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Oráculo manual y arte
de la prudencia
1-30 , 31-60 ,
61-90 , 91-120 ,
121-150 , 151-180 ,
181-210 , 211-240 ,
241-270 , 271-300
Gracián, Baltasar
(1601-1658)
Escritor español. Nació en
Belmonte, cerca de Calatayud (Zaragoza), 8-1-1601 ; fue hijo de un médico. A los
dieciocho años ingresó como novicio en la Compañía de Jesús. Estudió en
Tarragona, Calatayud y Zaragoza. En 1628 se ordenó de presbítero. Fue profesor
en diversos centros de la Compañía. Trasladado a Huesca (1636) acontece un hecho
decisivo en su vida: conoce a don Vincencio Juan de Lastanosa, prócer de gran
fortuna y refinada cultura, que en su palacio, había reunido una gran biblioteca
y numerosas obras de arte. Allí acudía un nutrido grupo de intelectuales y
artistas, a los que se sumó el jesuita. Fue entrañable su amistad con Lastanosa,
que estimuló su vocación de escritor y que costeó la publicación de todas sus
obras A partir de las primeras que publicó (siempre con seudónimo porque la
censura de la Compañía le hubiera impedido escribir de asuntos que no fueran
estrictamente religiosos), comenzó a ser atacado y denunciado por sus propios
compañeros de religión, y sufrió numerosas sanciones. En Madrid, consiguió un
gran éxito como orador sagrado: miles de personas quedaban en las puertas de los
templos donde predicaba, sin lograr entrar. Mostró gran valor personal en la
batalla para arrebatar Lérida a los franceses Los soldados lo llamaban "Padre de
la Victoria". Continúa su vida de profesor por distintos lugares, y siempre en
pugna contra sus detractores a los que se sumaron varios de sus antiguos amigos
de Huesca. Y en 1658, el General de la Compañía ordena que se le encierre y se
le prohíba escribir. Solicita salir de aquella observancia para hacerse
franciscano. Pero la muerte le sobrevino en Tarazona (Zaragoza), el 6 de
diciembre de dicho año.
Esta obra, por
su carácter práctico, específico y a la vez moderno y universal constituye la
mejor ayuda para el hombre y la mujer de hoy que quieren afrontar los desafíos
con pericia y determinación. Este libro completo consta de 300 sentencias que
son cápsulas de sabiduría condensada
1
Todo está ya en su punto, y
el ser persona en el mayor.
Más se requiere hoi para un sabio que antiguamente para siete; y más es menester
para tratar con un solo hombre en estos tiempos que con todo un pueblo en los
passados.
2
Genio y Ingenio.
Los dos exes del lucimiento de prendas: el uno sin el otro, felicidad a
medias. No basta lo entendido, deséase lo genial. Infelicidad de necio: errar la
vocación en el estado, empleo, región, familiaridad.
3
Llevar sus cosas con
suspensión. La
admiración de la novedad es estimación de los aciertos. El jugar a juego
descubierto ni es de utilidad ni de gusto. El no declararse luego suspende, y
más donde la sublimidad del empleo da objecto a la universal expectación; amaga
misterio en todo, y con su misma arcanidad provoca la veneración. Aun en el
darse a entender se ha de huir la llaneza, assí como ni en el trato se ha de
permitir el interior a todos. Es el recatado silencio sagrado de la cordura. La
resolución declarada nunca fue estimada; antes se permite a la censura, y si
saliere azar, será dos vezes infeliz. Imítese, pues, el proceder divino para
hazer estar a la mira y al desvelo.
4
El saber y el valor alternan
grandeza. Porque
lo son, hazen inmortales; tanto es uno quanto sabe, y el sabio todo lo puede.
Hombre sin noticias, mundo a escuras. Consejo y fuerças, ojos y manos; sin valor
es estéril la sabiduría.
5
Hazer depender.
