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Los Cuatro Libros Clásicos -
Confucio
Si
el hombre sabio observa una conducta displicente, no inspirará respeto;
si se limita a estudiar, sus conocimientos no serán profundos. Debéis
ser siempre sinceros, fieles y
actuar con buena fe. No entabléis amistad con personas
de virtud o conocimientos inferiores a los vuestros. Si tenéis algún
defecto, procurad corregirlo.
La
cortesía que debe
presidir nuestras actuaciones cotidianas se fundamenta principalmente en
el respeto y comprensión hacia todos.
Se puede calificar de
" hombre superior
" el que primero pone en práctica sus ideas, y después predica a los
demás lo que él ya realiza.
La verdadera ciencia
consiste en conocer que se sabe lo que realmente se sabe, y que se
ignora lo que en verdad se ignora. En esto consiste la
verdadera sabiduría.
Aprende a escuchar
sin descanso para disipar tus dudas; mire tus palabras, para que nada de
lo que digas sea superfluo; sólo de este modo lograrás evitar todo
error. Obsérvalo todo, para prevenir los daños que pudiera ocasionarte
una insuficiente información. Controla tus acciones, y así no tendrás
que arrepentirte con frecuencia de ellas. En cuanto hayas conseguido que
tus palabras sean normalmente rectas, y no debas arrepentirte con
frecuencia de tus acciones, serás
digno del cargo que ocupas.
Conocer lo que es
justo y no practicarlo es una
cobardía.
El hombre superior no
discute ni se pelea con nadie. Sólo discute cuando es preciso aclarar
alguna cosa, pero aún entonces cede el primer lugar a su antagonista
vencido y sube con él a la sala; terminada la
discusión, bebe con su
contrincante en señal de paz. Estas son las únicas discusiones del
hombre superior.
Los hombres
ambicionan las riquezas y los honores, pero si no es posible obtenerlos
por medios honestos y rectos, deben renunciar a estos bienes. Los
hombres huyen de la pobreza y de las injurias, pero, si no pueden
evitarse por caminos honestos y
rectos es preciso aceptar estos males.
Los defectos y faltas
de los hombres dan a conocer su verdadera valía. Si examinamos con
atención las faltas de un
hombre, llegaremos a conocer si su bondad es sincera o
fingida.
Observad a los sabios
para comprobar si vosotros poseéis sus virtudes.
Observad también a los
perversos para meditar en vuestro interior si estáis libres de sus
defectos.
Los que
controlan en todo
momento sus actos, raras veces se desvían del camino recto.
Una
virtud nunca puede
subsistir aislada; siempre ha de hallarse protegida por otras virtudes.
El hombre prudente es
parco en el hablar
pero activo en el obrar
Cuando empecé a
tratar con los hombres, escuchaba sus palabras y confiaba en que sus
acciones se ajustarían a las mismas. Ahora, al tratar con los hombres,
escucho sus
palabras y al propio tiempo
observo sus acciones.
No he conocido a
ningún hombre que obrara siempre
de acuerdo con sus principios.
Yo no hago a los demás lo que no quisiera que ellos hicieran conmigo.
El que sabe mantener
un porte digno
aun cuando se halla entre sus amigos, conseguirá que sus más íntimos
amigos sientan un gran respeto hacia él.
Lo único que yo
ambiciono y deseo es no caer en la necesidad de vanagloriarme por mis
virtudes y por mi inteligencia, y no pregonar mis buenas acciones.
Un hombre digno debe
ayudar a los necesitados,
pero no aumentar los bienes de los ricos.
Es mejor
amar la verdad que el
frío conocimiento de la misma; es mejor complacerse en la práctica de la
verdad, que el simple amor hacia ella.
Estaría dispuesto a
ejercer cualquier oficio si con él pudiera obtener grandes riquezas por
medios honrados; si por el contrario, para
enriquecerse debiera
emplear medios deshonestos, preferiría seguir en la pobreza dedicándome
a mis actividades favoritas.
No he hallado todavía
ningún hombre santo;
como máximo sólo he logrado conocer a algún hombre sabio. No comprendo
cómo puede haber hombres que actúen sin saber lo que hacen.
Quienes son pródigos
en exceso y se entregan al lujo,
fácilmente se vuelven orgullosos.
Cuando el hombre se
halla cerca de la muerte,
sus palabras son sinceras y veraces.
Es posible lograr que
el pueblo siga al hombre bueno, pero nunca se le podrá forzar a que le
comprenda.
En general los
hombres aman más la belleza corporal que la virtud.
Cuando uno no ha
alcanzado todavía la perfección
en el servicio de los hombres,
¿Cómo es posible que
sea digno de servir a los espíritus?
