La Cátedra de San Pedro y el Vaticano 
sábado, julio 16, 2005, 07:26 PM
Encíclicas de S.S. Benedicto XVI y el Papa Juan Pablo II
Documentos Pontificios

Cartas Encíclicas
Lista alfabética de palabras

Encíclicas de S.S. Benedicto XVI : I) Deus Caritas est. Ciudad del Vaticano, 25 diciembre 2005. II) Spe Salvi. Ciudad de Vaticano, 30 noviembre 2007. III) Caritas in Veritate. Ciudad del Vaticano, 29 junio 2009.

S.S. el Papa Juan Pablo II, Karol Józef Wojtyla Kaczorowska (18 mayo 1920 - 2 abril 2005); el Santo Padre, el Papa "bendito", mártir y confesor de la fe por la gracia de la Virgen María, Reina de los Apóstoles y los Mártires de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

Cadena de Oración.

Apóstol San Judas Tadeo, fiel discípulo de Cristo, que predicaste la fe, lleno de celo ardiente por la salvación de las almas y la confirmaste con el martirio; alcánzame de Jesucristo aumento en la fe, firmeza en la esperanza y mayor fervor en mi caridad y amor para con Dios y el prójimo. Hoy te ruego, glorioso Apóstol, me alcances las gracias que pido a Dios por tu intercesión, si han de ser para mayor gloria suya y salvación de mi alma. Amén.

Nota biográfica (18 mayo 1920 - 16 octubre 1978 ...). Una vida de entrega a los demás.

La escuela secundaria de Wadowice y la Universidad Jagellonica de Cracovia. El Seminario clandestino en la residencia del Arzobispo Metropolitano. Las canteras de Zakrzówek y en la fábrica de la Cía. Solvay. La Unia y el Teatro Rapsódico. El Sacerdote. La Metafísica de la Persona. La teología mística. La fenomenología y ética cristiana. El tomismo lublinense. El Obispo y Cardenal. El Concilio Vaticano II. La Ostpolitik. Los Sínodos de Obispos y el Secretariado de la Santa Sede. El Sumo Pontífice.

84º Aniversario del Santo Padre

Con ocasión del 84 cumpleaños de S.S. el Papa Juan Pablo II se ha anunciado el lanzamiento de su nuevo libro: ¡Levantaos!, ¡Vamos!; a nivel mundial, una obra personal de experiencias vividas desde el año 1958 en que fue nombrado Obispo de Cracovia (Polonia) hasta nuestros días.

Intervención del Cardenal Giovanni Battista Re. Presentación del nuevo libro de S.S. el Papa Juan Pablo II.

Fuente: Página Oficial del Vaticano.
Fecha: Sala de Conferencias del Quirinal (Roma).
Martes, 18 de mayo de 2004

1. Hasta hace pocos años, los Papas sólo hablaban con encíclicas, exhortaciones apostólicas, bulas, discursos y homilías. No se conocen libros escritos por Papas durante su pontificado, con la única excepción de Benedicto XIV, el cual, como "doctor privado", publicó el tratado "De canonizatione sanctorum".

Juan Pablo II nos regala ahora su tercer libro. Es un texto privado autobiográfico, que ayuda a entender a fondo algunos aspectos del pensamiento, de la actividad y del estilo de este Papa.

Es un libro muy interesante para los obispos: es fruto de la experiencia personal de Karol Wojtyla, primero como obispo auxiliar, luego como arzobispo de la histórica e importante sede de Cracovia y, por último, como Papa. Sin presentarse como "Maestro de los obispos", Juan Pablo II les enseña cómo cumplir su misión de obispos, y lo hace con su experiencia vivida en medio de la crisis espiritual de nuestro tiempo. Con su estilo evangélico, humano, transparente, muestra el camino que hay que seguir. Este libro ofrece a los obispos un modelo concreto al cual mirar para aprender cómo comportarse en las diversas circunstancias que debe afrontar un pastor.

Pero también para los laicos es un libro muy atractivo. En efecto, creo que a todos puede interesar comprender algo de lo que pasa en el corazón de un obispo: comprender los trabajos y las alegrías de un guía espiritual en esta sociedad que cambia. Como dice el Papa en las primeras páginas: "ofrezco este libro como muestra de amor (...) a todo el pueblo de Dios".

