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Oráculo manual y arte
de la prudencia
1-30 , 31-60 ,
61-90 , 91-120 ,
121-150 , 151-180 ,
181-210 , 211-240 ,
241-270 , 271-300
31
Conocer los afortunados,
para la elección; y los desdichados, para
la fuga. La infelicidad es de ordinario crimen de necedad, y de
participantes: no ay contagión tan apegadiza. Nunca se le ha de abrir la puerta
al menor mal, que siempre vendrán tras él otros muchos, y mayores, en celada. La
mejor treta del juego es saberse descartar: más importa la menor carta del
triunfo que corre que la mayor del que pasó. En duda, acierto es llegarse a los
sabios y prudentes, que tarde o temprano topan con la ventura.
32
Estar en opinión de dar
gusto. Para los
que goviernan, gran crédito de agradar: realce de soberanos para conquistar la
gracia universal. Ésta sola es la ventaja del mandar: poder hazer más bien que
todos. Aquéllos son amigos que hazen amistades. Al contrario, están otros
puestos en no dar gusto, no tanto por lo cargoso quanto por lo maligno, opuestos
en todo a la divina comunicabilidad.
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Saber
abstraher, que si es gran lición del vivir el saber negar, mayor será
saberse negar a sí mesmo, a los negocios, a los personages. Ai ocupaciones
estrañas, polillas del precioso tiempo, y peor es ocuparse en lo impertinente
que hazer nada. No basta para atento no ser entremetido, mas es menester
procurar que no le entremetan. No ha de ser tan de todos, que no sea de sí mesmo.
Aun de los amigos no se ha de abusar, ni quiera más de ellos de lo que le
concedieren. Todo lo demasiado es vicioso, y mucho más en el trato. Con esta
cuerda templança se conserva mejor el agrado con todos, y la estimación, porque
no se roza la preciosíssima decencia. Tenga, pues, libertad de genio,
apassionado de lo selecto, y nunca peque contra la Fe de su buen gusto.
34
Conocer
su realce Rei: la prenda relevante, cultivando aquélla, y
ayudando a las demás. Qualquiera huviera conseguido la eminencia en algo si
huviera conocido su ventaja. Observe el atributo Rei, y cargue la aplicación: en
unos excede el juicio, en otros el valor. Violentan los más su Minerva, y assí
en nada consiguen superioridad: lo que lisongea presto la passión desengaña
tarde el tiempo.
35
Hazer concepto.
Y más de lo que importa más.
No pensando se pierden todos los necios: nunca conciben en las cosas la metad; y
como no perciben el daño, o la conveniencia, tampoco aplican la diligencia.
Hazen algunos mucho caso de lo que importa poco, y poco de lo que mucho,
ponderando siempre al rebés. Muchos, por faltos de sentido, no le pierden. Cosas
ai que se devrían observar con todo el conato y conservar en la profundidad de
la mente. Haze concepto el sabio de todo, aunque con distinción caba donde ai
fondo y reparo; y piensa tal vez que ai más de lo que piensa, de suerte que
llega la reflexión adonde no llegó la aprehensión.
36
Tener tanteada su fortuna:
para el proceder,
para el empeñarse. Importa más que la observación del temperamento, que si es
necio el que a quarenta años llama a Hipócrates para la salud, más el que a
Séneca para la cordura. Gran arte saberla regir, ya esperándola, que también
cabe la Espera en ella, ya lográndola, que tiene vez y contingente; si bien no
se le puede coger el tenor, tan anómalo es su proceder. El que la observó
favorable prosiga con despejo, que suele apasionarse por los osados; y aun, como
vizarra, por los jóvenes. No obre el que es infeliz, retírese, ni le dé lugar de
dos infelicidades. Adelante el que le predomina.
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Conocer y
saber usar de las varillas. Es el punto más sutil del
humano trato. Arrójanse para tentativa de los ánimos, y házese con ellas la más
dissimulada y penetrante tienta del coraçón. Otras ai maliciosas, arrojadizas,
tocadas de la yerva de la invidia, untadas del veneno de la passión: rayos
imperceptibles para derribar de la gracia, y de la estimación. Cayeron muchos de
la privança superior y inferior, heridos de un leve dicho déstos, a quienes toda
una conjuración de murmuración vulgar y malevolencia singular no fueron
vastantes a causar la más leve trepidación. Obran otras, al contrario, por
favorables, apoyando y confirmando en la reputación. Pero con la misma destreza
con que las arroja la intención las ha de recibir la cautela y esperarlas la
atención, porque está librada la defensa en el conocer y queda siempre frustrado
el tiro prevenido.
