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SOBRE LA GUERRA PROLONGADA
GUERRA DE MOVIMIENTOS,
GUERRA DE GUERRILLAS Y GUERRA DE POSICIONES
91. Toda guerra consistente en campañas y combates ofensivos de
decisión rápida en líneas exteriores dentro de una guerra defensiva prolongada
en líneas interiores en el plano estratégico, toma necesariamente la forma de
guerra de movimientos. Esta es una forma de guerra en que los ejércitos
regulares efectúan campañas o combates ofensivos de decisión rápida en líneas
exteriores a lo largo de amplios frentes y en vastas zonas de guerra. Al mismo
tiempo, comprende la "defensa móvil", que se aplica en caso de necesidad para
facilitar tales operaciones ofensivas, así como el ataque y la defensa de
posiciones, los cuales desempeñan un papel auxiliar. Las características de la
guerra de movimientos son: ejércitos regulares, superioridad de fuerzas en
campañas y combates, carácter ofensivo y movilidad.
92. China posee un vasto territorio y un inmenso número de
soldados, pero sus tropas no tienen adecuadas condiciones técnicas ni están
suficientemente adiestradas, mientras que las fuerzas del enemigo son
insuficientes en número, pero sus condiciones técnicas y su adiestramiento son
mejores. En estas circunstancias, no cabe duda de que debemos adoptar las
operaciones ofensivas móviles como forma principal y complementarlas con otras
formas, organizando así toda una guerra de movimientos. A este respecto, debemos
oponernos a la tendencia a la huida, caracterizada por "retirarse siempre sin
avanzar jamás", y al mismo tiempo, a la temeridad desesperada, consistente en
"avanzar siempre sin retirarse jamás".
93. Una de las características de la guerra de movimientos es
su movilidad, que no sólo permite sino exige que un ejército de campaña avance o
se retire a grandes zancadas. Pero eso no tiene nada de común con la huida tipo
Jan Fu-ch. La exigencia básica de la guerra es destruir las fuerzas enemigas, y
la otra exigencia es conservar las propias. La conservación de las fuerzas
propias tiene por objetivo destruir las del enemigo, y la destrucción de éstas
es, a su vez, el medio más eficaz de conservar las propias. Por consiguiente, la
guerra de movimientos jamás puede ser pretexto para gentes como Jan Fu-ch¸;
nunca significará moverse sólo hacia atrás y jamás hacia adelante, pues esta
clase de "movimiento", que niega el carácter ofensivo, carácter básico de la
guerra de movimientos, en la práctica haría que China "se moviera" hasta
desaparecer, por muy vasto que sea su territorio.
94. Pero también es incorrecto el otro punto de vista, que
llamamos temeridad desesperada y que se caracteriza por avanzar siempre sin
retirarse jamás. Abogamos por la guerra de movimientos, consistente en campañas
y combates ofensivos de decisión rápida en líneas exteriores. Este tipo de
guerra comprende la guerra de posiciones, que desempeña un papel auxiliar, y
también la "defensa móvil" y la retirada, sin las cuales la guerra de
movimientos no puede ser realizada a plenitud. La temeridad desesperada es
miopía militar, nacida a menudo del temor a perder territorio. Quien actúa con
temeridad desesperada no sabe que uno de los rasgos característicos de la guerra
de movimientos es la movilidad, que no sólo permite sino exige que un ejército
de campaña avance o retroceda a grandes zancadas. En el aspecto positivo; a fin
de arrastrar al enemigo a una lucha desfavorable para él y favorable para
nosotros, suele ser necesario que éste se encuentre en movimiento y que contemos
con una serie de ventajas, tales como terreno favorable, vulnerabilidad del
enemigo, población local que pueda impedir la filtración de informaciones,
fatiga y desprevención del adversario, etc. Esto exige que el enemigo avance y
que nosotros no reparemos en la pérdida temporal de una parte de nuestro
territorio, pues esa pérdida temporal es el precio que se paga por la
conservación permanente de todo el territorio y la recuperación del territorio
perdido. En el aspecto negativo, cada vez que nos vemos empujados a una posición
desfavorable que pone seriamente en peligro la conservación de nuestras fuerzas,
debemos tener el valor de retroceder a fin de conservarla y volver a golpear al
enemigo cuando se presenten nuevas oportunidades. Los que abogan por acciones
temerarias y desesperadas ignoran este principio y disputan una ciudad o un
trozo de terreno incluso cuando la situación es obvia y definitivamente
desfavorable, y como resultado, no sólo pierden el territorio o la ciudad, sino
que tampoco pueden conservar sus fuerzas. Siempre hemos preconizado la política
de "atraer al enemigo para que penetre profundamente", porque ésta es
precisamente la política militar más eficaz que puede emplear un ejército débil,
estratégicamente a la defensiva, contra uno fuerte.
