|
Oráculo manual y arte
de la prudencia
1-30 , 31-60 ,
61-90 , 91-120 ,
121-150 , 151-180 ,
181-210 , 211-240 ,
241-270 , 271-300
121
No hazer negocio del no
negocio. Assí
como algunos todo lo hazen cuento, assí otros todo negocio: siempre hablan de
importancia, todo lo toman de veras, reduziéndolo a pendencia y a misterio.
Pocas cosas de enfado se han de tomar de propósito, que sería empeñarse sin él.
Es trocar los puntos tomar a pechos lo que se ha de echar a las espaldas. Muchas
cosas que eran algo, dexándolas, fueron nada; y otras que eran nada, por aver
hecho caso dellas, fueron mucho. Al principio es fácil dar fin a todo, que
después no. Muchas vezes haze la enfermedad el mismo remedio, ni es la peor
regla del vivir el dexar estar.
122
Señorío en el dezir y
en el hazer. Házese mucho lugar en todas partes, y gana de antemano el
respeto. En todo influye, en el conversar, en el orar, hasta en el caminar; y
aun el mirar en el querer. Es gran vitoria coger los coraçones. No nace de una
necia intrepidez, ni del enfadoso entretenimiento, sí en una decente autoridad
nacida del genio superior y ayudada de los méritos.
123
Hombre desafectado.
A más prendas, menos afectación, que suele ser vulgar desdoro de todas. Es tan
enfadosa a los demás quan penosa al que la sustenta, porque vive mártir del
cuidado, y se atormenta con la puntualidad. Pierden su mérito las mismas
eminencias con ella, porque se juzgan nacidas antes de la artificiosa violencia
que de la libre naturaleza, y todo lo natural fue siempre más grato que lo
artificial. Los afectados son tenidos por estrangeros en lo que afectan; quanto
mejor se haze una cosa se ha de desmentir la industria, porque se vea que se cae
de su natural la perfección. Ni por huir la afectación se ha de dar en ella
afectando el no afectar. Nunca el Discreto se ha de dar por entendido de sus
méritos, que el mismo descuido despierta en los otros la atención. Dos vezes es
eminente el que encierra todas las perfecciones en sí, y ninguna en su
estimación; y por encontrada senda llega al término de la plausibilidad.
124
Llegar a ser deseado.
Pocos llegaron a tanta
gracia de las gentes, y si de los cuerdos, felicidad. Es ordinaria la tibieza
con los que acaban. Ai modos para merecer este premio de afición: la eminencia
en el empleo y en las prendas es segura; el agrado, eficaz. Házese dependencia
de la eminencia, de modo que se note que el cargo le huvo menester a él, y no él
al cargo; honran unos los puestos, a otros honran. No es ventaja que le haga
bueno el que sucedió malo, porque esso no es ser deseado absolutamente, sino ser
el otro aborrecido.
125
No ser libro verde.
Señal de tener gastada la fama propria es cuidar de la infamia agena. Querrían
algunos con las manchas de los otros dissimular, si no labar, las suyas; o se
consuelan, que es el consuelo de los necios. Huéleles mal la voca a éstos, que
son los albañares de las inmundicias civiles. En estas materias, el que más
escarba, más se enloda. Pocos se escapan de algún achaque original, o al
derecho, o al través. No son conocidas las faltas en los poco conocidos. Huiga
el atento de ser registro de infamias, que es ser un aborrecido padrón y, aunque
vivo, desalmado.
126
No es necio el que haze la
necedad, sino el que, hecha, no la sabe encubrir.
Hanse de sellar los afectos, ¡quánto más los defectos! Todos los hombres yerran,
pero con esta diferencia, que los sagazes desmienten las echas, y los necios
mienten las por hazer. Consiste el crédito en el recato, más que en el hecho,
que si no es uno casto, sea cauto. Los descuidos de los grandes hombres se
observan más, como eclipses de las lumbreras mayores. Sea excepción de la
amistad el no confiarla los defectos; ni aun, si ser pudiesse, a su misma
identidad. Pero puédese valer aquí de aquella otra regla del vivir, que es saber
olvidar.