Creo que a todos puede interesar lo que se lee sobre las relaciones de Juan Pablo II con los hombres de pensamiento, con los hombres de ciencia, con los artistas, con los colaboradores, con la gente. Es interesante ver cómo en muchas páginas se trasluce el sentido de la amistad. Juan Pablo II vive a fondo el sentimiento de amistad, de gratitud y de fidelidad. También destaca en él el sentido de paternidad espiritual.

Tal vez haya personas a las que les pueda interesar saber que también el Papa, a los 38 años, pasó una noche en un saco de dormir en el piso de una estación de ferrocarril. En efecto, para ir a ver al cardenal Wyszynski, Karol Wojtyla viajó en un camión cargado de sacos de harina hasta la estación del tren y allí pasó la noche en el saco de dormir esperando la mañana para la salida del tren.

2. Me parece que el libro "¡Levantaos! ¡Vamos!" nos permite comprender las raíces de lo que hay de más propio y original en la actividad de este Papa. Ciertamente, de este Papa se conoce mucho.

La larga duración de este pontificado (veinticinco años y medio) nos ha ayudado a entender la ráfaga de novedades que este Papa ha traído, y a valorar la notable contribución que ha dado a la Iglesia y a la humanidad.

La divina Providencia ha asignado a Juan Pablo II grandes tareas en la historia mundial de nuestro tiempo. No se puede negar que Juan Pablo II es un protagonista a escala mundial: a innumerables personas, en este arco de tiempo, Juan Pablo II les ha transmitido razones de vida y de esperanza. Es un punto de referencia de la conciencia moral del mundo contemporáneo. Sus tomas de posición, sus iniciativas han manifestado la grandeza de su personalidad y la validez de su pensamiento. Al mismo tiempo, la gente lo siente cercano, porque él sabe comprender los problemas, las dudas, la búsqueda de verdad y de libertad que hay en el corazón humano.

Y ahora que lo vemos inclinado bajo el peso de la cruz, porque le cuesta caminar y sus fuerzas han disminuido sensiblemente, es cada vez mayor la simpatía hacia él. No se rinde; está débil, físicamente, pero siempre se encuentra fuerte en su espíritu y en su testimonio.

3. Un elemento notable que se desprende del libro y que confirman estos veinticinco años y medio de pontificado, es que la característica primera y fundamental de este Papa es religiosa.

El año pasado, con ocasión del 25° aniversario de su pontificado, lo que más pusieron de relieve los medios de comunicación sobre Juan Pablo II no fue su imagen eclesial, sino la dimensión política de su actividad.

Nadie pone en duda el papel que desempeñó la actividad de este Papa también en los acontecimientos que marcaron la caída de la Unión Soviética. Cuando Juan Pablo II fue elegido Papa, la Unión Soviética era sólida, compacta; parecía indestructible. El mundo estaba dividido en dos por lo que Churchill llamó "el telón de acero".

Poco más de diez años después, el mismo Gorbachov reconoció que lo que había sucedido en Europa del Este no habría sido posible sin la presencia y el papel de este Papa.

Con todo, quisiera destacar que el objetivo de todo el pontificado, el motivo inspirador de todas las iniciativas, ha sido religioso: todos los esfuerzos del Papa se ordenan a hacer que Dios vuelva a entrar en este mundo, buscan devolver a la humanidad el sentido de Dios.

Es verdad que este Papa iba contra el comunismo. Pero el motivo por el que el Papa iba contra el comunismo no era político, sino religioso y antropológico: el comunismo era un sistema que profesaba el ateísmo y perseguía a la Iglesia y, al mismo tiempo, oprimía al hombre, negándole plena libertad. Es un motivo religioso y más propiamente cristológico el que ha inspirado la actividad de Juan Pablo II.

En la página 54 se lee que en Cracovia, cuando, juntamente con sus colaboradores, estudiaba cómo afrontar un problema, siempre comenzaba ahondando en las motivaciones religiosas para actuar.

4. Otro elemento característico de este Papa es la valentía.

Es un hombre que sabe afrontar sin temores las situaciones difíciles y lo hace por la gran causa que lo inspira y lo guía, es decir, Dios y el bien de los hombres.

Un episodio significativo de su valentía es el que se recoge en las páginas 77-81.

