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Oráculo manual y arte
de la prudencia
1-30 , 31-60 ,
61-90 , 91-120 ,
121-150 , 151-180 ,
181-210 , 211-240 ,
241-270 , 271-300
91
Obrar siempre sin escrúpulos
de imprudencia.
La sospecha de desacierto en el que executa es evidencia ya en el que mira, y
más si fuere émulo. Si ya al calor de la passión escrupulea el dictamen,
condenará después desapassionado a necedad declarada. Son peligrosas las
acciones en duda de prudencia; más segura sería la omissión. No admite
probabilidades la cordura: siempre camina al mediodía de la luz de la razón.
¿Cómo puede salir bien una empressa que, aun concebida, la está ya condenando el
rezelo? Y si la resolución más graduada con el nemine discrepante
interior suele salir infelizmente, ¿qué aguarda la que començó titubeando en la
razón y mal agorada del dictamen?
92
Seso trascendental:
digo en todo. Es la
primera y suma regla del obrar y del hablar, más encargada quanto mayores y más
altos los empleos. Más vale un grano de cordura que arrobas de sutileza. Es un
caminar a lo seguro, aunque no tan a lo plausible, si bien la reputación de
cuerdo es el triunfo de la fama: vastará satisfazer a los cuerdos, cuyo voto es
la piedra de toque a los aciertos.
93
Hombre universal.
Compuesto de toda
perfección, vale por muchos. Haze felicíssimo el vivir, comunicando esta
fruición a la familiaridad. La variedad con perfección es entretenimiento de la
vida. Gran arte la de saber lograr todo lo bueno; y pues le hizo la naturaleza
al hombre un compendio de todo lo natural por su eminencia, hágale el arte un
universo por exercicio, y cultura del gusto y del entendimiento.
94
Incomprehensibilidad de
caudal. Escuse el
varón atento sondarle el fondo, ya al saber, ya al valer, si quiere que le
veneren todos. Permítase al conocimiento, no a la comprehensión. Nadie le
averigüe los términos de la capacidad, por el peligro evidente del desengaño.
Nunca dé lugar a que alguno le alcançe todo: mayores efectos de veneración causa
la opinión y duda de adónde llega el caudal de cada uno que la evidencia dél,
por grande que fuere.
95
Saber entretener la
expectación: irla
cevando siempre. Prometa más lo mucho, y la mejor acción sea envidar de mayores.
No se ha de echar todo el resto al primer lance: gran treta es saberse templar,
en las fuerças, en el saber, y ir adelantando el desempeño.
96
De la gran sindéresis.
Es el trono de la
razón, basa de la prudencia, que en fe della cuesta poco el acertar. Es suerte
del Cielo, y la más deseada por primera y por mejor: la primera pieça del arnés
con tal urgencia, que ninguna otra que le falte a un hombre le denomina falto;
nótase más su menos. Todas las acciones de la vida dependen de su influencia, y
todas solicitan su calificación, que todo ha de ser con seso. Consiste en una
conatural propensión a todo lo más conforme a razón, casándose siempre con lo
más acertado.
97
Conseguir y conservar la
reputación. Es el
usufructo de la fama. Cuesta mucho, porque nace de las eminencias, que son tan
raras quanto comunes las medianías. Conseguida, se conserva con facilidad.
Obliga mucho y obra más. Es especie de magestad quando llega a ser veneración,
por la sublimidad de su causa y de su esfera; pero la reputación substancial es
la que valió siempre.
98
Cifrar la voluntad.
Son las passiones los
portillos del ánimo. El más plático saber consiste en dissimular; lleva riesgo
de perder el que juega a juego descubierto. Compita la detención del recatado
con la atención del advertido: a linces de discurso, xibias de interioridad. No
se le sepa el gusto, porque no se le prevenga, unos para la contradición, otros
para la lisonja.
99
Realidad y apariencia.
Las cosas no
passan por lo que son, sino por lo que parecen. Son raros los que miran por
dentro, y muchos los que se pagan de lo aparente. No basta tener razón con cara
de malicia.
100
Varón desengañado:
Christiano sabio,
Cortesano filósofo. Mas no parecerlo, menos afectarlo. Está desacreditado el
filosofar, aunque el exercicio mayor de los sabios. Vive desautorizada la
ciencia de los cuerdos. Introdúxola Séneca en Roma, conservóse algún tiempo
cortesana, ya es tenida por impertinencia. Pero siempre el desengaño fue pasto
de la prudencia, delicias de la entereza.
101
La metad del mundo se está
riendo de la otra metad, con necedad de todos.