38
Saberse dexar ganando con la
fortuna. Es de
taúres de reputación. Tanto importa una vella retirada como una vizarra
acometida; un poner en cobro las hazañas quando fueren vastantes, quando muchas.
Continuada felicidad fue siempre sospechosa; más segura es la interpolada, y que
tenga algo de agridulce, aun para la fruición. Quanto más atropellándose las
dichas, corren mayor riesgo de deslizar y dar al traste con todo. Recompénsase
tal vez la brevedad de la duración con la intensión del favor. Cánsase la
fortuna de llevar a uno a cuestas tan a la larga.
39
Conocer las cosas en su
punto, en su sazón, y saberlas lograr.
Las obras de la naturaleza
todas llegan al complemento de su perfección; hasta allí fueron ganando, desde
allí perdiendo. Las del Arte, raras son las que llegan al no poderse mejorar. Es
eminencia de un buen gusto gozar de cada cosa en su complemento: no todos
pueden, ni los que pueden saben. Hasta en los frutos del entendimiento ai esse
punto de madurez; importa conocerla para la estimación y el exercicio.
40
Gracia de las gentes.
Mucho es conseguir la
admiración común, pero más la afición; algo tiene de estrella, lo más de
industria; comiença por aquélla y prosigue por ésta. No basta la eminencia de
prendas, aunque se supone que es fácil de ganar el afecto, ganado el concepto.
Requiérese, pues, para la venevolencia, la beneficencia: hazer bien a todas
manos, buenas palabras y mejores obras, amar para ser amado. La cortesía es el
mayor hechizo político de grandes personages. Hase de alargar la mano primero a
las hazañas y después a las plumas, de la oja a las ojas, que ai gracia de
Escritores, y es eterna.
41
Nunca exagerar.
Gran asunto de la atención,
no hablar por superlativos, ya por no exponerse a ofender la verdad, ya por no
desdorar su cordura. Son las exageraciones prodigalidades de la estimación, y
dan indicio de la cortedad del conocimiento y del gusto. Despierta vivamente a
la curiosidad la alabança, pica el deseo, y después, si no corresponde el valor
al aprecio, como de ordinario acontece, rebuelve la expectación contra el engaño
y despícase en el menosprecio de lo celebrado y del que celebró. Anda, pues, el
cuerdo mui detenido, y quiere más pecar de corto que de largo. Son raras las
eminencias: témplese la estimación. El encarecer es ramo de mentir, y piérdese
en ello el crédito de buen gusto, que es grande, y el de entendido, que es
mayor.
42
Del Natural Imperio.
Es una secreta fuerça de superioridad. No ha de proceder del artificio enfadoso,
sino de un imperioso natural. Sugétansele todos sin advertir el cómo,
reconociendo el secreto vigor de la conatural autoridad. Son estos Genios
señoriles, Reyes por mérito y Leones por privilegio inato, que cogen el coraçón,
y aun el discurso, a los demás, en fe de su respeto. Si las otras prendas
favorecen, nacieron para primeros mobles políticos, porque executan más con un
amago que otros con una proligidad.
43
Sentir con los menos y
hablar con los
más. Querer ir contra el corriente es tan impossible al desengaño quanto
fácil al peligro. Sólo un Sócrates podría emprenderlo. Tiénese por agravio el
disentir, porque es condenar el juizio ageno. Multiplícanse los disgustados, ya
por el sugeto censurado, ya del que lo aplaudía. La verdad es de pocos, el
engaño es tan común como vulgar. Ni por el hablar en la plaza se ha de sacar el
sabio, pues no habla allí con su voz, sino con la de la necedad común, por más
que la esté desmintiendo su interior. Tanto huye de ser contradicho el cuerdo
como de contradezir: lo que es pronto a la censura es detenido a la publicidad
della. El sentir es libre, no se puede ni debe violentar; retírase al sagrado de
su silencio; y si tal vez se permite, es a sombra de pocos y cuerdos.
44
Sympatía con los Grandes
varones. Prenda
es de Héroe el convinar con Héroes: prodigio de la naturaleza por lo oculto y
por lo ventajoso. Ai parentesco de coraçones, y de genios, y son sus efetos los
que la ignorancia vulgar achaca bevediços. No para en sola estimación, que
adelanta benevolencia, y aun llega a propensión: persuade sin palabras, y
consigue sin méritos. Aila activa, y la ai pasiva; una y otra felizes, quanto
más sublimes. Gran destreza el conocerlas, distinguirlas y saberlas lograr, que
no ai porfía que baste sin este favor secreto.