95. Entre las formas de operaciones militares en la Guerra de
Resistencia contra el Japón, la guerra de movimientos ocupa el primer lugar y la
guerra de guerrillas, el segundo. Cuando decimos que en todo el conflicto bélico
la guerra de movimientos es lo principal y la de guerrillas lo auxiliar,
queremos decir que el desenlace de la guerra depende, en lo esencial, de la
guerra regular, especialmente en su forma de guerra de movimientos, y que la
guerra de guerrillas no puede asumir la responsabilidad principal de decidirlo.
Sin embargo, esto no significa que la guerra de guerrillas no desempeñe un papel
estratégico importante en la Guerra de Resistencia. Su papel estratégico en la
Guerra de Resistencia tomada en su conjunto es inferior sólo al de la guerra de
movimientos, pues sin su ayuda es imposible derrotar al enemigo. Al decir esto,
tenemos ya en cuenta la tarea estratégica de desarrollar la guerra de guerrillas
hasta convertirla en guerra de movimientos. En el curso del largo y cruel
conflicto bélico, la guerra de guerrillas no permanecerá invariable, sino que
alcanzará un nivel superior, transformándose en guerra de movimientos. De este
modo, su papel estratégico es doble: apoyar la guerra regular y transformarse
ella misma en guerra regular. Mucho menos puede subestimarse el papel
estratégico de la guerra de guerrillas en la Guerra de Resistencia de China
contra el Japón si se tiene en cuenta su extensión y duración sin precedentes.
Por consiguiente, en China la guerra de guerrillas no sólo plantea problemas
tácticos, sino también problemas estratégicos específicos. Esto lo he analizado
ya en "Problemas estratégicos de la guerra de guerrillas contra el Japón". Como
se ha señalado anteriormente, las formas de operaciones militares en las tres
etapas estratégicas de la Guerra de Resistencia contra el Japón son las
siguientes: En la primera etapa, la guerra de movimientos es la forma principal,
en tanto que la de guerrillas y la de posiciones son auxiliares. En la segunda,
la guerra de guerrillas pasará a ocupar el primer lugar y será complementada por
la de movimientos y la de posiciones. En la tercera, la guerra de movimientos
volverá a ser la forma principal y será complementada por la de posiciones y la
de guerrillas. Pero la guerra de movimientos en la tercera etapa no será
efectuada exclusivamente por las fuerzas regulares iniciales; una parte de ella,
probablemente de bastante importancia, será realizada por las antiguas fuerzas
guerrilleras, que para entonces habrán pasado de la guerra de guerrillas a la de
movimientos. Consideradas las tres etapas de la Guerra de Resistencia de China
contra el Japón, la guerra de guerrillas es ciertamente indispensable, y está
llamada a representar un drama grandioso sin paralelo en la historia de las
guerras de la humanidad. Por tal razón, es absolutamente necesario tomar, de
entre los millones de hombres de las tropas regulares de China, por lo menos
algunos centenares de miles de combatientes y dispersarlos por todas las zonas
que el enemigo ocupa, para que movilicen y organicen fuerzas armadas populares
y, junto con ellas, emprendan una guerra de guerrillas. Las fuerzas regulares
designadas para ello deben tomar sobre sí conscientemente esta sagrada misión, y
no pensar que han sido rebajadas porque participen en un número menor de grandes
batallas y no puedan aparecer por el momento como héroes nacionales. Tales ideas
son erróneas. La guerra de guerrillas no produce resultados tan rápidos ni da
