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Oráculo manual y arte
de la prudencia
1-30 , 31-60 ,
61-90 , 91-120 ,
121-150 , 151-180 ,
181-210 , 211-240 ,
241-270 , 271-300
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Eminencia en lo mejor.
Una gran
singularidad entre la pluralidad de perfecciones. No puede aver Héroe que no
tenga algún extremo sublime: las medianías no son assunto del aplauso. La
eminencia en relevante empleo saca de un ordinario vulgar y levanta a categoría
de raro. Ser eminente en professión Humilde es ser algo en lo poco; lo que tiene
más de lo deleitable, tiene menos de lo glorioso. El excesso en aventajadas
materias es como un carácter de soberanía: solicita la admiración y concilia el
afecto.
62
Obrar con buenos
instrumentos.
Quieren algunos que campee el extremo de su sutileza en la ruindad de los
instrumentos: peligrosa satisfación, merecedora de un fatal castigo. Nunca la
bondad del ministro desminuyó la grandeza del Patrón; antes, toda la gloria de
los aciertos recae después sobre la causa principal, assí como al contrario el
vituperio. La fama siempre va con los primeros. Nunca dize: «aquél tuvo buenos o
malos ministros», sino: «aquél fue buen o mal Artífice». Aya, pues, elección,
aya examen, que se les ha de fiar una imortalidad de reputación.
63
Excelencia de primero.
Y si con
eminencia, doblada. Gran ventaja jugar de mano, que gana en igualdad. Huvieran
muchos sido Fenis en los empleos a no irles otros delante. Álçanse los primeros
con el mayorazgo de la fama, y quedan para los segundos pleiteados alimentos;
por más que suden, no pueden purgar el vulgar achaque de imitación. Sutileza fue
de prodigiosos inventar rumbo nuevo para las eminencias, con tal que assegure
primero la cordura los empeños. Con la novedad de los assuntos se hizieron lugar
los sabios en la matrícula de los heroicos. Quieren algunos más ser primeros en
segunda categoría que ser segundos en la primera.
64
Saberse escusar pesares.
Es cordura
provechosa ahorrar de disgustos. La prudencia evita muchos: es Lucina de la
felicidad, y por esso del contento. Las odiosas nuevas, no darlas, menos
recebirlas: hánseles de vedar las entradas, si no es la del remedio. A unos se
les gastan los oídos de oír mucho dulce en lisonjas; a otros, de escuchar amargo
en chismes; y ai quien no sabe vivir sin algún cotidiano sinsavor, como ni
Mitrídates sin veneno. Tampoco es regla de conservarse querer darse a sí un
pesar de toda la vida por dar plazer una vez a otro, aunque sea el más proprio.
Nunca se ha de pecar contra la dicha propria por complazer al que aconseja y se
queda fuera; y en todo acontecimiento, siempre que se encontraren el hazer
plazer a otro con el hazerse a sí pesar, es lición de conveniencia que vale más
que el otro se disguste aora que no tú después y sin remedio.
65
Gusto relevante.
Cabe cultura en él, assí
como en el ingenio. Realça la excelencia del entender el apetito del desear, y
después la fruición del posseer. Conócese la altura de un caudal por la
elevación del afecto. Mucho objecto ha menester para satisfazerse una gran
capacidad; assí como los grandes vocados son para grandes paladares, las
materias sublimes para los sublimes genios. Los más valientes objectos le temen
y las más seguras perfecciones desconfían; son pocas las de primera magnitud:
sea raro el aprecio. Péganse los gustos con el trato y se heredan con la
continuidad: gran suerte comunicar con quien le tiene en su punto. Pero no se ha
de hazer professión de desagradarse de todo, que es uno de los necios extremos,
y más odioso quando por afectación que por destemplança. Quisieran algunos que
criara Dios otro mundo y otras perfecciones para satisfación de su extravagante
fantasía.
66
Atención a que le salgan
bien las cosas.
