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El Arte de la Guerra
Sobre la
evaluación , Sobre la iniciación de las
acciones , Sobre las proposiciones de la
victoria o la derrota , Sobre la medida en
la disposición de los medios , Sobre la
firmeza , Sobre lo lleno y lo vacío ,
Sobre el enfrentamiento directo e indirecto
, Sobre los nueve cambios ,
Sobre la distribución de los medios ,
Sobre la topología ,
Sobre las nueve clases de terreno , Sobre el
arte de atacar por el fuego , Sobre la
concordia y la discordia .
Sobre
la topología
Algunos terrenos son
fáciles, otros difíciles, algunos neutros, otros estrechos, accidentados
o abiertos.
Cuando el terreno sea
accesible, sé el primero en establecer tu posición, eligiendo las
alturas soleadas; una posición que sea adecuada para transportar los
suministros; así tendrás ventaja cuando libres la batalla.
Cuando estés en un
terreno difícil de salir, estás limitado. En este terreno, si tu enemigo
no está preparado, puedes vencer si sigues adelante, pero si el enemigo
está preparado y sigues adelante, tendrás muchas dificultades para
volver de nuevo a él, lo cual jugará en contra tuya.
Cuando es un terreno
desfavorable para ambos bandos, se dice que es un terreno neutro.
En un terreno neutro,
incluso si el adversario te ofrece una ventaja, no te aproveches de
ella: retírate, induciendo a salir a la mitad de las tropas enemigas, y
entonces cae sobre él aprovechándote de esta condición favorable.
En un terreno estrecho,
si eres el primero en llegar, debes ocuparlo totalmente y esperar al
adversario. Si él llega antes, no lo persigas si bloquea los
desfiladeros. Persíguelo sólo si no los bloquea.
En terreno accidentado,
si eres el primero en llegar, debes ocupar sus puntos altos y soleados y
esperar al adversario. Si éste los ha ocupado antes, retírate y no lo
persigas.
En un terreno abierto,
la fuerza del ímpetu se encuentra igualada, y es difícil provocarle a
combatir de manera desventajosa para él.
Entender estas seis
clases de terreno es la responsabilidad principal del general, y es
imprescindible considerarlos.
Éstas son las
configuraciones del terreno; los generales que las ignoran salen
derrotados.
Así pues, entre las
tropas están las que huyen, la que se retraen, las que se derrumban, las
que se rebelan y las que son derrotadas. Ninguna de estas circunstancias
constituyen desastres naturales, sino que son debidas a los errores de
los generales.
Las tropas que tienen
el mismo ímpetu, pero que atacan en proporción de uno contra diez, salen
derrotadas. Los que tienen tropas fuertes pero cuyos oficiales son
débiles, quedan retraídos.
Los que tienen soldados
débiles al mando de oficiales fuertes, se verán en apuros. Cuando los
oficiales superiores están encolerizados y son violentos, y se enfrentan
al enemigo por su cuenta y por despecho, y cuando los generales ignoran
sus capacidades, el ejército se desmoronará.
Como norma general,
para poder vencer al enemigo, todo el mando militar debe tener una sola
intención y todas las fuerzas militares deben cooperar.
Cuando los generales
son débiles y carecen de autoridad, cuando las órdenes no son claras,
cuando oficiales y soldados no tienen solidez y las formaciones son
anárquicas, se produce revuelta.
Los generales que son
derrotados son aquellos que son incapaces de calibrar a los adversarios,
entran en combate con fuerzas superiores en número o mejor equipadas, y
no seleccionan a sus tropas según los niveles de preparación de las
mismas.
Si empleas soldados sin
seleccionar a los preparados de los no preparados, a los arrojados y a
los timoratos, te estás buscando tu propia derrota.
Estas son las seis
maneras de ser derrotado. La comprensión de estas situaciones es la
responsabilidad suprema de los generales y deben ser consideradas.
La primera es no
calibrar el número de fuerzas; la segunda, la ausencia de un sistema
claro de recompensas y castigos; la tercera, la insuficiencia de
entrenamiento; la cuarta es la pasión irracional; la quinta es la
ineficacia de la ley del orden; y la sexta es el fallo de no seleccionar
a los soldados fuertes y resueltos.
La configuración del
terreno puede ser un apoyo para el ejército; para los jefes militares,
el curso de la acción adecuada es calibrar al adversario para asegurar
la victoria y calcular los riesgos y las distancias. Salen vencedores
los que libran batallas conociendo estos elementos; salen derrotados los
que luchan ignorándolos.
Por lo tanto, cuando
las leyes de la guerra señalan una victoria segura es claramente
apropiado entablar batalla, incluso si el gobierno ha dada órdenes de no
atacar. Si las leyes de la guerra no indican una victoria segura, es
adecuado no entrar en batalla, aunque el gobierno haya dada la orden de
atacar. De este modo se avanza sin pretender la gloria, se ordena la
retirada sin evitar la responsabilidad, con el único propósito de
proteger a la población y en beneficio también del gobierno; así se
rinde un servicio valioso a la nación.
Avanzar y retirarse en
contra de las órdenes del gobierno no se hace por interés personal, sino
para salvaguardar las vidas de la población y en auténtico beneficio del
gobierno.
Servidores de esta
talla son muy útiles para un pueblo.
Mira por tus soldados
como miras por un recién nacido; así estarán dispuestos a seguirte hasta
los valles más profundos; cuida de tus soldados como cuidas de tus
queridos hijos, y morirán gustosamente contigo.
Pero si eres tan amable
con ellos que no los puedes utilizar, si eres tan indulgente que no les
puedes dar órdenes, tan informal que no puedes disciplinarlos, tus
soldados serán como niños mimados y, por lo tanto, inservibles.
Las recompensas no
deben utilizarse solas, ni debe confiarse solamente en los castigos.
En caso contrario, las
tropas, como niños mimosos, se acostumbran a disfrutar o a quedar
resentidas por todo. Esto es dañino y los vuelve inservibles.
Si sabes que tus
soldados son capaces de atacar, pero ignoras si el enemigo es
invulnerable a un ataque, tienes sólo la mitad de posibilidades de
ganar. Si sabes que tu enemigo es vulnerable a un ataque, pero ignoras
si tus soldados son capaces de atacar, sólo tienes la mitad de
posibilidades de ganar. Si sabes que el enemigo es vulnerable a un
ataque, y tus soldados pueden llevarlo a cabo, pero ignoras si la
condición del terreno es favorable para la batalla, tienes la mitad de
probabilidades de vencer.
Por lo tanto, los que
conocen las artes marciales no pierden el tiempo cuando efectúan sus
movimientos, ni se agotan cuando atacan. Debido a esto se dice que
cuando te conoces a ti mismo y conoces a los demás, la victoria no es un
peligro; cuando conoces el cielo y la tierra, la victoria es inagotable.
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