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SOBRE LA GUERRA PROLONGADA
LAS TRES ETAPAS DE LA GUERRA
PROLONGADA
35. Dado que la guerra chino-japonesa será una guerra
prolongada y que la victoria final pertenecerá a China, se puede suponer con
razón que en su desarrollo concreto esta guerra pasará por tres etapas. La
primera es el período de ofensiva estratégica del enemigo y defensiva
estratégica nuestra. La segunda será el período de consolidación estratégica del
enemigo y preparación nuestra para la contraofensiva. La tercera, el de
contraofensiva estratégica nuestra y retirada estratégica del enemigo. Es
imposible predecir lo que ocurrirá concretamente en las tres etapas, pero a la
luz de las condiciones actuales, se pueden señalar ciertas tendencias
fundamentales del desarrollo de la guerra. El desarrollo de la realidad objetiva
será extraordinariamente rico, variado y sinuoso, y nadie puede hacer un
"horóscopo" de la guerra chino-japonesa; no obstante, para la dirección
estratégica de la guerra, es necesario trazar un esquema de su desarrollo.
Aunque nuestro esquema no puede coincidir exactamente con los futuros
acontecimientos y ha de ser corregido por ellos, sigue siendo necesario
trazarlo, con el objeto de dar a la guerra prolongada una dirección estratégica
firme y bien definida.
36. La primera etapa de la guerra no ha concluido aún. El
propósito del enemigo es ocupar Cantón, Wuján y Lanchou y unir estos tres
puntos. Para alcanzar este objetivo, el enemigo tendrá que utilizar por lo menos
50 divisiones, con cerca de 1.500.000 hombres, emplear de un año y medio a dos
años y gastar más de l0.000 millones de yenes. Al penetrar tan profundamente en
nuestro país, el enemigo encontrará inmensas dificultades y obtendrá desastrosos
resultados. En cuanto a su intento de ocupar toda la línea del ferrocarril
Cantón-Jankou y la carretera Sían-Lanchou, tiene que pasar, para ello, por muy
arriesgadas batallas y es posible que, aun así, no logre plenamente su
propósito. Sin embargo, es necesario que tomemos disposiciones para una guerra
prolongada, basando nuestro plan de operaciones en el supuesto de que el enemigo
consiga ocupar esos tres puntos y hasta algunas regiones más, así como
enlazarlos entre sí, de modo que podamos enfrentarlo incluso en el caso de que
logre su intento. La forma principal de lucha que debemos adoptar en esta etapa
es la guerra de movimientos, complementada por la de guerrillas y la de
posiciones. Si bien en la fase inicial de esta etapa, la guerra de posiciones
fue colocada en primer plano debido a los errores subjetivos de las autoridades
militares del Kuomintang, desde el punto de vista de la etapa en su conjunto,
desempeñará de todos modos un papel auxiliar. En esta etapa se ha formado ya en
China un amplio frente único y se ha logrado una unidad sin precedentes. Aunque
el enemigo, en el intento de realizar su plan de decisión rápida y conquistar
toda China sin mucho esfuerzo, ha recurrido y seguirá recurriendo a medios
ruines y desvergonzados para inducir a China a la capitulación, hasta ahora ha
fracasado, y difícilmente logrará éxito en el futuro. En esta etapa, China
sufrirá grandes pérdidas, pero al mismo tiempo realizará notables progresos, que
se convertirán en la base principal para la continuación de la Guerra de
Resistencia en la segunda etapa. En la etapa actual, la Unión Soviética ha
prestado ya una ayuda cuantiosa a China. En lo que respecta al enemigo, ya se
observan señales del descenso de su moral, y el ímpetu ofensivo de sus tropas
terrestres es ahora, en la fase media de esta etapa, menor que en la fase
inicial, y disminuirá aún más en la fase final. Las finanzas y la economía del
Japón empiezan a mostrar indicios de agotamiento; entre su población y sus
soldados apunta el cansancio de la guerra, y en el seno de la camarilla que la
dirige comienza a manifestarse la "decepción de la guerra" y crece el pesimismo
respecto a las perspectivas del conflicto.