Algunos ponen más la mira en el rigor de la dirección que en la felicidad del
conseguir intento, pero más prepondera siempre el descrédito de la infelicidad
que el abono de la diligencia. El que vence no necessita de dar satisfaciones.
No perciben los más la puntualidad de las circunstancias, sino los buenos o los
ruines sucesos; y assí, nunca se pierde reputación quando se consigue el
intento. Todo lo dora un buen fin, aunque lo desmientan los desaciertos de los
medios. Que es arte ir contra el arte quando no se puede de otro modo conseguir
la dicha del salir bien.
67
Preferir los Empleos
plausibles. Las
más de las cosas dependen de la satisfación agena. Es la estimación para las
perfecciones lo que el favonio para las flores: aliento y vida. Ai empleos
expuestos a la aclamación universal y ai otros, aunque mayores, en nada
expectables: aquéllos, por obrarse a vista de todos, captan la benevolencia
común; éstos, aunque tienen más de lo raro y primoroso, se quedan en el secreto
de su imperceptibilidad, venerados, pero no aplaudidos. Entre los Príncipes, los
vitoriosos son los celebrados, y por esso los Reyes de Aragón fueron tan
plausibles por guerreros, conquistadores y magnánimos. Prefiera el varón grande
los célebres empleos que todos perciban y participen todos, y a sufragios
comunes quede imortaliçado.
68
Dar entendimiento.
Es de más primor que el dar memoria, quanto es más. Unas vezes se ha de acordar
y otras advertir. Dexan algunos de hazer las cosas que estuvieran en su punto,
porque no se les ofrecen; ayude entonces la advertencia amigable a concebir las
conveniencias. Una de las mayores ventajas de la mente es el ofrecérsele lo que
importa. Por falta desto dexan de hazerse muchos aciertos. Dé luz el que la
alcança, y solicítela el que la mendiga: aquél con detención, éste con atención;
no sea más que dar pie. Es urgente esta sutileza quando toca en utilidad del que
despierta. Conviene mostrar gusto, y passar a más quando no vastare; ya se tiene
el No, váyase en busca del Sí con destreza, que las más vezes no
se consigue porque no se intenta.
69
No rendirse a un vulgar
humor. Hombre
grande el que nunca se sugeta a peregrinas impressiones. Es lición de
advertencia la reflexión sobre sí: un conocer su disposición actual y
prevenirla, y aun decantarse al otro extremo para hallar, entre el natural y el
arte, el fiel de la sindéresis. Principio es de corregirse el conocerse; que ai
monstros de la impertinencia: siempre están de algún humor y varían afectos con
ellos; y arrastrados eternamente desta destemplança civil, contraditoriamente se
empeñan. Y no sólo gasta la voluntad este excesso, sino que se atreve al juizio,
alterando el querer y el entender.
70
Saber negar.
No todo se ha de conceder, ni a todos. Tanto importa como el saber conceder, y
en los que mandan es atención urgente. Aquí entra el modo: más se estima el
no de algunos que el sí de otros, porque un no dorado
satisfaze más que un sí a secas. Ai muchos que siempre tienen en la voca el
no, con que todo lo desazonan. El no es siempre el primero en ellos,
y aunque después todo lo vienen a conceder, no se les estima, porque precedió
aquella primera desazón. No se han de negar de rondón las cosas: vaya a tragos
el desengaño; ni se ha de negar del todo, que sería desauciar la dependencia.
Queden siempre algunas reliquias de esperança para que templen lo amargo del
negar. Llene la cortesía el vacío del favor y suplan las buenas palabras la
falta de las obras. El No y el Sí son breves de dezir y piden
mucho pensar.
71
No ser desigual, de proceder
anómalo: ni por
natural, ni por afectación. El varón cuerdo siempre fue el mismo en todo lo
perfecto, que es crédito de entendido. Dependa en su mudança de las causas y
méritos. En materia de cordura, la variedad es fea. Ai algunos que cada día son
otros de sí; hasta el entendimiento tienen desigual, quánto más la voluntad, y
aun la ventura. El que ayer fue el blanco de su sí, hoi es el negro de su
no, desmintiendo siempre su proprio crédito y deslumbrando el ageno
concepto.