No haze el numen el que lo dora, sino el que lo adora: el sagaz más quiere
necessitados de sí que agradecidos. Es robarle a la esperança cortés fiar del
agradecimiento villano, que lo que aquélla es memoriosa es éste olvidadizo. Más
se saca de la dependencia que de la cortesía: buelve luego las espaldas a la
fuente el satisfecho, y la naranja esprimida cae del oro al lodo. Acabada la
dependencia, acaba la correspondencia, y con ella la estimación. Sea lición, y
de prima en experiencia, entretenerla, no satisfazerla, conservando siempre en
necessidad de sí aun al coronado patrón; pero no se ha de regar al excesso de
callar para que yerre, ni hazer incurable el daño ageno por el provecho proprio.
6
Hombre en su punto.
No se nace hecho: vase de cada día perficionando en la persona, en el empleo,
hasta llegar al punto del consumado ser, al complemento de prendas, de
eminencias. Conocerse ha en lo realçado del gusto, purificado del ingenio, en lo
maduro del juizio, en lo defecado de la voluntad. Algunos nunca llegan a ser
cabales, fáltales siempre un algo; tardan otros en hazerse. El varón consumado,
sabio en dichos, cuerdo en hechos, es admitido y aun deseado del singular
comercio de los discretos.
7
Escusar vitorias del patrón.
Todo vencimiento es odioso, y del dueño, o necio, o fatal. Siempre la
superioridad fue aborrecida, ¡quánto más de la misma superioridad! Ventajas
vulgares suele disimular la atención, como desmentir la velleza con el desaliño.
Bien se hallará quien quiera ceder en la dicha, y en el genio; pero en el
ingenio, ninguno, ¡quánto menos una soberanía! Es éste el atributo rei, y assí
qualquier crimen contra él fue de lessa magestad. Son soberanos, y quieren serlo
en lo que es más. Gustan de ser ayudados los príncipes, pero no excedidos, y que
el aviso haga antes viso de recuerdo de lo que olvidava que de luz de lo que no
alcançó. Enséñannos esta sutileza los Astros con dicha, que aunque hijos, y
brillantes, nunca se atreven a los lucimientos del Sol.
8
Hombre inapassionable,
prenda de la mayor alteza de ánimo. Su misma superioridad le redime de la
sugeción a peregrinas vulgares impressiones. No ai mayor señorío que el de sí
mismo, de sus afectos, que llega a ser triunfo del alvedrío. Y quando la passión
ocupare lo personal, no se atreva al oficio, y menos quanto fuere más: culto
modo de aorrar disgustos, y aun de atajar para la reputación.
9
Desmentir los achaques de su
nación. Participa
el agua las calidades buenas o malas de las venas por donde passa, y el hombre
las del clima donde nace. Deven más unos que otros a sus patrias, que cupo allí
más favorable el Cenid. No ai nación que se escape de algún original defecto:
aun las más cultas, que luego censuran los confinantes, o para cautela, o para
consuelo. Vitoriosa destreza corregir, o por lo menos desmentir estos nacionales
desdoros: consíguese el plausible crédito de único entre los suyos, que lo que
menos se esperava se estimó más. Ai también achaques de la prosapia, del estado,
del empleo y de la edad, que si coinciden todos en un sugeto y con la atención
no se previenen, hazen un monstro intolerable.
10
Fortuna y Fama.
Lo que tiene de inconstante la una, tiene de firme la otra. La primera para
vivir, la segunda para después; aquélla contra la invidia, ésta contra el
olvido. La fortuna se desea y tal vez se ayuda, la fama se diligencia; deseo de
reputación nace de la virtud. Fue, y es hermana de Gigantes la Fama; anda
siempre por estremos, o monstros, o prodigios, de abominación, de aplauso.
11
Tratar con quien se pueda
aprender. Sea el
amigable trato escuela de erudición, y la conversación, enseñança culta; un
hazer de los amigos maestros, penetrando el útil del aprender con el gusto del
conversar. Altérnase la fruición con los entendidos, logrando lo que se dize en
el aplauso con que se recibe, y lo que se oye en el amaestramiento.
Ordinariamente nos lleva a otro la propria conveniencia, aquí realçada.