En el ámbito de la archidiócesis de Cracovia, y más exactamente en Nowa Huta, surgió un extenso barrio, habitado por miles de obreros de la industria metalúrgica con sus familias. Según el proyecto de las autoridades, no debía tener ninguna relación con la Iglesia; debía ser un barrio modelo desde el punto de vista marxista, pero los obreros, en su inmensa mayoría, eran católicos.

Entonces se produjo un enfrentamiento entre el arzobispo Wojtyla y las autoridades comunistas. "Este fue uno de los primeros episodios -escribe en la página 78- de una larga batalla por la libertad y la dignidad de aquella población". Fue una agotadora "guerra de nervios".

El arzobispo llevó las negociaciones con las autoridades, sobre todo con el jefe de la oficina provincial encargada de las cuestiones religiosas: un hombre afable en las conversaciones, pero duro e intransigente en las decisiones. Mientras entablaba las negociaciones, el cardenal Wojtyla nombró un párroco para esa población. Aunque no había aún iglesia, al menos había sacerdote. Se trataba de un sacerdote con el que mantenía una gran amistad y que había nacido en su mismo pueblo: Wadowice.

En Navidad, a media noche, el arzobispo Wojtyla fue a celebrar la misa al aire libre, sin iglesia, con una temperatura de por lo menos diez grados bajo cero. Y mucha gente participó en esa misa. Esto constituyó un ulterior argumento en las negociaciones con las autoridades: el derecho de la gente a participar en las celebraciones religiosas en condiciones más humanas que las de la misa de la noche de Navidad.

Al final ganó la batalla. Para construir la iglesia, el párroco tuvo luego la feliz idea de pedir a todos los fieles que cada uno llevara una piedra, de forma que todos se sintieron involucrados en la construcción del templo. Y en 1977 el arzobispo Wojtyla consagró la iglesia de Nowa Huta.

Otro episodio de valentía, más lejano en el tiempo, se puede leer en la página 57. En 1936 hubo una gran peregrinación de la juventud universitaria al santuario de la Virgen de Czestochowa. Desde entonces, cada año la Universidad Jaguellónica, que Karol Wojtyla frecuentaba, hacía la peregrinación. Llegó la ocupación nazi y no se pudo hacer la peregrinación. Pero, para mantener la tradición, tres estudiantes fueron al santuario de Czestochowa: Karol Wojtyla y otros dos. Czestochowa en aquellos días estaba rodeada por el ejército de Hitler. Los padres del santuario acogieron y dieron hospitalidad a los tres estudiantes, que tuvieron la alegría de haber logrado conservar, en esas circunstancias difíciles, aquella tradición. Todo salió bien. Sobre el hecho se guardó secreto.

Otro episodio de valentía, recordado en el libro, es la defensa de la facultad teológica en la Universidad Jagellonica. En 1953, las autoridades la suprimieron, con el pretexto de que en Varsovia se había creado una Academia teológica dependiente del Estado. El Arzobispo consideró que debía defender la conservación de dicha facultad. No logró impedir su supresión, pero sí que naciera luego en Cracovia una facultad análoga a la suprimida; en cierto modo la sustituía.

¿De dónde sacaba tanta valentía este Papa?.

Nos lo revela la sexta parte, es decir, la última, que lleva por título: "El Señor es mi fuerza". El razonamiento del Papa se puede resumir así: la fortaleza en la fe y el sentido de responsabilidad que impulsan a un obispo en su elevada misión deben llevarlo a no tener miedo cuando se trata de proclamar la verdad, de defender los valores y tutelar a las personas.

En su primera encíclica, Redemptor hominis, dirá: "En el camino que conduce de Cristo al hombre (...) la Iglesia no puede ser detenida por nadie" (n. 13).

Tanto en el arzobispo de Cracovia como en el Papa encontramos la misma línea valiente de acción, entre otras cosas porque Juan Pablo II está convencido de que no es manipulando la verdad o renunciando a las propias certezas como se puede ayudar al hombre en sus problemas.

Sobre la valentía se recogen en el libro algunas afirmaciones del cardenal Wyszynski. Cito dos (cf. p. 163): "Para un obispo, la falta de fortaleza es el comienzo de la derrota". "La falta más grande del apóstol es el miedo".

Para el Papa Juan Pablo II, un obispo "con Dios en el corazón y rodeado de sus sacerdotes y fieles", debe tener la valentía de afrontar los desafíos que implica nuestra época. Al respecto, Juan Pablo II nos ha dado ejemplo: ni siquiera las balas que le dispararon lo han detenido o lo han atemorizado.