127
El despejo
en todo. Es vida de las prendas, aliento del dezir, alma del hazer,
realce de los mismos realces. Las demás perfecciones son ornato de la
naturaleza, pero el despejo lo es de las mismas perfecciones: hasta en el
discurrir se celebra. Tiene de privilegio lo más, deve al estudio lo menos, que
aun a la disciplina es superior; passa de facilidad, y adelántase a vizarría;
supone desembaraço, y añade perfección. Sin él toda belleza es muerta, y toda
gracia, desgracia. Es trascendental al valor, a la discreción, a la prudencia, a
la misma magestad. Es político atajo en el despacho, y un culto salir de todo
empeño.
128
Alteza de ánimo.
Es de los principales
requisitos para Héroe, porque inflama a todo género de grandeza. Realça el
gusto, engrandeze el coraçón, remonta el pensamiento, ennoblece la condición y
dispone la magestad. Dondequiera que se halla, se descuella, y aun tal vez,
desmentida de la invidia de la suerte, rebienta por campear. Ensánchase en la
voluntad, ya que en la possibilidad se violente. Reconócela por fuente la
magnanimidad, la generosidad y toda heroica prenda.
129
Nunca quexarse.
La quexa siempre trae
descrédito. Más sirve de exemplar de atrevimiento a la passión que de consuelo a
la compassión. Abre el passo a quien la oye para lo mismo, y es la noticia del
agravio del primero disculpa del segundo. Dan pie algunos con sus quexas de las
ofensiones passadas a las venideras, y pretendiendo remedio o consuelo,
solicitan la complacencia, y aun el desprecio. Mejor política es celebrar
obligaciones de unos para que sean empeños de otros, y el repetir favores de los
ausentes es solicitar los de los presentes, es vender crédito de unos a otros. Y
el varón atento nunca publique ni desaires ni defectos, sí estimaciones, que
sirven para tener amigos y de contener enemigos.
130
Hazer, y hazer parecer.
Las cosas no passan por lo que son, sino por lo que parecen. Valer y saberlo
mostrar es valer dos vezes. Lo que no se ve es como si no fuesse. No tiene su
veneración la razón misma donde no tiene cara de tal. Son muchos más los
engañados que los advertidos: prevaleze el engaño y júzganse las cosas por
fuera. Ai cosas que son mui otras de lo que parecen. La buena exterioridad es la
mejor recomendación de la perfección interior.
131
Galantería de condición.
Tienen su vizarría las almas, gallardía del espíritu, con cuyos galantes actos
queda mui airoso un coraçón. No cabe en todos, porque supone magnanimidad.
Primero assunto suyo es hablar bien del enemigo, y obrar mejor. Su mayor
lucimiento libra en los lances de la venganza: no se los quita, sino que se los
mejora, convirtiéndola, quando más vencedora, en una impensada generosidad. Es
política también, y aun la gala de la razón de estado. Nunca afecta
vencimientos, porque nada afecta, y quando los alcança el merecimiento, los
dissimula la ingenuidad.
132
Usar del reconsejo.
Apelar a la revista es seguridad, y más donde no es evidente la satisfación;
tomar tiempo, o para conceder, o para mejorarse: ofrécense nuevas razones para
confirmar y corroborar el dictamen. Si es en materia de dar, se estima más el
don en fe de la cordura que en el gusto de la presteza; siempre fue más estimado
lo deseado. Si se ha de negar, queda lugar al modo, y para madurar el No,
que sea más sazonado; y las más vezes, passado aquel primer calor del deseo, no
se siente después a sangre fría el desaire del negar. A quien pide aprisa,
conceder tarde, que es treta para desmentir la atención.
133
Antes loco con todos que
cuerdo a solas:
dizen políticos. Que si todos lo son, con ninguno perderá; y si es sola la
cordura, será tenida por locura: tanto importará seguir la corriente. Es el
mayor saber a vezes no saber, o afectar no saber. Hase de vivir con otros, y los
ignorantes son los más. Para vivir a solas: ha de tener o mucho de Dios o todo
de bestia. Mas yo moderaría el aforismo, diziendo: antes cuerdo con los más que
loco a solas. Algunos quieren ser singulares en las quimeras.
