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SOBRE LA GUERRA PROLONGADA
LA BASE DEL PROBLEMA
9. ¿Por qué la Guerra de Resistencia contra el Japón será una
guerra prolongada? ¿Por qué pertenecerá a China la victoria final? ¿Cuál es la
base en que se apoyan estas afirmaciones?
La guerra chino-japonesa no es una guerra cualquiera, sino una
guerra a muerte que se lleva a cabo en los años 30 del siglo XX, entre la China
semicolonial y semifeudal y el Japón imperialista. Esta es la base de todo el
problema. Ambos contendientes, que consideraremos por separado, presentan
numerosas características opuestas entre sí.
10. El Japón. En primer lugar, el Japón es un poderoso
país imperialista, que ocupa el primer puesto en Oriente en cuanto a poderío
militar y económico y a capacidad político-organizativa, y es también una de las
cinco o seis potencias imperialistas más importantes del mundo. Estas son las
condiciones fundamentales para su guerra de agresión. La inevitabilidad de esta
guerra y la imposibilidad de una victoria rápida de China se deben precisamente
al sistema imperialista del Japón; a su gran poderío militar y económico y a su
gran capacidad político-organizativa. Pero, en segundo lugar, el carácter
imperialista del régimen socio-económico del Japón determina el carácter
imperialista -- retrógrado y bárbaro -- de su guerra. En los años 30 del siglo
XX, las contradicciones internas y externas del imperialismo japonés no sólo lo
han obligado a emprender una guerra aventurera de amplitud sin precedentes, sino
que lo han llevado al borde del derrumbamiento final. Desde el punto de vista
del desarrollo social, el Japón no es ya un país en ascenso; la guerra no
conducirá a la prosperidad a que aspiran sus clases dominantes, sino a lo
contrario: la ruina del imperialismo japonés. Esto es lo que entendemos por
naturaleza retrógrada de la guerra que hace el Japón. Dicha naturaleza, unida al
carácter militar-feudal del imperialismo japonés, da origen a la particular
barbarie con que realiza esta guerra. Todo esto agudizará al máximo el
antagonismo entre las clases del propio Japón, el antagonismo entre la nación
japonesa y la china y el antagonismo entre el Japón y la mayoría de los países
del mundo. La naturaleza retrógrada y bárbara de la guerra del Japón constituye
la razón principal de su inevitable derrota. Pero esto no es todo. En tercer
lugar, aunque el Japón conduce la guerra sobre la base de su gran poderío
militar y económico y su gran capacidad político-organizativa, esta base
adolece, a su vez, de una deficiencia que le es inherente. El poderío militar y
económico y la capacidad político-organizativa del Japón son grandes, pero
cuantitativamente insuficientes. Por ser un país relativamente pequeño, el Japón
tiene limitados recursos humanos, militares, financieros y materiales, y no
puede soportar una guerra prolongada. Los gobernantes japoneses tratan de
resolver estas dificultades por medio de la guerra; pero aquí también obtendrán
lo contrario de lo que desean; es decir, la guerra que han desencadenado para
solucionar estas dificultades terminará por agravarlas e incluso por agotar sus
reservas iniciales. Finalmente y en cuarto lugar, si bien el Japón puede obtener
ayuda exterior de los países fascistas, ha de encontrar al mismo tiempo fuerzas
de oposición internacionales que sobrepasarán a las fuerzas que le prestan ayuda
desde el exterior. Las primeras crecerán en forma gradual y, a la postre, no
sólo llegarán a anular a las segundas, sino que también presionarán sobre el
propio Japón. Aquí rige una ley que emana de la naturaleza misma de la guerra
que hace el Japón: una causa injusta encuentra escaso apoyo. En resumen, la
ventaja del Japón reside en su gran capacidad bélica, y sus desventajas, en la
naturaleza retrógrada y bárbara de su guerra, en la insuficiencia de sus
recursos humanos y materiales y en el escaso apoyo internacional con que cuenta.
Estas son las características del Japón.
