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SOBRE LA GUERRA PROLONGADA
EJERCITO Y PUEBLO, BASE DE
LA VICTORIA
111. El imperialismo japonés no aflojará jamás en su ofensiva y
represión frente a la China revolucionaria; esto está determinado por su
naturaleza imperialista. Si China no resistiera, el Japón se apoderaría
fácilmente de toda ella, sin disparar un solo tiro. Prueba de ello es la pérdida
de las cuatro provincias del Nordeste. Como China resiste, el Japón reprime esa
resistencia, y no dejará de hacerlo hasta que su represión sea superada por la
resistencia de China. Esta es una ley inexorable. La clase terrateniente y la
burguesía del Japón tienen grandes ambiciones y, con el fin de atacar, hacia el
Sur, el Archipiélago Malayo y hacia el Norte, Siberia, han adoptado la política
de ruptura en el centro atacando primero a China. Quienes piensan que el Japón
se conformará con la ocupación del Norte de China y las provincias de Chiangsú y
Chechiang, deteniéndose ahí, no ven en absoluto que el Japón imperialista que ha
pasado a una nueva etapa de su desarrollo y está al borde de la muerte, es
distinto al Japón del pasado. Cuando decimos que existe un límite para la
cantidad de hombres que el Japón puede lanzar al combate y para el alcance de su
ofensiva, nos referimos a que, con las fuerzas de que dispone, el Japón sólo
puede emplear una cantidad determinada de sus tropas contra China y penetrar en
ella hasta donde lo permita su capacidad, pues aún se propone atacar en otras
direcciones y tiene que defenderse de otros enemigos. Al mismo tiempo, China ha
dado pruebas de progreso y de capacidad para una tenaz resistencia, pues sería
inconcebible que existieran sólo feroces ataques del Japón sin que China
poseyese la necesaria capacidad de resistencia. El Japón no podrá ocupar toda
China, pero en todas las zonas a las que pueda llegar, no escatimará esfuerzos
para reprimir la resistencia, y no dejará de reprimirla hasta que las
condiciones internas y externas hagan al imperialismo japonés estrellarse con la
crisis que ha de conducirlo a la tumba. Hay sólo dos salidas posibles para la
situación política del Japón: o bien toda la clase gobernante se derrumba
rápidamente, el Poder pasa a manos del pueblo y concluye así la guerra, lo cual
es imposible por el momento; o bien la clase terrateniente y la burguesía se
hunden cada vez más en el fascismo y prosiguen la guerra hasta su derrumbamiento
final, que es precisamente el camino que el Japón recorre ahora. No puede haber
otra salida. Los que alimentan la esperanza de que el sector moderado de la
burguesía japonesa intervenga y ponga fin a la guerra, no hacen más que
ilusionarse en vano. Desde hace muchos años, la realidad política del Japón es
que el sector moderado de la burguesía se ha convertido en prisionero de los
terratenientes y la oligarquía financiera. Ahora que el Japón ha iniciado la
guerra contra China, mientras no sufra un golpe mortal de nuestra resistencia y
tenga todavía poderío suficiente, atacará inevitablemente el Sudeste de Asia o
Siberia, o incluso ambos puntos. Lo hará en cuanto estalle la guerra en Europa;
los gobernantes del Japón han hecho sus alegres cálculos de manera muy
ambiciosa. Por supuesto, existe la posibilidad de que, debido al poderío de la
Unión Soviética y al serio debilitamiento del Japón en su guerra con China, éste
tenga que abandonar su plan original de atacar Siberia y adoptar una actitud
esencialmente defensiva con respecto a la Unión Soviética. Pero, en ese caso,
lejos de aflojar en su ofensiva contra China, la intensificará, pues no le
quedará otro camino que devorar al débil. Para entonces, se volverá aún más
seria la tarea de China de perseverar en la Resistencia, en el frente único y en
la guerra prolongada, y será todavía más necesario no cejar lo más mínimo en
nuestros esfuerzos.
112. En tales circunstancias, los requisitos principales para
la victoria de China sobre el Japón son la unidad nacional, así como los
progresos en todos los aspectos en una escala diez y hasta cien veces mayor que
en el pasado. China se encuentra ya en una época de progreso y ha logrado una
espléndida unidad, pero este progreso y esta unidad todavía están lejos de ser
suficientes. Que el Japón haya ocupado una zona tan extensa se debe en parte a
su fortaleza, pero también a nuestra debilidad; esta debilidad es por entero
consecuencia de la acumulación de diversos errores históricos de los últimos
cien años, y en especial de los diez últimos, que han restringido el progreso de
China a su nivel actual. Ahora es imposible vencer a un enemigo tan fuerte sin
hacer grandes esfuerzos durante largo tiempo. Debemos esforzarnos en muchos
aspectos; aquí trataré sólo de los dos fundamentales: el progreso del ejército y
el del pueblo.
113. La reforma de nuestro sistema militar exige la
modernización del ejército y el mejoramiento de sus condiciones técnicas, sin
los cuales no podremos expulsar al enemigo al otro lado del río Yalu: En el
empleo de las tropas necesitamos una estrategia y una táctica avanzadas y
flexibles, sin las cuales tampoco podremos triunfar. Sin embargo los cimientos
de un ejército son los soldados. Si no se inculca en el ejército un espíritu
político progresista, si no se realiza, con este objetivo, un trabajo político
progresista, será imposible alcanzar una auténtica unidad entre oficiales y
soldados, despertar al máximo su entusiasmo por la Guerra de Resistencia y
proveer una excelente base para poner en pleno juego la eficacia de nuestra
técnica y nuestra táctica. Cuando afirmamos que el Japón será derrotado a la
postre, a pesar de su superioridad técnica, tenemos en cuenta que los golpes que
le asestamos por medio del aniquilamiento y el desgaste, además de ocasionarle
pérdidas, sacudirán finalmente la moral de su ejército, la cual no está al nivel
de su armamento. Entre nosotros, por el contrario, los oficiales y soldados
tienen un mismo objetivo político en la Guerra de Resistencia contra el Japón.