134
Doblar los requisitos de la
vida. Es doblar
el vivir. No ha de ser única la dependencia, ni se ha de estrechar a una cosa
sola, aunque singular. Todo ha de ser doblado, y más las causas del provecho,
del favor, del gusto. Es trascendente la mutabilidad de la Luna, término de la
permanencia, y más las cosas que dependen de humana voluntad, que es quebradiza.
Valga contra la fragilidad el retén, y sea gran regla del arte del vivir doblar
las circunstancias del bien y de la comodidad: assí como dobló la naturaleza los
miembros más importantes y más arriesgados, assí el arte los de la dependencia.
135
No tenga espíritu de
contradición, que
es cargarse de necedad y de enfado; conjurarse ha contra él la cordura. Bien
puede ser ingenioso el dificultar en todo, pero no se escapa de necio lo
porfiado. Hazen estos guerrilla de la dulce conversación, y assí son enemigos
más de los familiares que de los que no les tratan. En el más sabroso vocado se
siente más la espina que se atraviessa, y eslo la contradición de los buenos
ratos; son necios perniciosos, que añaden lo fiera a lo bestia.
136
Ponerse bien
en las materias, tomar el pulso luego a los negocios. Vanse muchos o por
las ramas de un inútil discurrir, o por las ojas de una cansada vervosidad, sin
topar con la substancia del caso. Dan cien bueltas rodeando un punto, cansándose
y cansando, y nunca llegan al centro de la importancia. Procede de
entendimientos confusos, que no se saben desembarazar. Gastan el tiempo y la
paciencia en lo que avían de dexar, y después no la ai para lo que dexaron.
137
Bástese a sí mismo el sabio.
Él se era todas sus cosas, y llevándose a sí lo llebava todo. Si un amigo
universal basta hazer Roma y todo lo restante del Universo, séase uno esse amigo
de sí proprio, y podrá vivirse a solas. ¿Quién le podrá hazer falta si no ai ni
mayor concepto ni mayor gusto que el suyo? Dependerá de sí solo, que es
felicidad suma semejar a la entidad suma. El que puede passar assí a solas, nada
tendrá de bruto, sino mucho de sabio y todo de Dios.
138
Arte de dexar estar.
Y más quando más
rebuelta la común mar, o la familiar. Ai torbellinos en el humano trato,
tempestades de voluntad; entonces es cordura retirarse al seguro puerto del dar
vado. Muchas vezes empeoran los males con los remedios. Dexar hazer a la
naturaleza allí, y aquí a la moralidad. Tanto ha de saber el sabio médico para
recetar como para no recetar, y a vezes consiste el arte más en el no aplicar
remedios. Sea modo de sossegar vulgares torbellinos el alçar mano y dexar
sossegar; ceder al tiempo aora será vencer después. Una fuente con poca
inquietud se enturvia, ni se bolverá a serenar procurándolo, sino dexándola. No
ai mejor remedio de los desconciertos que dexallos correr, que assí caen de sí
proprios.
139
Conocer el día aziago,
que los ai: nada
saldrá bien; y, aunque se varíe el juego, pero no la mala suerte. A dos lances
convendrá conocerla y retirarse, advirtiendo si está de día o no lo está. Hasta
en el entendimiento ai vez, que ninguno supo a todas horas. Es ventura acertar a
discurrir, como el escrivir bien una carta. Todas las perfecciones dependen de
sazón, ni siempre la belleza está de vez; desmiéntese la discreción a sí misma,
ya cediendo, ya excediéndose; y todo para salir bien ha de estar de día. Assí
como en unos todo sale mal, en otros todo bien y con menos diligencias. Todo se
lo halla uno hecho, el ingenio está de vez, el genio de temple, y todo de
estrella. Entonces conviene lograrla y no desperdiciar la menor partícula. Pero
el varón juizioso no por un azar que vio sentencie definitivamente de malo, ni
al contrario, de bueno, que pudo ser aquello desazón y esto ventura.
