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SOBRE LA GUERRA PROLONGADA
POSIBILIDADES DE EXPLOTAR
LOS ERRORES DEL ENEMIGO
105. En el mismo mando enemigo puede encontrarse también una
base para nuestra victoria. La historia no ha conocido jamás un general
infalible, y así como nosotros mismos difícilmente podemos evitar los errores,
el enemigo también los comete; por eso existe la posibilidad de explotarlos. En
lo que respecta a la estrategia y a las campañas, el enemigo ha cometido muchos
errores en los diez meses de su guerra de agresión. Entre ellos, hay cinco de
importancia.
En primer lugar, el aumento paulatino de sus fuerzas. Esto se
debe a que subestima a China, y también a que no posee suficientes tropas. El
enemigo siempre nos ha menospreciado. Después de apoderarse con poco esfuerzo de
las cuatro provincias del Nordeste, ocupó el Este de Jopei y el Norte de Chajar.
Todo esto lo hizo a modo de reconocimiento estratégico. La conclusión que
extrajo fue que la nación china era un montón de arena suelta. De este modo,
pensando que China se derrumbada de un solo golpe, elaboró un plan de "decisión
rápida", y con una fuerza muy pequeña trató de hacernos huir despavoridos. No
esperaba encontrarse con una unidad tan grande ni un poder de resistencia tan
inmenso como los que China ha demostrado en los últimos diez meses, pues no tuvo
presente que China se encuentra ya en una época de progreso y cuenta con un
partido político, un ejército y un pueblo avanzados. Como sufría reveses,
comenzó a aumentar poco a poco sus fuerzas, desde algo más de diez divisiones
hasta treinta. Si quiere continuar su avance, tendrá que aumentarlas más aún.
Pero, debido a su antagonismo con la Unión Soviética, así como a la escasez de
recursos humanos y financieros que le es inherente, existe inevitablemente un
límite para el número máximo de hombres que puede lanzar al combate y para el
alcance máximo de su ofensiva.
En segundo lugar, la falta de una dirección principal de
ataque. Antes de la campaña de Taierchuang, el enemigo tenía divididas sus
fuerzas más o menos por igual entre el Centro y el Norte de China. Esta división
de fuerzas también se observaba en cada una de dichas zonas. En el Norte de
China, por ejemplo, repartió sus fuerzas en forma pareja entre las tres líneas
férreas Tientsín-Pukou, Peiping-Jankou y Tatung-Puchou, y así, después de sufrir
ciertas bajas a lo largo de cada una de estas líneas y dejar algunas
guarniciones en los lugares ocupados, no le quedaron fuerzas suficientes para
nuevos avances. Luego de la derrota en Taierchuang, el enemigo resumió las
lecciones aprendidas, concentró el grueso de sus fuerzas en la dirección de
S¸chou y corrigió así temporalmente este error.
En tercer lugar, la ausencia de coordinación estratégica. En
general, había coordinación dentro de cada uno de los dos grupos de fuerzas
enemigas en el Centro y el Norte de China, pero existía una notoria falta de
coordinación entre ambos. Mientras sus fuerzas del sector sur del ferrocarril
Tientsín-Pukou atacaban Siaopengpu, las del sector norte permanecieron
inmóviles, y mientras éstas atacaban Taierchuang, aquéllas no actuaron. Tras los
reveses del enemigo en ambos lugares, llegó en gira de inspección
el ministro de la Guerra del
Japón, y el jefe del Estado Mayor General acudió a asumir el mando; por el
momento se ha establecido, al parecer, cierta coordinación. La clase
terrateniente, la burguesía y los militaristas del Japón tienen serias
contradicciones, tanto internas como entre sí, que se están agravando, y la
ausencia de coordinación militar es una de las manifestaciones concretas de este
hecho.
En cuarto lugar, el desaprovechamiento de
oportunidades estratégicas. Esto se manifestó con claridad en la detención del
enemigo después de la ocupación de Nankín y Taiyuán, error que se debió
esencialmente a su escasez de tropas y a su consiguiente falta de fuerzas para
la persecución estratégica.
En quinto lugar, el cerco de muchas fuerzas pero
aniquilamiento de pocas. Antes de la campaña de Taierchuang en las campañas de
Shanghai, Nankín, Tsangchou, Paoting, Nankou, Sinkou y Linfen, fueron derrotadas
muchas tropas chinas, pero se hicieron pocos prisioneros, lo que demuestra la
estupidez del mando enemigo.
Estos cinco errores -- aumento paulatino de sus fuerzas, falta de
una dirección principal de ataque, ausencia de coordinación estratégica,
desaprovechamiento de oportunidades y cerco de muchas fuerzas pero
aniquilamiento de pocas -- señalan la incompetencia del mando japonés antes de
la campaña de Taierchuang. Si bien desde entonces el enemigo ha hecho algunas
rectificaciones, le será imposible evitar la repetición de sus errores a juzgar
por su escasez de tropas sus contradicciones internas y otros factores
similares. Más aún, lo que gana en un punto, lo pierde en otro. Por ejemplo,
cuando concentró sus fuerzas del Norte de China en S¸chou, dejó grandes claros
en el territorio ocupado del Norte, lo que nos dio la oportunidad de desarrollar
ampliamente la guerra de guerrillas. Estos fueron errores cometidos por el
enemigo mismo, y no inducidos por nosotros. Por nuestra parte, podemos hacer
deliberadamente que el enemigo cometa errores, es decir, desorientarlo y
atraerlo adonde nos convenga por medio de acciones inteligentes y eficaces al
amparo de una población local bien organizada, por ejemplo, "amagar en el Este
pero atacar por el Oeste". Esta posibilidad ya ha sido analizada anteriormente.
Todo ello indica que en el mando enemigo también podemos encontrar una base para
nuestra victoria. Por supuesto, no debemos considerar esta posibilidad como una
base importante para nuestros planes estratégicos; por el contrario, es más
seguro fundar nuestros planes en el supuesto de que el enemigo cometerá pocos
errores. Además, al igual que nosotros explotamos los errores del enemigo, éste
puede explotar los nuestros, por lo cual, es deber de nuestro mando dejarle el
mínimo de oportunidades para hacerlo. Sin embargo, como de hecho el mando
enemigo ha cometido errores, los cometerá nuevamente en el futuro y puede ser
inducido a cometerlos mediante nuestros esfuerzos, siempre habrá errores que
explotar. Nuestros generales en la Guerra de Resistencia deben hacer todo lo
posible para aprovecharlos. Aunque el mando estratégico y de campañas del
enemigo es incompetente en muchos aspectos, existen no pocos puntos excelentes
en su mando de combates, esto es, en su táctica de combate de unidades y
pequeñas agrupaciones; en este aspecto debemos aprender de él.
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