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Oráculo manual y arte de la prudencia

1-30 , 31-60 , 61-90 , 91-120 , 121-150 , 151-180 , 181-210 , 211-240 , 241-270 , 271-300

211 En el Cielo todo es contento, en el Infierno todo es pesar. En el mundo, como en medio, uno y otro. Estamos entre dos extremos, y assí se participa de entrambos. Altérnanse las suertes: ni todo ha de ser felicidad, ni todo adversidad. Este mundo es un zero: a solas, vale nada; juntándolo con el Cielo, mucho. La indiferencia a su variedad es cordura, ni es de sabios la novedad. Vase empeñando nuestra vida como en Comedia, al fin viene a desenredarse. Atención, pues, al acabar bien.

212 Reservarse siempre las últimas tretas del arte. Es de grandes maestros, que se valen de su sutileza en el mismo enseñarla. Siempre ha de quedar superior, y siempre maestro. Hase de ir con arte en comunicar el arte; nunca se ha de agotar la fuente del enseñar, assí como ni la del dar. Con esso se conserva la reputación y la dependencia. En el agradar y en el enseñar se ha de observar aquella gran lición de ir siempre zevando la admiración y adelantando la perfección. El retén en todas las materias fue gran regla de vivir, de vencer, y más en los empleos más sublimes.

213 Saber contradezir. Es gran treta del tentar, no para empeñarse, sino para empeñar. Es el único torcedor, el que haze saltar los afectos. Es un vomitivo para los secretos la tibieza en el creer, llave del más cerrado pecho. Házese con grande sutileza la tentativa doble de la voluntad y del juizio. Un desprecio sagaz de la misteriosa palabra del otro da caça a los secretos más profundos, y valos con suavidad vocadeando hasta traerlos a la lengua y a que den en las redes del artificioso engaño. La detención en el atento haze arrojarse a la del otro en el recato y descubre el ageno sentir, que de otro modo era el coraçón inescrutable. Una duda afectada es la más sutil ganzúa de la curiosidad para saber quanto quisiere. Y aun para el aprender es treta del discípulo contradezir al maestro, que se empeña con más conato en la declaración y fundamento de la verdad; de suerte que la impugnación moderada da ocasión a la enseñança cumplida.

214 No hazer de una necedad dos. Es mui ordinario para remendar una cometer otras quatro. Escusar una impertinencia con otra mayor es de casta de mentira, o ésta lo es de necedad, que para sustentarse una necessita de muchas. Siempre del mal pleito fue peor el patrocinio; más mal que el mismo mal: no saberlo desmentir. Es pensión de las imperfecciones dar a censo otras muchas. En un descuido puede caer el mayor sabio, pero en dos no; y de passo, que no de asiento.

215 Atención al que llega de segunda intención. Es ardid del hombre negociante descuidar la voluntad para acometerla, que es vencida en siendo convencida. Dissimulan el intento para conseguirlo y pónese segundo para que en la execución sea primero: assegúrase el tiro en lo inadvertido. Pero no duerma la atención quando tan desvelada la intención, y si ésta se haze segunda para el dissimulo, aquélla primera para el conocimiento. Advierta la cautela el artificio con que llega y nótele las puntas que va echando para venir a parar al punto de su pretensión. Propone uno y pretende otro, y rebuelven con sutileza a dar en el blanco de su intención. Sepa, pues, lo que le concede, y tal vez convendrá dar a entender que ha entendido.

216 Tener la declarativa. Es no sólo desembarazo, pero despejo en el concepto. Algunos conciben bien y paren mal, que sin la claridad no salen a luz los hijos del alma, los conceptos y decretos. Tienen algunos la capacidad de aquellas vasijas que perciben mucho y comunican poco. Al contrario, otros dizen aún más de lo que sienten. Lo que es la resolución en la voluntad es la explicación en el entendimiento: dos grandes eminencias. Los ingenios claros son plausibles, los confusos fueron venerados por no entendidos, y tal vez conviene la escuridad para no ser vulgar; pero ¿cómo harán concepto los demás de lo que les oyen, si no les corresponde concepto mental a ellos de lo que dizen?

217 No se ha de querer ni aborrecer para siempre. Confiar de los amigos hoi como enemigos mañana, y los peores; y pues passa en la realidad, passe en la prevención. No se han de dar armas a los tránsfugas de la amistad, que hazen con ellas la mayor guerra. Al contrario con los enemigos, siempre puerta abierta a la reconciliación, y sea la de la galantería: es la más segura. Atormentó alguna vez después la vengança de antes, y sirve de pesar el contento de la mala obra que se le hizo.

