Benedicto XVI envía su pésame a las familias de las ví­ctimas en el siniestro de FGV 
miércoles, julio 5, 2006, 11:17 AM

Fuente : Ciudad del Vaticano, Notimex y CEE. Martes, 4 julio 2006.

Benedicto XVI tiene previsto viajar el próximo sábado a Valencia para participar en el V Encuentro Mundial de las Familias (EMF, 1-9 julio 2006), ciudad que ha sido escenario de la mayor tragedia ferroviaria ocurrida en España en los últimos 50 años. El Papa envió hoy al arzobispo de Valencia, Agustín García-Gasco, un telegrama de condolencias por el accidente ocurrido el lunes en los "Ferrocarriles de la Generalitat Valenciana" (FGV).

El texto, dado a conocer por la sala de prensa de la Santa Sede y firmado por el pontífice, destacó la cercanía del Papa con los fallecidos, los heridos y sus familiares.

"Al conocer con profundo pesar la triste noticia del accidente en el metro de Valencia, que ha llenado de luto a tantas familias, ofrezco sufragios por el eterno descanso de los fallecidos", subrayó el mensaje.

"Pido al Señor que conceda consuelo y serenidad a quienes lloran la pérdida de sus seres queridos", continuó el telegrama.

"Asimismo, ruego a vuestra excelencia que transmita mi más sentido pésame a los familiares de las víctimas y exprese los sentimientos de mi paterna cercanía espiritual a los numerosos heridos", agregó.

"A la vez que les imparto a todos con afecto la confortadora bendición apostólica como signo de fe y esperanza en Cristo resucitado", añadió el mensaje.

El Papa Benedicto XVI tiene previsto viajar el próximo sábado a esa ciudad española para participar en el V Encuentro Mundial de las Familias. Fuentes vaticanas confirmaron a Notimex que por el momento la visita, que finaliza el domingo, no se ha suspendido.

Nota de prensa.

Telegrama de condolencia de los obispos españoles a Mons. García-Gasco. Ante el accidente ocurrido esta mañana en el metro de Valencia. Madrid, 3 de julio de 2006.

El Presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Mons. D. Ricardo Blázquez, y el Secretario General de la CEE, P. Juan Antonio Martínez Camino, en nombre de los obispos españoles, han remitido un telegrama de condolencia al Arzobispo de Valencia, Mons. D. Agustín García-Gasco, con motivo del accidente ocurrido en el metro de Valencia.

Os adjuntamos el texto completo del telegrama:

“Sr. Arzobispo: la triste noticia del accidente ocurrido esta mañana en el metro de Valencia nos llega cuando estamos a punto de emprender viaje a esa querida ciudad para participar en los actos del V Encuentro Mundial de las Familias con el Papa. Aunque tendremos ocasión de hacerlo personalmente, deseamos transmitirle cuanto antes nuestra condolencia, también en nombre de todos los obispos miembros de la CEE y de nuestros colaboradores en esta Casa.

Le rogamos Sr. Arzobispo que confirme a los familiares de las víctimas mortales que nos unimos a su dolor y que encomendamos al Señor el eterno descanso de sus seres queridos. Oramos también por el pronto restablecimiento de los heridos”.

Ricardo Blázquez Pérez, Obispo de Bilbao y Presidente de la CEE.
Juan Antonio Martínez Camino, Secretario General de la CEE.

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Juan Pablo II, el Magno 
domingo, junio 25, 2006, 09:40 PM -
En memoria de S.S. Juan Pablo II: 18 mayo 1920 - 2 abril 2005; mártir y confesor de la fe por la gracia de la Virgen María, Reina de los Apóstoles y los Mártires.

1. Apertura del proceso de beatificación de Juan Pablo II.

28 JUN 2005 (VIS).-Esta tarde, víspera de la solemnidad de San Pedro y San Pablo apóstoles, tendrá lugar en la romana basílica de San Juan de Letrán, la sesión de apertura de la investigación diocesana sobre la vida, virtudes, y fama de santidad del siervo de Dios Juan Pablo II (Karol Wojtyla).

