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Oráculo manual y arte
de la prudencia
1-30 , 31-60 ,
61-90 , 91-120 ,
121-150 , 151-180 ,
181-210 , 211-240 ,
241-270 , 271-300
181
Sin mentir, no dezir todas
las verdades. No
ai cosa que requiera más tiento que la verdad, que es un sangrarse del coraçón.
Tanto es menester para saberla dezir como para saberla callar. Piérdese con sola
una mentira todo el crédito de la entereza. Es tenido el engañado por falto y el
engañador por falso, que es peor. No todas las verdades se pueden dezir: unas
porque me importan a mí, otras porque al otro.
182
Un grano de audacia con
todos es
importante cordura. Hase de moderar el concepto de los otros para no
concebir tan altamente dellos que les tema; nunca rinda la imaginación al
coraçón. Parecen mucho algunos hasta que se tratan, pero el comunicarlos más
sirvió de desengaño que de estimación. Ninguno excede los cortos límites de
hombre. Todos tienen su si no, unos en el ingenio, otros en el genio. La
dignidad da autoridad aparente, pocas vezes la acompaña la personal, que suele
vengar la suerte la superioridad del cargo en la inferioridad de los méritos. La
imaginación se adelanta siempre y pinta las cosas mucho más de lo que son. No
sólo concibe lo que hai, sino lo que pudiera aver. Corríjala la razón, tan
desengañada a experiencias. Pero ni la necedad ha de ser atrevida ni la virtud
temerosa. Y si a la simplicidad le valió la confianza, ¡quánto más al valer y al
saber!
183
No aprender fuertemente.
Todo necio
es persuadido, y todo persuadido necio; y quanto más erróneo su dictamen, es
mayor su tenacidad. Aun en caso de evidencia, es ingenuidad el ceder, que no se
ignora la razón que tuvo y se conoce la galantería que tiene. Más se pierde con
el arrimamiento que se puede ganar con el vencimiento; no es defender la verdad,
sino la grossería. Ai cabeças de hierro dificultosas de convencer, con extremo
irremediable; quando se junta lo caprichoso con lo persuadido, cásanse
indisolublemente con la necedad. El tesón ha de estar en la voluntad, no en el
juizio. Aunque ai casos de excepción, para no dexarse perder y ser vencido dos
vezes: una en el dictamen, otra en la execución.
184
No ser ceremonial,
que aun en un Rei la
afectación en esto fue solemnizada por singularidad. Es enfadoso el puntoso, y
ai naciones tocadas desta delicadeza. El vestido de la necedad se cose destos
puntos, idólatras de su honra, y que muestran que se funda sobre poco, pues se
temen que todo la pueda ofender. Bueno es mirar por el respeto, pero no sea
tenido por gran maestro de cumplimientos. Bien es verdad que el hombre sin
ceremonias necessita de excelentes virtudes. Ni se ha de afectar ni se ha de
despreciar la cortesía. No muestra ser grande el que repara en puntillos.
185
Nunca exponer el crédito a
prueva de sola una vez,
que, si no sale bien
aquella, es irreparable el daño. Es mui contingente errar una, y más la primera.
No siempre está uno de ocasión, que por esso se dixo «estar de día». Afiance,
pues, la segunda a la primera, si se errare; y si se acertare, será la primera
desempeño de la segunda. Siempre ha de aver recurso a la mejoría, y apelación a
más. Dependen las cosas de contingencias, y de muchas, y assí es rara la
felicidad del salir bien.
186
Conocerlos defectos,
por más autorizados que
estén. No desconozca la entereza el vicio, aunque se revista de brocado;
corónase tal vez de oro, pero no por esso puede dissimular el yerro. No pierde
la esclavitud de su vileza aunque se desmienta con la nobleza del sugeto; bien
pueden estar los vicios realçados, pero no son realces. Ven algunos que aquel
Héroe tuvo aquel accidente, pero no ven que no fue Héroe por aquello. Es tan
retórico el exemplo superior, que aun las fealdades persuade; hasta las del
rostro afectó tal vez la lisonja, no advirtiendo que, si en la grandeza se
dissimulan, en la baxeza se abominan.
