|
HAGAKURE (hojas ocultas) - El Libro del Samurai - Anónimo
Página 1 ,
página 2 , página 3 ,
página 4 , página 5 , página 6 ,
página 7 , página 8 ,
página 9
Decisiones
Poseemos muy
poca sabiduría; sin embargo, tenemos una gran tendencia a referirnos a ella para
resolver nuestras dificultades. Debido a que nos preocupamos esencialmente de
nosotros mismos, nos desviamos de la Vía del Cielo y nuestras acciones se
vuelven malas. A los ojos de los demás, somos despreciables, débiles, limitados
y totalmente ineficaces. Cuando nos sentimos incapaces de una competencia
verdadera es preferible apelar a alguien más sabio. No estando personalmente
implicado, tal vez pueda revelarse como un juez preclaro -ya que no tiene un
interés propio-. Estará en medida de aconsejar la elección más juiciosa.
Si observamos a
un hombre que toma sus resoluciones de esta manera digna de notarse, sabemos
que está resuelto, autónomo, digno de fe y enraizado en la realidad. Su
sabiduría, alimentada por los consejos de los demás, puede compararse a las
raíces de gran árbol de follaje espeso y denso.
Existen límites
a la sabiduría del ser humano, arbusto débil, sacudido por el viento.
La Crítica a
Los Demás
Reprender y
corregir a alguien por sus errores es importante. Este acto esencialmente
caritativo es la primera obligación del Samurai. Pero hay que esforzarse en
hacerlo de la manera conveniente. En efecto, es fácil encontrar cualidades y
defectos en la conducta del prójimo. También es igualmente fácil criticarlo. La
mayoría de las personas se imagina que es por gentileza que dicen a los otros lo
que no desean oír y si alguna vez sus críticas son mal acogidas, piensan que los
otros son incurables. Tal manera de pensar no es razonable. La misma da tan
malos resultados como colocar a alguien en una situación embarazosa o bien si
alguien nos insultara. Esto no es muchas veces más que una mala manera de sacar
lo que nos pesa en el corazón.
La crítica sólo
debe intervenir después de haber discernido si la persona la aceptará o no,
después que uno se ha hecho amigo de ella, de haber compartido sus intereses y
de haberse comportado de manera tal que nos concede su entera confianza para que
tenga fe en nuestras palabras. Luego interviene el tacto. Hay que sentir el buen
momento y la buena manera de ejercer su crítica - por carta o al regresar de una
reunión particularmente agradable-. Hay que empezar comentando sus propios
fallos y luego llevar a su interlocutor a comprender, sin pronunciar más
palabras de las necesarias.
Hay que alabar
sus méritos; esforzarse en darle ánimos, en preparar su humor; volverlo tan
receptivo a las observaciones del mismo modo que el hombre sediento lo es al
agua. Es entonces cuando hay que corregir sus errores. La crítica constructiva
es delicada.
Sé por
experiencia que las costumbres malas y antiguas, no ceden sin fuerza. Me parece
que la actitud más verdaderamente caritativa consiste, para todos los Samurais
al servicio de un mismo Daimyo, en ser benevolentes y amistosos los unos con lo
otros, corregir mutuamente sus errores para servir luego al Daimyo. Poniendo a
alguien voluntariamente en una situación embarazosa no se hace nada
constructivo. ¿Cómo podría ser de otro modo?
Previsión
El lenguaje
militar emplea los términos de "Samurai ilustrado" y de "Samurai ignorante". Un
Samurai que ha esperado tenerse que enfrentar con situaciones difíciles para
aprender a salir de ellas no es ilustrado. Un Samurai que se preocupa por
adelantado de todas las situaciones y soluciones posibles, es sabio. Será por lo
tanto capaz de hacerle frente con brillantez cuando la ocasión se presente. No
importa lo que ocurra, un Samurai ilustrado es aquel que se preocupa de los
detalles de la acción, antes de la hora. Un Samurai imprevisor, en cambio, da la
penosa impresión de arrastrase en una gran confusión y su éxito sólo proviene de
una suerte anormal. Sólo un Samurai negligente no considera todas las
eventualidades antes del momento de la acción.
No comparto la
opinión de los que preconizan una autoridad estricta y constante.
