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El Arte de la Guerra
Sobre la
evaluación , Sobre la iniciación de las
acciones , Sobre las proposiciones de la
victoria o la derrota , Sobre la medida en
la disposición de los medios , Sobre la
firmeza , Sobre lo lleno y lo vacío ,
Sobre el enfrentamiento directo e indirecto
, Sobre los nueve cambios ,
Sobre la distribución de los medios ,
Sobre la topología ,
Sobre las nueve clases de terreno , Sobre el
arte de atacar por el fuego , Sobre la
concordia y la discordia .
Sobre
el enfrentamiento directo e indirecto
La regla ordinaria para
el uso del ejército es que el mando del ejército reciba órdenes de las
autoridades civiles y después reúne y concentra a las tropas,
acuartelándolas juntas.
Nada es más difícil que
la lucha armada.
Luchar con otros cara a
cara para conseguir ventajas es lo más arduo del mundo.
La dificultad de la
lucha armada es hacer cercanas las distancias largas y convertir los
problemas en ventajas.
Mientras que das la
apariencia de estar muy lejos, empiezas tu camino y llegas antes que el
enemigo.
Por lo tanto, haces que
su ruta sea larga, atrayéndole con la esperanza de ganar. Cuando
emprendes la marcha después que los otros y llegas antes que ellos,
conoces la estrategia de hacer que las distancias sean cercanas.
Sírvete de una unidad
especial para engañar al enemigo atrayéndole a una falsa persecución,
haciéndole creer que el grueso de tus fuerzas está muy lejos; entonces,
lanzas una fuerza de ataque sorpresa que llega antes, aunque emprendió
el camino después.
Por consiguiente, la
lucha armada puede ser provechosa y puede ser peligrosa.
Para el experto es
provechosa, para el inexperto peligrosa.
Movilizar a todo el
ejército para el combate en aras de obtener alguna ventaja tomaría mucho
tiempo, pero combatir por una ventaja con un ejército incompleto tendría
como resultado una falta de recursos.
Si te movilizas
rápidamente y sin parar día y noche, recorriendo el doble de la
distancia habitual, y si luchas por obtener alguna ventaja a miles de
kilómetros, tus jefes militares serán hechos prisioneros. Los soldados
que sean fuertes llegarán allí primero, los más cansados llegarán
después - como regla general, sólo lo conseguirá uno de cada diez.
Cuando la ruta es larga
las tropas se cansan; si han gastado su fuerza en la movilización,
llegan agotadas mientras que sus adversarios están frescos; así pues, es
seguro que serán atacadas.
Combatir por una
ventaja a cincuenta kilómetros de distancia frustrará los planes del
mando, y, como regla general, sólo la mitad de los soldados lo harán.
Si se combate por
obtener una ventaja a treinta kilómetros de distancia, sólo dos de cada
tres soldados los recorrerán.
Así pues, un ejército
perece si no está equipado, si no tiene provisiones o si no tiene
dinero.
Estas tres cosas son
necesarias: no puedes combatir para ganar con un ejército no equipado, o
sin provisiones, lo que el dinero facilita.
Por tanto, si ignoras
los planes de tus rivales, no puedes hacer alianzas precisas.
A menos que conozcas
las montañas y los bosques, los desfiladeros y los pasos, y la condición
de los pantanos, no puedes maniobrar con una fuerza armada. A menos que
utilices guías locales, no puedes aprovecharte de las ventajas del
terreno.
Sólo cuando conoces
cada detalle de la condición del terreno puedes maniobrar y guerrear.
Por consiguiente, una
fuerza militar se usa según la estrategia prevista, se moviliza mediante
la esperanza de recompensa, y se adapta mediante la división y la
combinación.
Una fuerza militar se
establece mediante la estrategia en el sentido de que distraes al
enemigo para que no pueda conocer cuál es tu situación real y no pueda
imponer su supremacía. Se moviliza mediante la esperanza de recompensa,
en el sentido de que entra en acción cuando ve la posibilidad de obtener
una ventaja. Dividir y volver a hacer combinaciones de tropas se hace
para confundir al adversario y observar cómo reacciona frente a ti; de
esta manera puedes adaptarte para obtener la victoria.
Por eso, cuando una
fuerza militar se mueve con rapidez es como el viento; cuando va
lentamente es como el bosque; es voraz como el fuego e inmóvil como las
montañas.
Es rápida como el
viento en el sentido que llega sin avisar y desaparece como el
relámpago. Es como un bosque porque tiene un orden. Es voraz como el
fuego que devasta una planicie sin dejar tras sí ni una brizna de
hierba. Es inmóvil como una montaña cuando se acuartela.
Es tan difícil de
conocer como la oscuridad; su movimiento es como un trueno que retumba.
Para ocupar un lugar,
divide a tus tropas. Para expandir tu territorio, divide los beneficios.
La regla general de las
operaciones militares es desproveer de alimentos al enemigo todo lo que
se pueda. Sin embargo, en localidades donde la gente no tiene mucho, es
necesario dividir a las tropas en grupos más pequeños para que puedan
tomar en diversas partes lo que necesitan, ya que sólo así tendrán
suficiente.