218 Nunca obrar por tema, sino por atención. Toda tema es postema, gran hija de la passión, la que nunca obró cosa a drechas. Ai algunos que todo lo reduzen a guerrilla; vandoleros del trato, quanto executan querrían que fuesse vencimiento, no saben proceder pacíficamente. Estos para mandar y regir son perniciosos, porque hazen vando del govierno, y enemigos de los que avían de hazer hijos. Todo lo quieren disponer con traça y conseguir como fruto de su artificio; pero, en descubriéndoles el paradoxo humor, los demás luego se apuntan con ellos, procúranles estorvar sus quimeras, y assí nada consiguen. Llévanse muchos hartazgos de enfados, y todos les ayudan al disgusto. Éstos tienen el dictamen leso, y tal vez dañado el coraçón. El modo de portarse con semejantes monstros es huir a los Antípodas, que mejor se llevará la barbaridad de aquellos que la fiereza destos.

219 No ser tenido por hombre de artificio. Aunque no se puede ya vivir sin él. Antes prudente que astuto. Es agradable a todos la lisura en el trato, pero no a todos por su casa. La sinceridad no dé en el extremo de simplicidad, ni la sagacidad, de astucia. Sea antes venerado por sabio que temido por reflexo. Los sinceros son amados, pero engañados. El mayor artificio sea encubrirlo, que se tiene por engaño. Floreció en el siglo de oro la llaneza, en este de yerro la malicia. El crédito de hombre que sabe lo que ha de hazer es honroso y causa confiança, pero el de artificioso es sofístico y engendra rezelo.

220 Quando no puede uno vestirse la piel del león, vístase la de la Vulpeja. Saber ceder al tiempo es exceder. El que sale con su intento nunca pierde reputación. A falta de fuerça, destreça. Por un camino o por otro: o por el Real del valor, o por el atajo del artificio. Más cosas ha obrado la maña que la fuerça, y más vezes vencieron los Sabios a los valientes que al contrario. Quando no se puede alcançar la cosa, entra el desprecio.

221 No ser ocasionado, ni para empeñarse, ni para empeñar. Ai tropieços del decoro, tanto proprio como ageno, siempre a punto de necedad. Encuéntranse con gran facilidad y rompen con infelicidad. No lo hazen al día con cien enfados. Tienen el humor al repelo, y assí contradizen a quantos y quanto ai. Calçáronse el juizo al revés, y assí todo lo reprueban. Pero los mayores tentadores de la cordura son los que nada hazen bien y de todo dizen mal, que ai muchos monstros en el estendido país de la impertinencia.

222 Hombre detenido, evidencia de prudente. Es fiera la lengua, que si una vez se suelta, es mui dificultosa de poderse bolver a encadenar. Es el pulso del alma por donde conocen los sabios su disposición. Aquí pulsan los atentos el movimiento del coraçón. El mal es que el que avía de serlo más, es menos reportado. Escúsase el sabio enfados y empeños, y muestra quán señor es de sí. Procede circunspecto, Jano en la equivalencia, Argos en la verificación. Mejor Momo huviera echado menos los ojos en las manos que la ventanilla en el pecho.

223 No ser mui individuado, o por afectar, o por no advertir. Tienen algunos notable individuación, con acciones de manía, que son más defectos que diferencias. Y assí como algunos son mui conocidos por alguna singular fealdad en el rostro, assí éstos por algún excesso en el porte. No sirve el individuarse sino de nota, con una impertinente especialidad que comueve alternativamente en unos la risa, en otros el enfado.

224 Saber tomar las cosas. Nunca al repelo, aunque vengan. Todas tienen haz y envés. La mejor y más favorable, si se toma por el corte, lastima. Al contrario, la más repugnante defiende, si por la empuñadura. Muchas fueron de pena que, si se consideraran las conveniencias, fueran de contento. En todo ai convenientes y inconvenientes: la destreza está en saber topar con la comodidad. Haze mui diferentes visos una misma cosa si se mira a diferentes luzes: mírese por la de la felicidad. No se han de trocar los frenos al bien y al mal. De aquí procede que algunos en todo hallan el contento, y otros el pesar. Gran reparo contra los reveses de la fortuna, y gran regla de vivir para todo tiempo y para todo empleo.

225 Conocer su defecto Eei. Ninguno vive sin él, contrapeso de la prenda relevante; y si le favorece la inclinación, apodérase a lo tirano. Comiençe a hazerle la guerra, publicando el cuidado contra él, y el primer passo sea el manifiesto, que en siendo conocido, será vencido, y más si el interesado haze el concepto dél como los que notan. Para ser señor de sí es menester ir sobre sí. Rendido este cabo de imperfecciones, acabarán todas.