El pasado 13 de mayo, Benedicto XVI anunció en el curso de un encuentro con el clero romano en esa misma basílica la apertura de la causa dispensando de los cinco años de espera que deben transcurrir tras la muerte del Siervo de Dios y su inicio.

El Tribunal diocesano de Roma es responsable de la primera fase del proceso (análisis de la vida y de los escritos del Siervo de Dios, audiencia a los testigos). Si el veredicto es positivo, el sumario pasará a la Congregación para las Causas de los Santos, donde tras un nuevo examen del material relativo a la causa, se analizarán con la ayuda de médicos y expertos los favores extraordinarios que podrían ser milagros. Tras la certificación de un milagro, el Papa puede disponer la beatificación.

(...) El postulador, monseñor Slawomir Oder, explica que dentro de poco esa página "ofrecerá espacio a los testimonios sobre las gracias recibidas, (...) los encuentros personales con Juan Pablo II, así como información sobre las iniciativas de los fieles para apoyar en todo el mundo la causa de beatificación".

En la página oficial (en Internet) de la causa de beatificación de Juan Pablo II, en diversos idiomas, se facilita también la oración aprobada por el Vicariato de Roma para implorar favores por intercesión del siervo de Dios Juan Pablo II.

2. Oración oficial para pedir la intercesión del siervo de Dios.

Oh Trinidad Santa,

Te damos gracias por haber concedido a la Iglesia al Papa Juan Pablo II y porque en él has reflejado la ternura de Tu paternidad, la gloria de la cruz de Cristo y el esplendor del Espíritu de amor.

Él, confiando totalmente en tu infinita misericordia y en la maternal intercesión de María, nos ha mostrado una imagen viva de Jesús Buen Pastor, indicándonos la santidad, alto grado de la vida cristiana ordinaria, como camino para alcanzar la comunión eterna Contigo.

Concédenos, por su intercesión, y si es Tu voluntad, el favor que imploramos, con la esperanza de que sea pronto incluido en el número de tus santos.

3. e-mail para recoger testimonios sobre su santidad.

ROMA, 21 Jun. 05 (ACI).- Los responsables del proceso de beatificación del Papa Juan Pablo II han habilitado la dirección de correo electrónico para recoger testimonios de todo el mundo sobre la santidad del difunto Pontífice.

El instructor del proceso de beatificación, el sacerdote polaco Slawomir Oder, pidió a través de Radio Vaticana que cualquier testimonio que se considere importante para la causa se envíe por Internet o por correo regular para enriquecer el expediente.

El sitio web oficial de la Diócesis de Roma publicará los testimonios, clasificados en categorías como "Mi encuentro con Juan Pablo II" o "gracias recibidas".

Actualmente, hay 635 documentos en el expediente del Papa, entre los que se cuentan los primeros escritos de Juan Pablo II que tratan sobre "su preocupación por la Iglesia, su espíritu humano, el papel de los laicos en la Iglesia y la santidad de la vida cristiana".

El proceso de beatificación comenzará oficialmente el próximo 28 de junio con una ceremonia en la basílica de San Juan de Letrán.

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Discriminación religiosa contra el catolicismo en Uruguay 
domingo, junio 25, 2006, 09:32 PM -
La señal de EWTN, el canal católico creado por Madre Angélica, fue suprimida desde el 1 de julio 2005 en dos de los tres canales cables de Montevideo. La Iglesia Católica en el Uruguay viene enfrentando un feroz laicismo, que se ha plasmado en diversos ámbitos de la vida social. La Universidad Católica en Uruguay tiene, de existencia, poco más de 20 años. Hace menos de dos años que la Arquidiócesis de Montevideo compró la radio Oriental (8/12/03), y aunque presenta una programación variada (confesional y aconfesional), enfrenta serios problemas para conseguir auspiciantes. Finalmente, y no sin dificultades, recientemente se instaló Radio María en los departamentos de Florida y Cerro Largo.

Esta historia de 100 años ha influido en la configuración de la cultura uruguaya actual, validando e invalidando, según los parámetros del secularismo, determinadas presencias eclesiales en la sociedad. También esto ha influido en la configuración del pensamiento del clero y el pueblo católico, que en más de una oportunidad es invitado a ser "más uruguayo que católico". El silenciamiento del Canal Católico EWTN en la ciudad de Montevideo, genera honda preocupación, al tiempo que intenta servir de cimiento al fuerte laicismo imperante.

