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Oráculo manual y arte
de la prudencia
1-30 , 31-60 ,
61-90 , 91-120 ,
121-150 , 151-180 ,
181-210 , 211-240 ,
241-270 , 271-300
271
El que supiere poco, téngase
siempre a lo más seguro.
En toda profesión; que
aunque no le tengan por sutil, le tendrán por fundamental. El que sabe puede
empeñarse y obrar de fantasía; pero saber poco y arriesgarse es voluntario
precipicio. Téngase siempre a la mano derecha, que no puede faltar lo assentado.
A poco saber, camino real; y a toda lei, tanto del saber como del ignorar, es
más cuerda la seguridad que la singularidad.
272
Vender las cosas a precio de
cortesía, que es
obligar más. Nunca llegará el pedir del interesado al dar del generoso obligado.
La cortesía no da, sino que empeña, y es la galantería la mayor obligación. No
ai cosa más cara para el hombre de bien que la que se le da: es vendella dos
vezes, y a dos precios, del valor y de la cortesía. Verdad es que para el ruin
es algaravía la galantería, porque no entiende los términos del buen término.
273
Comprehensión de los genios
con quien trata:
para conocer los intentos. Conocida bien la causa, se conoce el efecto, antes en
ella y después en su motivo. El melancólico siempre agüera infelicidades, y el
maldiciente culpas: todo lo peor se les ofrece, y no percibiendo el bien
presente, anuncian el possible mal. El apassionado siempre habla con otro
lenguaje diferente de lo que las cosas son; habla en él la passión, no la razón.
Y cada uno, según su afecto o su humor. Y todos mui lejos de la verdad. Sepa
descifrar un semblante y deletrear el alma en los señales. Conozca al que
siempre ríe por falto, y al que nunca por falso. Recátese del preguntador, o por
fácil, o por notante. Espere poco bueno del de mal gesto, que suelen vengarse de
la naturaleza éstos, y assí como ella los honró poco a ellos, la honran poco a
ella. Tanta suele ser la necedad quanta fuere la hermosura.
274
Tener la
atractiva: que es un hechizo políticamente cortés. Sirva el garavato
galante más para atraer voluntades que utilidades, o para todo. No bastan
méritos si no se valen del agrado, que es el que da la plausibilidad, el más
plático instrumento de la soberanía. Un caer en picadura es suerte, pero
socórrese del artificio, que donde ai gran natural assienta mejor lo artificial.
De aquí se origina la pía afición, hasta conseguir la gracia universal.
275
Corriente,
pero no indecente. No esté siempre de figura y de enfado;
es ramo de galantería. Hase de ceder en algo al decoro para ganar la afición
común. Alguna vez puede passar por donde los más; pero sin indecencia, que quien
es tenido por necio en público no será tenido por cuerdo en secreto. Más se
pierde en un día genial que se ganó en toda la seriedad. Pero no se ha de estar
siempre de excepción: el ser singular es condenar a los otros; menos, afectar
melindres; déxense para su sexo: aun los espirituales son ridículos. Lo mejor de
un hombre es parecerlo; que la muger puede afectar con perfección lo varonil, y
no al contrario.
276
Saber renovar el genio con
la naturaleza y con el arte.
De siete en siete años dizen que se muda la condición: sea para mejorar y
realçar el gusto. A los primeros siete entra la razón; entre después, a cada
lustro, una nueva perfección. Observe esta variedad natural para ayudarla y
esperar también de los otros la mejoría. De aquí es que muchos mudaron de porte,
o con el estado, o con el empleo; y a vezes no se advierte, hasta que se ve, el
excesso de la mudança. A los veinte años será Pabón; a los treinta, León; a los
quarenta, Camello; a los cinqüenta, Serpiente; a los sesenta, Perro; a los
setenta, Mona; y a los ochenta, nada.
277
Hombre de ostentación.