37. La segunda etapa puede ser denominada de equilibrio
estratégico. Al final de la primera etapa, debido a su escasez de tropas y a
nuestra firme resistencia, el enemigo se verá obligado a fijar, dentro de
ciertos límites, el punto final de su ofensiva estratégica. Llegado a este
punto, detendrá su ofensiva y entrará en la etapa de consolidación del
territorio ocupado. En esta segunda etapa, el enemigo tratará de consolidar ese
territorio, de apropiárselo recurriendo al engañoso método de establecer
gobiernos títeres, y de saquear hasta el máximo al pueblo chino; pero entonces
tendrá que enfrentar una tenaz guerra de guerrillas. Aprovechando que la
retaguardia del enemigo está débilmente guarnecida, nuestra guerra de guerrillas
habrá experimentado un amplio desarrollo en la primera etapa y se habrá creado
muchas bases de apoyo, lo que constituirá una seria amenaza para el intento del
enemigo de consolidar el territorio ocupado; así, durante la segunda etapa,
seguirán entablándose operaciones militares en vastas zonas. En dicha etapa,
nuestra forma de lucha será principalmente la guerra de guerrillas;
complementada por la de movimientos. China contará todavía con un gran ejército
regular, pero le será difícil pasar pronto a la contraofensiva estratégica, pues
de un lado, el enemigo adoptará una posición estratégicamente defensiva en las
grandes ciudades y a lo largo de las principales vías de comunicación ocupadas
por él, y del otro, las condiciones técnicas de China distarán aún de ser
adecuadas. A excepción de las tropas dedicadas a defender los frentes, gran
cantidad de nuestras fuerzas se trasladarán a la retaguardia enemiga para actuar
en formaciones relativamente dispersas, y apoyándose en las zonas que el enemigo
no haya ocupado y en coordinación con las fuerzas armadas de la población local,
desencadenarán una vasta y violenta guerra de guerrillas contra las zonas
ocupadas y, en la medida de sus posibilidades, obligarán al enemigo a
desplazarse a fin de destruirlo en operaciones móviles, como se hace actualmente
en la provincia de Shansí. En esta etapa, la guerra será cruel y muchas regiones
del país sufrirán una grave devastación. Pero la guerra de guerrillas tendrá
éxito y, de ser bien conducida, hará que el enemigo sólo pueda conservar
aproximadamente una tercera parte del territorio ocupado, mientras que alrededor
de dos terceras partes se encontrarán en nuestras manos. Esto constituirá una
gran derrota para el enemigo y una gran victoria para China. Para entonces, todo
el territorio ocupado por el enemigo estará dividido en tres categorías: bases
enemigas, bases de apoyo de la guerra de guerrillas y zonas guerrilleras
disputadas por ambas partes. La duración de esta etapa dependerá del grado en
que cambie la correlación de fuerzas entre el enemigo y nosotros y de los
cambios en la situación internacional. Hablando en general, debemos estar
preparados para atravesar una etapa relativamente larga y recorrer un camino
penoso. Será un período muy doloroso para China. El país enfrentará dos graves
problemas: las dificultades económicas y las actividades de zapa de los
colaboracionistas. El enemigo desplegará febrilmente sus actividades para
socavar el frente único de China, y todas las organizaciones de los
colaboracionistas en las zonas ocupadas se fusionarán para formar un "gobierno
unificado ". Dentro de nuestras filas, debido a la pérdida de grandes ciudades y
a las dificultades causadas por la guerra; los elementos vacilantes abogarán a
voz en cuello por el compromiso, y el estado de ánimo pesimista alcanzará serias
proporciones. Nuestras tareas entonces consistirán en movilizar a las masas
populares de todo el país para que se unan como un solo hombre y perseveren con
inquebrantable firmeza en la guerra; ampliar y consolidar el frente único;
barrer todo pesimismo y toda idea de compromiso; promover el espíritu de
tenacidad en la lucha, y poner en práctica una nueva política de tiempos de
guerra, a fin de salir airosos de esta difícil prueba. En esta segunda etapa,
tendremos que llamar a todo el país a mantener con decisión un gobierno