Esto nos proporciona la base para el trabajo político entre todas las tropas
antijaponesas.
Es preciso practicar en un grado apropiado la democracia en el
ejército. Lo principal es abolir la práctica feudal de castigos corporales e
insultos, y hacer que oficiales y soldados compartan penas y alegrías en la vida
cotidiana. Una vez que esto se consiga, se logrará la unidad entre oficiales y
soldados, aumentará extraordinariamente la capacidad combativa del ejército, y
no habrá motivo para inquietarse por nuestra capacidad para sostener esta larga
y encarnizada guerra.
114. El más rico manantial de fuerza para sostener la guerra
está en las masas populares. El Japón se atreve a atropellarnos principalmente
porque las masas populares de China no están organizadas. Cuando este defecto
sea superado, el invasor japonés se verá rodeado por los centenares de millones
de hombres de nuestro pueblo en pie, y como un búfalo salvaje metido en un cerco
de fuego, se estremecerá de pavor a nuestras solas voces y terminará muriendo
abrasado en las llamas. Por nuestra parte, las tropas deben contar con un
ininterrumpido torrente de refuerzos. Hay que prohibir inmediatamente el
reclutamiento forzoso y la compra de sustitutos, abusos que se perpetran ahora
en los niveles inferiores, y practicar una amplia y entusiástica movilización
política, con la cual será fácil reclutar incluso a millones de hombres.
Experimentamos ahora grandes dificultades financieras en la Guerra de
Resistencia, pero una vez movilizadas las masas, las finanzas dejarán de ser un
problema. ¿Cómo es posible que un país tan grande y populoso como China tenga
que sufrir escasez de Fondos? El ejército debe fundirse con el pueblo, de suerte
que éste vea en él su propio ejército. Un ejército así será invencible, y una
potencia imperialista como el Japón no será para él un adversario de talla.
115. Muchos atribuyen a métodos erróneos la falta de buenas
relaciones entre oficiales y soldados, y entre ejército y pueblo; pero yo
siempre les he dicho que la cuestión reside en la actitud fundamental (o el
principio fundamental), que debe ser de respeto a los soldados y al pueblo. De
esta actitud nacen la política, los métodos y las maneras apropiados. Si nos
apartamos de esta actitud, la política, los métodos y las maneras serán
inevitablemente erróneos, y no se lograrán en modo alguno buenas relaciones
entre oficiales y soldados, ni entre ejército y pueblo. Los tres principios
cardinales de nuestro trabajo político en el ejército son: primero, unidad entre
oficiales y soldados; segundo, unidad entre ejército y pueblo, y tercero,
desintegración de las fuerzas enemigas. Para aplicar eficazmente estos
principios, hay que partir de la actitud fundamental de respeto a los soldados,
al pueblo y a la dignidad humana de los prisioneros de guerra que hayan depuesto
las armas. Quienes piensan que no se trata de una actitud fundamental, sino de
una cuestión técnica, están muy equivocados y deben corregir su punto de vista.
116. En estos momentos en que la defensa de Wuján y otros
lugares se ha convertido en un problema urgente, es tarea de suma importancia
despertar al máximo el entusiasmo de todo el ejército y de todo el pueblo para
apoyar la guerra. No cabe duda de que la tarea de defender Wuján y otros lugares
debe ser seriamente planteada y realizada. Pero la cuestión de si podemos
mantener con seguridad estos lugares no depende de nuestros deseos subjetivos,
sino de las condiciones concretas. Entre estas condiciones, una de las más
importantes es la movilización política de todo el ejército y de todo el pueblo
para la lucha. Si no se realizan tenaces esfuerzos para lograr todas las
condiciones necesarias, si falta una sola de ellas, inevitablemente se repetirán
desastres como la pérdida de Nankín y otros lugares. ¿Dónde estará el Madrid
chino? Estará allí donde se logren las mismas condiciones que en Madrid. Hasta
ahora China no ha tenido ningún Madrid, y en adelante debemos esforzarnos por
crear algunos, pero ello depende enteramente de las condiciones. Y la
fundamental de ellas es la amplia movilización política del ejército y el pueblo
enteros.
117. En todo nuestro trabajo, debemos perseverar en la política
general de frente único nacional antijaponés. Porque sólo con esta política
podemos persistir en la Resistencia y en la guerra prolongada; lograr un
mejoramiento general y profundo de las relaciones entre oficiales y soldados, y
entre ejército y pueblo; despertar al máximo el entusiasmo del ejército y el
pueblo enteros en la lucha por la defensa de todo el territorio que se mantiene
aún en nuestro poder y por la recuperación del ya perdido, y lograr así la
victoria final.
118. El problema de la movilización política del ejército y del
pueblo es realmente de la máxima importancia. Nos hemos detenido en él sin temor
a repeticiones, precisamente porque sin esa movilización es imposible la
victoria. Claro que existen muchas otras condiciones indispensables para el
triunfo, pero la movilización política es la fundamental. El e frente único
nacional antijaponés es un frente de todo el ejército y todo el pueblo, y en
modo alguno un frente exclusivo de las direcciones y los miembros de unos
cuantos partidos políticos. Movilizar a todo el ejército y todo el pueblo para
que participen en el frente único nacional antijaponés: he aquí nuestro
propósito fundamental al iniciarlo.
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