Horacio Bojorge S.J.
Rossell y Rius 1613
11604 Montevideo - Uruguay
Tel: (00598-2) 628 5336
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Letanías de la Orden Dominicana 
domingo, junio 25, 2006, 09:24 PM -
Boletin "Hora de Guardia". Año I - Nº 12. 1 de agosto 2005. Editor: Asociación Guardia de Honor de la Virgen del Rosario del Milagro. Basílica de Santo Domingo. Av. Velez Sarsfield 30. Arquidiócesis de Córdoba (Tucumán) - República Argentina.

Estas Letanías, muy diferentes de las ordinarias, fueron experimentadas como eficacísimas para obtener la protección de Nuestra Señora y su inmediato socorro en las graves tribulaciones. En una persecución promovida contra la Orden Dominicana en el año 1300, el General de la Orden ordenó se recitaran en todos los conventos, con lo que no sólo se obtuvo del cielo el cese de las persecuciones, sino que la Orden Dominicana fuera tenida en gran veneración y colmada de justos honores. Por ese feliz suceso se decía: Cavete a Litaniis Fratum Prædicatorum qui mirabilia faciunt (Guardaos de las letanías de los Hermanos Predicadores, porque obran maravillas)

Señor, ten piedad de nosotros; Cristo, ten piedad de nosotros
Señor, ten piedad de nosotros; Cristo, óyenos; Cristo, escúchanos

Dios Padre Celestial, ten piedad de nosotros; Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros
Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros; Trinidad Santa un solo Dios, ten piedad de nosotros

Santa María, esperanza de los desgraciados y dulce consuelo de los atribulados, ruega por nosotros.
Santa María, Madre Santísima de Cristo,...; Santa María, Madre Virgen...
Santa María, Madre inviolada...; Santa María, Virgen de las Vírgenes...
Santa María, Virgen perpetua...; Santa María, llena de la Gracia de Dios...
Santa María, hija del Rey Eterno...; Santa María, Madre y Esposa de Cristo...
Santa María, Templo del Espíritu Santo...; Santa María, Reina de los cielos...
Santa María, Señora de los ángeles...; Santa María, Escala de Dios...
Santa María, Puerta del Paraíso...; Santa María, Madre y Señora nuestra...
Santa María, verdadera esperanza nuestra...; Santa María, nueva Madre nuestra...
Santa María, fe de todos los fieles...; Santa María, caridad perfecta de Dios...
Santa María, Emperatriz nuestra...; Santa María, fuente de dulzura...
Santa María, Madre de misericordia...; Santa María, Madre del Príncipe Eterno...
Santa María, Madre del verdadero Consejo...; Santa María, Madre de la verdadera fe...
Santa María, resurrección nuestra...; Santa María, por quien toda criatura se renueva...
Santa María, generadora de la Luz eterna...; Santa María, portadora del que todo lo lleva...
Santa María, virtud de la Encarnación divina...; Santa María, sala del tesoro celestial...
Santa María, generadora del que todo lo hace...; Santa María, arcano del celestial consejo...
Santa María, verdadera salud nuestra...; Santa María, tesoro de los fieles...
Santa María, hermosísima Señora nuestra...; Santa María, Iris lleno de alegría...
Santa María, Madre del verdadero gozo...; Santa María, camino nuestro hacia el Señor...
Santa María, abogada nuestra...; Santa María, estrella clarísima del cielo...
Santa María, más brillante que la luna...; Santa María, más refulgente que el sol...
Santa María, Madre del Dios eterno...; Santa María, que ahuyentas las tinieblas de la noche eterna...
Santa María, que borras el decreto de nuestra perdición...; Santa María, fuente de la verdadera sabiduría...
Santa María, luz de la recta conciencia...; Santa María, inestimable alegría nuestra...
Santa María, premio nuestro...; Santa María, deseo de la celestial patria...
Santa María, espejo de contemplación divina...; Santa María, la más bienaventurada entre las bienaventuradas...
Santa María, Señora clementísima...; Santa María, consoladora de los que a Ti recurren...
Santa María, llena de piedad...; Santa María, sobreabundante de toda dulzura...
Santa María, hermosura de los ángeles...; Santa María, flor de los patriarcas...
Santa María, humildad de los profetas...; Santa María, tesoro de los apóstoles...
Santa María, elogio de los mártires...; Santa María, glorificación de los sacerdotes...
Santa María, decoro de las vírgenes...; Santa María, lirio de la castidad...
Santa María, bendita entre todas las mujeres...; Santa María, reparación de todos los espiritualmente desvalidos...
Santa María, alabanza de todos los justos...; Santa María, conocedora de los secretos de Dios...
Santa María, la más santa entre todas las mujeres...; Santa María, esclarecidísima Señora...
Santa María, perla del celestial Esposo...; Santa María, Palacio de Cristo...
Santa María, Virgen Inmaculada...; Santa María, templo del Señor...
Santa María, gloria de Jerusalén...; Santa María, Hija de Dios...
Santa María, Esposa amadísima de Cristo...; Santa María, Estrella del mar...
Santa María, extiende tu mano y toca nuestro corazón para que nos libres a nosotros los pecadores...
Santa María, diadema sobre la cabeza del soberano Rey...; Santa María, dignísima de todo honor...
Santa María, llena de toda dulzura...; Santa María, mérito del reino celestial...
Santa María, entrada a la celestial vida...; Santa María, puerta cerrada y sólo abierta al Príncipe del cielo...
Santa María, por quien llegamos al Señor...; Santa María, rosa inmarcesible...
Santa María, las más preciosa entre las puras...; Santa María, más deseable que todo tesoro...
Santa María, más elevada que el cielo...; Santa María, más limpia que los Ángeles...
Santa María, alegría de los Arcángeles...; Santa María, júbilo de todos los santos...
Santa María, honor, alabanza, gloria y confianza nuestra...