Es el lucimiento
de las prendas. Ai vez para cada una: lógrese, que no será cada día el de su
triunfo. Ai sugetos vizarros en quienes lo poco luze mucho, y lo mucho hasta
admirar. Quando la ostentativa se junta con la eminencia, passa por prodigio. Ai
naciones ostentosas, y la Española lo es con superioridad. Fue la luz pronto
lucimiento de todo lo criado. Llena mucho el ostentar, suple mucho y da un
segundo ser a todo, y más quando la realidad se afiança. El Cielo, que da la
perfección, previene la ostentación, que qualquiera a solas fuera violenta. Es
menester arte en el ostentar: aun lo mui excelente depende de circunstancias y
no tiene siempre vez. Salió mal la ostentativa quando le faltó su sazón. Ningún
realçe pide ser menos afectado, y perece siempre deste desaire, porque está mui
al canto de la vanidad, y ésta del desprecio. Ha de ser mui templada porque no
dé en vulgar, y con los cuerdos está algo desacreditada su demasía. Consiste a
vezes más en una eloqüencia muda, en un mostrar la perfección al descuido; que
el sabio dissimulo es el más plausible alarde, porque aquella misma privación
pica en lo más vivo a la curiosidad. Gran destreza suya no descubrir toda la
perfección de una vez, sino por brúxula irla pintando, y siempre adelantando;
que un realce sea empeño de otro mayor, y el aplauso del primero, nueva
expectación de los demás.
278
Huir la nota en todo.
Que en siendo notados,
serán defectos los mismos realces. Nace esto de singularidad, que siempre fue
censurada; quédase solo el singular. Aun lo lindo, si sobresale, es descrédito;
en haziendo reparar, ofende, y mucho más singularidades desautorizadas. Pero en
los mismos vicios quieren algunos ser conocidos, buscando novedad en la ruindad
para conseguir tan infame fama. Hasta en lo entendido lo sobrado degenera en
bachillería.
279
No dezir al contradezir.
Es menester
diferenciar quándo procede de astucia o vulgaridad. No siempre es porfía, que
tal vez es artificio. Atención, pues, a no empeñarse en la una ni despeñarse en
la otra. No ai cuidado más logrado que en espías, y contra la ganzúa de los
ánimos no ai mejor contratreta que el dexar por dentro la llave del recato.
280
Hombre de lei.
Está acabado el
buen proceder, andan desmentidas las obligaciones, ai pocas correspondencias
buenas: al mejor servicio, el peor galardón, a uso ya de todo el mundo. Ai
naciones enteras proclibes al maltrato: de unas se teme siempre la traición; de
otras, la inconstancia; y de otras, el engaño. Sirva, pues, la mala
correspondencia agena, no para la imitación, sino para la cautela. Es el riesgo
de desquiciar la entereza a vista del ruin proceder. Pero el varón de lei nunca
se olvida de quién es por lo que los otros son.
281
Gracia de los entendidos.
Más se estima el
tibio sí de un varón singular que todo un aplauso común, porque regüeldos
de aristas no alientan. Los sabios hablan con el entendimiento, y así su
alabança causa una imortal satisfación. Reduxo el juizioso Antígono todo el
teatro de su fama a solo Zenón, y llamaba Platón toda su escuela a Aristóteles.
Atienden algunos a sólo llenar el estómago, aunque sea de broza vulgar. Hasta
los soberanos han menester a los que escriven, y teman más sus plumas que las
feas los pinceles.
282
Usar de la ausencia:
o para el
respeto, o para la estimación. Si la presencia desminuye la fama, la ausencia la
aumenta. El que ausente fue tenido por León, presente fue ridículo parto de los
montes. Deslústranse las prendas si se rozan, porque se ve antes la corteza del
exterior que la mucha substancia del ánimo. Adelántase más la imaginación que la
vista, y el engaño, que entra de ordinario por el oído, viene a salir por los
ojos. El que se conserva en el centro de su opinión conserva la reputación; que
aun la Fénix se vale del retiro para el decoro, y del deseo para el aprecio.
283
Hombre de inventiva a lo
cuerdo. Arguye
excesso de Ingenio, pero ¿quál será sin el grano de demencia? La inventiva es de
ingeniosos; la buena elección, de prudentes. Es también de gracia, y más rara,
porque el elegir bien lo consiguieron muchos; el inventar bien, pocos, y los
primeros en excelencia y en tiempo. Es lisongera la novedad, y si feliz, da dos
realces a lo bueno. En los assuntos del juizio es peligrosa por lo paradoxo, en
los del ingenio, loable; y si acertadas, una y otra plausibles.
284
No sea entremetido,
y no será desairado.
Estímese, si quisiere que le estimen. Sea antes avaro que pródigo de sí. Llegue
deseado, y será bien recebido. Nunca venga sino llamado, ni vaya sino embiado.
El que se empeña por sí, si sale mal, se carga todo el odio sobre sí; y si sale
bien, no consigue el agradecimiento. Es el entremetido terrero de desprecios, y
por lo mismo que se introduze con desvergüenza es tripulado en confussión.