72
Hombre de resolución.
Menos dañosa es la mala
execución que la irresolución. No se gastan tanto las materias quando corren
como si estancan. Ai hombres indeterminables, que necessitan de agena
premonición en todo; y a vezes no nace tanto de la perplexidad del juizio, pues
lo tienen perspicaz, quanto de la ineficacia. Ingenioso suele ser el dificultar,
pero más lo es el hallar salida a los inconvenientes. Ai otros que en nada se
embaraçan, de juicio grande y determinado; nacieron para sublimes empleos,
porque su despexada comprehensión facilita el acierto y el despacho: todo se lo
hallan hecho, que después de aver dado razón a un mundo, le quedó tiempo a uno
destos para otro; y quando están afiançados de su dicha, se empeñan con más
seguridad.
73
Saber usar del desliz.
Es el desempeño de los cuerdos. Con la galantería de un donaire suelen salir del
más entrincado laberinto. Hurtásele el cuerpo airosamente con un sonriso a la
más dificultosa contienda. En esto fundava el mayor de los grandes Capitanes su
valor. Cortés treta del negar, mudar el verbo; ni ai mayor atención que no darse
por entendido.
74
No ser intratable.
En lo más poblado
están las fieras verdaderas. Es la inaccessibilidad vicio de desconocidos de sí,
que mudan los humores con los honores. No es medio a propósito para la
estimación començar enfadando. ¿Qué es de ver uno destos mostros intratables,
siempre a punto de su fiereça impertinente? Entran a hablalles los dependentes
por su desdicha, como a lidiar con tigres, tan armados de tiento quanto de
rezelo. Para subir al puesto agradaron a todos, y en estando en él se quieren
desquitar con enfadar a todos. Aviendo de ser de muchos por el empleo, son de
ninguno por su aspereza o entono. Cortesano castigo para éstos: dexarlos estar,
hurtándoles la cordura con el trato.
75
Elegir idea
Heroica. Más para la emulación que para la imitación. Ai exemplares de
grandeza, textos animados de la reputación. Propóngase cada uno en su empleo los
primeros, no tanto para seguir, quanto para adelantarse. Lloró Alexandro no a
Aquiles sepultado, sino a sí mismo, aun no bien nacido al lucimiento. No ai cosa
que assí solicite ambiciones en el ánimo como el clarín de la Fama agena: el
mismo que atierra la invidia alienta la generosidad.
76
No estar siempre de burlas.
Conócese la prudencia en lo serio, que está más acreditado que lo ingenioso. El
que siempre está de burlas nunca es hombre de veras. Igualámoslos a éstos con
los mentirosos en no darles crédito: a los unos por rezelo de mentira, a los
otros de su fisga. Nunca se sabe quándo hablan en juizio, que es tanto como no
tenerle. No ai mayor desaire que el contino donaire. Ganan otros fama de
dezidores y pierden el crédito de cuerdos. Su rato ha de tener lo jovial, todos
los demás lo serio.
77
Saber hazerse a todos.
Discreto Proteo: con el docto, docto, y con el santo, santo. Gran arte de ganar
a todos, porque la semejança concilia benevolencia. Observar los genios y
templarse al de cada uno; al serio y al jovial, seguirles el corriente, haziendo
política transformación: urgente a los que dependen. Requiere esta gran sutileza
del vivir un gran caudal; menos dificultosa al varón universal de ingenio en
noticias y de genio en gustos.
78
Arte en el intentar.
La necedad siempre entra
de rondón, que todos los necios son audazes. Su misma simplicidad, que les
impide primero la advertencia para los reparos, les quita después el sentimiento
para los desaires. Pero la cordura entra con grande tiento. Son sus batidores la
advertencia y el recato, ellos van descubriendo para proceder sin peligro. Todo
arrojamiento está condenado por la Discreción a despeño, aunque tal vez lo
absuelva la ventura. Conviene ir detenido donde se teme mucho fondo: vaya
intentando la sagacidad y ganando tierra la prudencia. Ai grandes vaxíos hoi en
el trato humano: conviene ir siempre calando sonda.