Freqüenta el atento las casas de aquellos Héroes Cortesanos, que son más teatros
de la Heroicidad que palacios de la vanidad. Ai Señores acreditados de discretos
que, a más de ser ellos oráculos de toda grandeza con su exemplo y en su trato,
el cortejo de los que los assisten es una Cortesana Academia de toda buena y
galante discreción.
12
Naturaleza y arte; materia y
obra. No ai
velleza sin ayuda, ni perfección que no dé en bárbara sin el realçe del
artificio: a lo malo socorre y lo bueno lo perficiona. Déxanos comúnmente a lo
mejor la naturaleza, acojámonos al arte. El mejor natural es inculto sin ella, y
les falta la metad a las perfecciones si les falta la cultura. Todo hombre sabe
a tosco sin el artificio, y ha menester pulirse en todo orden de perfección.
13
Obrar de intención, ya
segunda, y ya primera.
Milicia es la vida del hombre contra la malicia del hombre, pelea la sagazidad
con estratagemas de intención. Nunca obra lo que indica, apunta, sí, para
deslumbrar; amaga al aire con destreza y executa en la impensada realidad,
atenta siempre a desmentir. Echa una intención para assegurarse de la émula
atención, y rebuelve luego contra ella venciendo por lo impensado. Pero la
penetrante inteligencia la previene con atenciones, la azecha con reflexas,
entiende siempre lo contrario de lo que quiere que entienda, y conoce luego
qualquier intentar de falso; dexa passar toda primera intención, y está en
espera a la segunda y aun a la tercera. Augméntase la simulación al ver
alcançado su artificio, y pretende engañar con la misma verdad: muda de juego
por mudar de treta, y haze artificio del no artificio, fundando su astucia en la
mayor candidez. Acude la observación intendiendo su perspicacia, y descubre las
tinieblas revestidas de la luz; desçifra la intención, más solapada quanto más
sencilla. Desta suerte combaten la calidez de Pitón contra la candidez de los
penetrantes rayos de Apolo.
14
La realidad y el modo.
No basta la substancia, requiérese también la circunstancia. Todo lo
gasta un mal modo, hasta la justicia y razón. El bueno todo lo suple: dora el
no, endulça la verdad y afeita la misma vejez. Tiene gran parte en las cosas
el cómo, y es taúr de los gustos el modillo. Un vel portarse es la gala
del vivir, desempeña singularmente todo buen término.
15
Tener ingenios auxiliares.
Felicidad de poderosos; acompañarse de valientes de entendimiento que le saquen
de todo ignorante aprieto, que le riñan las pendencias de la dificultad.
Singular grandeza servirse de sabios, y que excede al bárbaro gusto de Tigranes,
aquel que afectava los rendidos Reyes para criados. Nuevo género de señorío, en
lo mejor del vivir hazer siervos por arte de los que hizo la naturaleza
superiores. Ai mucho que saber y es poco el vivirlo, y no se vive si no se sabe.
Es, pues, singular destreza el estudiar sin que cueste, y mucho por muchos,
sabiendo por todos. Dize después en un Consistorio por muchos, o por su voca
hablan tantos sabios quantos le previnieron, consiguiendo el crédito de Oráculo
a sudor ageno. Hazen aquéllos primero elección de la lición, y sírvenle después
en quintas essencias el saber. Pero el que no pudiere alcançar a tener la
sabiduría en servidumbre, lógrela en familiaridad.
16
Saber con recta intención.
Asseguran fecundidad de aciertos. Monstrosa violencia fue siempre un buen
Entendimiento casado con una mala voluntad. La intención malévola es un veneno
de las perfecciones y, ayudada del saber, malea con mayor sutileza: ¡infeliz
eminencia la que se emplea en la ruindad! Ciencia sin seso, locura doble.
17
Variar de tenor
en el obrar. No siempre de un modo, para deslumbrar la atención, y más si
émula. No siempre de primera intención, que le cogerán la uniformidad,
previniéndole, y aun frustrándole las acciones. Fácil es de matar al buelo el
ave que le tiene seguido, no assí la que le tuerze. Ni siempre de segunda
intención, que le entenderán a dos vezes la treta. Está a la espera la malicia;
gran sutileza es menester para desmentirla. Nunca juega el taúr la pieza que el
contrario presume, y menos la que desea.