O todo es bueno, o todo es
malo, según votos. Lo que éste sigue, el otro persigue. Insufrible necio el que
quiere regular todo objecto por su concepto. No dependen las perfecciones de un
solo agrado: tantos son los gustos como los rostros, y tan varios. No ai defecto
sin afecto, ni se ha de desconfiar porque no agraden las cosas a algunos, que no
faltarán otros que las aprecien; ni aun el aplauso destos le sea materia al
desvanecimiento, que otros lo condenarán. La norma de la verdadera satisfación
es la aprobación de los varones de reputación, y que tienen voto en aquel orden
de cosas. No se vive de un voto solo, ni de un uso, ni de un siglo.
102
Estómago para grandes
vocados de la fortuna.
En el cuerpo de la prudencia no es la parte menos importante un gran buche, que
de grandes partes se compone una gran capacidad. No se embaraça con las buenas
dichas quien merece otras mayores; lo que es ahíto en unos es hambre en otros.
Ai muchos que se les gasta qualquier mui importante manjar por la cortedad de su
natural, no acostumbrado ni nacido para tan sublimes empleos; açedáseles el
trato, y con los humos que se levantan de la postiza honra viene a
desvanecérseles la cabeça. Corren gran peligro en los lugares altos, y no caben
en sí porque no cabe en ellos la suerte. Muestre, pues, el varón grande que aun
le quedan ensanches para cosas mayores, y huiga con especial cuidado de todo lo
que puede dar indicio de angosto coraçón.
103
Cada uno la magestad en su
modo. Sean todas
las acciones, si no de un Rei, dignas de tal, según su esfera; el proceder Real,
dentro de los límites de su cuerda suerte: sublimidad de acciones, remonte de
pensamientos. Y en todas sus cosas represente un Rei por méritos, quando no por
realidad, que la verdadera soberanía consiste en la entereza de costumbres; ni
tendrá que invidiar a la grandeza quien pueda ser norma della. Especialmente a
los allegados al trono pégueseles algo de la verdadera superioridad, participen
antes de las prendas de la magestad que de las ceremonias de la vanidad, sin
afectar lo imperfecto de la inchaçón, sino lo realçado de la substancia.
104
Tener tomado el pulso a los
empleos. Ai su
variedad en ellos: magistral conocimiento, y que necessita de advertencia; piden
unos valor y otros sutileza. Son más fáciles de manejar los que dependen de la
rectitud, y más difíciles los que del artificio. Con un buen natural no es
menester más para aquéllos; para éstos no basta toda la atención y desvelo.
Trabajosa ocupación governar hombres, y más, locos o necios: doblado sesso es
menester para con quien no le tiene. Empleo intolerable el que pide todo un
hombre, de horas contadas y la materia cierta; mejores son los libres de
fastidio juntando la variedad con la gravedad, porque la alternación refresca el
gusto. Los más autorizados son los que tienen menos, o más distante, la
dependencia; y aquél es el peor que al fin haze sudar en la residencia humana y
más en la divina.
105
No cansar.
Suele ser pessado el hombre de un negocio, y el de un verbo. La brevedad es
lisongera, y más negociante; gana por lo cortés lo que pierde por lo corto. Lo
bueno, si breve, dos vezes bueno; y aun lo malo, si poco, no tan malo. Más obran
quintas essencias que fárragos; y es verdad común que hombre largo raras vezes
entendido, no tanto en lo material de la disposición quanto en lo formal del
discurso. Ai hombres que sirven más de embaraço que de adorno del universo,
alajas perdidas que todos las desvían. Escuse el Discreto el embaraçar, y mucho
menos a grandes personajes, que viven mui ocupados, y sería peor desazonar uno
dellos que todo lo restante del mundo. Lo bien dicho se dize presto.
106 No
afectar la fortuna.
Más ofende el ostentar la dignidad que la persona. Hazer del hombre es odioso,
bastávale ser invidiado. La estimación se consigue menos quanto se busca más;
depende del respeto ageno; y assí no se la puede tomar uno, sino merecerla de
los otros y aguardarla. Los empleos grandes piden autoridad ajustada a su
exercicio, sin la qual no pueden exercerse dignamente. Conserve la que merece
para cumplir con lo substancial de sus obligaciones: no estrujarla, ayudarla sí,
y todos los que hazen del hazendado en el empleo dan indicio de que no lo
merecían, y que viene sobrepuesta la dignidad. Si se huviere de valer, sea antes
de lo eminente de sus prendas que de lo adventicio; que hasta un Rei se ha de
venerar más por la persona que por la extrínseca soberanía.