También Karol Wojtyla tuvo un modelo a quien mirar en los años de seminario y en los primeros años de sacerdocio: su arzobispo, el cardenal Sapieha, al que el Papa cita en más de una ocasión, llamándolo "el Príncipe intrépido". Príncipe, porque era originario de una familia noble que gozaba de ese título. Intrépido, porque dio grandes pruebas de valentía, primero en los tiempos del nazismo y luego en los del comunismo. Fue un arzobispo que nunca se doblegó.

Con estos antecedentes, se comprende cómo, en la primera homilía en la plaza de San Pedro, al iniciar su pontificado, dijo (tal vez sería más preciso decir: gritó): "¡No tengáis miedo! Abrid de par en par las puertas a Cristo". Con ese grito señalaba la línea de orientación de todo su pontificado.

En el arco de estos años de pontificado, Juan Pablo II ha propuesto con valentía y confianza al mundo de hoy que vuelva al camino de la verdad y de los valores morales y espirituales: es el único camino que puede asegurar a la humanidad la justicia, la solidaridad y la paz.

Relación con las personas.

5. Para un obispo es importante la relación con las personas. El Papa dice que, en este campo, le ha ayudado mucho "el personalismo", sobre el que ahondó en sus estudios filosóficos. Cada hombre, cada mujer, es una persona única e irrepetible.

A este respecto, me ha impresionado lo que escribe en la página 69: "Cuando encuentro una persona, ya rezo por ella". Quienes se han encontrado personalmente con este Papa saben ahora que él ha orado por ellos, sean católicos, judíos, ortodoxos, musulmanes o ateos.

También escribe: "El interés por el otro comienza en la oración del obispo, en su coloquio con Cristo, que le confía "a los suyos".

Y además: "Tengo como principio acoger a cada uno como una persona que el Señor me envía y, al mismo tiempo, me confía".

Trabajando al lado del Papa Juan Pablo II, lo que más me ha impresionado siempre es la intensidad de su oración.

Es admirable constatar cómo se sumerge en la oración. Siempre me ha conmovido la facilidad con que, en los viajes, pasaba del contacto humano con la gente al recogimiento del diálogo con Dios.

He podido comprobar cómo, antes de cualquier decisión, suele orar largo rato. Cuanto más importante es la decisión, tanto más prolongada es su oración.

En el encabezado de las hojas en que escribe sus homilías, sus discursos, sus apuntes..., pone siempre una jaculatoria, para comenzar cada hoja con una oración.

En la oración está el manantial de su dinamismo y el secreto de su entrega incansable. Sé también que ahora, que por los achaques de su salud puede hacer menos que antes, dedica más tiempo a la oración.

Relación con el mundo de la cultura.

6. "En la lectura y el estudio he intentado unir siempre de manera armónica las cuestiones de fe, del pensamiento y del corazón. No son campos separados. Cada uno de ellos se adentra y anima los otros" (p. 92).

Fe, pensamiento, corazón.

En el libro, Juan Pablo II nos dice que durante su juventud, además del teatro, le atraía la literatura. Su padre le leía pasajes de la literatura polaca. Se inscribió en la universidad para obtener el doctorado en literatura...; sin embargo, al madurar su vocación sacerdotal, decidió doctorarse en teología y luego en filosofía.

Aunque se sentía inclinado hacia la literatura y su primera opción se había orientado en esa dirección, hay que reconocer que es más filósofo.

En el Papa Juan Pablo II se nota una fuerte mentalidad filosófica, que siempre está presente en la estructura de su pensamiento; una mentalidad formada por el tomismo aristotélico y luego también por la fenomenología. Su tesis filosófica fue sobre la obra de Max Scheler. La tesis en teología versó sobre san Juan de la Cruz, uno de los místicos más sublimes.

Juan Pablo II es, personalmente, un místico. La mística es una dimensión que destaca en toda su vida. Así, no sorprende que, cuando frecuentaba el seminario clandestino en Cracovia, le viniera la idea de hacerse carmelita. Consideraba más adecuada para él la vida de un carmelita que la de un párroco.

Y debemos dar las gracias al cardenal Sapieha, su arzobispo, que le hizo cambiar de opinión, convenciéndolo de que debía seguir en el seminario.

