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HAGAKURE (hojas ocultas) - El Libro del Samurai - Anónimo
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La Nostalgia
del Pasado
No podemos
cambiar nuestra época. En cuanto las condiciones de vida se degradan
regularmente es prueba de que uno ha penetrado en la fase última del destino.
En efecto, no
se puede estar constantemente en primavera o verano, tampoco se puede disfrutar
permanentemente; por ello es obrar en vano empeñarse en cambiar la naturaleza de
los momentos actuales para reencontrar los felices días del siglo pasado.
El error de los
que cultivan la nostalgia del pasado viene de que no captan esta idea.
Pero los que
sólo tienen consideración por el momento presente y afectan detestar el pasado,
parecen ser muy superficiales.
Examen
Cotidiano
Se debe enseñar
a los jóvenes Samurais las virtudes marciales de manera que cada uno de ellos
esté convencido de ser el guerrero más bravo de Japón. Paralelamente,
los jóvenes
Samurais deben evaluar cotidianamente sus progresos con respecto a la Vía y
deshacerse lo más rápidamente posible de sus imperfecciones. Este examen
cotidiano es la condición para alcanzar la meta buscada.
Marionetas
Mientras yo iba
reflexionando al caminar, se me ocurrió que los seres humanos son unas
extraordinarias e inteligentes marionetas articuladas. Aunque estén suspendidos
por hilos, pueden saltar, caminar, hablar. ¡Cuán magníficamente están
concebidos! Pero de aquí al próximo festival budista, pueden morir y venirnos a
visitar bajo forma de espíritus. ¡Qué existencia más vana! La gente siempre
parece olvidarlo.
Cuando el
Agua Sube...
Existe un
proverbio que reza: "Cuando el agua sube, el barco también." En otras palabras,
frente a las dificultades, las facultades se agudizan. Es cierto que los hombres
valientes cultivan seriamente sus talentos cuando las dificultades con las que
están enfrentados son importantes. Es un error imperdonable dejarse abatir por
las dificultades.
Ahora es la
Hora
El maestro
Jocho dijo un día a su yerno Gomojo esta máxima: "Ahora es la hora y la hora es
ahora." Tenemos tendencia a pensar que la vida cotidiana difiera de un momento
de crisis; así cuando el momento de actuar llega, no estamos nunca listos. Si
nos convocan para hablar con el Daimyo o somos enviados a una misión, no
encontramos palabras para expresarnos. Estas actitudes indican que continuamente
diferenciamos entre "el tiempo" en el sentido amplio y "el momento presente".
Comprender la
expresión: "La hora es ahora" significa prepararse constantemente para un suceso
imprevisto. Un Samurai debe siempre estar dispuesto a expresarse claramente en
público, a ser convocado frente al Daimyo o incluso a entrevistarse con
personalidades oficiales, aun con el mismo Shogun en persona. Poco importa que
esto ocurra o no, uno debe de estar dispuesto permanentemente. Esta
disponibilidad para actuar es el método a aplicar para llevar a cabo todas
nuestras acciones, tanto en las artes militares como en los deberes cívicos.
Si los dioses
ignoran mis rezos debido ha que he sido mancillado por la sangre del enemigo, no
puedo hacer nada si no es continuar mis actos de devoción sin preocuparme de la
mancha. Incluso, aunque los dioses no aman las manchas de sangre, yo tengo mi
propia manera de ver las cosas. No me olvido jamás de mi hora cotidiana de
oración. E incluso si en el campo de batalla me salpica la sangre o tropiezo en
los cadáveres que yacen a mis pies, tengo confianza en la eficacia de mis rezos
dedicados a los dioses para alcanzar el éxito militar o asegurarme una larga
vida.
Fugacidad
La vida humana
sólo dura un instante, es necesario tener la fuerza de vivirla haciendo lo que
más nos gusta. En este mundo fugaz como un sueño, vivir en el sufrimiento no
haciendo más que cosas que nos disgustan es una pura locura. Sin embargo, este
principio, mal entendido, puede ser nocivo, por ello he decidido no enseñarlo a
los jóvenes... Adoro dormir. En contestación a la situación actual del mundo,
pienso que lo mejor que puedo hacer es volver a dormir a mi casa.
Ocurre a menudo
que un hombre que goza de grandes capacidades de juicio y que es consciente de
su valor, se vuelva cada vez más arrogante. Es difícil conocer realmente sus
cualidades pero todavía es más difícil admitir sus cualidades. Es el maestro Zen
Kaion quien ha hecho estas reflexiones.
Dignidad y
Sinceridad
La dignidad de
un ser se mide por la impresión exterior que da. Hay dignidad en el esfuerzo y
la asiduidad; en la serenidad y la discreción. Hay dignidad en la observación de
las reglas y en la rectitud. También hay dignidad para apretar los dientes y
mantener los ojos abiertos: todas estas actitudes son visibles desde el
exterior. Lo que es capital es actuar siempre con dignidad y sinceridad.
