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Los Cuatro Libros Clásicos -
Confucio
Si la ganancia o el
provecho se anteponen a la justicia, los súbditos nunca estarán
satisfechos y el príncipe se hallará en un
peligro constante.
Si los hombres con
canas pueden cubrirse con vestidos de seda y comer carne, si los jóvenes
de negros cabellos dejan de padecer hambre y frío,
la vida del reino será próspera.
No ha existido ni un solo príncipe que obrando así haya dejado de
alcanzar autoridad sobre su pueblo.
Si un rey no gobierna
con rectitud, es decir, si no colma de beneficios a su pueblo, es porque
no quiere y no porque no pueda.
Si un príncipe se
entristece por las desgracias de su pueblo, los súbditos también
sentirán pesar por las tristezas de su príncipe. Si el príncipe se
alegra con la felicidad de su pueblo, y hace suyas las penalidades de
sus súbditos, no tendrá dificultad alguna en su gobierno.
Si tú amas con locura
las riquezas,
no debes hacer otra cosa que compartirlas con el pueblo.
Lo que hacen los
gobernantes es luego imitado
por el pueblo. No puedes, por consiguiente, acusar ahora
al pueblo de su proceder ni condenarle por ello, pues ha imitado lo que
había aprendido de su príncipe; ha devuelto que se le había dado.
El noble que pretende
fundar una dinastía no aspira a ser elevado a la dignidad Imperial, sino
que se limita a preparar el camino
para sus descendientes;
si la voluntad del cielo le es propicia, será elevado el mismo a la
suprema dignidad.
La sabiduría y la
prudencia de nada sirven si no se presenta una
ocasión propicia; los
buenos arados nada pueden por sí solos, si no se presenta una estación
favorable.
Es preciso obrar con
rectitud sin
pensar en las consecuencias. No debemos omitir el cumplimiento de
nuestros deberes, ni realizarlos antes de tiempo.
Quien pretenda
someter a los hombres por la fuerza de las armas no alcanzará la
sumisión de sus corazones; por esto, la violencia nunca es suficiente
para dominar a los hombres. Quien
conquista a los hombres por la virtud,
consigue que todos se sometan a él sin reservas y con corazón alegre.
Las
desgracias, al igual
que la fortuna,
sólo llegan cuando las hemos buscado con nuestros actos.
Cuando el cielo nos
envía calamidades,
podemos superarlas; cuando las hemos buscado nosotros mismos,
sucumbiremos ante ellas.
Quien no haya sentido
nunca compasión hacia los demás no es en verdad un hombre, tampoco puede
ser considerado verdadero
hombre quien jamás haya experimentado los sentimientos
de vergüenza y aversión; el que no posea los sentimientos de abnegación
y respeto no puede ser considerado verdadero hombre; quien no distinga
lo verdadero de lo falso, lo justo y lo injusto, no es un hombre.
Nada es más digna de
admiración en un hombre noble que el saber aceptar e imitar las virtudes
de los demás.
Lo que hagáis, a
vosotros os pertenece; yo sólo debo responder de mis propios actos.
Para la
defensa de un reino no
son suficientes ni las fortificaciones que se construyan, ni los
obstáculos naturales que representan las montañas y los ríos, ni la
abundancia de armas. La mejor defensa de un reino consiste en la
decidida voluntad de sus habitantes, la cual se conquista mediante un
gobierno humanitario y justo.
Quien ocupa un cargo
público y no puede cumplir con sus obligaciones debe
dimitir.
Si un medicamento no
altera el organismo del enfermo, tampoco producirá la
curación.
No puede ser bueno
quien sólo piensa en acumular riquezas; no puede ser rico quien sólo
piensa en practicar el bien.
Si los
maestros enseñan con
claridad los deberes a todos los ciudadanos del reino, estos vivirán
entre sí en concordia y armonía.
La generosidad
consiste en repartir las riquezas entre los necesitados; la rectitud
consiste en buscar el camino del bien a los descarriados; la bondad es
la virtud que debe poseer el emperador para ganarse el afecto de todos
sus súbditos.
En este mundo sólo se
pueden seguir dos caminos:
el del bien o el del mal; no existe otra posibilidad.
Los reinos pequeños
imitan a los poderosos,
pero se avergüenzan de recibir órdenes de ellos y no quieren acatarlas.
Los reinos perecen a
causa de su interna
descomposición antes de que los demás reinos los
ataquen.
Buscáis el camino
recto a lo lejos y lo tenéis junto a vosotros. Creéis que el bien
consiste en la realización de cosas difíciles, cuando no es más que
realizar con rectitud las cosas
fáciles.
Cuando se emprenden
guerras para
conquistar nuevos territorios, los campos quedarán cubiertos por los
cuerpos de las víctimas.
No puede pensarse en
ningún mal mayor que en la pérdida del mutuo afecto y cariño entre
padres e hijos.
Hay hombres que
tienen fama de grandes creadores porque nunca nadie les ha refutado sus
endebles argumentos. Uno de los principales
defectos de los hombres
consiste en pretender erigirse en modelo de los demás.