285
No perecer de desdicha agena.
Conozca al que
está en el lodo, y note que le reclamará para hazer consuelo del recíproco mal.
Buscan quien les ayude a llevar la desdicha, y los que en la prosperidad le
davan espaldas, aora la mano. Es menester gran tiento con los que se ahogan para
acudir al remedio sin peligro.
286
No dexarse obligar del todo,
ni de todos, que
sería ser esclavo y común. Nacieron unos más dichosos que otros, aquéllos para
hazer bien y éstos para recebille. Más preciosa es la libertad que la dádiva,
porque se pierde. Guste más que dependan dél muchos que no depender él de uno.
No tiene otra comodidad el mando sino el poder hazer más bien. Sobre todo, no
tenga por favor la obligación en que se mete, y las más vezes la diligenciará la
astucia agena para prevenirle.
287
Nunca obrar apassionado:
todo lo errará.
No obre por sí quien no está en sí, y la passión siempre destierra la razón.
Substituya entonces un tercero prudente, que lo será, si desapassionado: siempre
ven más los que miran que los que juegan, porque no se apassionan. En
conociéndose alterado, toque a retirar la cordura, porque no acabe de
encendérsele la sangre, que todo lo executará sangriento, y en poco rato dará
materia para muchos días de confussión suya y murmuración agena.
288
Vivir
a la ocasión. El governar, el discurrir, todo ha de ser al caso.
Querer quando se puede, que la sazón y el tiempo a nadie aguardan. No vaya por
generalidades en el vivir, si ya no fuere en favor de la virtud, ni intime leyes
precisas al querer, que avrá de bever mañana del agua que desprecia hoi. Ai
algunos tan paradóxamente impertinentes, que pretenden que todas las
circunstancias del acierto se ajusten a su manía, y no al contrario. Mas el
sabio sabe que el norte de la prudencia consiste en portarse a la ocasión.
289
El mayor desdoro de un
hombre: es dar
muestras de que es hombre. Déxanle de tener por divino el día que le ven mui
humano. La liviandad es el mayor contraste de la reputación. Assí como el varón
recatado es tenido por más que hombre, assí el liviano por menos que hombre. No
ai vicio que más desautorize, porque la liviandad se opone frente a frente a la
gravedad. Hombre liviano no puede ser de substancia, y más si fuere anciano,
donde la edad le obliga a la cordura. Y con ser este desdoro tan de muchos, no
le quita el estar singularmente desautorizado.
290
Es felicidad juntar el
aprecio con el afecto:
no ser mui amado para conservar el respeto. Más atrevido es el amor que el odio;
afición y veneración no se juntan bien; y aunque, no ha de ser uno mui temido ni
mui querido. El amor introduze la llaneza, y al passo que ésta entra, sale la
estimación. Sea amado antes apreciativamente que afectivamente, que es amor mui
de personas.
291
Saber hazer la tentativa.
Compita la atención del juizioso con la detención del recatado: gran juizio se
requiere para medir el ageno. Más importa conocer los genios y las propriedades
de las personas que de las yervas y piedras. Acción es ésta de las más sutiles
de la vida: por el sonido se conocen los metales y por el hablar las personas.
Las palabras muestran la entereza, pero mucho más las obras. Aquí es menester el
extravagante reparo, la observación profunda, la sutil nota y la juiziosa Crisi.
292
Venza el natural las
obligaciones del empleo,
y no al contrario. Por grande que sea el puesto, ha de mostrar que es mayor la
persona. Un caudal con ensanches vase dilatando y ostentando más con los
empleos. Fácilmente le cogerán el coraçón al que le tiene estrecho, y al cabo
viene a quebrar con obligación y reputación. Preciávase el grande Augusto de ser
mayor hombre que Príncipe. Aquí vale la alteza de ánimo, y aun aprovecha la
confiança cuerda de sí.
293
De la madurez.
Resplandeze en el exterior,
pero más en las costumbres. La gravedad material haze precioso al oro, y la
moral a la persona. Es el decoro de las prendas, causando veneración. La
compostura del hombre es la fachata del alma. No es necedad con poco meneo, como
quiere la ligereza, sino una autoridad mui sossegada. Habla por sentencias, obra
con aciertos. Supone un hombre mui hecho, porque tanto tiene de persona quanto
de madurez. En dexando de ser niño, comiença a ser grave y autorizado.