140
Topar luego con lo bueno en
cada cosa. Es
dicha del buen gusto. Va luego la aveja a la dulçura para el panal, y la vívora
a la amargura para el veneno. Assí los gustos, unos a lo mejor y otros a lo
peor. No ai cosa que no tenga algo bueno, y más si es libro, por lo pensado. Es,
pues, tan desgraciado el genio de algunos, que entre mil perfecciones toparán
con solo un defecto que huviere, y esse lo censuran y lo celebran: recogedores
de las inmundicias de voluntades y de entendimientos, cargando de notas, de
defectos, que es más castigo de su mal delecto que empleo de su sutileza. Passan
mala vida, pues siempre se zeban de amarguras y hazen pasto de imperfecciones.
Más feliz es el gusto de otros que, entre mil defectos, toparán luego con una
sola perfección que se le cayó a la ventura.
141
No escucharse.
Poco aprovecha
agradarse a sí, si no contenta a los demás, y de ordinario castiga el desprecio
común la satisfación particular. Débese a todos el que se paga de sí mismo.
Querer hablar y oírse no sale bien; y si hablarse a solas es locura, escucharse
delante de otros será doblada. Achaque de señores es hablar con el bordón del
«¿digo algo?» y aquel «¿e?» que aporrea a los que escuchan. A cada razón orejean
la aprobación o la lisonja, apurando la cordura. También los hinchados hablan
con Eco, y como su conversación va en chapines de entono, a cada palabra
solicita el enfadoso socorro del necio «¡bien dicho!»
142
Nunca por tema seguir el
peor partido
porque el contrario se adelantó y escogió el mejor. Ya comiença vencido, y assí
será preciso ceder desairado: Nunca se vengará bien con el mal. Fue astucia del
contrario anticiparse a lo mejor, y necedad suya oponérsele tarde con lo peor.
Son éstos porfiados de obra más empeñados que los de palabra, quanto va más
riesgo del hazer al dezir. Vulgaridad de temáticos, no reparar en la verdad, por
contradezir, ni en la utilidad, por litigar. El atento siempre está de parte de
la razón, no de la passión, o anticipándose antes o mejorándose después; que si
es necio el contrario, por el mismo caso mudará de rumbo, passándose a la
contraria parte, con que empeorará de partido. Para echarle de lo mejor es único
remedio abraçar lo proprio, que su necedad le hará dexarlo y su tema le será
despeño.
143
No dar en Paradoxo por huir
de vulgar. Los
dos extremos son del descrédito. Todo assunto que desdize de la gravedad es ramo
de necedad. Lo paradoxo es un cierto engaño plausible a los principios, que
admira por lo nuevo y por lo picante; pero después con el desengaño del salir
tan mal queda mui desairado. Es especie de embeleco, y en materias políticas,
ruina de los estados. Los que no pueden llegar o no se atreven a lo heroico por
el camino de la virtud, echan por lo paradoxo, admirando necios y sacando
verdaderos a muchos cuerdos. Arguye destemplança en el dictamen, y por esso tan
opuesto a la prudencia; y si tal vez no se funda en lo falso, por lo menos en lo
incierto, con gran riesgo de la importancia.
144
Entrar con la agena para
salir con la suya.
Es estratagema del conseguir. Aun en las materias del Cielo encargan esta santa
astucia los Christianos maestros. Es un importante dissimulo, porque sirve de
zebo la concebida utilidad para coger una voluntad: parécele que va delante la
suya, y no es más de para abrir camino a la pretensión agena. Nunca se ha de
entrar a lo desatinado, y más donde ai fondo de peligro. También con personas
cuya primera palabra suele ser el No conviene desmentir el tiro, porque
no se advierta la dificultad del conceder, mucho más quando se presiente la
aversión. Pertenece este aviso a los de segunda intención, que todos son de la
quinta sutileza.
145
No descubrir el dedo malo,
que todo topará
allí. No quexarse dél, que siempre sacude la malicia adonde le duele a la
flaqueza. No servirá el picarse uno sino de picar el gusto al entretenimiento.