Las normas de conducta
son inmutables, todos los Santos han obrado de conformidad con sus
principios.
Cuando el príncipe
empieza a imponer castigos a sus funcionarios sin que hayan cometido
delito alguno, los ministros prudentes se apresuran a abandonar el
reino.
Si el príncipe es
justo, nadie será injusto; si el príncipe es bondadoso, nadie será
cruel.
Es preciso que los
hombres conozcan el mal
para poder evitarlo y entregarse a la práctica del bien.
Quien
divulga las acciones viciosas
de sus semejantes construye su propia ruina.
El hombre noble
conserva durante toda la vida la
ingenuidad e inocencia
propias de la infancia.
El hombre sabio, en
cuanto ha alcanzado una virtud,
se aferra fuertemente a ella y ya no la pierde jamás; en cuanto ha
perfeccionado al máximo la virtud adquirida, la guarda cuidadosamente en
su interior como fuente inagotable de energía.
Las
palabras en sí mismas
son inocuas, pero sus consecuencias pueden ser funestas si son
despectivas.
Quien ama a los
hombres, es amado por ellos; quien los respeta es, a su vez, respetado.
Supongamos que habiéndose portar con nosotros de una forma descortés o
grosera; si somos prudentes, lo primero que debemos preguntarnos es si
con anterioridad hemos cometido alguna descortesía con dicha persona o
si hemos sido injustos con ella; su actitud hacia nosotros debe de tener
algún fundamento. Caso de que lleguemos a la conclusión de que no hemos
cometido ninguna injusticia contra tal persona, sino que nos hemos
mostrado siempre con ella bondadoso y corteses, debemos seguir
analizando las posibles causas de actitud descortés o grosera. Si somos
prudentes, debemos reflexionar si hemos cometido la menor incorrección
en nuestra conducta. En el supuesto de que tampoco hayamos cometido
incorrección alguna, entonces la descortesía o grosería del ofendido
carece totalmente de fundamento y el hombre prudente, ante tal
situación, debe concluir: " este hombre no es más que un extravagante y
un necio; en nada se diferencia de una bestia, en cuyo caso, ¿por qué
debe preocuparme la actitud o actos de una bestia? ".
Gozar de prestigio y
de consideración
es una de las cosas que los hombres ambicionan con más ardor.
El primer deber más
importante de la piedad filial
consiste en honrar a nuestros padres como es debido. La mejor prueba de
este amor a los padres consiste en procurarles el sustento necesario.
No lo pudo hacer por
medio de palabras, porque el
Cielo no habla. El Cielo manifiesta su voluntad a través
de los méritos y buenas acciones de los hombres. Esta es la única manera
con que manifiesta su voluntad. El Cielo ve a través de los ojos del
pueblo; el Cielo oye a través de los oídos del pueblo.
El Cielo gobierna los
acontecimientos del mundo sin ser visto; esta acción oculta del Cielo es
lo que se llama " El destino
".
Jamás he oído que un
hombre que no actuara con rectitud lograse enderezar a los demás. Menos
aún podría lograr que los demás fueran sinceros quien observara un
comportamiento hipócrita.
Los
ministros se conocen
por las personas a quienes acogen en su casa cuando están en la corte, y
por las casas en que se alojan cuando están fuera de ella.
Para que pueda
trabarse una verdadera amistad,
es preciso prescindir de la superioridad que puedan otorgar la edad, los
honores, las riquezas o el poder. El único motivo que nos debe incitar a
la amistad es la búsqueda de las virtudes y el mutuo perfeccionamiento.
El superior debe
honrar y respetar la sabiduría de sus súbditos, y el inferior debe
mostrarse respetuoso y cortés con sus superiores, en atención a la
dignidad que ostentan; respetar
la dignidad y honrar a los sabios son dos
manifestaciones de un mismo deber.
Quien para permanecer
fiel a sus principios rechaza ser elevado a una condición honrosa
permanece feliz aún sin honores.
Quien para no apartarse del recto camino rechaza unas rentas permanece
gozoso en su pobreza.
La naturaleza humana
no es ni buena ni mala.
Según esto, la bondad o malicia de los hombres es algo posterior a la
propia naturaleza humana en su origen. Si el hombre posee la capacidad
de obrar, es necesario que poseía también una norma para dirigir sus
actos.
Si el supremo bien
del hombre consistiera en conservar la vida, no haría otra cosa que
dedicarse a descubrir y practicar todo aquello que pudiera prolongarla.
Si el más temible mal del hombre fuera la muerte, investigaría y
practicaría todo lo que pudiera alejar o evitarle este mal. Hay cosas
que amamos más que la vida,
así como hay otras más temibles que la
muerte; éste es un
sentimiento común a todos los hombres.
El
camino recto es como
una ancha avenida; no es difícil encontrarlo cuando se busca, pero los
hombres no se esfuerzan por descubrirlo.
Cuando el sabio toma
una determinación, es imposible que el pueblo penetre en los verdaderos
motivos de la misma. Cuando un príncipe se ve rodeado por hombres
perversos, aduladores y servirles, ¿Acaso puede gobernar con acierto y
eficacia?