107
No mostrar satisfación de
sí. Viva ni
descontento, que es poquedad, ni satisfecho, que es necedad. Nace la satisfación
en los más de ignorancia y para en una felicidad necia, que, aunque entretiene
el gusto, no mantiene el crédito. Como no alcança las superlativas perfecciones
en los otros, págase de qualquiera vulgar medianía en sí. Siempre fue útil, a
más de cuerdo, el rezelo, o para prevención de que salgan bien las cosas, o para
consuelo quando salieren mal; que no se le haze de nuevo el desaire de su suerte
al que ya se lo temía. El mismo Homero dormita tal vez, y cae Alexandro de su
estado y de su engaño. Dependen las cosas de muchas circunstancias; y la que
triunfó en un puesto, y en tal ocasión, en otra se malogra; pero la
incorregibilidad de lo necio está en que se convirtió en flor la más vana
satisfación, y va brotando siempre su semilla.
108
Atajo para ser persona:
saberse ladear.
Es mui eficaz el trato. Comunícanse las costumbres y los gustos. Pégase el
genio, y aun el ingenio sin sentir. Procure, pues, el pronto juntarse con el
reportado; y assí en los demás genios, con éste conseguirá la templança sin
violencia: es gran destreza saberse atemperar. La alternación de contrariedades
hermosea el universo y le sustenta, y si causa armonía en lo natural, mayor en
lo moral. Válgase desta política advertencia en la elección de familiares y de
famulares, que con la comunicación de los extremos se ajustará un medio mui
discreto.
109
No ser acriminador.
Ai hombres de genio fiero, todo lo hazen delito, y no por passión, sino por
naturaleza. A todos condenan, a unos porque hizieron, a otros porque harán.
Indica ánimo peor que cruel, que es vil, y acriminan con tal exageración, que de
los átomos hazen vigas para sacar los ojos: cómitres en cada puesto, que hazen
galera de lo que fuera Elisio; pero si media la passión, de todo hazen estremos.
Al contrario, la ingenuidad para todo alla salida, si no de intención, de
inadvertencia.
110
No aguardar a ser Sol que se
pone. Máxima es
de cuerdos dexar las cosas antes que los dexen. Sepa uno hazer triunfo del mismo
fenecer; que tal vez el mismo Sol, a buen lucir, suele retirarse a una nube
porque no le vean caer, y dexa en suspensión de si se puso o no se puso. Hurte
el cuerpo a los ocasos para no rebentar de desaires; no aguarde a que le buelvan
las espaldas, que le sepultarán vivo para el sentimiento, y muerto para la
estimación. Jubila con tiempo el advertido al corredor cavallo, y no aguarda a
que, cayendo, levante la risa en medio la carrera. Rompa el espejo con tiempo y
con astucia la belleza, y no con impaciencia después al ver su desengaño.
111
Tener amigos.
Es el segundo ser. Todo
amigo es bueno y sabio para el amigo. Entre ellos todo sale bien. Tanto valdrá
uno quanto quisieren los demás; y para que quieran, se les ha de ganar la voca
por el coraçón. No ai hechiço como el buen servicio, y para ganar amistades, el
mejor medio es hazellas. Depende lo más y lo mejor que tenemos de los otros.
Hase de vivir, o con amigos o con enemigos. Cada día se ha de diligenciar uno,
aunque no para íntimo, para aficionado, que algunos se quedan después para
confidentes, passando por el acierto del delecto.
112
Ganar la pía afición,
que aun la primera y suma Causa en sus mayores assuntos la previene y la
dispone. Éntrase por el afecto al concepto. Algunos se fían tanto del valor, que
desestiman la diligencia; pero la atención sabe bien que es grande el rodeo de
solos los méritos, si no se ayudan del favor. Todo lo facilita y suple la
benevolencia; no siempre supone las prendas, sino que las pone, como el valor,
la entereza, la sabiduría, hasta la discreción. Nunca ve las fealdades, porque
no las querría ver. Nace de ordinario de la correspondencia material en genio,
nación, parentesco, patria y empleo. La formal es más sublime en prendas,
obligaciones, reputación, méritos. Toda la dificultad es ganarla, que con
facilidad se conserva. Puédese diligenciar, y saberse valer della.
113
Prevenirse en la fortuna
próspera para la adversa.
Arbitrio es hazer en el Estío la provisión para el Invierno, y con más
comodidad. Van varatos entonces los favores, ai abundancia de amistades. Bueno
es conservar para el mal tiempo, que es la adversidad cara, y falta de todo. Aya
retén de amigos y de agradecidos, que algún día hará aprecio de lo que aora no
haze caso. La villanía nunca tiene amigos: en la prosperidad porque los
desconoce, en la adversidad la desconocen a ella.
114
Nunca competir.
Toda pretensión con
oposición daña el crédito. La competencia tira luego a desdorar, por desluzir.