18
Aplicación y Minerva.
No ai eminencia sin entrambas, y si concurren, excesso. Más consigue una
medianía con aplicación que una superioridad sin ella. Cómprase la reputación a
precio de trabajo; poco vale lo que poco cuesta. Aun para los primeros empleos
se deseó en algunos la aplicación: raras vezes desmiente al genio. No ser
eminente en el empleo vulgar por querer ser mediano en el sublime, escusa tiene
de generosidad; pero contentarse con ser mediano en el último, pudiendo ser
excelente en el primero, no la tiene. Requiérense, pues, naturaleza y arte, y
sella la aplicación.
19
No entrar con sobrada
expectación.
Ordinario desaire de todo lo mui celebrado antes, no llegar después al
excesso de lo concebido. Nunca lo verdadero pudo alcançar a lo imaginado, porque
el fingirse las perfecciones es fácil, y mui dificultoso el conseguirlas. Cásase
la imaginación con el deseo, y concibe siempre mucho más de lo que las cosas
son. Por grandes que sean las excelencias, no bastan a satisfazer el concepto, y
como le hallan engañado con la exorbitante expectación, más presto le desengañan
que le admiran. La esperança es gran falsificadora de la verdad: corríjala la
cordura, procurando que sea superior la fruición al deseo. Unos principios de
crédito sirven de despertar la curiosidad, no de empeñar el objecto. Mejor sale
quando la realidad excede al concepto y es más de lo que se creyó. Faltará esta
regla en lo malo, pues le ayuda la mesma exageración; desmiéntela con aplauso, y
aun llega a parecer tolerable lo que se temió extremo de ruin.
20
Hombre en su siglo.
Los sugetos eminentemente raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el
que merecían, y muchos, aunque le tuvieron, no acertaron a lograrle. Fueron
dignos algunos de mejor siglo, que no todo lo bueno triunfa siempre; tienen las
cosas su vez, hasta las eminencias son al uso. Pero lleva una ventaja lo sabio,
que es eterno; y si este no es su siglo, muchos otros lo serán.
21
Arte para ser dichoso.
Reglas ai de ventura, que no toda es acasos para el sabio; puede ser ayudada
de la industria. Conténtanse algunos con ponerse de buen aire a las puertas de
la fortuna y esperan a que ella obre. Mejor otros, passan adelante y válense de
la cuerda audacia, que en alas de su virtud y valor puede dar alcançe a la
dicha, y lisonjearla eficazmente. Pero, bien filosofado, no ai otro arbitrio
sino el de la virtud y atención, porque no ai más dicha ni más desdicha que
prudencia o imprudencia.
22
Hombre de plausibles
noticias. Es
munición de discretos la cortesana gustossa erudición: un plático saber de todo
lo corriente, más a lo noticioso, menos a lo vulgar. Tener una sazonada copia de
sales en dichos, de galantería en hechos, y saberlos emplear en su ocasión, que
salió a vezes mejor el aviso en un chiste que en el más grave magisterio.
Sabiduría conversable valióles más a algunos que todas las siete, con ser tan
liberales.
23
No tener algún desdoro.
El sino de la perfección. Pocos viven sin achaque, assí en lo moral como
en lo natural, y se apassionan por ellos pudiendo curar con facilidad. Lastímase
la agena cordura de que tal vez a una sublime universalidad de prendas se le
atreva un mínimo defecto, y basta una nube a eclipsar todo un Sol. Son lunares
de la reputación, donde para luego, y aun repara, la malevolencia. Suma destreza
sería convertirlos en realces. Desta suerte supo César laurear el natural
desaire.