79
Genio Genial.
Si con templança,
prenda es, que no defecto. Un grano de donosidad todo lo sazona. Los mayores
hombres juegan también la pieça del donaire, que concilia la gracia universal;
pero guardando siempre los aires a la cordura, y haziendo la salva al decoro.
Hazen otros de una gracia atajo al desempeño, que ai cosas que se han de tomar
de burlas, y a vezes las que el otro toma más de veras. Indica apacibilidad,
garavato de coraçones.
80
Atención al informarse.
Vívese lo más de
información. Es lo menos lo que vemos; vivimos de fe agena. Es el oído la puerta
segunda de la verdad y principal de la mentira. La verdad ordinariamente se ve,
extravagantemente se oye; raras vezes llega en su elemento puro, y menos quando
viene de lejos; siempre trae algo de mixta, de los afectos por donde passa; tiñe
de sus colores la passión quanto toca, ya odiosa, ya favorable. Tira siempre a
impressionar: gran cuenta con quien alaba, mayor con quien vitupera. Es menester
toda la atención en este punto para descubrir la intención en el que tercia,
conociendo de antemano de qué pie se movió. Sea la reflexa contraste de lo falto
y de lo falso.
81
Usar el renovar su
lucimiento. Es
privilegio de Fénix. Suele envejezerse la excelencia, y con ella la fama. La
costumbre desminuye la admiración, y una mediana novedad suele vencer a la mayor
eminencia envejecida. Usar, pues, del renacer en el valor, en el ingenio, en la
dicha, en todo: empeñarse con novedades de vizarría, amaneciendo muchas vezes
como el Sol, variando teatros al lucimiento, para que en el uno la privación y
en el otro la novedad soliciten aquí el aplauso, si allí el desseo.
82
Nunca apurar, ni el mal, ni
el bien. A
la moderación en todo reduxo la sabiduría toda un sabio. El sumo derecho se haze
tuerto, y la naranja que mucho se estruja llega a dar lo amargo. Aun en la
fruición nunca se ha de llegar a los extremos. El mismo ingenio se agota si se
apura, y sacara sangre por leche el que esquilmare a lo tirano.
83
Permitirse algún venial
desliz. Que un
descuido suele ser tal vez la mayor recomendación de las prendas. Tiene su
Ostracismo la invidia, tanto más civil quanto más criminal. Acusa lo mui
perfecto de que peca en no pecar; y por perfecto en todo, lo condena todo.
Házese Argos en buscarle faltas a lo mui bueno, para consuelo siquiera. Hyere la
censura, como el rayo, los más empinados realces. Dormite, pues, tal vez Homero,
y afecte algún descuido en el ingenio, o en el valor, pero nunca en la cordura,
para sossegar la malevolencia, no rebiente ponzoñosa: será como un echar la capa
al toro de la invidia para salvar la inmortalidad.
84
Saber usar de los enemigos.
Todas las cosas
se han de saber tomar, no por el corte, que ofendan, sino por la empuñadura, que
defiendan; mucho más la emulación. Al varón sabio más le aprovechan sus enemigos
que al necio sus amigos. Suele allanar una malevolencia montañas de dificultad,
que desconfiara de emprenderlas el favor. Fabricáronles a muchos su grandeza sus
malévolos. Más fiera es la lisonja que el odio, pues remedia éste eficazmente
las tachas que aquélla disimula. Haze el cuerdo espejo de la ojeriza, más fiel
que el de la afición, y previene a la detracción los defectos, o los enmienda,
que es grande el recato quando se vive en frontera de una emulación, de una
malevolencia.
85
No ser Malilla.
