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SOBRE LA GUERRA PROLONGADA
BATALLAS DECISIVAS EN LA
GUERRA DE RESISTENCIA CONTRA EL JAPON
106. El problema de las batallas decisivas en la Guerra de
Resistencia contra el Japón debe ser tratado en tres formas diferentes: buscar
resueltamente una acción decisiva en toda campaña o combate en que estemos
seguros de la victoria; evitar una acción decisiva en toda campaña o combate en
que la victoria sea incierta, y eludir de manera absoluta toda batalla
estratégicamente decisiva en la cual esté en juego el destino de la nación. Las
características que distinguen a la Guerra de Resistencia contra el Japón de
muchas otras guerras, se revelan también en este problema de las batallas
decisivas. En la primera y segunda etapas de la guerra, cuando el enemigo es
fuerte y nosotros débiles, el propósito del adversario es hacer que concentremos
el grueso de nuestras fuerzas para una batalla decisiva. Nosotros buscamos
justamente lo contrario: elegir condiciones favorables, concentrar fuerzas
superiores y entablar campañas o combates decisivos sólo cuando estemos seguros
de la victoria, como en la campaña de Pingsingkuan la de Taierchuang y otras
muchas, y evitar batallas decisivas en condiciones desfavorables, cuando no
tengamos seguridad de la victoria, política ésta que adoptamos en la campaña de
Changte y otras. En cuanto a una batalla estratégicamente decisiva en que esté
en juego el destino de la nación, simplemente no la emprenderemos, ejemplo de lo
cual es nuestra reciente retirada de S¸chou. Así frustramos el plan del enemigo
para una "decisión rápida", y éste se verá obligado a sostener una guerra
prolongada. Tales principios son impracticables en un país con un territorio
pequeño y difíciles de practicar en un país políticamente muy atrasado. Son
practicables en China, que es un país grande y se encuentra en una época de
progreso. Si evitamos las batallas estratégicamente decisivas, perderemos con
ello parte de nuestro territorio, pero conservaremos todavía un gran espacio
para maniobrar, y como "mientras haya montes verdes, no hay que inquietarse por
la leña", aún podremos impulsar y esperar el progreso dentro del país, el
crecimiento del apoyo internacional y la desintegración interna del enemigo.
Esta es la mejor política para nuestra Guerra de Resistencia contra el Japón.
Los impetuosos partidarios de la teoría de la victoria rápida, incapaces de
soportar el penoso camino de una guerra prolongada y ansiosos de un triunfo
rápido, claman por batallas estratégicamente decisivas en cuanto la situación se
torna ligeramente favorable. Si hiciéramos lo que preconizan, la causa de la
Guerra de Resistencia sería gravemente perjudicada, se frustraría la guerra
prolongada y caeríamos en la pérfida trampa del enemigo. Esta sería en realidad
la peor política. No cabe duda de que, para evitar batallas decisivas, nos
veremos obligados a abandonar territorio, y debemos tener el valor de hacerlo
cuando (y solamente cuando) sea absolutamente inevitable. En esos momentos no
debemos sentir el menor pesar, pues esta política de trocar espacio por tiempo
es correcta. La historia nos enseña cómo Rusia efectuó una valiente retirada
para evitar una batalla decisiva, y luego derrotó a Napoleón, el terror de su
época. Ahora China debe hacer lo mismo.
107. ¿No tememos que nos acusen de "no resistencia"? No, no lo
tememos. No combatir en absoluto, sino llegar a un compromiso con el enemigo,
eso es la no resistencia, lo cual no sólo debe ser denunciado sino también
resueltamente impedido. Sostenemos con decisión la Guerra de Resistencia, pero,
para evitar la pérfida trampa del enemigo e impedir que el grueso de nuestras
fuerzas sea aniquilado de un golpe, lo que haría imposible la prosecución de la
Guerra de Resistencia, en una palabra, para evitar la subyugación nacional la
política anteriormente definida es de todo punto imprescindible. Las dudas a
este respecto reflejan miopía en el problema de la guerra y, en fin de cuentas,
conducen forzosamente al campo de los partidarios de la teoría de la subyugación
nacional. Hemos criticado la temeridad desesperada de "avanzar siempre sin
retirarse jamás", precisamente porque si esta teoría se generalizase,
correríamos el peligro de no poder continuar la Guerra de Resistencia y de ser
llevados finalmente a la subyugación.
