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SOBRE LA GUERRA PROLONGADA
GUERRA DE DESGASTE Y GUERRA
DE ANIQUILAMIENTO
97. Como hemos dicho antes, la esencia de la guerra, su
objetivo, consiste en conservar las fuerzas propias y destruir las del enemigo.
Para alcanzar este objetivo existen tres formas de guerra: guerra
de movimientos, de posiciones y de guerrillas. Como estas formas no dan los
mismos resultados generalmente se hace distinción entre guerra de desgaste y
guerra de aniquilamiento.
98. Para empezar, podemos afirmar que la Guerra de Resistencia
contra el Japón es a la vez guerra de desgaste y de aniquilamiento. ¿Por qué?
Porque la fortaleza del enemigo sigue operando, y subsisten su superioridad e
iniciativa estratégicas; por lo tanto, no podremos debilitarlo eficaz y
rápidamente, ni acabar con su superioridad e iniciativa, a menos que realicemos
campañas y combates de aniquilamiento. Nosotros seguimos siendo débiles y
todavía no hemos salido de la inferioridad y pasividad estratégicas; por eso,
sin campañas y combates de aniquilamiento no podremos ganar tiempo para mejorar
nuestras condiciones internas e internacionales y modificar nuestra posición
desfavorable. Así, las campañas de aniquilamiento son el medio para lograr el
objetivo de desgaste estratégico. En este sentido, la guerra de aniquilamiento
es una guerra de desgaste. Para poder sostener una guerra prolongada el método
principal que emplea China es desgastar al enemigo aniquilando sus fuerzas.
99. Pero el objetivo de desgaste estratégico puede alcanzarse
también a través de campañas de desgaste. En términos generales, la guerra de
movimientos cumple la tarea de aniquilamiento, la guerra de posiciones, la de
desgaste, y la guerra de guerrillas, ambas tareas al mismo tiempo; así, las tres
formas de guerra se diferencian entre sí. En este sentido, la guerra de
aniquilamiento es diferente a la de desgaste. Las campañas de desgaste son
auxiliares, pero también necesarias para la guerra prolongada.
100. Tanto desde el punto de vista de la teoría, como del de la
necesidad práctica, China para lograr el objetivo estratégico de desgastar en
gran medida las fuerzas del enemigo, debe explotar, en la etapa de defensiva, no
sólo la función de aniquilamiento que desempeña primordialmente la guerra de
movimientos y parcialmente la de guerrillas, sino también, en forma
complementaria, la función de desgaste que desempeña primordialmente la guerra
de posiciones y parcialmente la de guerrillas. En la etapa de equilibrio,
debemos continuar aprovechando las funciones de aniquilamiento y desgaste que
cumplen la guerra de guerrillas y la de movimientos, para seguir desgastando
considerablemente las fuerzas enemigas. Todo ello está destinado a prolongar la
guerra cambiar gradualmente la correlación de fuerzas y preparar las condiciones
para nuestra contraofensiva. Durante la contraofensiva estratégica, debemos
continuar desgastando al enemigo mediante el aniquilamiento, para expulsarlo
definitivamente del país.
101. Pero, en realidad, lo ocurrido en los últimos diez meses
fue que muchas e incluso la mayoría de las campañas de guerra de movimientos se
convirtieron en campañas de guerra de desgaste, y que la guerra de guerrillas,
en ciertas zonas, no cumplió debidamente su función de aniquilamiento. Lo
positivo de esta situación consiste en que, de todas maneras, hemos desgastado
las fuerzas enemigas, lo cual tiene importancia para la guerra prolongada y para
la victoria final, de modo que no hemos derramado en vano nuestra sangre. Pero
lo negativo es que, primero, no hemos desgastado suficientemente al enemigo, y
segundo, nuestras pérdidas han sido más bien grandes y lo capturado más bien
escaso. Desde luego, hay que reconocer la causa objetiva de esta situación, o
sea, la disparidad entre el enemigo y nosotros en cuanto a condiciones técnicas
y adiestramiento de las tropas; pero, de cualquier modo, es necesario teórica y
prácticamente instar a nuestras tropas regulares a que den batallas de
aniquilamiento cada vez que las circunstancias sean favorables. En cuanto a las
guerrillas, aunque tienen que librar batallas de simple desgaste al cumplir
muchas tareas concretas como el sabotaje y el hostigamiento, es necesario que
promuevan y lleven a cabo con vigor campañas y combates de aniquilamiento
siempre que las circunstancias sean favorables, a fin de desgastar en gran
medida las fuerzas del enemigo y, a la vez, reforzar considerablemente las
nuestras.