187
Todo lo favorable obrarlo
por sí, todo lo odioso por terceros.
Con lo uno se concilia la
afición, con lo otro se declina la malevolencia. Mayor gusto es hazer bien que
recebirlo para grandes hombres, que es felicidad de su generosidad. Pocas vezes
se da disgusto a otro sin tomarlo, o por compassión o por repassión. Las causas
superiores no obran sin el premio o el apremio. Influya inmediatamente el bien y
mediatamente el mal. Tenga donde den los golpes del descontento, que son el odio
y la murmuración. Suele ser la rabia vulgar como la canina, que, desconociendo
la causa de su daño, rebuelve contra el instrumento, y aunque este no tenga la
culpa principal, padece la pena de imediato.
188
Traer que alabar.
Es crédito del gusto,
que indica tenerlo hecho a lo mui bueno, y que se le deve la estimación de lo de
acá. Quien supo conocer antes la perfección, sabrá estimarla después. Da materia
a la conversación y a la imitación, adelantando las plausibles noticias. Es un
político modo de vender la cortesía a las perfecciones presentes. Otros, al
contrario, traen siempre que vituperar, haziendo lisonja a lo presente con el
desprecio de lo ausente. Sáleles bien con los superficiales, que no advierten la
treta del dezir mucho mal de unos con otros. Hazen política algunos de estimar
más las medianías de hoi que los estremos de ayer. Conozca el atento estas
sutilezas del llegar, y no le cause desmayo la exageración del uno ni
engreimiento la lisonja del otro; y entienda que del mismo modo proceden en las
unas partes que en las otras: truecan los sentidos y ajústanse siempre al lugar
en que se hallan.
189
Valerse de la privación
agena. Que si
llega a deseo, es el más eficaz torcedor. Dixeron ser nada los Filósofos, y ser
el todo los Políticos: estos la conocieron mejor. Hazen grada unos, para
alcançar sus fines, del deseo de los otros. Válense de la ocasión, y con la
dificultad de la consecución irrítanle el apetito. Prométense más del conato de
la passión que de la tibieza de la possessión; y al passo que crece la
repugnancia, se apassiona más el deseo. Gran sutileza del conseguir el intento:
conservar las dependencias.
190
Hallar el consuelo en todo.
Hasta de inútiles
lo es el ser eternos. No ai afán sin conorte: los necios le tienen en ser
venturosos, y también se dixo «ventura de fea». Para vivir mucho es arbitrio
valer poco; la vasija quebrantada es la que nunca se acaba de romper, que enfada
con su durar. Parece que tiene invidia la fortuna a las personas más
importantes, pues iguala la duración con la inutilidad de las unas y la
importancia con la brevedad de las otras: faltarán quantos importaren y
permanecerá eterno el que es de ningún provecho, ya porque lo parece, ya porque
realmente es assí. Al desdichado parece que se conciertan en olvidarle la suerte
y la muerte.
191
No pagarse de la mucha
cortesía, que es
especie de engaño. No necessitan algunos para hechizar de las yervas de Tesalia,
que con sólo el buen aire de una gorra encantan necios, digo desvanecidos. Hazen
precio de la honra y pagan con el viento de unas buenas palabras. Quien lo
promete todo, promete nada, y el prometer es desliz para necios. La cortesía
verdadera es deuda, la afectada engaño, y más la desusada: no es decencia, sino
dependencia. No hazen la reverencia a la persona, sino a la fortuna; y la
lisonja, no a las prendas que reconoce, sino a las utilidades que espera.