Cuando el
Cielo quiere conferir a
alguien una difícil misión, antes
pone a prueba la
fortaleza de su ánimo y el equilibrio de su mente con las dificultades
de una vida dura; fatiga sus músculos y todo su cuerpo con rudos
trabajos, que ponen a prueba su resistencia; mortifica su carne y su
piel con los rigores del hambre y del frío; les somete a las mayores
privaciones de la miseria; determina que no tengan éxito en sus empresas
para que se enfrenten con el fracaso. De este modo, el cielo estimula
sus virtudes, fortalece su cuerpo y les hace aptos para afrontar las
dificultades con que tropezarán en el cumplimiento de su alta misión. La
dificultad es lo que más estimula al hombre a vencer sus deficiencias y
superarlas.
Sólo cuando se han
padecido toda clase de privaciones y trabajos, sólo cuando se ha visto
el rostro de la miseria, sólo entonces es posible
conocer a fondo la naturaleza humana.
El hombre cumple la
voluntad del Cielo cuando se esfuerza en perfeccionarse a sí mismo.
Si buscáis
encontraréis, si sois negligentes lo perderéis todo. El que
busca lo que está en su interior
lo descubrirá y lo alcanzará; el éxito de esta búsqueda es seguro, una
ley invariable garantiza la adquisición de lo que se busca. Si, por el
contrario, buscamos lo que está fuera que nosotros, todos los esfuerzos
resultarán infructuosos.
El origen de todas
las acciones se encuentra en el interior de nuestro ser. Si
reflexionando sobre nuestros propios actos descubrimos que son conformes
con nuestra naturaleza racional, experimentaremos la más intensa
satisfacción.
El hombre no puede
dejar de arrepentirse de sus
faltas. Si una sola vez se arrepiente de no haberse
arrepentido de sus faltas, ya no volverá a tener motivos de
arrepentimiento.
El pueblo no valora
el mérito de un buen gobernante.
El buen gobernante encamina al pueblo hacia el bien con su sola
presencia su acción es oculta e imperceptible como la de los espíritus.
El influjo de su virtud se hace sentir por todas partes, como el de las
sutiles fuerzas del cielo y de la tierra. La influencia de un buen
gobernante no tiene límites.
Los
ejemplos de bondad
penetran con mayor profundidad en el corazón de los hombres que las
buenas palabras; es más fácil obtener el afecto del pueblo obrando con
rectitud y aconsejándole rectamente, que mediante una administración
eficaz y unas leyes justas. El pueblo desconfía de las leyes y de la
administración; el pueblo ama los buenos ejemplos y los acertados
consejos. Con unas leyes justas y una administración eficiente, se
consigue aumentar las rentas del reino; con buenas enseñanzas y buenos
ejemplos, se conquista el corazón de los súbditos.
Las
penas y privaciones
agudizan la inteligencia y fortalecen la prudencia.
Nadie debe comer sin
habérselo ganado.
Los caminos del sabio
son elevados e inasequibles. Sus actos pueden ser admirados, pero no
imitados.
El carpintero hábil
no se hace torpe
para poder ser imitado por cualquiera de sus ayudantes.
Quien se abstiene de
lo que no debiera abstenerse
es mejor que se abstenga de todo; el que trata con frialdad a quienes
debiera tratar con ternura acabará tratando con frialdad a todo el
mundo; quienes avanzan precipitadamente también retrocederán con la
misma precipitación.
Es preferible
desconocer los libros históricos, que aceptar incondicionalmente cuanto
en ellos se refiere.
Dar muerte a un
pariente próximo de otro hombre es el
crimen que más funestas
consecuencias provoca.
Yo no hago el menor
caso de las murmuraciones
y críticas de los hombres.
Para que nuestras
palabras estén siempre conformes con la equidad, es preciso evitar la
excesiva familiaridad con quienes nos rodean; él mutuo respeto es la
mejor defensa contra las palabras descorteses y groseras. Si el hombre
culto habla cuando debería callar, todos quedan perplejos ante sus
palabras; si, por el contrario, el hombre culto calla cuando debería
hablar, todos quedan desconcertados ante su silencio.
Las mejores palabras
son
aquellas que encierran un profundo significado y, al mismo tiempo,
resultan comprensibles para todo el mundo.
El mayor
defecto de los hombres
consiste en preocuparse de arrancar la cizaña de los campos ajenos,
descuidando el cultivo de sus propios campos.
El mejor medio para
alcanzar las virtudes de la justicia y la equidad consiste en
dominar las pasiones.
Quien se deja dominar por las pasiones es muy difícil que obre con
justicia y equidad.
Todo hombre debe
cumplir con su deber,
prescindiendo de lo que los demás puedan decir de su conducta. Quienes
actúan únicamente para merecer la aprobación de los demás hombres pueden
ser considerados como aduladores del mundo; éstos son los hombres de
virtud aparente que en la actualidad son considerados como los más
honrados. |