Como dice el
proverbio: "El pez no vive en el agua clara". Son las algas las que le permiten
desarrollarse plenamente hasta su madurez. Es cuando uno pasa de los detalles y
no cuida de las quejas menores cuando es capaz de procurar la serenidad a los
que nos sirven. La comprensión de este principio es esencial para el que quiera
comprender el carácter y el comportamiento de los demás.
Cuando el Señor
Mitsushige sólo era un niño, se le pidió leer un pasaje de un libro del Monje
Kaion; llamó a los otros niños y a los acólitos para decirles: "Os ruego que os
acerquéis y escuchéis. Es muy difícil leer cuando no hay casi nadie que
escuche".
El monje quedó
impresionado y dijo a los fieles: "Es con este espíritu que hay que hacer todas
las cosas".
Como ha de
ser el Samurai
Tengo la
impresión de que los jóvenes Samurais de hoy en día se han fijado objetivos
lamentablemente bajos. Tienen la mirada furtiva de los ladrones. La mayoría sólo
busca su interés personal o hacer gala de su inteligencia. Incluso los que
parecen tener el alma serena sólo muestran una fachada. Esta actitud no es
conveniente. Un Samurai sólo lo es verdaderamente en la medida que no tiene otro
deseo que morir rápidamente -y de volverse puro espíritu- ofreciendo su vida a
su amo, en la medida donde su preocupación constante es el bienestar de su
Daimyo, al que rinde cuentas continuamente, sin cesar, de la manera mediante la
cual resuelve los problemas para consolidar las estructuras del dominio. De este
modo, Daimyo y servidores deben estar determinados de la misma manera. Es
indispensable que nadie, ni siquiera los dioses y los Budas, puedan haceros
desviar de la meta fijada.
La Pérdida
de la Virilidad
He aquí lo que
decía uno de mis amigos. Parece que un tal Doctor Kyon afirma lo siguiente: "En
medicina se distingue a los hombres de las mujeres en virtud de los principios
del Yin y del Yang; por consiguiente, los tratamientos médicos son
fundamentalmente diferentes. Además, su pulso es también diferente. Sin embargo,
en el curso de estos últimos cincuenta años, el pulso de los hombres se ha
vuelto idéntico al de las mujeres. Desde que me he fijado en este fenómeno, he
considerado bueno tratar las enfermedades oculares de los hombres por los medios
apropiados al pulso de las mujeres. Cuando intento aplicar a mis pacientes
varones los cuidados previstos para ellos, no obtengo ningún resultado". En
efecto, el mundo está abordando un período de degeneración; los hombres pierden
su virilidad y se parecen cada vez más a las mujeres.
Es una
convicción inquebrantable que he adquirido en el curso de mi experiencia
personal y que he decidido no propalar. Desde entonces, no olvidando nunca esta
reflexión, cuando miro a los hombres de hoy en día, me digo: "Mira, mira, he
aquí un pulso femenino". Ya no encuentro prácticamente nunca lo que se llama un
hombre verdadero. Debido a esto es por lo que es posible hoy en día ser
considerado excelente y acceder a una posición importante con un esfuerzo
mínimo. Los hombres se vuelven cobardes y débiles, la prueba de ello está en
que, hoy en día, raros son los que tienen la experiencia de haber cortado la
cabeza de un criminal con las manos atadas a la espalda.
Cuando se les
pide ser el asistente del que va a suicidarse ritualmente, la mayoría considera
que es más hábil evadirse e invoca a excusas más o menos válidas.
Hace sólo
cuarenta o cincuenta años, se consideraba una herida combate como una marca de
virilidad. Un muslo sin cicatrices era un signo tan destacado de falta de
experiencia que nadie se hubiera atrevido a mostrarlo tal cual, prefiriendo
infligirse una herida voluntaria. Se esperaba de los hombres que tuvieran la
sangre ardiente y fueran impetuosos. Hoy en día la impetuosidad es considerada
como una ineptitud. Los hombres de hoy en día utilizan la impetuosidad de su
lengua para rehuir sus responsabilidades y no hacer nunca ningún esfuerzo.
Desearía que los jóvenes reflexionaran seriamente sobre esta situación actual.
Mushin
El Monje Tannen
tenía costumbre de decir: "La gente ha terminado por no entender nada porque los
sacerdotes ya no enseñan más que la doctrina de Mushin. Lo que se llama Mushin
es un espíritu sin mancha y sin complicación. Esto es interesante".
