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El Arte de la Guerra
Sobre la
evaluación , Sobre la iniciación de las
acciones , Sobre las proposiciones de la
victoria o la derrota , Sobre la medida en
la disposición de los medios , Sobre la
firmeza , Sobre lo lleno y lo vacío ,
Sobre el enfrentamiento directo e indirecto
, Sobre los nueve cambios ,
Sobre la distribución de los medios ,
Sobre la topología ,
Sobre las nueve clases de terreno , Sobre el
arte de atacar por el fuego , Sobre la
concordia y la discordia .
Sobre las proposiciones
de la victoria y la derrota
Como regla general, es
mejor conservar a un enemigo intacto que destruirlo. Capturar a sus
soldados para conquistarlos y dominas a sus jefes.
Un General decía:
"Practica las artes marciales, calcula la fuerza de tus adversarios, haz
que pierdan su ánimo y dirección, de manera que aunque el ejército
enemigo esté intacto sea inservible: esto es ganar sin violencia. Si
destruyes al ejército enemigo y matas a sus generales, asaltas sus
defensas disparando, reúnes a una muchedumbre y usurpas un territorio,
todo esto es ganar por la fuerza."
Por esto, los que ganan
todas las batallas no son realmente profesionales; los que consiguen que
se rindan impotentes los ejércitos ajenos sin luchar son los mejores
maestros del Arte de la Guerra.
Los guerreros
superiores atacan mientras los enemigos están proyectando sus planes.
Luego deshacen sus
alianzas.
Por eso, un gran
emperador decía: "El que lucha por la victoria frente a espadas desnudas
no es un buen general." La peor táctica es atacar a una ciudad. Asediar,
acorralar a una ciudad sólo se lleva a cabo como último recurso.
Emplea no menos de tres
meses en preparar tus artefactos y otros tres para coordinar los
recursos para tu asedio. Nunca se debe atacar por cólera y con prisas.
Es aconsejable tomarse tiempo en la planificación y coordinación del
plan.
Por lo tanto, un
verdadero maestro de las artes marciales vence a otras fuerzas enemigas
sin batalla, conquista otras ciudades sin asediarlas y destruye a otros
ejércitos sin emplear mucho tiempo.
Un maestro experto en
las artes marciales deshace los planes de los enemigos, estropea sus
relaciones y alianzas, le corta los suministros o bloquea su camino,
venciendo mediante estas tácticas sin necesidad de luchar.
Es imprescindible
luchar contra todas las facciones enemigas para obtener una victoria
completa, de manera que su ejército no quede acuartelado y el beneficio
sea total. Esta es la ley del asedio estratégico.
La victoria completa se
produce cuando el ejército no lucha, la ciudad no es asediada, la
destrucción no se prolonga durante mucho tiempo, y en cada caso el
enemigo es vencido por el empleo de la estrategia.
Así pues, la regla de
la utilización de la fuerza es la siguiente: si tus fuerzas son diez
veces superiores a las del adversario, rodéalo; si son cinco veces
superiores, atácalo; si son dos veces superiores, divídelo.
Si tus fuerzas son
iguales en número, lucha si te es posible. Si tus fuerzas son
inferiores, manténte continuamente en guardia, pues el más pequeño fallo
te acarrearía las peores consecuencias. Trata de mantenerte al abrigo y
evita en lo posible un enfrentamiento abierto con él; la prudencia y la
firmeza de un pequeño número de personas pueden llegar a cansar y a
dominar incluso a numerosos ejércitos.
Este consejo se aplica
en los casos en que todos los factores son equivalentes. Si tus fuerzas
están en orden mientras que las suyas están inmersas en el caos, si tú y
tus fuerzas están con ánimo y ellos desmoralizados, entonces, aunque
sean más numerosos, puedes entrar en batalla. Si tus soldados, tus
fuerzas, tu estrategia y tu valor son menores que las de tu adversario,
entonces debes retirarte y buscar una salida.
En consecuencia, si el
bando más pequeño es obstinado, cae prisionero del bando más grande.
Esto quiere decir que
si un pequeño ejército no hace una valoración adecuada de su poder y se
atreve a enemistarse con una gran potencia, por mucho que su defensa sea
firme, inevitablemente se convertirá en conquistado. "Si no puedes ser
fuerte, pero tampoco sabes ser débil, serás derrotado." Los generales
son servidores del Pueblo. Cuando su servicio es completo, el Pueblo es
fuerte. Cuando su servicio es defectuoso, el Pueblo es débil.
Así pues, existen tres
maneras en las que un Príncipe lleva al ejército al desastre. Cuando un
Príncipe, ignorando los hechos, ordena avanzar a sus ejércitos o
retirarse cuando no deben hacerlo; a esto se le llama inmovilizar al
ejército. Cuando un Príncipe ignora los asuntos militares, pero comparte
en pie de igualdad el mando del ejército, los soldados acaban confusos.
Cuando el Príncipe ignora cómo llevar a cabo las maniobras militares,
pero comparte por igual su dirección, los soldados están vacilantes. Una
vez que los ejércitos están confusos y vacilantes, empiezan los
problemas procedentes de los adversarios. A esto se le llama perder la
victoria por trastornar el aspecto militar.
Si intentas utilizar
los métodos de un gobierno civil para dirigir una operación militar, la
operación será confusa.
Triunfan aquellos que:
Saben cuándo luchar y
cuándo no
Saben discernir cuándo
utilizar muchas o pocas tropas.
Tienen tropas cuyos
rangos superiores e inferiores tienen el mismo objetivo.
Se enfrentan con
preparativos a enemigos desprevenidos.
Tienen generales
competentes y no limitados por sus gobiernos civiles.
Estas cinco son las
maneras de conocer al futuro vencedor.
Hablar de que el
Príncipe sea el que da las órdenes en todo es como el General
solicitarle permiso al Príncipe para poder apagar un fuego: para cuando
sea autorizado, ya no quedan sino cenizas.
Si conoces a los demás
y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro; si no
conoces a los demás, pero te conoces a ti mismo, perderás una batalla y
ganarás otra; si no conoces a los demás ni te conoces a ti mismo,
correrás peligro en cada batalla.
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