192
Hombre de gran
paz, hombre de mucha vida. Para vivir, dexar vivir. No sólo viven
los pacíficos, sino que reinan. Hase de oír y ver, pero callar. El día sin
pleito haze la noche soñolienta. Vivir mucho y vivir con gusto es vivir por dos,
y fruto de la paz. Todo lo tiene a quien no se le da nada de lo que no le
importa. No ai mayor despropósito que tomarlo todo de propósito. Igual necedad
que le passe el coraçón a quien no le toca, y que no le entre de los dientes
adentro a quien le importa.
193
Atención al que entra con la
agena por salir con la suya.
No ai reparo para la astucia
como la advertencia. Al entendido, un buen entendedor. Hazen algunos ageno el
negocio proprio, y sin la contraçifra de intenciones se halla a cada passo
empeñado uno en sacar del fuego el provecho ageno con daño de su mano.
194
Concebir de sí y de sus
cosas cuerdamente.
Y más al començar a vivir.
Conciben todos altamente de sí, y más los que menos son. Suéñase cada uno su
fortuna y se imagina un prodigio. Empéñase desatinadamente la esperança, y
después nada cumple la experiencia; sirve de tormento a su imaginación vana el
desengaño de la realidad verdadera. Corrija la cordura semejantes desaciertos, y
aunque puede desear lo mejor, siempre ha de esperar lo peor, para tomar con
equanimidad lo que viniere. Es destreza assestar algo más alto para ajustar el
tiro, pero no tanto que sea desatino. Al començar los empleos, es precisa esta
reformación de concepto, que suele desatinar la presunción sin la experiencia.
No ai medicina más universal para todas necedades que el seso. Conozca cada uno
la esfera de su actividad y estado, y podrá regular con la realidad el concepto.
195
Saber estimar.
Ninguno ai que no pueda ser
maestro de otro en algo, ni ai quien no exceda al que excede. Saber desfrutar a
cada uno es útil saber. El sabio estima a todos porque reconoce lo bueno en cada
uno y sabe lo que cuestan las cosas de hazerse bien. El necio desprecia a todos
por ignorancia de lo bueno y por elección de lo peor.
196
Conocer su estrella.
Ninguno tan desvalido
que no la tenga, y si es desdichado, es por no conocerla. Tienen unos cabida con
Príncipes y poderosos sin saber cómo ni por qué, sino que su misma suerte les
facilitó el favor; sólo queda para la industria el ayudarla. Otros se hallan con
la gracia de los sabios. Fue alguno más acepto en una nación que en otra, y más
bien visto en esta Ciudad que en aquella. Experiméntase también más dicha en un
empleo y estado que en los otros, y todo esto en igualdad, y aun identidad, de
méritos. Varaja como y quando quiere la suerte. Conozca la suya cada uno, assí
como su Minerva, que va el perderse o el ganarse. Sépala seguir y ayudar; no las
trueque, que sería errar el norte a que le llama la vezina vozina.
197
Nunca embaraçarse con
necios. Eslo el
que no los conoce, y más el que, conocidos, no los descarta. Son peligrosos para
el trato superficial y perniciosos para la confidencia; y aunque algún tiempo
los contenga su rezelo proprio y el cuidado ageno, al cabo hazen la necedad o la
dizen; y si tardaron, fue para hazerla más solemne. Mal puede ayudar al crédito
ageno quien no le tiene proprio. Son infelicíssimos, que es el sobregüesso de la
necedad, y se pegan una y otra. Sola una cosa tienen menos mala, y es que ya que
a ellos los cuerdos no les son de algún provecho, ellos sí de mucho a los
sabios, o por noticia o por escarmiento.
198
Saberse trasplantar.