La Vía del
Samurai
El Señor
Sanenori decía: "En el seno de un espíritu en donde la perversidad no encuentra
su lugar, está la vía". Si esto es verdad, la Vía es una. Pero nadie puede
comprender esta evidencia en el primer intento.
La pureza no se
consigue sin esfuerzo.
El carácter
chino gen puede leerse en japonés maboroshi y significa "ilusión".
En japonés, los
magos indios se llaman Gen shu sushi o "ilusionistas".
Los seres
humanos son marionetas aquí abajo. Es por ello que se utiliza el carácter gen
para sugerir la ilusión del libre arbitrio.
Abominar del
mal y conducir su vida con rectitud se vuelve extremadamente difícil. Ello es
bastante sorprendente pero muchos errores tienen por origen la creencia de que
es esencial ser estrictamente lógico y colocar la rectitud por encima de
cualquier otra cosa. Existe una vía más elevada que la rectitud, pero su
descubrimiento no es una cosa fácil e impone una profunda sabiduría. Comparados
con esta vía, los principios lógicos son insignificante, en efecto. Aunque para
el que no tenga la experiencia de ella o no la conozca, existe una manera de
descubrir la verdad, incluso si uno no ha sabido discernirla solo. Esta vía
consiste en hablar con otros. Ocurre a menudo que una persona, aunque
imperfecta, puede dar consejos juiciosos a otra, porque ella puede dominar la
situación exterior, del mismo que el que, en el juego de Go, tiene "la ventaja
de ser espectador". Se dice que es igualmente posible discernir sus faltas por
la "mirada en uno mismo" y por la meditación, pero también en este caso el
resultado es igualmente mejor cuando uno habla con otros. La razón de esto es
que se puede superar su propia facultad de discernimiento si uno aprende a
escuchar con provecho a los demás y leer libros.
Uno siempre se
enriquece de la sabiduría de los Antiguos.
Entrenamiento
Me dijeron que
un maestro de sable ya anciano había dicho esto: "El Samurai debe entrenarse
toda su vida", y para ello hay una razón. Al principio, incluso en caso de
práctica regular, uno no tiene la sensación de progresar. Uno se sabe poco hábil
y ve a los demás a su propia imagen. En este estadio es inútil precisar que no
se es de ninguna utilidad al servicio del Daimyo. Cuando se alcanza un estadio
mediano, uno no es todavía de gran utilidad pero toma conciencia de sus
deficiencias y empieza a notar las imperfecciones de los otros.
Cuando un
Samurai alcanza un nivel superior, es capaz de tomar, por propia iniciativa,
decisiones en cualquier situación, de tal manera que ya no necesita los consejos
de los otros. Un Samurai es, podemos decirlo, útil al Daimyo. Luego, por encima
de este nivel, están aquellos cuyo rostro jamás revela lo que piensan, los que
no hacen jamás gala de su habilidad, que fingen ignorancia e incompetencia. Y lo
que es más: respetan la habilidad de los otros. Para muchos, ésta es la ambición
más alta. Pero a un nivel todavía más elevado existe un dominio que supera la
habilidad del común de los mortales. El que se compromete a fondo en la Vía de
este campo, toma conciencia de que su entrenamiento será ilimitado y que no
podrá estar jamás satisfecho de su trabajo. Por esto un Samurai debe conocer sus
debilidades y pasar su vida corrigiéndolas sin jamás tener el sentimiento de
haber hecho ya lo suficiente. No debe, naturalmente, tener demasiada confianza
pero tampoco sentirse inferior.
Yagyu, el
maestro de la Vía del Sable, que enseñaba al Shogun Tokugawa, decía: "Yo no sé
cómo superar a los otros. Todo lo que sé es cómo superarme a mí mismo". El se
decía: "Hoy, yo soy mejor que ayer, mañana todavía seré superior". Un verdadero
Samurai consagra todo su tiempo al perfeccionamiento de sí mismo. Es por ello
que el entrenamiento es un proceso sin fin.
Entre las
proclamaciones públicas que ha hecho el Señor Naoshige, se encuentra la
siguiente: "Las decisiones importantes deben ser tomadas con calma". Ittei
Ishida (sabio confucionista de Han Sagan y maestro Jocho Yamamoto) explica: "Los
asuntos menores deben ser estudiados con seriedad. Hay pocos problemas realmente
importantes, solamente se presentan más de dos o tres en toda una existencia.