Kazuma Nakano
ha dicho: "Es un signo de mezquindad y falta de gusto utilizar un juego de tazas
ya gastado para la ceremonia del té." Los utensilios nuevos son más
convenientes. Algunas personas pueden pensar que más vale emplear utensilios ya
gastados debido al carácter de su origen. Estas dos concepciones son igualmente
erróneas. Los objetos antiguos han sido empleados por personas, ciertamente
modestas, pero su gran antigüedad les confiere una cierta nobleza. Os utensilios
viejos han dado prueba de su calidad en las manos de gente de alto rango. Es por
haber sido detentadas y usadas por su propietario que ha acrecentado su valor.
Uno puede tener un razonamiento semejante sobre el deber del Samurai. Un hombre
de origen modesto que logra cierto renombre y alcanza una posición social
elevada, está dotado manifiestamente de cualidades sobresalientes. Sin embargo,
habrá gente que siempre encontrará desagradable codearse con un hombre de
genealogía dudosa, que rehúsa siempre considerar como un oficial superior al que
no era hasta ahora más que un simple soldado.
Fundamentalmente, un hombre que ha descollado del montón, sólo ha podido hacerlo
debido a que poseía más habilidad y mérito que los que están colocaos
inicialmente en un escalón elevado. Por ello debemos siempre testimoniarles un
mayor respeto.
Cuando uno
busca algo esencial que realizar, hay que saberse mantener lejos del Señor de un
feudo, de las personalidades oficiales y de los consejeros. Cuando uno pasa el
tiempo "girando en torno" a sus superiores y a estar suspendido de sus labios,
se hace difícil llevar a cabo los proyectos. Es una máxima que no ha de ser
olvidada.
Está mal
murmurar, sin embargo, tampoco es mejor alabar a alguien en todo momento. Un
Samurai debe conocer su talla, observar la disciplina sin distraerse y hablar lo
menos posible.
Un hombre
valeroso debe permanecer impávido y jamás dar la impresión de estar desbordado.
Sólo las personas insignificantes, cuyo carácter se revela agresivo, buscan la
fama a cualquier precio y chocan con todos los que frecuentan.
En un debate o
una discusión algunas veces hay que saber perder pronto para hacerlo con
elegancia. Del mismo modo, si en la lucha Sumo, para ganar a cualquier precio,
uno se pone a hacer trampas, se vuelve peor que un vencido y es, al mismo
tiempo, derrotado y carente de elegancia.
El
Orgullo(2)
Alguien dijo un
día: "Hay dos tipos de orgullo, el interno y el externo. Un Samurai que no posee
los dos es de una utilidad dudosa." El orgullo puede ser comparado con la hoja
de un sable. Debe afilarse y luego volverse a colocar en la vaina.
De vez en
cuando, es desenvainada, sostenida y limpiada para volverla a envainar. Si el
sable de un Samurai siempre está desenvainado, si está siempre levantado, la
gente le temerá y le será difícil tener amigos. Si por el contrario, no lo saca
jamás de su vaina, la hoja se enmohecerá y la gente ya no temerá al que lo
lleva.
Intuición
Súbita
Deberían
escucharse con respeto y gratitud las palabras de un hombre de gran experiencia,
incluso si habla de cosas que ya sabemos. Ocurre, a veces, que después de haber
oído diez o veinte veces la misma cosa, uno tenga una intuición súbita y que
esta intuición trascienda la significación habitual. Hay una tendencia a mirar
desde lo alto a la gente anciana y a no tomar en serio sus comentarios. Pero
deberíamos hacer lo contrario, acordándonos que han tenido el beneficio de una
larga y real experiencia.
Nuestra
Opinión
Como ya lo he
subrayado en mis Reflexiones locas (un manual de comportamiento del Samurai
redactado para mi yerno Gonojo), el non plus ultra del servicio de un Samurai es
saber expresar con inteligencia su propia opinión, como los hombres cualificados
el feudo, que son los consejeros experimentados del Daimyo.
Cuando uno ha
comprendido esto, poco importa lo que uno piensa o lo que hace. Pero nadie lo ha
comprendido hasta ahora. Hay pocas personas cuya inteligencia sea suficiente
para conformarse a este principio. Algunos, más preocupados de su avance
personal, usan de la adulación y de la zalamería para mejorar su situación.
Tales personas sólo alimentan bajas ambiciones y no podrán alcanzar el nivel de
hombre de estado experimentado. Algunos, más calculadores todavía que estos
últimos, no ven ningún interés en volverse buenos Samurais y pasan el tiempo
deleitándose con los "Ensayos sobre la pereza" o la poesía de Sagyo. Sin
embargo, desde mi punto de vista, Kenko y Sagyo no son más que cobardes, y es
porque eran incapaces de asumir las funciones de Samurai que tratan con desdén
estos problemas, prevaleciéndose del título de religiosos retirados del mundo.
Aún hoy en día, si bien yo pienso que es bueno para estos bonzos y las personas
ancianas consagrarse a esta literatura, es preferible para el que tenga la
ambición de ser un verdadero Samurai, que aunque acaparado por su combate para
penetrar en el mundo, se esfuerce en servir perfecta y lealmente a su amo.
Incluso si para
conseguirlo tiene que estar hundido en el seno del infierno
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