102. Lo que llamamos "operaciones ofensivas", "decisión rápida"
y "líneas exteriores" en la expresión "operaciones ofensivas de decisión rápida
en líneas exteriores", igual que "movimiento" en la expresión "guerra de
movimientos", se refiere principalmente, en cuanto a la forma de operaciones, al
empleo de la táctica de cerco y de movimientos envolventes; de ahí la necesidad
de concentrar fuerzas superiores. La concentración de las fuerzas y el empleo de
la táctica de cerco y de movimientos envolventes son, por lo tanto, los
requisitos indispensables para realizar la guerra de movimientos, esto es, las
operaciones ofensivas de decisión rápida en líneas exteriores. Y todo ello está
destinado a aniquilar al enemigo.
103. La ventaja del ejército japonés no reside sólo en su
armamento, sino también en el adiestramiento de sus oficiales y soldados: grado
de organización, confianza en sí mismos derivada del hecho de no haber sido
jamás derrotados, creencia supersticiosa en el Mikado y en seres sobrenaturales,
arrogancia, desprecio por los chinos y otras características semejantes. Todo
esto es resultado de largos años de adoctrinamiento de las tropas en el espíritu
samurai por los militaristas japoneses, y de las costumbres nacionales del
Japón. Esta es la razón principal por la cual hemos hecho muy pocos prisioneros,
aunque hemos dado muerte o herido a gran número de soldados enemigos. Este es un
punto que mucha gente ha subestimado en el pasado. Hace falta un largo proceso
para eliminar estas características del enemigo: Ante todo, debemos prestar
seria atención al problema y luego, trabajar para este fin paciente y
sistemáticamente en el terreno político, en la propaganda para el extranjero y
en relación al movimiento popular del Japón. Otro método para lograr este
objetivo es, en lo militar, la guerra de aniquilamiento. En estas
características del enemigo los pesimistas pueden encontrar una base para la
teoría de la subyugación nacional, y los militares de mentalidad pasiva, una
base para oponerse a la guerra de aniquilamiento. Nosotros, por el contrario,
sostenemos que esos puntos fuertes del ejército japonés pueden ser destruidos, y
ya han empezado a serlo. El método principal para destruirlos es ganarnos
políticamente a los soldados japoneses. En lugar de herir su orgullo, debemos
comprenderlo y canalizarlo en la dirección debida, y tratando con indulgencia a
los prisioneros de guerra, hacer ver a los soldados japoneses el carácter
antipopular de la política de agresión de los gobernantes del Japón. Por otra
parte, debemos demostrar a los soldados japoneses el indomable espíritu y la
heroica y tenaz capacidad combativa del ejército y el pueblo chinos,
golpeándolos en batallas de aniquilamiento. Nuestra experiencia en los últimos
diez meses de operaciones militares demuestra que es posible aniquilar las
fuerzas enemigas; testimonio palmario de ello son las campañas de Pingsingkuan y
de Taierchuang. La moral del ejército japonés ha comenzado a vacilar; sus
soldados no entienden el objetivo de la guerra, se hallan rodeados por las
tropas y el pueblo de China, y manifiestan en los asaltos mucho menos valor que
los soldados chinos. Todos éstos son; entre otros, factores objetivos favorables
a nuestras batallas de aniquilamiento, los que se desarrollarán cada día a
medida que se prolongue la guerra. Al abatir la arrogancia del ejército enemigo,
las operaciones de aniquilamiento constituyen una de las condiciones que
permiten abreviar la duración de la guerra y acelerar la emancipación de los
soldados y el pueblo japoneses. Los gatos traban amistad solamente con los
gatos, y jamás con los ratones.
104. Por otra parte, hay que admitir que por ahora somos
inferiores al enemigo en condiciones técnicas y adiestramiento militar. Por eso,
en muchas operaciones, sobre todo en las llanuras, es difícil lograr la máxima
eficacia de aniquilamiento, como la captura del total o de la mayor parte de las
fuerzas enemigas. Son equivocadas las exigencias desmedidas que en este sentido
hacen los partidarios de la teoría de la victoria rápida. La exigencia correcta
en la Guerra de Resistencia debe ser: dar batallas de aniquilamiento siempre que
sea posible. En todas las circunstancias favorables, debemos concentrar fuerzas
superiores en cada batalla y emplear la táctica de cerco y de movimientos
envolventes -- cercar una parte, si no es posible el total, de las fuerzas
enemigas, capturar una parte, si no se puede el total, de las fuerzas cercadas,
y si esto tampoco es posible, causar fuertes pérdidas a las fuerzas cercadas --;
en todas las circunstancias desfavorables para las operaciones de
aniquilamiento, debemos efectuar batallas de desgaste. En el primer caso, hay
que aplicar el principio de concentrar las fuerzas, y en el segundo, el de
dispersarlas. En cuanto a las relaciones de mando en una campaña, se debe
aplicar, en el primer caso, el principio de la centralización del mando, y en el
segundo, el de la descentralización. Estos son los principios básicos para las
operaciones en el tiempo de batalla de la Guerra de Resistencia contra el Japón.
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