294
Moderarse en el sentir.
Cada uno haze
concepto según su conveniencia, y abunda de razones en su aprehensión. Cede en
los más el dictamen al afecto. Acontece el encontrarse dos contraditoriamente y
cada uno presume de su parte la razón; mas ella, fiel, nunca supo hazer dos
caras. Proceda el sabio con reflexa en tan delicado punto; y assí el rezelo
proprio reformará la calificación del proceder ageno. Póngase tal vez de la otra
parte; examínele al contrario los motivos. Con esto, ni le condenará a él, ni se
justificará a sí tan a lo desalumbrado.
295
No hazañero, sino hazañoso.
Hazen mui de los
hazendados los que menos tienen para qué. Todo lo hazen misterio, con mayor
frialdad: camaleones del aplauso, dando a todos hartazgos de risa. Siempre fue
enfadosa la vanidad, aquí reída: andan mendigando hazañas las hormiguillas del
honor. Afecte menos sus mayores eminencias. Conténtese con hazer, y dexe para
otros el dezir. Dé las hazañas, no las venda; ni se han de alquilar plumas de
oro para que escrivan lodo, con asco de la cordura. Aspire antes a ser Heroico
que a sólo parecerlo.
296
Varón de prendas, y
magestuosas. Las
primeras hazen los primeros hombres. Equivale una sola a toda una mediana
pluralidad. Gustaba aquel que todas sus cosas fuessen grandes, hasta las usuales
alajas. ¡Quánto mejor el varón grande deve procurar que las prendas de su ánimo
lo sean! En Dios todo es infinito, todo inmenso; assí en un Héroe todo ha de ser
grande y magestuoso, de suerte que todas sus acciones, y aun razones, vayan
revestidas de una trascendente grandiosa magestad.
297
Obrar siempre como a vista.
Aquel es varón remirado que mira que le miran o que le mirarán. Sabe que las
paredes oyen y que lo mal hecho revienta por salir. Aun quando solo, obra como a
vista de todo el mundo, porque sabe que todo se sabrá; ya mira como a testigos
aora a los que por la noticia lo serán después. No se recatava de que le podían
registrar en su casa desde las agenas el que desseava que todo el mundo le
viesse.
298
Tres cosas hazen un
prodigio, y son
el don máximo de la suma liberalidad: Ingenio fecundo, juizio profundo y gusto
relevantemente jocundo. Gran ventaja concebir bien, pero mayor discurrir bien,
entendimiento del bueno. El ingenio no ha de estar en el espinaço, que sería más
ser laborioso que agudo. Pensar bien es el fruto de la racionalidad. A los
veinte años reina la voluntad, a los trenta el ingenio, a los quarenta el juizio.
Ai entendimientos que arrojan de sí luz, como los ojos del linçe y en la mayor
escuridad discurren más; ailos de ocasión, que siempre topan con lo más a
propósito. Ofrecéseles mucho y bien: felicíssima fecundidad. Pero un buen gusto
sazona toda la vida.
299
Dexar con hambre.
Hase de dexar en los
labios aun con el néctar. Es el deseo medida de la estimación; hasta la material
sed es treta de buen gusto picarla, pero no acabarla. Lo bueno, si poco, dos
vezes bueno. Es grande la vaxa de la segunda vez: hartazgos de agrado son
peligrosos, que ocasionan desprecio a la más eterna eminencia. Única regla de
agradar: coger el apetito picado con el hambre con que quedó. Si se ha de
irritar, sea antes por impaciencia del deseo que por enfado de la fruición:
gústase al doble de la felicidad penada.
300
En una palabra, santo,
que es dezirlo todo de una vez. Es la virtud cadena de todas las perfecciones,
centro de las felicidades. Ella haze un sugeto prudente, atento, sagaz, cuerdo,
sabio, valeroso, reportado, entero, feliz, plausible, verdadero y universal
Héroe. Tres eses hazen dichoso: santo, sano y sabio. La virtud es el Sol del
mundo menor, y tiene por emisferio la buena conciencia; es tan hermosa, que se
lleva la gracia de Dios y de las gentes. No ai cosa amable sino la virtud, ni
aborrecible sino el vicio. La virtud es cosa de veras, todo lo demás de burlas.
La capacidad y grandeza se ha de medir por la virtud, no por la fortuna. Ella
sola se basta a sí misma. Vivo el hombre, le haze amable; y muerto, memorable.
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