Hija de Dios, María, míranos.; Hija de Joaquín, María, ámanos.; Hija de Ana, María, recíbenos.

Cordera de Dios, puerta de la Esperanza, llévanos al Hijo.; Cordera de Dios, júntanos a El, virginal lirio. Cordera de Dios, danos después del destierro el reino del descanso.

V. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de NSJ

V. Dígnate recibir mis alabanzas, Virgen Sagrada.
R. Dame fortaleza contra mis enemigos

V. Señor, escucha mi oración.
R. Y llegue a Ti mi clamor.

Te rogamos, Señor Dios, por la intercesión de la bienaventurada y gloriosa siempre Virgen María y todos sus Santos, defiendas de toda adversidad nuestra Casa y Congregación y la protejas de todas las asechanzas de los enemigos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

NOS ESCRIBEN.

Barranquilla, Colombia. Jueves 28 de Julio de 2005

Apreciados amigos :

Gracias le doy a Dios, por permitir personas que, como ángeles, están en la tierra sirviendo, orando, reparando y amando. Eso es lo que creo que son ustedes, que, como Guardia de Honor de la Virgen Santísima, viven agradando al Señor, por amar a su Madre María y meditar los Misterios del Rosario en su compañía, dando a El la Gloria.

Mi experiencia con Jesús, primero me llevó a Amar todo en El y poco a poco me fuÍ enamorando de María Santísima y descubriéndola como mi Madre, amiga, maestra, confidente e intercesora ante Jesús.

Leí la historia de la Virgen del Milagro, y como siempre, me conmueve ver a la Madre de Dios, actuando en favor nuestro para salvarnos.

Les puedo compartir como Colombiana que éste es un país Mariano por excelencia; algunos por religiosidad, otros por convicción profunda y sincera, pero unos y otros amamos a la Virgen María. Y en este tiempo de violencia y pecado, ella es siempre un signo de Amor y Unidad.

Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá es nuestra Patrona y fue consagrada Colombia a ella, por el Papa Juan Pablo II, en Julio 3 de 1986 en su visita a la Basílica de Nª Sª de Chiquinquirá, ubicada en esta ciudad en el departamento de Boyacá.