¿Qué es la
muerte? Si todavía no
sabemos lo que es la vida,
¿Cómo puede inquietarnos el conocer la esencia de la muerte?
Tan malo es pasar de
la medida como no alcanzarla.
En público,
compórtate siempre como si estuvieras ante un personaje muy distinguido;
cuando debas dar alguna orden al pueblo, muestra el mismo respeto y
dignidad como si estuvieras ofreciendo el gran sacrificio.
No quieras para los demás lo que no quisieras para ti.
El hombre bondadoso
es mesurado al hablar. El hombre noble es el que nunca sientes
pesar ni
temor. Sólo el que
cuando se examina en su interior no encuentra nada malo puede verse
libre de todo pesar y de todo temor.
Resulta totalmente
imposible gobernar un pueblo si éste ha perdido la
confianza en sus gobernantes.
Buscar ante todo la
rectitud de nuestras palabras, y ajustar luego nuestra conducta a ellas.
Obrar siempre de acuerdo con la justicia, para perfeccionarnos cada día
en su realización. Las inquietudes interiores provienen de desear la
vida de quienes se ama, mientras que se desea la muerte de aquellos a
quienes se podía, ya que ello es como desear al mismo tiempo la vida y
la muerte de alguien. El hombre perfecto no pone su máxima aspiración en
las riquezas.
Reflexionar con calma
antes de adoptar ninguna determinación, no cansarse nunca de obrar el
bien, y tratar cada asunto según convenga.
Lo primero que debe
mirar el jefe
es que su conducta sea sencilla, recta y justa en todo momento; detener
siempre en cuenta los consejos de los demás hombres, ha de controlar en
todo momento sus propios actos, y nunca debe mandar despóticamente.
El medio más eficaz
para combatir nuestros vicios y malas inclinaciones consiste en no
combatir los vicios y malas
inclinaciones de los demás antes de haber eliminado los
propios.
¿En qué consiste la
bondad? En amar
a todos los hombres. ¿En qué consiste la
ciencia? En conocer a
los hombres. El noble no expresa nunca su parecer sobre las cosas que no
comprende. Busca la máxima precisión en sus palabras; esto es lo más
importante.
Si quien gobierna no
es justo, aunque ordene que se practique la justicia
no será obedecido.
Cuando el
pueblo es tan numeroso,
¿Qué puede hacerse en su bien? Hacerlo
rico y feliz. Y cuando
sea rico ¿Qué más puede hacerse por él?
Educarlo.
Quien
se controla a sí mismo
y por el bien, no tendrá dificultad alguna para gobernar con eficacia.
Al que no sabe gobernarse a sí mismo, le resultará imposible ordenar la
conducta de los demás hombres.
¿Cuál es la esencia
de un buen gobierno?
No resolver los asuntos con precipitación y no buscar el propio
provecho.
Si todos los
habitantes de nuestra aldea sienten afecto hacia un hombre, ¿Qué debemos
opinar de él? Este hecho no resulta suficiente para emitir un juicio
sobre dicho hombre.
El hombre vulgar es
vano y orgulloso, aun cuando su posición no sea elevada. Se halla muy
cerca de la perfección
el hombre que es constante, paciente, humilde y mesurado en el hablar.
Deben imponerse
castigos cuando
convenga. La fidelidad no es contraria a una justa corrección.
El que
habla en exceso y sin
cordura raras veces pone en práctica lo que dice. El hombre noble nunca
teme que sus palabras superen a sus obras.
No debe afligirnos el
que los hombres no os conozcan. Lo lamentable es que no seáis
dignos de ser conocidos
por los hombres.
La prudencia aconseja
no indignarse cuando los hombres
nos engañan, no
entristecerse cuando son infieles. El hombre prudente prevé siempre
estas eventualidades.
El que de niño no ha
respetado a sus hermanos ni a sus padres, en la edad madura no ha hecho
nada provechoso, y al llegar la vejez no ha muerto, es un
hombre despreciable.
¿Qué es lo más
importante para alcanzar una
conducta correcta? Ser sincero en todo momento y
mantener siempre la palabra dada. Procurar que aún el menor gesto
refleje la dignidad interior, y no cometer ninguna acción asombrosa. Si
obras así, tu conducta será admirada en todos los lugares, aún entre los
pueblos bárbaros. Por el contrario, si no eres sincero, si faltas a tus
promesas, si tus gestos no son dignos o tus acciones son deshonrosas, tu
conducta será despreciada tanto en una ciudad de 10.000 familias como en
un villorrio de 35 vecinos.
El hombre que
no medita y obra con
precipitación, no podrá evitar grandes fracasos.
No he hallado a nadie
que amase las virtudes con la misma intensidad con que se ama la belleza
corporal.
Sed
rígidos con vosotros
mismos, pero condescendientes
con los demás. De este modo os veréis libres de toda envidia y
resentimiento.