Es conmovedor el afecto y la veneración de Karol Wojtyla por su arzobispo, también él hombre de gran oración, valentía y prudencia.

El cardenal Sapieha fue quien lo acogió en el seminario, quien lo ordenó sacerdote y quien lo envió a Roma para completar sus estudios. Fue él quien formó al joven Karol para unas tareas que no pudo ver..., que no imaginó, incluido el pontificado, pero que de hecho preparó (cf. pp. 121-122). Un obispo debe preparar a quien en el futuro puede ser llamado al episcopado.

El proyecto de viaje a Ur de los caldeos.

7. Por lo que atañe al tema de los viajes apostólicos, tan significativos en este pontificado, en el libro se alude también al proyecto de viaje a Ur de los caldeos, que Juan Pablo II no pudo realizar con ocasión del jubileo del año 2000 porque el presidente Sadam no lo permitió. (Yo personalmente no entendí por qué Sadam no quiso; era políticamente útil para él que el Papa fuera a Irak, rompiendo el embargo con el permiso de la ONU. La finalidad del Papa era religiosa y él mismo la había explicado públicamente).

El Concilio.

8. En estos años, Juan Pablo II ha aplicado con fidelidad las enseñanzas del mayor acontecimiento espiritual de nuestro tiempo: el concilio ecuménico Vaticano II.

Podemos decir que es el Papa formado por el Concilio.

Llevaba un año de obispo auxiliar cuando se anunció el Concilio.

Participó en todas las sesiones. Fue miembro de algunas comisiones importantes, como la del Esquema 13, que se convertiría luego en la constitución pastoral Gaudium et spes sobre la Iglesia en el mundo actual.

Durante el Concilio hizo muchas amistades entre los obispos y también entre los peritos; así conoció a muchos teólogos, entre ellos el entonces profesor Joseph Ratzinger.

En la página 153 afirma que el Concilio lo enriqueció mucho. Para él fue "una experiencia inolvidable" de un gran acontecimiento.

Durante los años que siguieron en Cracovia y luego los del Pontificado ha puesto todo su empeño en aplicar las disposiciones del concilio Vaticano II. Fidelidad al Evangelio y fidelidad al concilio Vaticano II han sido los dos motivos inspiradores de la actividad de este Papa.

Autoridad como servicio.

9. Desde que fue consagrado obispo, Karol Wojtyla siempre ha considerado su autoridad como un servicio. Más que mandar, ha tratado de servir.

En la página 53 anota que cuando el obispo adopta una actitud de servicio, los fieles se sienten espontáneamente dispuestos a escucharle y se someten gustosos a su autoridad.

Por eso, la casa del arzobispo de Cracovia estaba abierta a todos, en primer lugar porque el arzobispo Wojtyla estaba íntimamente convencido de que el obispo debe vivir con la gente, para la gente, al servicio de la gente.

Su casa estaba abierta a los hombres de pensamiento y de ciencia, a los laicos, a los sacerdotes, a todos.

La colegialidad.

10. Ya como arzobispo metropolitano de Cracovia, trató siempre de tomar las decisiones de modo colegial, es decir, consultando con los obispos auxiliares y con sus colaboradores.

Cada semana había una reunión de todos los colaboradores de la curia, y todas las cuestiones se estudiaban y discutían desde la perspectiva del mayor bien de la archidiócesis. Siempre tenía la preocupación de encontrar la persona adecuada para realizar la tarea de la que se trataba.

Como Papa, Juan Pablo II promovió una aplicación más visible y amplia del afecto colegial y de la colaboración efectiva del colegio episcopal, valorando las diversas instancias de comunión.

Trabajó por la unidad interna de la Iglesia fomentando una progresiva implicación de los obispos y de las Conferencias episcopales para lograr un provechoso intercambio de ideas. Así favoreció también un renovado acercamiento cultural a la situación del mundo contemporáneo.

Lo hizo con el trato afectuoso y familiar que siempre ha tenido con cada obispo. Con entrega incansable, en estos años se ha encontrado con numerosísimos obispos en las innumerables conversaciones personales, y con ellos ha concelebrado la eucaristía en su capilla privada. También los ha invitado a su mesa (rompiendo la tradición según la cual normalmente los Papas comían solos).

Con los obispos individualmente o con grupos de obispos ha examinado a fondo los problemas de la Iglesia en una diócesis, en una nación o en un continente determinados, o en la Iglesia universal.