Ai naciones que
para valer se han de remudar, y más en puestos grandes. Son las patrias
madrastras de las mismas eminencias: reina en ellas la invidia como en tierra
conatural, y más se acuerdan de las imperfecciones con que uno començó que de la
grandeza a que ha llegado. Un alfiler pudo conseguir estimación, passando de un
mundo a otro, y un vidro puso en desprecio al diamante porque se trasladó. Todo
lo estraño es estimado, ya porque vino de lexos, ya porque se logra hecho y en
su perfección. Sugetos vimos que ya fueron el desprecio de su rincón, y hoi son
la honra del mundo, siendo estimados de los proprios y estraños: de los unos
porque los miran de lexos, de los otros porque lexos. Nunca bien venerará la
estatua en el ara el que la conoció tronco en el huerto.
199
Saberse hazer lugar a lo
cuerdo, no a lo
entremetido. El verdadero camino para la estimación es el de los méritos, y si
la industria se funda en el valor, es atajo para el alcançar. Sola la entereza,
no basta; sola la solicitud, es indigna, que llegan tan enlodadas las cosas, que
son asco de la reputación. Consiste en un medio de merecer y de saberse
introduzir.
200
Tener que desear,
para no ser felizmente
desdichado. Respira el cuerpo y anhela el espíritu. Si todo fuere possessión,
todo será desengaño y descontento. Aun en el entendimiento siempre ha de quedar
qué saber, en que se zebe la curiosidad. La esperança alienta: los hartazgos de
felicidad son mortales. En el premiar es destreza nunca satisfazer. Si nada ai
que desear, todo es de temer: dicha desdichada; donde acaba el deseo, comiença
el temor.
201
Son tontos todos los que lo
parecen y la metad de los que no lo parecen.
Alçóse con el mundo la necedad, y si ai algo de sabiduría, es estulticia con la
del Cielo; pero el mayor necio es el que no se lo piensa y a todos los otros
define. Para ser sabio no basta parecerlo, menos parecérselo: aquél sabe que
piensa que no sabe, y aquél no ve que no ve que los otros ven. Con estar todo el
mundo lleno de necios, ninguno ai que se lo piense, ni aun lo rezele.
202
Dichos y hechos hazen un
varón
consumado. Hase de hablar lo mui bueno y obrar lo mui honroso. La una es
perfección de la cabeça, la otra del coraçón, y entrambas nacen de la
superioridad del ánimo. Las palabras son sombra de los hechos: son aquéllas las
hembras, éstos los varones. Más importa ser celebrado que ser celebrador. Es
fácil el dezir y difícil el obrar. Las hazañas son la substancia del vivir, y
las sentencias, el ornato. La eminencia en los hechos dura, en los dichos passa.
Las acciones son el fruto de las atenciones: los unos sabios, los otros
hazañosos.
203
Conocer las eminencias de su
siglo. No son
muchas: una Fénix en todo un mundo, un Gran Capitán, un perfecto Orador, un
Sabio en todo un siglo, un Eminente Rei en muchos. Las medianías son ordinarias
en número y aprecio; las eminencias, raras en todo, porque piden complemento de
perfección, y quanto más sublime la categoría, más dificultoso el extremo.
Muchos les tomaron los renombres de Magnos a César y Alexandro, pero en vacío,
que sin los hechos no es más la voz que un poco de aire: pocos Sénecas ha avido,
y un solo Apeles celebró la Fama.
204
Lo fácil se ha de emprender
como dificultoso, y lo dificultoso como fácil.
Allí porque la confianza no
descuide, aquí porque la desconfiança no desmaye. No es menester más para que no
se haga la cosa que darla por hecha; y, al contrario, la diligencia allana la
imposibilidad. Los grandes empeños aun no se han de pensar, basta ofrecerse,
porque la dificultad, advertida, no ocasione el reparo.
205
Saber jugar del desprecio.
Es treta para
alcançar las cosas depreciallas. No se hallan comúnmente quando se buscan, y
después, al descuido, se vienen a la mano. Como todas las de acá son sombra de
las eternas, participan de la sombra aquella propriedad, huyen de quien las
sigue y persiguen a quien las huye. Es también el desprecio la más política
vengança. Única máxima de sabios: nunca defenderse con la pluma, que dexa
rastro, y viene a ser más gloria de la emulación que castigo del atrevimiento.