226 Atención a obligar. Los más no hablan ni obran como quien son, sino como les obligan. Para persuadir lo malo qualquiera sobra, porque lo malo es mui creído, aunque tal vez increíble. Lo más, y lo mejor, que tenemos depende de respeto ageno. Conténtanse algunos con tener la razón de su parte; pero no basta, que es menester ayudarla con la diligencia. Cuesta a vezes mui poco el obligar, y vale mucho. Con palabras se compran obras. No ai alaja tan vil en esta gran casa del universo que una vez al año no sea menester; y aunque valga poco, hará gran falta. Cada uno habla del objecto según su afecto.

227 No ser de primera impressión. Cásanse algunos con la primera información, de suerte que las demás son concubinas, y como se adelanta siempre la mentira, no queda lugar después para la verdad. Ni la voluntad con el primer objecto, ni el entendimiento con la primera proposición se han de llenar, que es cortedad de fondo. Tienen algunos la capacidad de vasija nueva, que el primer olor la ocupa, tanto del mal licor como del bueno. Quando esta cortedad llega a conocida, es perniciosa, que da pie a la maliciosa industria. Previénense los malintencionados a teñir de su color la credulidad. Quede siempre lugar a la revista: guarde Alexandro la otra oreja para la otra parte. Quede lugar para la segunda y tercera información. Arguye incapacidad el impresionarse, y está cerca del apassionarse.

228 No tener voz de mala voz. Mucho menos tener tal opinión, que es tener fama de contrafamas. No sea ingenioso a costa agena, que es más odioso que dificultoso. Vénganse todos dél, diziendo mal todos dél; y como es solo y ellos muchos, más presto será él vencido que convencidos ellos. Lo malo nunca ha de contentar, pero ni comentarse. Es el murmurador para siempre aborrecido, y aunque a vezes personages grandes atraviessen con él, será más por gusto de su fisga que por estimación de su cordura. Y el que dize mal siempre oye peor.

229 Saber repartir su vida a lo discreto, no como se vienen las ocasiones, sino por providencia y delecto. Es penosa sin descansos, como jornada larga sin mesones. Házela dichosa la variedad erudita. Gástese la primera estancia del bello vivir en hablar con los muertos. Nacemos para saber y sabemos, y los libros con fidelidad nos hazen personas. La segunda jornada se emplee con los vivos: ver y registar todo lo bueno del mundo. No todas las cosas se hallan en una tierra; repartió los dotes el Padre universal, y a vezes enriqueció más la fea. La tercera jornada sea toda para sí: última felicidad, el filosofar.

230 Abrir los ojos con tiempo. No todos los que ven han avierto los ojos, ni todos los que miran ven. Dar en la cuenta tarde no sirve de remedio, sino de pesar. Comiençan a ver algunos quando no ai qué: deshizieron sus casas y sus cosas antes de hazerse ellos. Es dificultoso dar entendimiento a quien no tiene voluntad, y más dar voluntad a quien no tiene entendimiento. Juegan con ellos los que les van alrededor como con ciegos, con risa de los demás. Y porque son sordos para oír, no abren los ojos para ver. Pero no falta quien fomenta esta insensibilidad, que consiste su ser en que ellos no sean. Infeliz caballo cuyo amo no tiene ojos: mal engordará.

231 Nunca permitir a medio hazer las cosas. Gózense en su perfección. Todos los principios son informes, y queda después la imaginación de aquella deformidad, la memoria de avello visto imperfecto no lo dexa lograr acabado. Gozar de un golpe el objecto grande, aunque embaraça el juizio de las partes, de por sí adequa el gusto. Antes de ser todo es nada, y en el començar a ser se está aun mui dentro de su nada. El ver guisar el manjar más regalado sirve antes de asco que de apetito. Recátese, pues, todo gran maestro de que le vean sus obras en embrión. Aprenda de la naturaleza a no exponerlas hasta que puedan parecer.

232 Tener un punto de negociante. No todo sea especulación, aya también acción. Los mui sabios son fáciles de engañar, porque aunque saben lo extraordinario, ignoran lo ordinario del vivir, que es más preciso. La contemplación de las cosas sublimes no les da lugar para las manuales; y como ignoran lo primero que avían de saber, y en que todos parten un cabello, o son admirados o son tenidos por ignorantes del vulgo superficial. Procure, pues, el Varón sabio tener algo de negociante, lo que baste para no ser engañado, y aun reído. Sea hombre de lo agible, que aunque no es lo superior, es lo más preciso del vivir. ¿De qué sirve el saber, si no es plático? Y el saber vivir es hoi el verdadero saber.