Ha hecho más internacional el colegio cardenalicio: ahora están representados en él 67 naciones, de los cinco continentes.

Contemplando el dinamismo del Papa en estos años y su trabajo incansable en favor de la unidad interna de la Iglesia, se debe reconocer que Juan Pablo II ha valorado la colegialidad y a la vez ha ejercido el primado como un servicio en nombre de Cristo: un servicio a la comunión en la Iglesia, un servicio a la unidad, un servicio a las diversas Iglesias, un servicio a sus hermanos obispos, ofreciéndoles su ayuda y apoyo; por consiguiente, un servicio también a la colegialidad episcopal, promoviendo y sosteniendo una cooperación más visible en la Iglesia.

Conclusión.

11. Hoy es el cumpleaños del Papa.

En toda familia los cumpleaños se recuerdan con alegría y con felicitaciones.

Las felicitaciones por el cumpleaños de Juan Pablo II se inspiran en un profundo sentido de gratitud por el bien que ha sembrado en favor de la Iglesia y de la sociedad. Tal vez alguno de nosotros también haya cambiado gracias a la fidelidad y a la valentía con las que este Papa ha proclamado la verdad y defendido los valores. El ejemplo de este Papa, como reflejan también las páginas del libro, nos sirve a todos de gran inspiración.

Que el testimonio que nos da con su fe y su valentía siga iluminando el camino de la Iglesia y de la humanidad.

Conmemoración del XXVI Aniversario del Pontificado de Juan Pablo II

La presentación del nuevo libro del Santo Padre: "Memoria e Identidad"; sobre filosofía de la historia del siglo XX; y del volumen sobre "Juan Pablo II y la diplomacia Pontificia" coinciden con la conmemoración de los 26 años de su Pontificado.

Memoria e Identidad: Conversación entre milenios; es el nuevo libro del Papa presentado en la Feria Internacional del Libro de Francfort (Alemania).

El misterio del ser humano, eje del nuevo libro de Juan Pablo II.

«Memoria e identidad. Conversación entre milenios» es el título del nuevo libro de Juan Pablo II, de cuya presentación se ocupó el miércoles el portavoz de la Santa Sede Joaquín Navarro-Valls, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Francfort (Alemania).

La editorial «Rizzoli», que ha publicado, por ejemplo, la «opera omnia filosófica» del Papa --un tomo de más de mil páginas--, así como otros textos de crítica literaria escritos por Karol Wojtyla, tiene los derechos sobre el libro para todo el mundo.

Durante la Feria Internacional del Libro de Francfort, inaugurada ayer, comenzarán las conversaciones para la publicación en los diferentes idiomas. El volumen saldrá a las librerías de varios países simultáneamente en la primavera próxima, confirma el «VIS» («Vatican Information Service»)

En libro, en el que el Papa afronta los temas más importantes ligados a la historia del siglo XX, surgió de una larga conversación que mantuvo en 1993 con dos profesores de filosofía polacos, Krzysztof Michalski y Józef Tischner, en la residencia pontificia de Castelgandolfo.

Michalski fue uno de los tres jóvenes --junto a Cornelia Klinger y Klaus Nellen-- que hace más de dos décadas fundaron el Instituto para las Ciencias Humanas en Viena (Austria), gracias a la ayuda del filósofo y sacerdote Tischner --fallecido en 2000--, cuya amistad con el Papa se remonta a los tiempos en Cracovia.

Los dos intelectuales, Michaslki y Tischner, «hacían preguntas al Santo Padre y él respondía», explicó Navarro-Valls en la presentación a la prensa. La conversación fue grabada y posteriormente transcrita. El manuscrito se guardó varios años hasta que el Papa volvió a leerlo y decidió convertirlo en libro tras hacer algunas correcciones.

La democracia contemporánea, la libertad humana, los conceptos no idénticos de nación, de patria y de Estado, las relaciones más que funcionales entre nación y cultura, los derechos humanos y la relación entre Iglesia y Estado son temas que aborda Juan Pablo II en este tomo, una obra de filosofía de la historia según Navarro-Valls.

El hilo conductor es el mismo del pensamiento de Juan Pablo II: el gran misterio del ser humano, tema siempre presente en toda la obra filosófica y literaria de Karol Wojtyla, así como en sus escritos magisteriales.