La historia cuenta que en 1560 Don Antonio de Santana, quiso tener una pintura de la Virgen del Rosario y así fue que Don Alonso de Narváez, pintor español, la pintó sobre una tela indígena en compañía de dos santos, San Andrés y San Antonio, uno de cada lado. San Andrés sostiene la Cruz y la Palabra de Dios y San Antonio sostiene al Niño. La imagen de la Virgen está coronada y la rodean 12 estrellas unidas entre sí. La Virgen está mirando al Niño y a un pajarito que tiene en su mano sostenido en su dedo; ambos muestran un Rosario.

Este cuadro se colocó en la Capilla de Antonio Santana, pero la humedad y el descuido lo fue deteriorando y desdibujó las caras. Al morir don Antonio, fue abandonado y el lugar se utilizó para colocar allí granos y ponerlos al sol para secarlos. Vino entonces una española llamada María, familiar de los Santana, mujer piadosa y devota de la Virgen a quien invocaba todos los días y pedía paz y consuelo porque vivía triste por estar lejos de su tierra. Esta mujer cristiana, limpió el cuadro con mucho cuidado y amor, y lo colocó en un sitio especial de la derruida Capilla de la familia Santana. Frecuentaba ese lugar Isabel, una mujer indígena devota de la Virgen, y su hijito. Se acercó para orar y descubrió con sorpresa que toda la Capilla estaba iluminada por un resplandor hermoso que procedía del Cuadro de Nuestra Señora.... Había ocurrido el Milagro y el cuadro estaba restaurado y aparecía bello ante ella. María e Isabel se postraron y dieron alabanza a la Madre y glorificaron a Jesús.

Desde entonces asisten miles de fieles devotos a rogar y venerar esta preciosa imagen y se estableció el 9 de Julio para celebrar su fiesta patronal. El cuadro no ha sido restaurado y luce hermoso y lleno de colorido y belleza a pesar de los siglos que han pasado desde que ocurrió esta manifestación de la Virgen.

Espero, queridos amigos, que a grandes rasgos tengan una idea de esta herencia de Fe tan apreciada por nosotros los colombianos, y que como países hermanos nos sintamos cada vez más unidos por el amor maternal de Nuestra Madre María, que aparece en cada país con unos signos diferentes, pero que al final su mensaje es siempre el mismo que en Fátima: ORAR, REPARAR, CONVERTIRSE Y AMAR A SU HIJO JESUS ....

Yo me siento unida a ustedes por medio del Santo Rosario, que acostumbro a meditar en todos sus Misterios en compañía de María Santísima.

Con mucho cariño, quedamos bendecidos por Jesús y María.
Fraternalmente,

Helena Fandiño de Sarmiento. Catequista (Colombia).

Para información general enviar correo electrónico con preguntas o comentarios a la Escuela Santo Tomás Moro - dirección postal : Río Negro 365 - Córdoba (Argentina).
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Cofradía del Rosario Perpetuo 
domingo, junio 25, 2006, 09:21 PM -
Boletin "Hora de Guardia". Año I - Nº 0. octubre de 2004. Editor: Asociación Guardia de Honor de la Virgen del Rosario del Milagro. Basílica de Santo Domingo. Av. Velez Sarsfield 30. Arquidiócesis de Córdoba (Tucumán) - República Argentina.

1. Un poco de historia.

Corría el año 1635. El religioso dominico Petronio Martini se hallaba en oración ante el sepulcro de nuestro Padre Santo Domingo en el convento de Bolonia, cuando concibió la idea de distribuir las 8760 horas del año en otras tantas personas que se comprometieran a rezar los quince misterios del rosario en una hora anual que libremente habían escogido. Rápidamente se propagó esta tierna devoción; cuatro años más tarde ya había cruzado la frontera de Italia, y en Francia, España, Alemania y Polonia crecía el número de asociados. En una década, éstos se contaban por millones en Europa, y pronto, de la mano de los frailes dominicos, se propagó en América.

Pero fue en 1858 que el Rosario Perpetuo se organizó en la forma que hoy lo conocemos. Le cupo a Fr. Agustín Chardon, del convento del Lyon, Francia, modificar el método de la hora anual, por el de la hora mensual, estructura que desde entonces hasta nuestros días se mantiene sin variantes.