Achaque es de todo lo
excelente que su mucho uso viene a ser abuso. El mismo codiciarlo todos viene a
parar en enfadar a todos. Grande infelicidad ser para nada; no menor querer ser
para todo. Vienen a perder éstos por mucho ganar, y son después tan aborrecidos
quanto fueron antes deseados. Rózanse destas malillas en todo género de
perfecciones, que, perdiendo aquella primera estimación de raras, consiguen el
desprecio de vulgares. El único remedio de todo lo extremado es guardar un medio
en el lucimiento: la demasía ha de estar en la perfección y la templanza en la
ostentación. Quanto más luze una antorcha, se consume más y dura menos.
Escasezes de apariencia se premian con logros de estimación.
86
Prevenir las malas vozes.
Tiene el vulgo
muchas cabeças, y assí muchos ojos para la malicia y muchas lenguas para el
descrédito. Acontece correr en él alguna mala voz que desdora el mayor crédito;
y si llegare a ser apodo vulgar, acabará con la reputación. Dásele pie
comúnmente con algún sobresaliente desaire, con ridículos defetos, que son
plausible materia a sus hablillas, si bien ai desdoros echadizos de la emulación
especial a la malicia común; que ai vocas de la malevolencia, y arruinan más
presto una gran fama con un chiste que con un descaramiento. Es mui fácil de
cobrar la siniestra fama, porque lo malo es mui creíble y cuesta mucho de
borrarse. Escuse, pues, el varón cuerdo estos desaires, contrastando con su
atención la vulgar insolencia, que es más fácil el prevenir que el remediar.
87
Cultura, y aliño.
Nace bárbaro el hombre, redímese de bestia cultivándose. Haze personas la
cultura, y más quanto mayor. En fe della pudo Grecia llamar bárbaro a todo el
restante universo. Es mui tosca la ignorancia; no ai cosa que más cultive que el
saber. Pero aun la misma sabiduría fue grossera, si desaliñada. No sólo ha de
ser aliñado el entender, también el querer, y más el conversar. Hállanse hombres
naturalmente aliñados, de gala interior y exterior, en concepto y palabras, en
los arreos del cuerpo, que son como la corteza, y en las prendas del alma, que
son el fruto. Otros ai, al contrario, tan grosseros, que todas sus cosas, y tal
vez eminencias, las deslucieron con un intolerable bárbaro desaseo.
88
Sea el trato por mayor,
procurando la
sublimidad en él. El varón grande no deve ser menudo en su proceder. Nunca se ha
de individuar mucho en las cosas, y menos en las de poco gusto; porque aunque es
ventaja notarlo todo al descuido, no lo es quererlo averiguar todo de propósito.
Hase de proceder de ordinario con una hidalga generalidad, ramo de galantería.
Es gran parte del regir el dissimular. Hase de dar passada a las más de las
cosas, entre familiares, entre amigos, y más entre enemigos. Toda nimiedad es
enfadosa, y en la condición, pesada. El ir y venir a un disgusto es especie de
manía; y comúnmente tal será el modo de portarse cada uno, qual fuere su coraçón
y su capacidad.
89
Comprehensión de sí.
En el Genio, en el
Ingenio; en dictámenes, en afectos. No puede uno ser señor de sí si primero no
se comprehende. Ai espejos del rostro, no los ai del ánimo: séalo la discreta
reflexión sobre sí. Y quando se olvidare de su imagen exterior, conserve la
interior para enmendarla, para mejorarla. Conozca las fuerças de su cordura y
sutileza para el emprender; tantee la irascible para el empeñarse. Tenga medido
su fondo y pesado su caudal para todo.
90
Arte para vivir mucho:
vivir bien. Dos
cosas acaban presto con la vida: la necedad o la ruindad. Perdiéronla unos por
no saberla guardar, y otros por no querer. Assí como la virtud es premio de sí
misma, assí el vicio es castigo de sí mismo. Quien vive aprisa en el vicio acaba
presto de dos maneras; quien vive aprisa en la virtud nunca muere. Comunícase la
entereza del ánimo al cuerpo, y no sólo se tiene por larga la vida buena en la
intensión, sino en la misma extensión.
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