unificado y oponerse a la división; tendremos que mejorar sistemáticamente
nuestra técnica de combate, transformar el ejército, movilizar a todo el pueblo
y prepararnos para la contraofensiva. En esta etapa, la situación internacional
se tornará aún más desfavorable para el Japón, y aunque puedan surgir cantinelas
del "realismo" tipo Chamberlain que se acomoda a los "hechos consumados", las
principales fuerzas internacionales brindarán mayor ayuda a China. La amenaza
del Japón contra el Sudeste de Asia y contra Siberia será mayor, e incluso es
posible que estalle otra guerra. En lo que atañe al Japón, decenas de sus
divisiones permanecerán irremediablemente empantanadas en China. La vasta guerra
de guerrillas y el amplio movimiento popular antijaponés fatigarán a esta enorme
fuerza enemiga, desgastándola en gran medida, por una parte, y por la otra,
quebrantando su moral al avivar su nostalgia y acrecentar su sentimiento de
apatía e incluso hostilidad hacia la guerra. Aunque no puede decirse que el
Japón no logre absolutamente nada en su pillaje de China, sin embargo, falto de
capital y hostigado por la guerra de guerrillas, no podrá obtener resultados
rápidos ni sustanciales. Esta segunda etapa será la de transición de la guerra
en su conjunto y también el periodo más duro, pero marcará su punto de viraje.
El que China se convierta en país independiente o sea reducida a colonia, no lo
determina la conservación o la pérdida de las grandes ciudades en la primera
etapa, sino la magnitud del esfuerzo de toda la nación en la segunda. Si
perseveramos en la Resistencia, en el frente único y en la guerra prolongada,
China adquirirá en esta etapa la fuerza suficiente para convenirse de la parte
débil en la fuerte. Este será el segundo de los tres actos en el drama de la
Guerra de Resistencia de China. Con los esfuerzos de todos los actores, será
posible representar un brillantísimo acto final.
38. La tercera etapa será la de nuestra contraofensiva para
recuperar el territorio perdido. Su recuperación dependerá principalmente de la
fuerza que China haya preparado en la etapa precedente y que continuará
creciendo en la tercera. Pero la sola fuerza de China no será suficiente, y
tendremos que contar con la ayuda de las fuerzas internacionales y con aquella
representada por los cambios que se operen dentro del Japón; de otro modo no
podremos triunfar. Esto aumenta las tareas de China en la propaganda para el
extranjero y en las actividades diplomáticas. En esta etapa, ya no estaremos a
la defensiva estratégica, sino que pasaremos a la contraofensiva estratégica, la
cual asumirá la forma de ofensiva estratégica; en vez de seguir operando en
líneas estratégicamente interiores, pasaremos poco a poco a operar en líneas
estratégicamente exteriores. La guerra no podrá considerarse como terminada
hasta que nuestro ejército llegue al río Yalu. La tercera etapa será la última
de la guerra prolongada, y cuando hablamos de perseverar en la guerra hasta el
final, queremos decir que es necesario recorrer toda esta etapa. En ella nuestra
principal forma de lucha será, de nuevo, la guerra de movimientos, pero la
guerra de posiciones ocupará un lugar destacado. Mientras en la primera etapa la
defensa de posiciones no puede considerarse como importante debido a las
condiciones de este momento, el ataque a posiciones asumirá bastante importancia
en la tercera etapa en virtud de los cambios producidos en las condiciones y
debido a las exigencias de las tareas. En esta etapa, la guerra de guerrillas
volverá a desempeñar un papel auxiliar, de apoyo estratégico a la guerra de
movimientos y a la de posiciones, en lugar de ser la forma principal como en la
segunda etapa.
39. En tales circunstancias es evidente que la guerra será
prolongada y, por lo tanto, encarnizada. El enemigo no podrá engullirse por
completo a China, pero sí ocupar muchas de sus regiones por un tiempo
considerable. China no podrá expulsar con rapidez a los invasores japoneses,
pero conservará en sus manos la mayor parte de su territorio. Al final, el
enemigo será derrotado y nosotros venceremos; pero será preciso recorrer un
penoso camino.