45
Usar, no abusar, de las
reflexas. No se
han de afectar, menos dar a entender. Toda arte se ha de encubrir, que es
sospechosa, y más la de cautela, que es odiosa. Úsase mucho el engaño;
multiplíquese el rezelo, sin darse a conocer, que ocasionaría la desconfiança;
mucho desobliga y provoca a la vengança, despierta el mal que no se imaginó. La
reflexión en el proceder es gran ventaja en el obrar: no ai mayor argumento del
discurso. La mayor perfección de las acciones está afiançada del señorío con que
se executan.
46 Corregir
su Antipatía.
Solemos aborrecer de grado, y aun antes de las previstas prendas. Y tal vez se
atreve esta inata vulgarizante aversión a los varones eminentes. Corríjala la
cordura, que no ai peor descrédito que aborrecer a los mejores: lo que es de
ventaja la simpatía con Héroes es de desdoro la antipatía.
47
Huir los Empeños.
Es de los primeros assuntos de la prudencia. En las grandes
capacidades siempre ai grandes distancias hasta los últimos trances: ai mucho
que andar de un extremo a otro, y ellos siempre se están en el medio de su
cordura; llegan tarde al rompimiento, que es más fácil hurtarle el cuerpo a la
ocasión que salir bien della. Son tentaciones de juizio, más seguro el huirlas
que el vencerlas. Trae un empeño otro mayor, y está mui al canto del despeño.
Ai hombres ocasionados por genio, y aun por nación, fáciles de meterse en
obligaciones; pero el que camina a la luz de la razón siempre va mui sobre el
caso: estima por más valor el no empeñarse que el vencer, y ya que haya un necio
ocasionado, escusa que con él no sean dos.
48
Hombre con fondos, tanto
tiene de persona.
Siempre ha de ser otro tanto más lo interior que lo exterior en todo. Ai
sugetos de sola fachata, como casas por acabar, porque faltó el caudal: tienen
la entrada de palacio, y de choza la habitación. No ai en estos donde parar, o
todo para, porque, acabada la primera salutación, acabó la conversación. Entran
por las primeras cortesías como cavallos Sicilianos, y luego paran en
silenciarios, que se agotan las palabras donde no ai perenidad de concepto.
Engañan éstos fácilmente a otros, que tienen también la vista superficial; pero
no a la astucia, que, como mira por dentro, los halla vaciados para ser fábula
de los Discretos.
49
Hombre juicioso y notante.
Señoréase él de
los objectos, no los objectos dél. Sonda luego el fondo de la mayor profundidad;
sabe hazer anotomía de un caudal con perfección. En viendo un personaje, le
comprehende y lo censura por essencia. De raras observaciones, gran desçifrador
de la más recatada interioridad. Nota acre, concibe sutil, infiere juicioso:
todo lo descubre, advierte, alcança y comprehende.
50
Nunca perderse el respeto a
sí mismo. Ni se
roze consigo a solas. Sea su misma entereza norma propria de su rectitud, y deva
más a la severidad de su dictamen que a todos los extrínsecos preceptos. Dexe de
hazer lo indecente más por el temor de su cordura que por el rigor de la agena
autoridad. Llegue a temerse, y no necessitará del ayo imaginario de Séneca.
51
Hombre de buena Elección.
Lo más se vive
della. Supone el buen gusto y el rectíssimo dictamen, que no bastan el estudio
ni el ingenio. No ai perfección donde no ai delecto; dos ventajas incluye: poder
escoger, y lo mejor. Muchos de ingenio fecundo y sutil, de juicio acre,
estudiosos y noticiosos también, en llegando al elegir, se pierden; cásanse
siempre con lo peor, que parece afectan el errar, y assí éste es uno de los
dones máximos de arriba.
52
Nunca descomponerse.
Gran assunto de
la cordura, nunca desvaratarse: mucho hombre arguye, de coraçón coronado, porque
toda magnanimidad es dificultosa de comoverse. Son las passiones los humores del
ánimo, y qualquier excesso en ellas causa indisposición de cordura; y si el mal
saliere a la voca, peligrará la reputación. Sea, pues, tan señor de sí, y tan
grande, que ni en lo más próspero, ni en lo más adverso pueda alguno censurarle
perturbado, sí admirarle superior.
53
Diligente y Inteligente.