Si bien situaciones y hechos que conciernen a otros continentes están presentes en este nuevo libro, el Papa piensa sobre todo en Europa, en el dinamismo de las ideas que permanecen latentes a veces durante siglos y que explican realidades que de otro modo serían inexplicables, aclaró el portavoz de la Santa Sede.

El Papa afronta los interrogantes de la vida y el pensamiento del último siglo con rigor intelectual. «Debemos aprender --escribe-- a ir a las raíces».

En «Memoria e identidad» el Papa --prosigue Navarro-Valls-- busca estas raíces y también su relación tanto con los momentos terribles de nuestra historia reciente como con «los innumerables frutos positivos», como escribe, que han originado en la historia de Occidente.

El autor contribuye a la comprensión de los grandes interrogantes históricos de nuestra época llevando al lector a plantearse la cuestión de encontrar el sentido más profundo de la historia.

Juan Pablo II escribe sobre las ideologías del mal, el nacionalsocialismo y el comunismo, busca las raíces de las mismas y de los regímenes a los que dieron origen.

Asimismo, hace una reflexión teológica y filosófica acerca de cómo la presencia del mal muchas veces termina siendo una invitación a hacer el bien. «Sucede que el mal, en ciertos momentos de la existencia humana, se revela como útil. Útil en la medida en que crea una ocasión para hacer el bien», dice el Papa en un fragmento de su libro.

Navarro-Valls admitió ante los micrófonos de «Radio Vaticana» que del libro lo que más le impacta es «el optimismo», «un optimismo cristiano, incluso ante los grandes males y las grandes tragedias de las que Europa ha sido en parte víctima y en parte protagonista en el último siglo».

En la presentación del volumen, el portavoz del Vaticano recordó que Juan Pablo II ha sido el primer Papa que publica libros recurriendo a los canales comerciales habituales. «Memoria e identidad» es el quinto libro que escribe durante su pontificado.

Este año se publicó «¡Levantaos! ¡Vamos!», a través de cuyas páginas el Santo Padre narra los veinte años de su ministerio como obispo en Polonia, desde su ordenación en 1958 hasta su elección al pontificado, en 1978.

En 2003 en cambio publicó una obra de poesías, «Tríptico Romano», en la que medita sobre la vida y la muerte, recuerda su elección a la Sede de Pedro en la Capilla Sixtina y habla del día en que los cardenales se reunirán para nombrar a su sucesor.

«Don y misterio» se publicó en noviembre de 1996, en las bodas de oro sacerdotales de Juan Pablo II. En el volumen, el Papa cuenta el origen de su sacerdocio y experiencias de este ministerio.

En 1994, publicó «Cruzando el umbral de la esperanza», un volumen-entrevista firmado junto al periodista católico italiano Vittorio Messori.

Si bien «explícitamente el Papa aún no ha mencionado» adónde irán destinados los beneficios de las ventas de «Memoria e identidad», «creo que se adoptará el mismo criterio utilizado en libros precedentes» --apuntó Navarro-Valls a la emisora pontificia--, esto es, «a obras de caridad en diferentes áreas».

El portavoz de la Santa Sede recordó que este libro se dirige en particular a los jóvenes, que están siempre en el corazón del Santo Padre.

Nuevo libro del Papa: Nazismo y comunismo, dos capítulos de la misma «locura».

Fragmentos de su nuevo libro «Memoria e identidad».

Publicamos a continuación un fragmento del nuevo libro de Juan Pablo II «Memoria e identidad. Conversación entre milenios», presentado el miércoles en la Feria Internacional del Libro de Francfort (Alemania). Los derechos del volumen, que saldrá a la venta la próxima primavera, son de la editorial Rizzoli.

La traducción al español de los siguientes párrafos, difundidos por el diario católico italiano «Avvenire», es de Zenit. Corresponden al capítulo III relativo al «límite impuesto al mal en la historia de Europa».

(...) Me ha sido dado tener la experiencia personal de la realidad de las «ideologías del mal». Es algo que permanece indeleble en mi memoria. Primero fue el nazismo. Lo que en aquellos años se pudo ver era ya algo terrible. Pero muchos aspectos del nazismo, en esa fase, de hecho estuvieron ocultos. La dimensión real del mal que se desencadenaba en Europa no fue percibida por todos, ni siquiera por aquellos entre nosotros que vivían en el centro mismo de aquel torbellino.