Son pocos los que hazen buena guerra, descubre la emulación los defectos que
olvidó la cortesía. Vivieron muchos acreditados mientras no tuvieron émulos. El
calor de la contrariedad aviva o resucita las infamias muertas, desentierra
hediondezes passadas y antepassadas. Comiénçase la competencia con manifiesto de
desdoros, ayudándose de quanto puede y no deve; y aunque a vezes, y las más, no
sean armas de provecho las ofensas, haze dellas vil satisfación a su venganza, y
sacude esta con tal aire, que haze saltar a los desaires el polvo del olvido.
Siempre fue pacífica la benevolencia y benévola la reputación.
115
Hazerse a las malas
condiciones de los familiares;
assí como a los malos
rostros: es conveniencia donde tercia dependencia. Ai fieros genios que no se
puede vivir con ellos, ni sin ellos. Es, pues, destreza irse acostumbrando, como
a la fealdad, para que no se hagan de nuevo en la terribilidad de la ocasión. La
primera vez espantan, pero poco a poco se les viene a perder aquel primer
horror, y la reflexa previene los disgustos, o los tolera.
116
Tratar siempre con gente de
obligaciones.
Puede empeñarse con ellos, y empeñarlos. Su misma obligación es la mayor fiança
de su trato, aun para varajar, que obran como quien son, y vale más pelear con
gente de bien que triunfar de gente de mal. No ai buen trato con la ruindad,
porque no se halla obligada a la entereza; por esso entre ruines nunca ai
verdadera amistad, ni es de buena lei la fineza, aunque lo pareza, porque no es
en fe de la honra. Reniegue siempre de hombre sin ella, que quien no la estima,
no estima la virtud; y es la honra el trono de la entereza.
117
Nunca hablar de sí.
O se ha de alabar, que
es desvanecimiento, o se ha de vituperar, que es poquedad; y, siendo culpa de
cordura en el que dize, es pena de los que oyen. Si esto se ha de evitar en la
familiaridad, mucho más en puestos sublimes, donde se habla en común, y passa ya
por necedad qualquier apariencia della. El mismo inconveniente de cordura tiene
el hablar de los presentes por el peligro de dar en uno de dos escollos: de
lisonja, o vituperio.
118
Cobrar fama de Cortés,
que basta a
hazerle plausible. Es la cortesía la principal parte de la cultura, especie de
hechizo, y assí concilia la gracia de todos, assí como la descortesía el
desprecio y enfado universal. Si ésta nace de sobervia, es aborrecible; si de
grosería, despreciable. La cortesía siempre ha de ser más que menos, pero no
igual, que degeneraría en injusticia. Tiénese por deuda entre enemigos para que
se vea su valor. Cuesta poco y vale mucho: todo honrador es honrado. La
galantería y la honra tienen esta ventaja, que se quedan: aquélla en quien la
usa, ésta en quien la haze.
119
No hazerse de mal querer.
No se ha
de provocar la aversión, que aun sin quererlo, ella se adelanta. Muchos ai que
aborrecen de valde, sin saber el cómo ni por qué. Previene la malevolencia a la
obligación. Es más eficaz y pronta para el daño la irascible que la
concupiscible para el provecho. Afectan algunos ponerse mal con todos, por
enfadoso o por enfadado genio; y si una vez se apodera el odio, es, como el mal
concepto, dificultoso de borrar. A los hombres juiziosos los temen, a los
maldizientes aborrecen, a los presumidos asquean, a los fisgones abominan, a los
singulares los dexan. Muestre, pues, estimar para ser estimado, y el que quiere
hazer casa haze caso.
120
Vivir a lo plático.
Hasta el saber ha de ser al uso, y donde no se usa, es preciso saber hazer del
ignorante. Múdanse a tiempos el discurrir y el gustar: no se ha de discurrir a
lo viejo, y se ha de gustar a lo moderno. El gusto de las cabeças haze voto en
cada orden de cosas. Ésse se ha de seguir por entonces, y adelantar a eminencia.
Acomódese el cuerdo a lo presente, aunque le parezca mejor lo passado, assí en
los arreos del alma como del cuerpo. Sólo en la bondad no vale esta regla de
vivir, que siempre se ha de platicar la virtud. Desconócese ya, y parece cosa de
otros tiempos el dezir verdad, el guardar palabra; y los varones buenos parecen
hechos al buen tiempo, pero siempre amados; de suerte que, si algunos ai, no se
usan ni se imitan. ¡O, grande infelicidad del siglo nuestro, que se tenga la
virtud por estraña y la malicia por corriente! Viva el Discreto como puede, si
no como querría. Tenga por mejor lo que le concedió la suerte que lo que le ha
negado.
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