40. De esta guerra larga y encarnizada, el pueblo chino saldrá
bien templado. Los partidos políticos que participan en la guerra también serán
sometidos a temple y prueba. El frente único debe ser mantenido firmemente; sólo
manteniéndolo podremos perseverar en la guerra, y sólo perseverando en el frente
único y en la guerra podremos obtener la victoria final. únicamente así
conseguiremos superar todas las dificultades. Después de recorrer en la guerra
el sendero escabroso, llegaremos al camino real de la victoria. Esta es la
lógica natural de la guerra.
41. En las tres etapas, los cambios en la correlación de
fuerzas entre el enemigo y nosotros se operarán según el orden siguiente: En la
primera etapa, el enemigo es superior en fuerza y nosotros inferiores. Con
respecto a esta inferioridad nuestra, es preciso tener en cuenta dos tipos
diferentes de cambios que se producen desde vísperas de la Guerra de Resistencia
hasta el final de esta etapa. Los del primer tipo son cambios desfavorables. La
inferioridad inicial de China se agrava con las pérdidas sufridas durante la
primera etapa, es decir, disminución de territorio, población, recursos
económicos, potencia militar e instituciones culturales. Dichas pérdidas podrán
ser considerables hacia el final de la primera etapa, especialmente en el
aspecto económico. Este hecho será explotado por algunos como argumento en favor
de sus teorías de la subyugación nacional y del compromiso. Pero es preciso
tener en cuenta los cambios del segundo tipo, los favorables: experiencia
adquirida en la guerra, progreso en el ejército, progreso político, movilización
del pueblo, desarrollo cultural en una nueva dirección, surgimiento de la guerra
de guerrillas, aumento de la ayuda internacional, etc. En la primera etapa, lo
que declina es la vieja cantidad y la vieja calidad, y este fenómeno es
principalmente de orden cuantitativo. Lo que asciende es la nueva cantidad y la
nueva calidad, y este fenómeno es principalmente de orden cualitativo. los
cambios del segundo tipo nos proporcionan una base para sostener una guerra
prolongada y lograr la victoria final.
42. En la primera etapa, también se producen dos tipos de
cambios en el bando enemigo. Los del primer tipo son cambios desfavorables, que
representan centenares de miles de bajas, consumo de armas y municiones,
descenso de la moral de las tropas, descontento del pueblo japonés, disminución
del comercio, gasto de más de diez mil millones de yenes, condenación de la
opinión pública mundial, etc. Esto nos proporciona otra base para sostener una
guerra prolongada y lograr la victoria final. Pero asimismo deben tenerse en
cuenta los cambios del segundo tipo, los favorables, en el bando enemigo:
aumento de territorio, habitantes y recursos materiales en su poder. Esto
también constituye una razón para probar que nuestra Guerra de Resistencia será
prolongada y que la victoria rápida es imposible; al mismo tiempo, algunos lo
explotarán como argumento en favor de sus teorías de la subyugación nacional y
del compromiso. No obstante, debemos tener en cuenta el carácter transitorio y
parcial de estos cambios favorables en el campo enemigo. EL Japón es una
potencia imperialista condenada al derrumbamiento, y su ocupación de territorio
chino no puede ser sino temporal. El vigoroso desarrollo de la guerra de
guerrillas de China restringirá de hecho su esfera de ocupación a estrechas
miras: Además, su ocupación de territorio chino ha engendrado nuevas
contradicciones entre el Japón y otros países y profundizado las que ya
existían. Más aún, como lo demuestra la experiencia en las tres provincias del
Nordeste, en general esta ocupación sólo significará para el Japón, durante un
período considerable, inversión de capital y no obtención de ganancias. Todo
esto nos proporciona asimismo argumentos para desbaratar las teorías de la
subyugación nacional y del compromiso y establecer las de la guerra prolongada y
de la victoria final.