2. Finalidad.

La Guardia de Honor o Rosario Perpetuo, es una Asociación formada por Cofrades del Rosario, los cuales, de día y de noche, sucediéndose de hora en hora sin interrupción, rezan el Santo Rosario.

El fin general del Rosario Perpetuo es alabar y bendecir sin cesar al Señor y a la S.Sma. Virgen, pidiendo perdón por los continuos pecados que contra Dios se cometen diariamente, y suplicar el remedio de nuestras necesidades.

El objeto especial del Rosario Perpetuo es rogar a Dios, por intercesión de su Santa Madre:

- por la conversión de los pecadores, meditando los misterios gozosos.
- por la buena muerte de los agonizantes, meditando los dolorosos.
- por las almas del Purgatorio, los gloriosos.
- por la familia, la paz del mundo y los sacerdotes, los luminosos, meditación incorporada luego de publicarse la inspirada Carta Apostólica ¨Rosarium Virginis Mariæ¨ de Su Santidad Juan Pablo II.

3. Organización del Rosario Perpetuo.

Los asociados están distribuidos en treinta y una Secciones o Coros (una por cada día del mes). Los miembros de cada coro se reparten las 24 horas del día, pudiendo cada persona elegir la hora y el día del mes que más le convenga, teniendo en cuenta sus deberes y ocupaciones habituales.

Durante la hora de Guardia, se rezan y meditan las cuatro partes del Rosario: los Misterios de Gozo, de Dolor, de Luz y de Gloria. Puede cumplirse en la casa, en la Iglesia, en el campo, en viaje, aún en la cama con reverente compostura, si el levantarse trae inconvenientes.

Los asociados hacen permanente Guardia de Honor a la Reina del Cielo en el rezo ininterrumpido del Rosario. Cuando uno, hecha la Hora de Guardia que libremente ha escogido, se entrega al descanso o al trabajo, otro toma su lugar y vela por él.

Quien no cumple la Hora de Guardia no comete falta ni pecado alguno; sólo se priva de las muchas gracias que podría recibir haciéndola.

La Hora de Guardia se cumple una sola vez al mes: una hora por mes donada amorosamente a la Virgen.

4. El Rosario Perpetuo en la ciudad de Córdoba.

En esta ciudad la Cofradía del Rosario Perpetuo se denomina, en honor de su Patrona, Guardia de Honor de la Virgen del Rosario del Milagro y tiene su sede en la Basílica de Santo Domingo. Su actual asesor es Fr. Jerónimo Rodríguez, quien nos acompaña con voluntad inquebrantable, nos ilumina con su plática, nos reprende amorosamente, y nos honra con su amistad.

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Historia de la prodigiosa imagen de la Santísima Virgen del Milagro 
domingo, junio 25, 2006, 09:19 PM -
Boletin "Hora de Guardia". Año I - Nº 10. 20 de junio de 2005. Editor: Asociación Guardia de Honor de la Virgen del Rosario del Milagro. Basílica de Santo Domingo. Av. Velez Sarsfield 30. Arquidiócesis de Córdoba (Tucumán) - República Argentina.

La noche del 19 de junio de 1592, un fuerte temblor obligó a los pobladores del Callao, Perú, a refugiarse en el lugar más seguro: la playa. Al amanecer del día siguiente, las olas arrojaron sobre la costa lo que parecía ser restos de un naufragio: dos cajas o arcones de madera. En sus cubiertas, sendos rótulos decían: ¨Una Señora del Rosario para el Convento de Predicadores de la Ciudad de Córdoba, Provincia del Tucumán, remitido por Fray Francisco Victoria, O.P., Obispo de Córdoba del Tucumán¨. ¨Un Señor Crucificado para la Iglesia Matriz de la Ciudad de Salta, Provincia del Tucumán, remitido por Fray Francisco de Victoria, O. P. Obispo de Córdoba del Tucumán.¨ Abiertos los cajones, se encontraron las imágenes señaladas en los rótulos, en perfecto estado de conservación, protegidas por paja completamente seca.