Una reflexión cotidiana os convencerá. Es por ello que es indispensable prever
lo que conviene hacer en caso de crisis. Cuando ésta se manifieste, habrá que
acordarse de la solución, para resolverla en consecuencia. Sin una preparación
cotidiana, cuando sobrevenga una crisis delicada, se será incapaz de tomar una
decisión rápida, lo que conlleva el riesgo de consecuencias desastrosas". ¿No es
entonces posible decir que para poder tomar con calma decisiones importantes,
hay que prepararse cada día con resolución?
En el curso de
una reunión cuya meta era examinar la oportunidad de conceder una promoción a
cierta persona, se tuvo noticia de que la misma, anteriormente, era muy
aficionada a la bebida. Por lo tanto, los participantes estaban muy propensos a
negarle su adelanto. Sin embargo, uno de ello intervino: "No animar a un hombre
porque ha cometido un solo error, es impedir que mejore. Si un hombre, que ha
flaqueado una vez, muestra, por una conducta irreprochable y conforme a las
reglas, que lamenta sinceramente su error, es eminentemente útil a su Señor.
Siendo así, animadlo".
Entonces, uno
de los presentes dijo: ¿Asumís la responsabilidad de tal decisión?"
Después de que
él hubo dado tal seguridad, la asistencia le rogó que diera sus razones.
Dio esta
respuesta: "Lo avalo porque sé que se ha equivocado una vez. No se puede
conceder confianza al que no ha cometido jamás errores". Fue de este modo que el
interesado consiguió su promoción.
Un día, un
hombre cayó en desgracia porque había descuidado reparar el insulto que le había
sido hecho. La única manera de vengarse era lanzarse sobre el campamento enemigo
y combatir hasta la muerte. Un Samurai que se lanza desesperadamente al combate
no puede caer en desgracia. Es porque uno espera la victoria que la misma se nos
escapa. El tiempo corre cuando uno espera que el enemigo no sea tan numeroso
para no estar uno en desventaja. A fuerza de esperar, incluso puede ser que uno
olvide la injuria y que abandone la venganza. Pero cuando los enemigos son
numerosos, si uno se agarra al terreno con la determinación de diezmarlos a
todos, la pelea se resolverá deprisa. El curso de la acción transcurrirá
probablemente de buena manera. Incluso cuando los cuarenta y siete Ronins del
clan Asano, que acabaron por atacar a Kira una noche para vengar la muerte de su
Amo, ya habían fallado en su salida. Deberían haberse suicidado ritual e
inmediatamente Sengakuji. Se tomaron tiempo para vengar la muerte de su Señor.
Kira habría podido caer mortalmente enfermo antes de que hubieran ejecutado su
plan. En este caso, habrían perdido irremediablemente la ocasión.
Por regla
general, yo no critico el comportamiento de los otros, pero puesto que nosotros
estudiamos la vía del Samurai, debo añadir esto: si no se consideran con cuidado
y por adelanto todas las eventualidades, cuando ocurre el suceso no se está en
medida de contestar adecuadamente y uno es deshonrado.
Escuchar estos
consejos e intentar comprender la esencia de las cosas, constituye una
preparación para tomar decisiones antes de que sobrevenga la crisis.
La vía del
Samurai exige, entre otras cosas, que se esté siempre dispuesto a someter a
prueba la firmeza de su resolución. Noche y día, el Samurai debe seccionar sus
pensamientos prepara una línea de acción. Según las circunstancias, puede ganar
o perder. Pero evitar el deshonor es un hecho distinto de l victoria o de la
derrota; para evitar el deshonor tal vez le será necesario morir. Pero si, desde
el principio, las cosas no se desarrollan como había previsto, debería
intentarlo de nuevo. Para ello, ninguna sabiduría ni habilidad particular son
precisas. El Samurai valiente no piensa en términos de victoria o derrota;
combate fanáticamente hasta la muerte. Sólo de este modo realiza su destino.
