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El Arte de la Guerra
Sobre la
evaluación , Sobre la iniciación de las
acciones , Sobre las proposiciones de la
victoria o la derrota , Sobre la medida en
la disposición de los medios , Sobre la
firmeza , Sobre lo lleno y lo vacío ,
Sobre el enfrentamiento directo e indirecto
, Sobre los nueve cambios ,
Sobre la distribución de los medios ,
Sobre la topología ,
Sobre las nueve clases de terreno , Sobre el
arte de atacar por el fuego , Sobre la
concordia y la discordia .
Sobre
lo lleno y lo vacío
Los que anticipan, se
preparan y llegan primero al campo de batalla y esperan al adversario
están en posición descansada; los que llegan los últimos al campo de
batalla, los que improvisan y entablan la lucha quedan agotados.
Los buenos guerreros
hacen que los adversarios vengan a ellos, y de ningún modo se dejan
atraer fuera de su fortaleza.
Si haces que los
adversarios vengan a ti para combatir, su fuerza estará siempre vacía.
Si no sales a combatir, tu fuerza estará siempre llena. Este es el arte
de vaciar a los demás y de llenarte a ti mismo.
Lo que impulsa a los
adversarios a venir hacia ti por propia decisión es la perspectiva de
ganar. Lo que desanima a los adversarios de ir hacia ti es la
probabilidad de sufrir daños. Cuando los adversarios están en posición
favorable, debes cansarlos. Cuando están bien alimentados, cortar los
suministros. Cuando están descansando, hacer que se pongan en
movimiento.
Ataca inesperadamente,
haciendo que los adversarios se agoten corriendo para salvar sus vidas.
Interrumpe sus provisiones, arrasa sus campos y corta sus vías de
aprovisionamiento. Aparece en lugares críticos y ataca donde menos se lo
esperen, haciendo que tengan que acudir al rescate.
Aparece donde no puedan
ir, se dirige hacia donde menos se lo esperen. Para desplazarte cientos
de kilómetros sin cansancio, atraviesa tierras despobladas.
Atacar un espacio
abierto no significa sólo un espacio en el que el enemigo no tiene
defensa. Mientras su defensa no sea estricta - el lugar no esté bien
guardado -, los enemigos se desperdigarán ante ti, como si estuvieras
atravesando un territorio despoblado.
Para tomar
infaliblemente lo que atacas, ataca donde no haya defensa. Para mantener
una defensa infaliblemente segura, defiende donde no haya ataque.
Así, en el caso de los
que son expertos en el ataque, sus enemigos no saben por dónde atacar.
Cuando se cumplen las
instrucciones, las personas son sinceramente leales y comprometidas, los
planes y preparativos para la defensa implantados con firmeza, siendo
tan sutil y reservado que no se revelan las estrategias de ninguna
forma, y los adversarios se sienten inseguros, y su inteligencia no les
sirve para nada.
Sé extremadamente
sutil, discreto, hasta el punto de no tener forma. Sé completamente
misterioso y confidencial, hasta el punto de ser silencioso. De esta
manera podrás dirigir el destino de tus adversarios.
Para avanzar sin
encontrar resistencia, arremete por sus puntos débiles. Para retirarte
de manera esquiva, sé más rápido que ellos.
Las situaciones
militares se basan en la velocidad: llega como el viento, muévete como
el relámpago, y los adversarios no podrán vencerte.
Por lo tanto, cuando
quieras entrar en batalla, incluso si el adversario está atrincherado en
una posición defensiva, no podrá evitar luchar si atacas en el lugar en
el que debe acudir irremediablemente al rescate.
Cuando no quieras
entrar en batalla, incluso si trazas una línea en el terreno que quieres
conservar, el adversario no puede combatir contigo porque le das una
falsa pista.
Esto significa que
cuando los adversarios llegan para atacarte, no luchas con ellos, sino
que estableces un cambio estratégico para confundirlos y llenarlos de
incertidumbre.
Por consiguiente,
cuando induces a otros a efectuar una formación, mientras que tú mismo
permaneces sin forma, estás concentrado, mientras que tu adversario está
dividido.
Haz que los adversarios
vean como extraordinario lo que es ordinario para ti; haz que vean como
ordinario lo que es extraordinario para ti. Esto es inducir al enemigo a
efectuar una formación. Una vez vista la formación del adversario,
concentras tus tropas contra él. Como tu formación no está a la vista,
el adversario dividirá seguramente sus fuerzas.
Cuando estás
concentrado formando una sola fuerza, mientras que el enemigo está
dividido en diez, estás atacando a una concentración de uno contra diez,
así que tus fuerzas superan a las suyas.