El Virrey del Perú, Don García Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete, hizo trasladar las imágenes a Lima, y el entonces Arzobispo, Toribio de Mogrovejo celebró el Te Deum. Cuenta la tradición, que en esa ocasión estuvieron presentes venerando las imágenes, Santa Rosa de Lima, San Francisco Solano y San Martín de Porres.

A fin de cumplir con la voluntad del remitente, se organizó la procesión que acompañó a las puertas de la ciudad a las efigies -que ya se las denominaba del Milagro por su singular aparición-, en medio de las salvas del ejército, los cánticos y las plegarias. Luego, el cortejo siguió su marcha hasta la ciudad de Salta, donde quedó el crucifijo, y desde allí continuó la devota peregrinación hasta Córdoba para entregarla a la comunidad dominicana.

Nos gusta pensar que la ciudad recibió el regalo con celebraciones extraordinarias y ardoroso fervor mariano, y es probable que así haya sido, pero nada sabemos de cierto, pues por aquellos años, la Iglesia de Santo Domingo no era la magnífica Basílica que hoy se levanta en la esquina que forman las calles Deán Funes y Av. Vélez Sarsfield, sino probablemente una modesta capilla (1), y la imagen de la Virgen habría sido colocada en un camarín o Nicho (2).

El Santuario muy pronto se hizo célebre por los favores dispensados por la Santísima Virgen a cuantos imploraban protección. En tiempos de calamidades, sequías, epidemias, el pueblo acudía fervoroso a invocar el auxilio de la Madre, y ella nunca defraudó las esperanzas de sus devotos. Por esta singular protección experimentada en innumerables ocasiones, el 1º de octubre de 1892, la imagen fue solemnemente coronada por el Obispo de Córdoba, Fr. Reginaldo Toro, en nombre de Su Santidad León XIII. Y en 1937 Pío XI declara a la Santísima Virgen del Rosario del Milagro Patrona de la Arquidiócesis, patronazgo que fue celebrado con una procesión que reunió más de cien mil personas, según cuentan las crónicas.

Señor del Milagro.

Cada primer domingo de octubre la ciudad mediterránea renueva sus manifestaciones de amor hacia su protectora con la solemne procesión. A hombros de los cofrades del Rosario, la imagen de Nuestra Señora, en andas cubiertas de flores, franquea la artística reja de hierro forjado que pone límite al atrio. La talla de madera de ciprés de 1,51 m. de altura, va ricamente ataviada con traje de lamé bordado en hilos de plata, y joyas que pertenecieron a damas cordobesas de fines de siglo XIX. Bajo la corona, la gran mantilla de encaje enmarca las facciones delicadas y cae como una cascada de espuma sobre la espalda. Sostiene en el brazo izquierdo al Niño Jesús en actitud de bendecir, y en el derecho un cetro, y de ambas manos cuelga un largo rosario.

Culminada la celebración de la Eucaristía presidida por el Arzobispo, la imagen es transportada nuevamente a su camarín en la Basílica y depositada en el imponente templete de cristal y ónix que domina la nave central.

Oh, Virgen Santísima del Rosario del Milagro,
Que cruzando de modo portentoso el mar Pacífico,
has elegido a Córdoba como trono de Misericordia,
donde en tiempo de sequía y otros flagelos públicos,
al invocar tu auxilio, has puesto de inmediato celestial remedio,
y ante cuyo altar tantos enfermos y afligidos,
tantos desvalidos e infortunados,
han logrado por tu mediación verse libres de sus tribulaciones,
vengo lleno de confianza y de fe, a pedirte,
desde lo más íntimo de mi corazón,
me concedas una gracia.
Yo, agradecido por tu bondad,
prometo ser más devoto tuyo publicando tus favores,
y más fiel en el cumplimiento de mis deberes de cristiano.

¡Virgen del Rosario del Milagro, sednos propicia!.

Notas.

(1) Antes de 1604, fecha oficial de la instalación de los dominicos en Córdoba, existía un convento, desprendimiento del de Santiago del Estero, pero no se conoce registro documental de su ubicación geográfica, o número de frailes.

(2) Devoto de nuestra Señora del Nicho fue Don Santiago de Liniers, quien ofreció al Convento dos banderas capturadas a los ingleses en la victoria del 5 de julio de 1807. Las banderas aún se conservan, bellamente enmarcadas, en el actual Camarín de la Virgen.