No es bueno
tener fuertes convicciones personales. Si, al perseverara y concentrarse, un
Samurai adquiere opiniones muy marcadas, podrá estar tentado a pensar con
precipitación que ya ha alcanzado un buen nivel de realización. Esto debe ser
desaconsejado formalmente. Un Samurai debe, por asiduidad, llegar primeramente a
la maestría absoluta de los principios básicos y luego continuar su
entrenamiento de tal manera que sus técnicas lleguen a la madurez. Un Samurai no
debe jamás relajar su esfuerzo sino que debe perseverar toda su vida en el
entrenamiento. Pensar que uno puede relajar la disciplina del entrenamiento
porque simplemente ha hecho algún descubrimiento personal, es el colmo de la
locura. Un Samurai debe estar constantemente animado por el pensamiento
siguiente: "En tal o cual punto todavía disto mucho de la perfección" y
consagrar toda su vida más y más al perfeccionamiento, buscando asiduamente la
vía verdadera. Es por una práctica así que se puede encontrar la Vía.
No hace aún
cincuenta o sesenta años que los Samurais hacían sus abluciones cada mañana, se
afeitaban la cabeza y perfumaban el moño. Luego se cortaban las uñas de las
manos y de los pies, las limaban con piedra pómez y luego las pulían con hierba
Kogane. No mostraban jamás señal alguna de pereza en este asunto y se cuidaban
con atención. Después el Samurai verificaba su sable largo y su sable corto para
comprobar que el óxido no los deterioraba; les quitaba el polvo y los limpiaba
para cuidar su brillo.
Tomar tal
cuidado de su apariencia puede parecer una manifestación de fatuidad pero esta
costumbre no provenía de una inclinación para la elegancia o lo romancesco. Uno
puede ser llamado en cualquier momento a librar una dura batalla; si se muere
habiendo descuidado su pulcritud, se da muestra de una relajación general de las
buenas costumbres y uno se expone al desprecio y al descuido del adversario.
Esta es la razón por la cual los viejos y jóvenes Samurais han aportado siempre
un gran cuidado en su presentación. Un escrúpulo tal puede parecer una pérdida
de tiempo y una ocupación muy fútil, pero forma parte de la vida del Samurai. En
realidad, ello precisa menos esfuerzo y tiempo de lo que parece. Si quiere estar
dispuesto a morir, un Samurai debe considerarse ya muerto; si es diligente en su
servicio y se perfecciona en las artes militares, no se cubrirá jamás de
vergüenza. Pero si se dedica a hacer egoístamente lo que le plazca, en caso de
crisis de deshonrará. Incluso, no será jamás consciente de su deshonra. Si nada
le importa, excepto el hecho de no estar en peligro y de sentirse feliz, se
descuidará de una manera completamente lamentable.
Es seguro que
un Samurai que no está preparado para morir, morirá de una muerte poco
honorable. En cambio, si consagra su vida a preparar su muerte, ¿cómo podría
tener un comportamiento despreciable? Uno debería reflexionar seriamente al
respecto y armonizar su conducta en consecuencia.
Los tiempos han
cambiado mucho en el transcurso de estos últimos treinta años.
En nuestros
días, cuando los jóvenes Samurais se reúnen, hablan de dinero, de provecho, de
pérdidas, de la manera de administrar su casa, de los criterios para juzgar el
valor de la vestimenta, e intercambian opiniones profanas. Si otro tema es
evocado, el ambiente se estropea y cada uno se siente vagamente a disgusto. ¡Qué
estado tan lamentable éste al que hemos llegado! Antaño, hasta la edad de veinte
o treinta años, un hombre joven no tenía ningún pensamiento para las cosas
materiales o indelicadas, por lo tanto no hablaba de ellas jamás. Si, por
accidente, en su presencia, los hombres de edad madura dejaban escapar de sus
labios alguna reflexión fuera de lugar, se sentía tan afectado como si hubiera
recibido una herida física. La tendencia nueva ha penetrado aparentemente
mediante lo que los tiempos modernos aprecian al máximo: el lujo y la
ostentación. Sólo el dinero tiene importancia. Es manifiesto que si los hombres
jóvenes no tuvieran estos gustos de lujo, incompatibles con su situación, esta
actitud errónea desaparecería. Por otra parte, alabar como ricos en recursos a
jóvenes ahorrativos y parcos, es completamente despreciable. La frugalidad
equivale a la ausencia del sentido del giri u obligaciones sociales y
personales. ¿Necesito añadir que un Samurai que se olvida de sus obligaciones
hacia los demás es despreciable, cobarde e indigno?
Si nuestra página y nuestra labor te gustan... Colabora !!!

|