24
Templar
la imaginación. Unas vezes corrigiéndola; otras ayudándola, que es el
todo para la felicidad, y aun ajusta la cordura. Da en tirana, ni se contenta
con la especulación, sino que obra, y aun suele señorearse de la vida,
haziéndola gustosa o pessada, según la necedad en que da, porque haze
descontentos o satisfechos de sí mesmos. Representa a unos continuamente penas,
hecha verdugo casero de necios. Propone a otros felicidades y aventuras con
alegre desvanecimiento. Todo esto puede, si no la enfrena la prudentíssima
sindéresis.
25
Buen entendedor.
Arte era de artes saber discurrir: ya no basta, menester es adevinar, y más en
desengaños. No puede ser entendido el que no fuere buen entendedor. Ai zaoríes
del coraçón y linces de las intenciones. Las verdades que más nos importan
vienen siempre a medio dezir; recíbanse del atento a todo entender: en lo
favorable, tirante la rienda a la credulidad; en lo odioso, picarla.
26
Hallarle su torcedor a cada
uno. Es el
arte de mover voluntades; más consiste en destreza que en resolución: un saber
por dónde se le ha de entrar a cada uno. No ai voluntad sin especial afición, y
diferentes según la variedad de los gustos. Todos son idólatras: unos de la
estimación, otros del interés y los más del deleite. La maña está en conocer
estos ídolos para el motivar, conociéndole a cada uno su eficaz impulso: es como
tener la llave del querer ageno. Hasse de ir al primer móbil, que no siempre es
el supremo, las más vezes es el ínfimo, porque son más en el mundo los
desordenados que los subordinados. Hásele de prevenir el genio primero, tocarle
el verbo después, cargar con la afición, que infaliblemente dará mate al
alvedrío.
27
Pagarse más de intensiones
que de extensiones.
No consiste la perfección en la cantidad, sino en la calidad. Todo lo mui bueno
fue siempre poco y raro, es descrédito lo mucho. Aun entre los hombres los
Gigantes suelen ser los verdaderos Enanos. Estiman algunos los libros por la
corpulencia, como si se escriviessen para exercitar antes los braços que los
ingenios. La extensión sola nunca pudo exceder de medianía, y es plaga de
hombres universales por querer estar en todo, estar en nada. La intensión da
eminencia, y heroica si en materia sublime.
28
En nada vulgar.
No en el gusto. ¡O, gran sabio el que se descontentaba de que sus cosas
agradassen a los muchos!: hartazgos de aplauso común no satisfazen a los
discretos. Son algunos tan camaleones de la popularidad, que ponen su fruición
no en las mareas suavíssimas de Apolo, sino en el aliento vulgar. Ni en el
entendimiento, no se pague de los milagros del vulgo, que no passan de
espantaignorantes, admirando la necedad común quando desengañando la advertencia
singular.
29
Hombre de entereza.
Siempre de parte de la razón, con tal tesón de su propósito, que ni la passión
vulgar, ni la violencia tirana le obliguen jamás a pisar la raya de la razón.
Pero ¿quién será este Fenis de la equidad?, que tiene pocos finos la entereza.
Celébranla muchos, mas no por su casa; síguenla otros hasta el peligro; en él
los falsos la niegan, los políticos la dissimulan. No repara ella en encontrarse
con la amistad, con el poder, y aun con la propria conveniencia, y aquí es el
aprieto del desconocerla. Abstrahen los astutos con metafísica plausible por no
agraviar, o la razón superior, o la de estado; pero el constante varón juzga por
especie de traición el dissimulo; préciase más de la tenacidad que de la
sagacidad; hállase donde la verdad se halla; y si dexa los sugetos, no es por
variedad suya, sino dellos en dexarla primero.
30
No hazer professión de
empleos desautorizados.
Mucho menos de quimera, que sirve más de solicitar el desprecio que el crédito.
Son muchas las setas del capricho, y de todas ha de huir el varón cuerdo. Ai
gustos exóticos, que se casan siempre con todo aquello que los sabios repudian:
viven mui pagados de toda singularidad, que aunque los haze mui conocidos, es
más por motivos de la risa que de la reputación. Aun en professión de sabio no
se ha de señalar el atento, mucho menos en aquellas que hazen ridículos a sus
afectantes, ni se especifican, porque las tiene individuadas el común
descrédito.
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