La diligencia
executa presto lo que la inteligencia prolixamente piensa. Es passión de necios
la prisa, que, como no descubren el tope, obran sin reparo. Al contrario, los
sabios suelen pecar de detenidos, que del advertir nace el reparar. Malogra tal
vez la ineficacia de la remissión lo acertado del dictamen. La presteza es madre
de la dicha. Obró mucho el que nada dexó para mañana. Augusta empressa, correr a
espacio.
54
Tener bríos a lo cuerdo.
Al León
muerto, hasta las liebres le repelan. No ai burlas con el valor: si cede al
primero, también avrá de ceder al segundo, y deste modo hasta el último. La
misma dificultad avrá de vencer tarde, que valiera más desde luego. El brío del
ánimo excede al del cuerpo: es como la espada, ha de ir siempre envainado en su
cordura, para la ocasión. Es el resguardo de la persona: más daña el
descaecimiento del ánimo que el del cuerpo. Tuvieron muchos prendas eminentes,
que por faltarles este aliento del coraçón, parecieron muertos y acabaron
sepultados en su dexamiento, que no sin providencia juntó la naturaleza acudida
la dulçura de la miel con lo picante del aguijón en la aveja. Nervios y güessos
ai en el cuerpo: no sea el ánimo todo blandura.
55
Hombre de espera.
Arguye gran coraçón, con
ensanches de sufrimiento. Nunca apressurarse ni apassionarse. Sea uno primero
señor de sí, y lo será después de los otros. Hase de caminar por los espacios
del tiempo al centro de la ocasión. La detención prudente sazona los aciertos y
madura los secretos. La muleta del tiempo es más obradora que la açerada claba
de Hércules. El mismo Dios no castiga con bastón, sino con saçón. Gran dezir:
«el Tiempo y yo, a otros dos». La misma Fortuna premia el esperar con la
grandeza del galardón.
56
Tener buenos repentes.
Nacen de
una prontitud feliz. No ai aprietos ni acasos para ella, en fe de su vivacidad y
despejo. Piensan mucho algunos para errarlo todo después, y otros lo aciertan
todo sin pensarlo antes. Ai caudales de antiparístasi, que, empeñados, obran
mejor: suelen ser monstros que de pronto todo lo aciertan, y todo lo yerran de
pensado; lo que no se les ofrece luego, nunca, ni ai que apelar a después. Son
plausibles los prestos, porque arguyen prodigiosa capacidad: en los conceptos,
sutileza; en las obras, cordura.
57
Más seguros son los
pensados. Harto
presto, si bien. Lo que luego se haze, luego se desaze; mas lo que ha de durar
una eternidad, ha de tardar otra en hazerse. No se atiende sino a la perfección
y sólo el acierto permanece. Entendimiento con fondos logra eternidades. Lo que
mucho vale, mucho cuesta, que aun el más precioso de los metales es el más tardo
y más grave.
58
Saberse atemperar.
No se ha de mostrar igualmente entendido con todos, ni se han de emplear más
fuerças de las que son menester. No aya desperdicios, ni de saber, ni de valer.
No echa a la presa el buen cetrero más rapiña de la que ha menester para darle
caça. No esté siempre de ostentación, que al otro día no admirará. Siempre ha de
aver novedad con que luzir, que quien cada día descubre más, mantiene siempre la
expectación y nunca llegan a descubrirle los términos de su gran caudal.
59
Hombre de buen
dexo. En casa de la Fortuna, si se entra por la puerta del plazer, se
sale por la del pesar, y al contrario. Atención, pues, al acabar, poniendo más
cuidado en la felicidad de la salida que en el aplauso de la entrada. Desaire
común es de afortunados tener mui favorables los principios y mui trágicos los
fines. No está el punto en el vulgar aplauso de una entrada, que essas todos las
tienen plausibles; pero sí en el general sentimiento de una salida, que son
raros los deseados. Pocas vezes acompaña la dicha a los que salen: lo que se
muestra de cumplida con los que vienen, de descortés con los que van.
60
Buenos dictámenes.
Nácense algunos
prudentes: entran con esta ventaja de la sindéresis conatural en la sabiduría, y
assí tienen la metad andada para los aciertos. Con la edad y la experiencia
viene a sazonarse del todo la razón, y llegan a un juicio mui templado. Abominan
de todo capricho como de tentación de la cordura, y más en materias de estado,
donde por la suma importancia se requiere la total seguridad. Merecen éstos la
asistencia al governalle, o para exercicio o para consejo.
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