El hombre que no
examina cada día en su interior lo que debe hacer, lo que debe imitar,
lo que debe aconsejar, y lo que debe reprochar,
no hará nada bueno en su vida.
Cuando permanecen
muchas personas reunidas
durante todo un día, no todo lo que se comenta es justo y equitativo. Es
muy frecuente se hable sobre cosas vulgares y que abunden las
conversaciones necias.
El noble no da
crédito a las palabras
por la sola autoridad de quien las pronuncia; tampoco rechaza la verdad
aunque provenga de una persona ignorante.
La
inconstancia y la
impaciencia
destruyen los más elevados propósitos.
Cuando la
muchedumbre desprecia a
alguien, debéis examinar con objetividad su conducta antes de emitir
vuestra opinión. También cuando la multitud aclama a alguien, es preciso
contemplar con imparcialidad
sus obras antes de aprobarlas.
E hombre puede
ensalzar las excelencias de la virtud, pero la
virtud no puede
proporcionar prosperidad y fama al hombre.
Sólo puede ser
calificado como " vicioso
" el que comete un acto deshonroso y no se corrige.
El noble sólo busca
la verdad y no se aferra con ciega obstinación a su criterio.
Transmitid la cultura
a todo el mundo, sin distinción de razas ni de categorías.
Las palabras han de
expresar con fidelidad nuestro pensamiento.
Los ministros de un
príncipe virtuoso deben evitar
tres faltas: la petulancia, consistente en hablar cuando
nadie les ha pedido su opinión; la timidez, que consisten no atreverse a
expresar su opinión cuando se les invita a ello; y la imprudencia, que
consiste en hablar sin haber observado antes el estado de ánimo del
príncipe.
Sólo los hombres de
profunda inteligencia y los necios de mente más obtusa permanecen
invariables.
Si se mata una
gallina, ¿Para qué utilizar un cuchillo, que sirve para matar bueyes?
Si respetáis vuestra
propia persona y a todos nuestros semejantes, nadie podrá despreciaros;
si sois generosos, os ganaréis el afecto del pueblo; si sois sinceros,
nadie desconfiará de vosotros; si todos vuestros actos os aproximan al
bien, vuestro mérito será grande; el amor a los hombres es la mejor arma
para gobernar con eficacia.
Aún las profesiones
más humildes son dignas de respeto.
Puede calificarse
como " amante del estudio
" quien cada día adquiere un conocimiento nuevo, y cada mes retiene lo
que ha aprendido.
No os avergoncéis de
preguntar para
resolver vuestro dudas, y meditad las respuestas que os hayan sido
dadas.
Los hombres vicioso
procuran disimular sus faltas
con apariencias de honradez.
Basta una sola
palabra acertada del noble para que se le considere entendido sobre una
cosa, pero también basta que cometa un solo error para que se diga que
no sabe nada.
Por consiguiente, el
noble debe vigilar mucho sus
palabras.
El
buen gobernante debe
ser generoso sin caer en la prodigalidad; debe cobrar los impuestos
suficientes para llevar una vida digna, sin caer en la codicia; su porte
debe ser digno y grave, sin dejarse llevar por una vana ostentación;
debe tener autoridad, sin que su mando sea despótico; debe exigir con
cautela la colaboración del pueblo en los trabajos públicos, para no
suscitar su resentimiento.
Realizar cuanto sea
para el bien común, ¿No es ésta la mejor forma de generosidad?
Desear únicamente las
riquezas necesarias para la práctica de las virtudes propios de su
dignidad, ¿Puede esto llamarse "codicia?" Si sus propiedades
particulares no son demasiado grandes ni demasiado pequeñas, si se ocupa
de los asuntos que no son ni muy importantes ni muy insignificantes, si
se mantiene a cierta distancia de los hombres sin despreciar a nadie,
¿No es esto la dignidad exenta de orgullo? Si cuida su aspecto exterior,
si es equilibrado y ecuánime en todos sus actos, el pueblo entero lo
respetará sin experimentar temor, ¿No consiste en esto la
autoridad libre de despotismo?
Si sólo utiliza el trabajo de los súbditos para realizar lo que es
razonablemente necesario, ¿Quién podrá experimentar resentimiento?
Los
cuatro vicios relativos al gobierno
son los siguientes: no instruir al pueblo y ocultarse la verdad, lo cual
recibe el nombre de " tiranía "; exigir una conducta perfecta a todos
los ciudadanos sin informarles previamente sus obligaciones, lo que
recibe el nombre de " opresión "; no tener prisa en dar las órdenes y
pretender luego que se cumplan en el acto, lo que representa una grave
injusticia; buscar siempre el propio provecho, lo que recibe el nombre "
egoísmo ". |