43. En la segunda etapa, continuarán desarrollándose en ambos
bandos los cambios antes mencionados; aunque no se puede predecir en detalle la
situación, en términos generales podemos afirmar que el Japón continuará en
descenso y China en ascenso. Por ejemplo, el Japón sufrirá un cuantioso desgaste
de sus recursos militares y financieros a causa de la guerra de guerrillas de
China; crecerá el descontento entre su población; bajará aún más la moral de sus
tropas, y su aislamiento internacional se agravará. En cuanto a China, habrá
progresos aún mayores en lo político, militar y cultural y en la movilización
del pueblo; se desarrollará aún más la guerra de guerrillas; su economía
experimentará cierto desarrollo nuevo sobre la base de la pequeña industria y la
agricultura de las vastas zonas del interior del país; la ayuda internacional
aumentará en forma gradual, y el cuadro entero ofrecerá un aspecto muy distinto
del actual. La segunda etapa probablemente durará un tiempo bastante largo,
durante el cual se producirán grandes cambios en la correlación de fuerzas:
China se elevará poco a poco y el Japón declinará más y más. China saldrá de su
inferioridad y el Japón perderá su superioridad, de modo que, tras un período de
paridad, la correlación de fuerzas entre los dos países quedará invertida.
Entonces China habrá completado en lo fundamental sus preparativos para la
contraofensiva estratégica y entrará en la etapa de contraofensiva y de
expulsión del enemigo. Es necesario subrayar una vez más que el cambio de
inferioridad en superioridad y la conclusión de los preparativos para la
contraofensiva implican el aumento de la fuerza de China, de las dificultades
del Japón y de la ayuda internacional que recibamos. La combinación de estos
factores asegurará a China la superioridad y le permitirá dar cima a los
preparativos para su contraofensiva.
44. Debido a la desigualdad del desarrollo político y económico
de China, la contraofensiva estratégica de la tercera etapa no será, en su fase
inicial, uniforme y armoniosa en todo el país, sino que tendrá un carácter
zonal, ascendiendo en un lugar y descendiendo en otro. Durante esta etapa, el
enemigo no cejará en sus intentos de escindir por todos los medios posibles el
frente único de China, por lo cual la tarea de mantener la unidad interna del
país se tornará aún más importante, y tendremos que velar porque la
contraofensiva estratégica no se malogre a mitad de camino por disensiones
internas. En este período, la situación internacional se volverá muy favorable
para nosotros. La tarea de China será aprovecharla para alcanzar su total
liberación y establecer un Estado democrático independiente, lo cual ayudará, a
su vez, al movimiento antifascista mundial.
45. China pasará de la inferioridad a la paridad de fuerzas, y
luego a la superioridad; el Japón, de la superioridad a la paridad, y luego a la
inferioridad: China pasará de la defensiva al equilibrio, y luego a la
contraofensiva; el Japón, de la ofensiva a la consolidación, y luego a la
retirada. He aquí el proceso de la guerra chino-japonesa y su curso lógico.
46. Así, llegamos a las siguientes conclusiones para las
preguntas planteadas: ¿Será China subyugada? Respuesta: No, no lo será, y la
victoria final será suya. ¿Puede China vencer rápidamente? Respuesta: No, no
puede vencer rápidamente, y la guerra tiene que ser prolongada. ¿Son correctas
estas conclusiones? Creo que sí.
47. Al llegar a este punto, los partidarios de las teorías de
la subyugación nacional y del compromiso se presentarán nuevamente a decir: Para
pasar de la inferioridad a la paridad, China necesitará una potencia militar y
económica igual a la del Japón, y para pasar de la paridad a la superioridad,
necesitará una potencia militar y económica superior a la del Japón; pero como
esto es imposible, las conclusiones precedentes son incorrectas.
48. Esta es la llamada teoría de que "las armas lo deciden
todo", teoría mecanicista y punto de vista subjetivo y unilateral sobre el
problema de la guerra. Nuestro punto de vista es opuesto a esta teoría; no sólo
tenemos en cuenta las armas, sino también los hombres. Las armas son un factor
importante en la guerra, pero no el decisivo. El factor decisivo es el hombre, y
no las cosas. La correlación de fuerzas es determinada no sólo por la potencia
militar y económica, sino también por los recursos humanos y el apoyo popular.