Si puedes atacar a unos
pocos soldados con muchos, diezmarás el número de tus adversarios.
Cuando estás
fuertemente atrincherado, te has hecho fuerte tras buenas barricadas, y
no dejas filtrar ninguna información sobre tus fuerzas, sal afuera sin
formación precisa, ataca y conquista de manera incontenible.
No han de conocer dónde
piensas librar la batalla, porque cuando no se conoce, el enemigo
destaca muchos puestos de vigilancia, y en el momento en el que se
establecen numerosos puestos sólo tienes que combatir contra pequeñas
unidades.
Así pues, cuando su
vanguardia está preparada, su retaguardia es defectuosa, y cuando su
retaguardia está preparada, su vanguardia presenta puntos débiles.
Las preparaciones de su
ala derecha significarán carencia en su ala izquierda. Las preparaciones
por todas partes significará ser vulnerable por todas partes. Esto
significa que cuando las tropas están de guardia en muchos lugares,
están forzosamente desperdigadas en pequeñas unidades.
Cuando se dispone de
pocos soldados se está a la defensiva contra el adversario el que
dispone de muchos hace que el enemigo tenga que defenderse.
Cuantas más defensas
induces a adoptar a tu enemigo, más debilitado quedará.
Así, si conoces el
lugar y la fecha de la batalla, puedes acudir a ella aunque estés a mil
kilómetros de distancia. Si no conoces el lugar y la fecha de la
batalla, entonces tu flanco izquierdo no puede salvar al derecho, tu
vanguardia no puede salvar a tu retaguardia, y tu retaguardia no puede
salvar a tu vanguardia, ni siquiera en un territorio de unas pocas
docenas de kilómetros.
Si tienes muchas más
tropas que los demás, ¿cómo puede ayudarte este factor para obtener la
victoria?
Si no conoces el lugar
y la fecha de la batalla, aunque tus tropas sean más numerosas que las
de ellos, ¿cómo puedes saber si vas a ganar o a perder?
Así pues, se dice que
la victoria puede ser creada.
Si haces que los
adversarios no sepan el lugar y la fecha de la batalla, siempre puedes
vencer.
Incluso si los enemigos
son numerosos, puede hacerse que no entren en combate.
Por tanto, haz tu
valoración sobre ellos para averiguar sus planes, y determinar qué
estrategia puede tener éxito y cuál no. Incítalos a la acción para
descubrir cuál es el esquema general de sus movimientos y descansa.
Haz algo por o en
contra de ellos para su atención, de manera que puedas de ellos para
atraer descubrir sus hábitos de comportamiento de ataque y de defensa.
Indúcelos a adoptar
formaciones específicas, para conocer sus puntos flacos.
Esto significa utilizar
muchos métodos para confundir y perturbar al enemigo con el objetivo de
observar sus formas de respuesta hacia ti; después de haberlas
observado, actúas en consecuencia, de manera que puedes saber qué clase
de situaciones significan vida y cuáles significan muerte.
Pruébalos para
averiguar sus puntos fuertes y sus puntos débiles. Por lo tanto, el
punto final de la formación de un ejército es llegar a la no forma.
Cuando no tienes forma, los informadores no pueden descubrir nada, ya
que la información no puede crear una estrategia.
Una vez que no tienes
forma perceptible, no dejas huellas que puedan ser seguidas, los
informadores no encuentran ninguna grieta por donde mirar y los que
están a cargo de la planificación no pueden establecer ningún plan
realizable.
La victoria sobre
multitudes mediante formaciones precisas debe ser desconocida para las
multitudes. Todo el mundo conoce la forma mediante la que resultó
vencedor, pero nadie conoce la forma mediante la que aseguró la
victoria.
En consecuencia, la
victoria en la guerra no es repetitiva, sino que adapta su forma
continuamente.
Determinar los cambios
apropiados, significa no repetir las estrategias previas para obtener la
victoria. Para lograrla, puedo adaptarme desde el principio a cualquier
formación que los adversarios puedan adoptar.
Las formaciones son
como el agua: la naturaleza del agua es evitar lo alto e ir hacia abajo;
la naturaleza de los ejércitos es evitar lo lleno y atacar lo vacío; el
flujo del agua está determinado par la tierra; la victoria viene
determinada por el adversario.
Así pues, un ejército
no tiene formación constante, lo mismo que el agua no tiene forma
constante: se llama genio a la capacidad de obtener la victoria
cambiando y adaptándose según el enemigo.
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