Vivíamos precipitados en una gran erupción de mal (...). Tanto los nazistas durante la guerra como, más tarde, en el Este de Europa los comunistas, intentaban ocultar ante la opinión pública lo que hacían. Durante largo tiempo Occidente no quiso creer en el exterminio de los judíos (...). Ni tampoco en Polonia se sabía todo sobre lo que los nazistas habían hecho y hacían a los polacos, ni sobre lo que los soviéticos habían hecho a los oficiales polacos en Katyn (...).

Más tarde, ya después de la guerra, pensaba para mí: el Señor Dios han concedido al nazismo doce años de existencia y después de doce años aquel sistema se ha derrumbado. Se ve que aquél era el límite impuesto por la Divina Providencia a una locura tal. En verdad, no había sido sólo una locura –había sido una «bestialidad», como escribió Konstanty Michalski. Pero de hecho la Divina Providencia concedió sólo aquellos doce años al desencadenamiento de ese furor bestial. Si el comunismo ha sobrevivido más tiempo y si tiene aún ante sí, pensaba entonces para mí, una perspectiva de ulterior desarrollo, debe haber algún sentido en todo esto. (...)

Se tenía entonces la clara sensación de que los comunistas habrían conquistado Polonia y que habrían ido más allá, a Europa occidental, proyectándose a la conquista del mundo. En realidad no se llegó a tanto. «El milagro del Vístula», o sea el triunfo de Pitsudski en la batalla contra el Ejército Ruso detuvo estas pretensiones soviéticas. Tras la victoria en la segunda guerra mundial sobre el nazismo, de hecho, los comunistas se disponían con atrevimiento a adueñarse del mundo y, en todo caso, de Europa. Al principio ello llevó a la repartición del Continente en esferas de influencia. Fue éste el acuerdo alcanzado en la Conferencia de Yalta de febrero de 1945, un acuerdo sólo aparentemente respetado por los comunistas, que lo transgredieron de hecho de varias maneras. (...). Para mí, entonces, estuvo inmediatamente claro que aquello duraría un tiempo mucho más largo que el nazista. ¿Cómo de largo? Era difícil preverlo. Lo que venía a la mente es que aquel mal fuera de algún modo necesario al mundo y al hombre. Sucede, de hecho, que en ciertas situaciones concretas de la existencia humana el mal se revela en alguna medida útil –útil en tanto en cuanto crea ocasiones para el bien.

Derechos humanos, eje de la actividad diplomática de este Papa

Como muestra una antología de sus discursos pronunciados sobre el tema

Los derechos humanos son la clave de la actividad diplomática de Juan Pablo, como demuestra la publicación de una antología de sus discursos diplomáticos pronunciados en los últimos 25 años.

«Juan Pablo II y los desafíos de la diplomacia pontificia» recoge más de 300 discursos del Papa a las organizaciones internacionales, 137 mensajes a jefes de estado, 18 a jefes de gobierno, y 691 discursos a los embajadores con motivo de la presentación de sus cartas credenciales.

El encargado de recoger la documentación de esta obra, promovida por el Consejo Pontificio de la Justicia y de la Paz, ha sido el arzobispo francés André Dupuy, nuncio apostólico en Venezuela.

Entre los temas más tocados por el Papa en sus intervenciones diplomáticas destacan la libertad religiosa, el desarrollo social, la promoción de la paz y de los derechos de la familia y de los pueblos, así como el compromiso incansable en defensa de toda vida humana.

Son temas muy variados, reconoció monseñor Dupuy este lunes en una rueda de prensa, pero siempre afrontados con «la audacia de la verdad».

«El respeto de estos derechos no es una cuestión de conveniencia política, sino que proviene de la dignidad de la naturaleza humana en virtud de su condición de criatura de Dios», añadió.

La Iglesia, por tanto, «tiene el deber de intervenir, de alzar la voz cada vez que la dignidad de la persona humana, los valores morales de la justicia, de la libertad, de la verdad, de la solidaridad y de la paz son contradichos por las vicisitudes de este mundo».

Por este motivo, añadió, «la palabra de Juan Pablo II a los responsables de los pueblos y de las naciones es la palabra de toda la Iglesia».

Fuente : Agencia de Noticias Zenit

Greenpeace





QR Code

          José María Amenós Vidal - estrategia.info
  • Aviso legal lssi
  • Ficheros agpd

  •            José María Amenós Vidal - estrategia.info