11. China. En primer lugar, el nuestro es un país
semicolonial y semifeudal. Desde la Guerra del Opio, pasando por la Guerra del
Reino Celestial Taiping, el Movimiento Reformista de 1898 y la Revolución de
1911, hasta la Expedición al Norte, todos los movimientos revolucionarios o
reformistas que se proponían liberar a China de su estado semicolonial y
semifeudal sufrieron serios reveses, y por eso China sigue siendo un país
semicolonial y semifeudal. Somos todavía un país débil y manifiestamente
inferior al enemigo en poderío militar y económico y en capacidad
político-organizativa. También en este punto encuentran su base la
inevitabilidad de la guerra y la imposibilidad de la victoria rápida de China.
Pero, en segundo lugar, el movimiento de liberación de China, que se ha
desarrollado incesantemente durante los últimos cien años, es ahora distinto de
lo que fue en cualquier otro período histórico. Si bien las diversas fuerzas
internas y externas que se oponen a ese movimiento le han causado serios
reveses, éstos, a su vez, han templado al pueblo chino. Aunque en el terreno
militar, económico, político y cultural, la China de hoy no es tan fuerte como
el Japón, existen ya en el país factores más progresistas que en cualquier otro
período de su historia. El Partido Comunista de China y el ejército por él
dirigido representan esos factores. Y precisamente sobre la base de estos
factores progresistas, la actual guerra liberadora de China podrá ser prolongada
y alcanzar la victoria final. En contraste con el decadente imperialismo
japonés, China es como el sol al nacer. La guerra de China es progresista, y de
ahí su carácter justo. Por ser una guerra justa, puede unir a toda la nación,
despertar la simpatía del pueblo del país enemigo y ganar el apoyo de la mayoría
de los países del mundo. En tercer lugar, China es un país muy grande: vasto
territorio, abundantes recursos, inmensa población y gran número de soldados;
por consiguiente, es capaz de sostener una guerra prolongada. Esto ofrece otro
contraste con el Japón. Finalmente y en cuarto lugar, el amplio apoyo
internacional a China, producto del carácter progresista y justo de su guerra,
es, asimismo, exactamente lo contrario. del escaso apoyo a la injusta causa del
Japón. Para resumir, la desventaja de China reside en su debilidad militar, y
sus ventajas, en el carácter progresista y justo de su guerra, en el hecho de
que es un país grande y en el amplio apoyo internacional con que cuenta. Estas
son las características de China.
12. Así, puede verse que el Japón posee un gran poderío militar
y económico y una gran capacidad político-organizativa, pero que su guerra es
retrógrada y bárbara, sus recursos humanos y materiales, insuficientes, y su
posición internacional, desventajosa. China, por el contrario dispone de un
menor poderío militar y económico y de una capacidad político-organizativa
inferior, pero se encuentra en una época de progreso y sostiene una guerra
progresista y justa; además, es un país grande lo cual le permite mantener una
guerra prolongada, y la mayoría de los países del mundo le brindarán su apoyo.
Tales son las características básicas, contradictorias entre sí, de la guerra
chino-japonesa. Estas características han determinado y determinan todas las
medidas políticas la estrategia y táctica militares de ambos bandos: han
determinado y determinan el carácter prolongado de la guerra y el que la
victoria final pertenezca a China y no al Japón. La guerra es una pugna entre
esas características, que irán cambiando en el curso de la guerra, cada una de
acuerdo con su propia naturaleza, y todo lo que suceda será consecuencia de
estos cambios. Estas características existen en la realidad y no son una
invención para engañar a la gente. Comprenden la totalidad de los elementos
básicos de la guerra, y no algunos aspectos incompletos y aislados. Penetran
todos los problemas de ambos bandos, grandes y pequeños, y todas las etapas de
la guerra; no son en absoluto algo insignificante. Si alguien olvida estas
características al examinar la guerra chino-japonesa, ciertamente se equivocará.
Aunque algunas de sus opiniones puedan parecer correctas y ganar crédito por un
tiempo, el curso de la guerra demostrará de seguro que son erróneas. Basándonos
en estas características, pasaremos ahora a explicar todos los problemas que nos
proponemos examinar.
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