La potencia militar y económica es manejada por el hombre Si la gran mayoría de
los chinos, de los japoneses y de la población de otros países se colocan del
lado de nuestra Guerra de Resistencia, ¿podrá considerarse como superioridad la
potencia militar y económica que una ínfima minoría del Japón detenta por la
fuerza? Y si no puede considerarse así, ¿no pasará entonces China a ser
superior, a pesar de disponer de una fuerza militar y económica relativamente
inferior? Está fuera de toda duda que la potencia militar y económica de China
crecerá en forma gradual, siempre que China persevere en la Guerra de
Resistencia y en el frente único. En cuanto a nuestro enemigo, que será
debilitado por la larga guerra y las contradicciones internas y externas, su
potencia militar y económica sufrirá inevitablemente un cambio en sentido
inverso. En tales circunstancias, ¿acaso no podrá China convenirse en superior?
Y esto aún no es todo. En el momento actual todavía no podemos contar manifiesta
y ampliamente con la potencia militar y económica de otros países, pero ¿acaso
tampoco podremos hacerlo en el futuro? Si el adversario del Japón no es sólo
China, si en el futuro uno o varios países emplean abiertamente una parte
considerable de su potencia militar y económica para defenderse del Japón o
atacarlo y nos ayudan abiertamente, entonces ¿no será aún mayor nuestra
superioridad? El Japón es un país pequeño, sostiene una guerra retrógrada y
bárbara, y quedará cada vez más aislado en el plano internacional. China es un
país grande, realiza una guerra progresista y justa, y gozará de un apoyo
internacional cada vez mayor. Después de un largo periodo de desarrollo, ¿no
invertirán todos estos factores, en forma definitiva, la relación de
superioridad e inferioridad entre el enemigo y nosotros?
49. Los partidarios de la teoría de la victoria rápida, sin
embargo, no comprenden que la guerra es una pugna de fuerzas, y tratan de dar
batallas estratégicamente decisivas para acortar el camino de la liberación,
antes de que se haya producido un determinado cambio en la correlación de
fuerzas entre los contendientes. Esto también es infundado. Si pusieran en
práctica sus ideas, se estrellarían inevitablemente contra el muro. O quizás
hablen sólo por el placer de hablar, sin la intención de ponerlas realmente en
práctica. A la postre, su señoría la Realidad vendrá y arrojará un balde de agua
fría sobre estos charlatanes, mostrándolos como simples fabricantes de frases
que buscan obtener las cosas a bajo precio, que sueñan con cosechar sin haber
sembrado. Este tipo de charlatanería ha existido y existe, aunque no está muy
difundida. Es posible que aumente cuando la guerra llegue a la etapa de
equilibrio y a la de contraofensiva. Pero, entretanto, si China sufre pérdidas
relativamente importantes en la primera etapa, y si la segunda se prolonga
mucho, se pondrán más en boga las teorías de la subyugación nacional y del
compromiso. Por lo tanto, nuestro fuego debe dirigirse principalmente contra
estas teorías, y sólo en segundo lugar contra la cháchara sobre la victoria
rápida.
50. Ya está fuera de duda que la guerra será prolongada; pero
nadie puede predecir con exactitud cuántos años y meses durará, pues ello
depende por completo de la medida en que cambie la correlación de fuerzas entre
el enemigo y nosotros. Todos aquellos que quieren abreviar la duración de la
guerra, no tienen otro recurso que esforzarse por aumentar nuestra propia fuerza
y reducir la del enemigo. Hablando concretamente, el único camino es el de
esforzarnos en ganar más batallas y desgastar a las tropas enemigas; en
desarrollar la guerra de guerrillas para reducir al mínimo el territorio ocupado
por el enemigo; en consolidar y ampliar el frente único para unir las fuerzas de
toda la nación; en formar un nuevo ejército y desarrollar una nueva industria de
guerra; en promover el progreso político, económico y cultural; en movilizar a
los obreros, campesinos, hombres de negocios, intelectuales y otros sectores del
pueblo; en desintegrar a las tropas enemigas y ganarnos a sus soldados; en
realizar propaganda para el exterior a fin de conseguir la ayuda internacional,
y en ganarnos el apoyo del pueblo japonés y de las naciones oprimidas. Sólo
haciendo todo esto podremos abreviar la duración de la guerra. No hay ningún
atajo posible.
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