Astucia de indignos: oponerse a grandes hombres para ser celebrados por
indirecta, quando no lo merecían de derecho; que no conociéramos a muchos si no
huvieran hecho caso dellos los excelentes contrarios. No ai vengança como el
olvido, que es sepultarlos en el polvo de su nada. Presumen, temerarios, hazerse
eternos pegando fuego a las maravillas del mundo y de los siglos. Arte de
reformar la murmuración: no hazer caso; impugnalla causa perjuizio; y si
crédito, descrédito. A la emulación, complacencia, que aun aquella sombra de
desdoro deslustra, ya que no escurece del todo la mayor perfección.
206
Sépase que ai vulgo en todas
partes: en la
misma Corinto, en la familia más selecta. De las puertas adentro de su casa lo
experimenta cada uno. Pero ai vulgo, y revulgo, que es peor: tiene el especial
las mismas propriedades que el común, como los pedaços del quebrado espejo, y
aun más perjudicial: habla a lo necio y censura a lo impertinente; gran
discípulo de la ignorancia, padrino de la necedad y aliado de la hablilla. No se
ha de atender a lo que dize, y menos a lo que siente. Importa conocerlo para
librarse dél, o como parte, o como objecto. Que qualquiera necedad es
vulgaridad, y el vulgo se compone de necios.
207
Usar del reporte.
Hase de estar más sobre el caso en los acasos. Son los ímpetus de las passiones
deslizaderos de la cordura, y allí es el riesgo de perderse. Adelántase uno más
en un instante de furor o contento que en muchas horas de indiferencia. Corre
tal vez en breve rato para correrse después toda la vida. Traza la agena astuta
intención estas tentaciones de prudencia para descubrir tierra, o ánimo. Válese
de semejantes torcedores de secretos, que suelen apurar el mayor caudal. Sea
contraardid el reporte, y más en las prontitudes. Mucha reflexión es menester
para que no se desvoque una passión, y gran cuerdo el que a caballo lo es. Va
con tiento el que concibe el peligro. Lo que parece ligera la palabra al que la
arroja, le parece pesada al que la recibe y la pondera.
208
No morir de achaque de
necio.
Comúnmente, los sabios mueren faltos de cordura; al contrario, los necios,
hartos de consejo. Morir de necio es morir de discurrir sobrado. Unos mueren
porque sienten y otros viven porque no sienten. Y assí, unos son necios porque
no mueren de sentimiento, y otros lo son porque mueren dél. Necio es el que
muere de sobrado entendido. De suerte que unos mueren de entendedores y otros
viven de no entendidos; pero, con morir muchos de necios, pocos necios mueren.
209
Librarse de las necedades
comunes. Es
cordura bien especial. Están mui validas por lo introduzido, y algunos, que no
se rindieron a la ignorancia particular, no supieron escaparse de la común.
Vulgaridad es no estar contento ninguno con su suerte, aun la mayor, ni
descontento de su ingenio, aunque el peor. Todos codician, con descontento de la
propria, la felicidad agena. También alaban los de hoi las cosas de ayer, y los
de acá las de allende. Todo lo passado parece mejor, y todo lo distante es más
estimado. Tan necio es el que se ríe de todo como el que se pudre de todo.
210
Saber jugar de la verdad.
Es peligrosa,
pero el hombre de bien no puede dexar de dezirla: aí es menester el artificio.
Los diestros Médicos del ánimo inventaron el modo de endulçarla, que quando toca
en desengaño es la quinta essencia de lo amargo. El buen modo se vale aquí de su
destreza: con una misma verdad lisongea uno y aporrea otro. Hase de hablar a los
presentes en los passados. Con el buen Entendedor basta brujulear; y quando nada
bastare, entra el caso de enmudecer. Los príncipes no se han de curar con cosas
amargas, para esso es el arte de dorar los desengaños.
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