En cuanto a dividir el
botín, significa que es necesario repartirlo entre las tropas para
guardar lo que ha sido ganado, no dejando que el enemigo lo recupere.
Actúa después de haber
hecho una estimación. Gana el que conoce primero la medida de lo que
está lejos y lo que está cerca: ésta es la regla general de la lucha
armada.
El primero que hace el
movimiento es el "invitado", el último es el "anfitrión". El "invitado"
lo tiene difícil, el "anfitrión lo tiene fácil". Cerca y lejos
significan desplazamiento: el cansancio, el hambre y el frío surgen del
desplazamiento.
Un antiguo libro que
trata de asuntos militares dice: "Las palabras no son escuchadas, para
eso se hacen los símbolos y los tambores. Las banderas y los estandartes
se hacen a causa de la ausencia de visibilidad." Símbolos, tambores,
banderas y estandartes se utilizan para concentrar y unificar los oídos
y los ojos de los soldados. Una vez que están unificados, el valiente no
puede actuar solo, ni el tímido puede retirarse solo: ésta es la regla
general del empleo de un grupo.
Unificar los oídos y
los ojos de los soldados significa hacer que miren y escuchen al unísono
de manera que no caigan en la confusión y el desorden. La señales se
utilizan para indicar direcciones e impedir que los individuos vayan a
donde se les antoje.
Así pues, en batallas
nocturnas, utiliza fuegos y tambores, y en batallas diurnas sírvete de
banderas y estandartes, para manipular los oídos y los ojos de los
soldados.
Utiliza muchas señales
para confundir las percepciones del enemigo y hacerle temer tu temible
poder militar.
De esta forma, haces
desaparecer la energía de sus ejércitos y desmoralizas a sus generales.
En primer lugar, has de
ser capaz de mantenerte firme en tu propio corazón; sólo entonces puedes
desmoralizar a los generales enemigos. Por esto, la tradición afirma que
los habitantes de otros tiempos tenían la firmeza para desmoralizar, y
la antigua ley de los que conducían carros de combate decía que cuando
la mente original es firme, la energía fresca es victoriosa.
De este modo, la
energía de la mañana está llena de ardor, la del mediodía decae y la
energía de la noche se retira; en consecuencia, los expertos en el
manejo de las armas prefieren la energía entusiasta, atacan la decadente
y la que se bate en retirada. Son ellos los que dominan la energía.
Cualquier débil en el
mundo se dispone a combatir en un minuto si se siente animado, pero
cuando se trata realmente de tomar las armas y de entrar en batalla, es
poseído por la energía; cuando esta energía se desvanece, se detendrá,
estará asustado y se arrepentirá de haber comenzado. La razón por la que
esa clase de ejércitos miran por encima del hombro a enemigos fuertes,
lo mismo que miran a las doncellas vírgenes, es porque se están
aprovechando de su agresividad, estimulada por cualquier causa.
Utilizar el orden para
enfrentarse al desorden, utilizar la calma para enfrentarse con los que
se agitan, esto es dominar el corazón.
A menos que tu corazón
esté totalmente abierto y tu mente en orden, no puedes esperar ser capaz
de adaptarte a responder sin límites, a manejar los acontecimientos de
manera infalible, a enfrentarte a dificultades graves e inesperadas sin
turbarte, dirigiendo cada cosa sin confusión.
Dominar la fuerza es
esperar a los que vienen de lejos, aguardar con toda comodidad a los que
se han fatigado, y con el estómago saciado a los hambrientos.
Esto es lo que se
quiere decir cuando se habla de atraer a otros hacia donde estás, al
tiempo que evitas ser inducido a ir hacia donde están ellos.
Evitar la confrontación
contra formaciones de combate bien ordenadas y no atacar grandes
batallones constituye el dominio de la adaptación.
Por tanto, la regla
general de las operaciones militares es no enfrentarse a una gran
montaña ni oponerse al enemigo de espaldas a ésta.
Esto significa que si
los adversarios están en un terreno elevado, no debes atacarles cuesta
arriba, y que cuando efectúan una carga cuesta abajo, no debes hacerles
frente.
No persigas a los
enemigos cuando finjan una retirada, ni ataques tropas expertas.
Si los adversarios
huyen de repente antes de agotar su energía, seguramente hay emboscadas
esperándote para atacar a tus tropas; en este caso, debes retener a tus
oficiales para que no se lancen en su persecución.
No consumas la comida
de sus soldados.
Si el enemigo abandona
de repente sus provisiones, éstas han de ser probadas antes de ser
comidas, por si están envenenadas.
No detengas a ningún
ejército que esté en camino a su país.
Bajo estas
circunstancias, un adversario luchará hasta la muerte. Hay que dejarle
una salida a un ejército rodeado.
Muéstrales una manera
de salvar la vida para que no estén dispuestos a luchar hasta la muerte,
y así podrás aprovecharte para atacarles.
No presiones a un
enemigo desesperado.
Un animal agotado
seguirá luchando, pues esa es la ley de la naturaleza.
Estas son las leyes de
las operaciones militares.
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