108. Somos partidarios de toda batalla decisiva en
circunstancias favorables, trátese de combates o de campañas grandes o pequeñas,
y no hay que tolerar pasividad alguna en este sentido. Sólo con tales batallas
decisivas podremos aniquilar o desgastar las fuerzas enemigas, y cada militar en
la Guerra de Resistencia debe contribuir a ello resueltamente. Esto exige
considerables sacrificios parciales; evitar todo sacrificio es la actitud de los
cobardes y de los enfermos de terror al Japón actitud que debe ser enérgicamente
combatida. La ejecución de Li Fu-ying, Jan Fu-ch¸ y otros desertores está
justificada. Con una correcta planificación de las operaciones militares, es
absolutamente indispensable estimular el espíritu y la práctica del sacrificio
personal heroico y del avance intrépido en los combates, sin lo cual es
imposible la guerra prolongada y la victoria final. Hemos condenado con
severidad la tendencia a la huida, a "retirarse siempre sin avanzar jamás", y
estamos por la rigurosa aplicación de la disciplina, precisamente porque sólo
mediante heroicas batallas decisivas, dadas según un plan correcto podremos
vencer al poderoso enemigo. La tendencia a la huida, por el contrario,
proporciona apoyo directo a la teoría de la subyugación nacional.
109. ¿No hay contradicción entre combatir heroicamente primero
y abandonar luego el territorio? ¿No se derramará en vano la sangre de nuestros
heroicos combatientes? Esta es una manera desatinada de formular las preguntas.
Comer y luego evacuar, ¿no es esto comer en vano? Dormir y luego levantarse, ¿no
es esto dormir en vano? ¿Pueden formularse así las preguntas? Creo que no. Ya
que se come, comamos sin cesar: ya que se duerme, durmamos sin parar; ya que se
combate valientemente, combatamos sin detenernos hasta el río Yalu: éstas son
ilusiones nacidas del subjetivismo y del formalismo, y no realidades de la vida.
Como todos saben, aunque al combatir y derramar nuestra sangre para ganar tiempo
y preparar la contraofensiva hemos tenido que abandonar algún territorio, en
verdad hemos ganado tiempo, logrado aniquilar y desgastar al enemigo, adquirido
experiencia de combate, despertado al pueblo hasta entonces inactivo y elevado
nuestra posición internacional. ¿Se ha derramado nuestra sangre en vano? De
ninguna manera. Se ha abandonado territorio para conservar nuestras fuerzas
militares y también, precisamente, para conservar nuestro territorio, porque si,
en lugar de abandonar una parte en circunstancias desfavorables, diésemos a
ciegas batallas decisivas sin la menor seguridad de ganarlas, perderíamos
nuestras fuerzas militares y luego, inevitablemente, todo nuestro territorio, y
no hablemos siquiera de recuperar el ya perdido. Un capitalista necesita capital
para manejar su negocio, y si se arruina, deja de ser capitalista. Un jugador
también necesita dinero para apostar, pero si lo arriesga todo en una sola
jugada y la suerte le falla, no podrá seguir jugando. Los acontecimientos tienen
sus vueltas y revueltas y no siguen una línea recta; lo mismo sucede con la
guerra. Sólo los formalistas no comprenden esta verdad.
110. Creo que esto es igualmente válido para las batallas
decisivas en la etapa de contraofensiva estratégica. Aunque para entonces el
enemigo se encontrará en una situación inferior y nosotros en una superior,
todavía será aplicable el principio de "entablar batallas decisivas en
condiciones favorables y evitarlas en condiciones desfavorables", y lo seguirá
siendo hasta que lleguemos combatiendo al río Yalu. De esta manera podremos
mantener siempre la iniciativa. Todos los "desafíos" del enemigo y "pinchazos"
de otras personas debemos apartarlos imperturbablemente y no hacer caso de
ellos. En la Guerra de Resistencia contra el Japón, sólo un jefe con tal firmeza
puede ser considerado bravo e inteligente. No puede decirse lo mismo de quienes
"saltan en cuanto los tocan". Y aunque en la primera etapa nos encontramos
estratégicamente en una posición hasta cierto punto pasiva, debemos ganar la
iniciativa en todas las campañas, y conservarla en las etapas posteriores. Somos
partidarios de la guerra prolongada y la victoria definitiva; no somos como los
jugadores que lo arriesgan todo en una sola jugada.
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