233 No errarle el golpe al gusto, que es hazer un pesar por un plazer. Con lo que piensan obligar algunos, enfadan, por no comprehender los genios. Obras ai que para unos son lisonja y para otros ofensa; y el que se creyó servicio fue agravio. Costó a vezes más el dar disgusto que huviera costado el hazer plazer. Pierden el agradecimiento y el don porque perdieron el norte del agradar. Si no se sabe el genio ageno, mal se le podrá satisfazer; de aquí es que algunos pensaron dezir un elogio y dixeron un vituperio, que fue bien merecido castigo. Piensan otros entretener con su eloqüencia y aporrean el alma con su loquacidad.

234 Nunca fiar reputación sin prendas de honra agena. Hase de ir a la parte del provecho en el silencio, del daño en la facilidad. En intereses de honra siempre ha de ser el trato de compañía, de suerte que la propria reputación haga cuidar de la agena. Nunca se ha de fiar, pero si alguna vez, sea con tal arte, que pueda ceder la prudencia a la cautela. Sea el riesgo común y recíproca la causa para que no se le convierta en testigo el que se reconoce partícipe.

235 Saber pedir. No ai cosa más dificultosa para algunos ni más fácil para otros. Ai unos que no saben negar; con éstos no es menester ganzúa. Ai otros que el No es su primera palabra a todas horas; con éstos es menester la industria. Y con todos, la sazón: un coger los espíritus alegres, o por el pasto antecedente del cuerpo o por el del ánimo. Si ya la atención del reflexo que atiende no previene la sutileza en el que intenta, los días del gozo son los del favor, que redunda del interior a lo exterior. No se ha de llegar quando se ve negar a otro, que está perdido el miedo al No. Sobre tristeza no ai buen lance. El obligar de antemano es cambio donde no corresponde la villanía.

236 Hazer obligación antes de lo que avía de ser premio después. Es destreza de grandes políticos. Favores antes de méritos son prueva de hombres de obligación. El favor así anticipado tiene dos eminencias: que con lo pronto del que da obliga más al que recibe. Un mismo don, si después es deuda, antes es empeño. Sutil modo de transformar obligaciones, que la que avía de estar en el superior, para premiar, recae en el obligado, para satisfazer. Esto se entiende con gente de obligaciones, que para hombres viles más sería poner freno que espuela, anticipando la paga del honor.

237 Nunca partir secretos con mayores. Pensará partir peras y partirá piedras. Perecieron muchos de confidentes. Son éstos como cuchar de pan, que corre el mismo riesgo después. No es favor del Príncipe, sino pecho, el comunicarlo. Quiebran muchos el espejo porque les acuerda la fealdad. No puede ver al que le pudo ver, ni es bien visto el que vio mal. A ninguno se ha de tener mui obligado, y al poderoso menos. Sea antes con beneficios hechos que con favores recebidos. Sobre todo, son peligrosas confianças de amistad. El que comunicó sus secretos a otro hízose esclavo dél, y en soberanos es violencia que no puede durar. Desean bolver a redimir la libertad perdida, y para esto atropellarán con todo, hasta la razón. Los secretos, pues, ni oírlos, ni dezirlos.

238 Conocer la pieça que le falta. Fueran muchos mui personas si no les faltara un algo, sin el qual nunca llegan al colmo del perfecto ser. Nótase en algunos que pudieran ser mucho si repararan en bien poco. Házeles falta la seriedad, con que desluzen grandes prendas; a otros, la suavidad de la condición, que es falta que los familiares echan presto menos, y más en personas de puesto. En algunos se desea lo executivo y en otros lo reportado. Todos estos desaires, si se advirtiessen, se podrían suplir con facilidad, que el cuidado puede hazer de la costumbre segunda naturaleza.

239 No ser reagudo: más importa prudencial. Saber más de lo que conviene es despuntar, porque las sutilezas comúnmente quiebran. Más segura es la verdad assentada. Bueno es tener entendimiento, pero no bachillería. El mucho discurrir ramo es de qüistión. Mejor es un buen juizio substancial que no discurre más de lo que importa.

240 Saber usar de la necedad. El mayor sabio juega tal vez desta pieça, y ai tales ocasiones, que el mejor saber consiste en mostrar no saber. No se ha de ignorar, pero sí afectar que se ignora. Con los necios poco importa ser sabio, y con los locos cuerdo: hásele de hablar a cada uno en su lenguaje. No es necio el que afecta la necedad, sino el que la padece. La sencilla lo es, que no la doble, que hasta esto llega el artificio. Para ser bienquisto, el único medio, vestirse la piel del más simple de los brutos.

     

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