tanto renombre como la guerra regular, pero igual que "en el viaje largo se
conoce la fuerza del caballo, y en la larga prueba, el corazón del hombre", en
el curso de esta guerra larga y cruenta, la guerra de guerrillas demostrará su
inmenso poderío; no es, en verdad, una empresa ordinaria. Además, un ejército
regular puede, dispersando sus fuerzas, realizar la guerra de guerrillas, y
concentrándolas, la guerra de movimientos; así lo ha venido haciendo el VIII
Ejército, cuya línea estratégica es: "Tomar la guerra de guerrillas como lo
fundamental, pero no perder oportunidad alguna para realizar la guerra de
movimientos cuando las condiciones sean favorables." Esta línea es perfectamente
correcta, en tanto que las opiniones opuestas son erróneas.
96. Dadas sus actuales condiciones técnicas, China no puede, en
general, practicar una guerra de posiciones, sea defensiva u ofensiva, y es ahí
donde se manifiesta nuestra debilidad. Más aún, el enemigo también puede
explotar la vastedad de nuestro territorio para esquivar nuestras posiciones
fortificadas. De ahí que la guerra de posiciones no pueda emplearse como un
medio importante y, menos aún, como el principal. Pero en la primera y segunda
etapas de la guerra, es posible y necesario, dentro de los límites de la guerra
de movimientos, recurrir en el plano local a la guerra de posiciones, como medio
auxiliar en las campañas. La "defensa móvil", con carácter de semiposiciones,
encaminada a resistir al enemigo escalonadamente para desgastar sus fuerzas y
ganar. tiempo, constituye con mayor motivo una parte indispensable de la guerra
de movimientos. China debe hacer todo lo posible para aumentar el número de
armas modernas, de modo que esté plenamente en condiciones de efectuar ataques
contra las posiciones enemigas en la etapa de contraofensiva estratégica. En
esta etapa. la guerra de posiciones tendrá sin duda mayor importancia, pues
entonces el enemigo se aferrará a sus posiciones, y a menos que lancemos contra
ellas potentes ataques para apoyar la guerra de movimientos, no podremos
alcanzar nuestro objetivo de recuperar el territorio perdido. No obstante, en la
tercera etapa, también debemos esforzarnos por hacer de la guerra de movimientos
la forma principal. Pues en una guerra de posiciones como la que se dio en
Europa occidental en la segunda mitad de la Primera Guerra Mundial, el arte de
dirigir la guerra y el papel activo del hombre quedan en gran medida anulados.
Por lo tanto, en las condiciones de China, que cuenta con vastas extensiones
para desarrollar la guerra y que permanecerá, durante un tiempo bastante largo,
pobremente equipada desde el punto de vista técnico, resulta natural "sacar la
guerra de las trincheras". Incluso en la tercera etapa, si bien China estará en
mejores condiciones técnicas, difícilmente podrá superar a su enemigo en ese
sentido, y por eso, se verá obligada todavía a esforzarse por desplegar una
guerra de movimientos de gran movilidad, sin la cual no podrá alcanzar la
victoria final. Así, en ninguna de las etapas de la Guerra de Resistencia contra
el Japón; China adoptará la guerra de posiciones como la forma principal; las
formas principales o importantes son la guerra de movimientos y la de
guerrillas. Estas formas de guerra permitirán desarrollar plenamente el arte de
dirigir la guerra y el papel activo del hombre, lo que será una dicha en medio
de nuestro infortunio.
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