guerra de movimientos con la máxima eficacia. Frente a las vigorosas acciones de
nuestro ejército, las tropas japonesas tendrán que actuar con prudencia.
Su maquinaria bélica es voluminosa, de movimientos
lentos y eficacia limitada. Si concentramos nuestras fuerzas en un estrecho
sector del frente para oponer resistencia en una guerra de desgaste,
desperdiciaremos las ventajas que nos proporcionan las condiciones geográficas y
nuestra organización económica, y repetiremos el error de Abisinia. Debemos
evitar toda gran batalla decisiva en el periodo inicial de la guerra, y recurrir
primero a la guerra de movimientos para minar la moral y la capacidad combativa
de las tropas enemigas.
Además de emplear para la guerra de movimientos
tropas adiestradas, debemos organizar gran cantidad de unidades guerrilleras
entre los campesinos. Hay que comprender que los destacamentos de voluntarios
antijaponeses en las tres provincias del Nordeste, apenas son una pequeña
muestra de las fuerzas latentes del campesinado de todo el país que pueden
movilizarse para sostener la Guerra de Resistencia. Las fuerzas latentes del
campesinado chino son enormes, y basta organizarlas y dirigirlas apropiadamente
para no dar sosiego a las tropas japonesas durante las veinticuatro horas del
día, abrumándolas basta el agotamiento completo. No hay que olvidar que la
guerra se desarrolla en China. Esto significa que las tropas japonesas estarán
completamente rodeadas por una población hostil, que se verán obligadas a traer
los pertrechos necesarios, y vigilarlos ellas mismas, que tendrán que emplear
importantes fuerzas para proteger las líneas de comunicación, manteniéndose
constantemente en guardia contra los ataques por sorpresa, y además, guarnecer
con gran parte de sus fuerzas a Manchuria y al propio Japón.
En el curso de la guerra, China podrá hacer
prisioneros a muchos soldados japoneses y capturar gran cantidad de armas y
municiones para pertrecharse a sí misma; al mismo tiempo, procurará obtener
ayuda extranjera para reforzar gradualmente el armamento de sus tropas. Por eso,
en las postrimerías de la guerra, podrá emprender una guerra de posiciones,
atacando las posiciones enemigas en las zonas ocupadas. De este modo, la
economía del Japón se derrumbará a consecuencia del prolongado desgaste causado
por la Guerra de Resistencia de China, y sus tropas se desmoralizarán en el
curso de innumerables batallas extenuativas. En cuanto a China, sus fuerzas
latentes de resistencia brotarán con pujanza creciente y, en un inmenso torrente
ininterrumpido, las masas populares revolucionarias marcharán al frente para
combatir por la libertad. Todos estos factores,
coordinados con otros, nos permitirá lanzar los ataques finales y decisivos
contra las fortificaciones y bases del Japón en el territorio por él ocupado, y
arrojar de China a sus tropas invasoras.
La experiencia de los diez meses de Guerra de Resistencia ha
confirmado la justeza de las consideraciones anteriores, y el futuro seguirá
confirmándola.
7. Ya el 25 de agosto de 1937, a poco más de un mes del
Incidente de Lukouchiao, el Comité Central del Partido Comunista de China señaló
con claridad en su "Resolución sobre la situación actual y las tareas del
Partido":
La provocación de los invasores japoneses en Lukouchiao y su
ocupación de Peiping y Tientsín no son más que el comienzo de su ofensiva en
gran escala contra el territorio chino al Sur de la Gran Muralla. Los invasores
japoneses han iniciado en su país la movilización general para la guerra. Su
propaganda en el sentido de que no tienen "ningún deseo de agravar la situación"
es sólo una cortina de humo para encubrir su ofensiva.
La resistencia ofrecida el 7 de julio en Lukouchiao señaló el
punto de partida para la Guerra de Resistencia de China en escala nacional.
La situación política de China ha entrado así en una nueva
etapa: la resistencia efectiva. Ya pertenece al pasado la etapa de preparación
para la resistencia. La tarea central de la actual etapa consiste en movilizar a
todas las fuerzas para obtener la victoria de la Guerra de Resistencia.
La clave para la victoria reside hoy en desarrollar la Guerra
de Resistencia ya iniciada, convirtiéndola en una guerra de resistencia general
de toda la nación. Sólo mediante una guerra así, se podrá lograr la victoria
final.
Como en la actualidad todavía existen serias deficiencias en la
Guerra de Resistencia, podrán presentarse en su curso futuro muchos descalabros,
retrocesos, divisiones internas, traiciones, compromisos temporales y parciales
y otras situaciones adversas. Por consiguiente, debemos tener en cuenta que ésta
será una guerra dura y prolongada. Pero estamos convencidos de que, gracias a
los esfuerzos de nuestro Partido y del pueblo entero, la Guerra de Resistencia
ya iniciada barrerá todos los obstáculos para continuar su avance y desarrollo.
La experiencia de estos diez meses de Guerra de Resistencia ha
confirmado igualmente la justeza de estas consideraciones, y el futuro seguirá
confirmándola.
8. Las raíces gnoseológicas de todos los conceptos erróneos
sobre la guerra son las tendencias idealista y mecanicista. Quienes tienen estas
tendencias enfocan el problema de manera subjetiva y unilateral. Se entregan a
una charla carente de todo fundamento y puramente subjetiva, o bien, basándose
en un solo aspecto o en una manifestación temporal del problema, los exageran
también subjetivamente, tomándolos por el todo. Ahora bien, hay dos categorías
de conceptos erróneos: una comprende los errores fundamentales y de carácter
permanente, que son difíciles de rectificar; la otra, los errores accidentales y
de carácter temporal, que son fáciles de rectificar. Sin embargo, como unos y
otros son errores, todos tienen que ser rectificados. Por lo tanto, sólo
oponiéndonos a las tendencias idealista y mecanicista en el problema de la
guerra y examinándolo objetivamente y en todos sus aspectos, podemos llegar a
conclusiones correctas.
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