Va buscando la mala intención el achaque de hazer saltar: arroja varillas para
hallarle el sentimiento, hará la prueva de mil modos hasta llegar al vivo. Nunca
el atento se dé por entendido, ni descubra su mal, o personal o heredado, que
hasta la fortuna se deleita a vezes de lastimar donde más ha de doler. Siempre
mortifica en lo vivo; por esto no se ha de descubrir, ni lo que mortifica, ni lo
que vivifica: uno para que se acabe, otro para que dure.
146
Mirar por dentro.
Hállanse de ordinario
ser mui otras las cosas de lo que parecían; y la ignorancia que no passó de la
corteza se convierte en desengaño quando se penetra al interior. La mentira es
siempre la primera en todo, arrastra necios por vulgaridad continuada. La verdad
siempre llega la última, y tarde, coxeando con el tiempo; resérvanle los cuerdos
la otra metad de la potencia que sabiamente duplicó la común madre. Es el engaño
mui superficial, y topan luego con él los que lo son. El acierto vive retirado a
su interior para ser más estimado de sus sabios y discretos.
147
No ser inaccessible.
Ninguno ai tan perfecto,
que alguna vez no necessite de advertencia. Es irremediable de necio el que no
escucha; el más esento ha de dar lugar al amigable aviso, ni la soberanía ha de
excluir la docilidad. Ai hombres irremediables por inacessibles, que se despeñan
porque nadie osa llegar a detenerlos. El más entero ha de tener una puerta
avierta a la amistad, y será la del socorro; ha de tener lugar un amigo para
poder con desembaraço avisarle, y aun castigarle. La satisfacción le ha de poner
en esta autoridad, y el gran concepto de su fidelidad y prudencia. No a todos se
les ha de facilitar el respeto, ni aun el crédito; pero tenga en el retrete de
su recato un fiel espejo de un confidente a quien deva y estime la corrección en
el desengaño.
148
Tener el arte de conversar,
en que se haze
muestra de ser persona. En ningún exercicio humano se requiere más la atención,
por ser el más ordinario del vivir. Aquí es el perderse o el ganarse; que si es
necessaria la advertencia para escrivir una carta, con ser conversación de
pensado, y por escrito, ¡quánto más en la ordinaria, donde se haze examen pronto
de la discreción! Toman los peritos el pulso al ánimo en la lengua, y en fe de
ella dixo el Sabio: «Habla, si quieres que te conozca». Tienen algunos por arte
en la conversación el ir sin ella, que ha de ser olgada, como el vestir,
entiéndese entre mui amigos; que quando es de respeto ha de ser más substancial,
y que indique la mucha substancia de la persona. Para acertarse se ha de ajustar
al genio y al ingenio de los que tercian. No ha de afetar el ser censor de las
palabras, que será tenido por gramático, ni menos fiscal de las razones, que le
hurtarán todos el trato y le vedarán la comunicación. La discreción en el hablar
importa más que la eloqüencia.
149
Saber declinar a otro los
males. Tener
escudos contra la malevolencia, gran treta de los que goviernan. No nace de
incapacidad, como la malicia piensa, sí de industria superior, tener en quien
recaiga la censura de los desaciertos, y el castigo común de la murmuración. No
todo puede salir bien, ni a todos se puede contentar. Aya, pues, un testa de
yerros, terrero de infelizidades, a costa de su misma ambición.
150
Saber vender sus cosas.
No basta la
intrínseca bondad dellas, que no todos muerden la substancia, ni miran por
dentro. Acuden los más adonde al concurso, van porque ven ir a otros. Es gran
parte del artificio saber acreditar: unas vezes celebrando, que la alabança es
solicitadora del deseo; otras, dando buen nombre, que es un gran modo de
sublimar, desmintiendo siempre la afectación. El destinar para solos los
entendidos es picón general, porque todos se lo piensan, y quando no, la
privación espoleará el deseo. Nunca se han de acreditar de fáciles, ni de
comunes, los assuntos, que más es vulgarizarlos que facilitarlos; todos pican en
lo singular por más apetecible, tanto al gusto como al ingenio.
Si nuestra página y nuestra labor te gustan... Colabora !!!

|