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Las Nuevas Cruzadas. La Epopeya de la Vendée (Parte II) 
domingo, junio 25, 2006, 09:02 PM -
Boletin "Hora de Guardia". Año I - Nº 6. 16 de abril 2005. Editor: Asociación Guardia de Honor de la Virgen del Rosario del Milagro. Basílica de Santo Domingo. Av. Velez Sarsfield 30. Arquidiócesis de Córdoba (Tucumán) - República Argentina.

LAS NUEVAS CRUZADAS. LA EPOPEYA DE LA VENDÉE. Primera Cruzada Contra los "Sin Dios Jacobinos”. Primer Genocidio de la Modernidad. Parte II. Por Lic. Gustavo Carrére Cadirant. República Argentina.

2. EPOPEYA VENDEANA

Antecedentes

La política religiosa del nuevo régimen y las medidas de excepción contra los sacerdotes no juramentados trajeron una consecuencia cuya trascendencia iba a ser considerable: la sublevación del oeste de Francia, no solamente La Vendée, sino más o menos todo el país que se extiende desde el norte del Poitu hasta la Bretaña y a los confines de Normandía, en los territorios actuales de los obispados de Poitiers, Angers, Lucon y Nantes. Si bien la adhesión a la causa realista intervendría también en su estallido, la fidelidad a la Fe Católica y a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana constituyó sin duda el móvil mayor de aquella epopeya.

La "Epopeya de La Vendée" refiere a la gesta católica emprendida por campesinos y sus familias —acompañados por nobles y sacerdotes— que llevaban prendidos escarapelas del Sagrado Corazón y se autodenominaban como ejército católico y real; se resistían a que la presencia social de Cristo Rey fuera desterrada de sus pueblos, de gran mayoría cristiana.

Esta región, evangelizada un siglo atrás por San Luis María Grignon de Montfort, terciario dominico —que insistía en la devoción filial a Nuestra Señora— fue tan inmunizada contra el virus de la Revolución, que se levantó en armas contra el gobierno republicano y anticatólico de Paris.

San Luis María Grignon de Montfort tenía a la Santísima Virgen la devoción más ardiente, y hasta compuso en su alabanza el "Tratado de la Verdadera Devoción", que constituye hoy el fundamento más fuerte de toda la piedad mariana profunda.

Por otro lado, con sus misiones aproximaba al pueblo a los sacramentos y lo enfervorizaba en la devoción al Rosario. También la sagrada insignia difundida por el santo —el Sagrado Corazón en tela roja, encuadrado por las iniciales de Jesús y María— fue colocado por los combatientes sobre sus chalecos, blusas, o dispuesto como escarapela en los sombreros de amplias alas.

El día de la beatificación de este apasionado apóstol, el ilustre obispo de Angers, Mons. Freppel, lo proclamaba solemnemente ante 20.000 vendeanos en St. Laurent-Sur-Sèvre, lugar donde reposan los restos del extraordinario conmovedor de almas : «fue por Montfort y sus hijos espirituales, los Misioneros de San Lorenzo, por quienes corrió el flujo fecundo de savia cristiana en los campos del Oeste durante todo el siglo XVIII.

Si ese siglo fue en otros lugares un tiempo de decadencia moral, en el Oeste, por el contrario, salvo en las grandes ciudades, fue una época de vivificación cristiana durante la cual el pueblo de esta región —dice Mgr. Freppel— estuvo como lleno de dos sentimientos igualmente apropiados para engendrar el heroísmo: la Fe religiosa y la fidelidad al poder legítimo. Por ello es que, cuando en un día de odio y de obcecación se llegó a atacar a los ungidos del Señor, a todo lo que representaba Cristo en el estado y en la Iglesia, este pueblo se estremeció y se levantó para defender todo lo que amaba y todo lo que respetaba».

1er. levantamiento en La Vendée: 1792

El 27 de noviembre de 1791 la Asamblea decreta "que enviaba a la cabeza de partido a los curas refractarios", alejándolos de su comuna, de su centro de actividad pastoral; los trasladaba a la gran ciudad, sometidos a la inspección, a la inquieta vigilancia de las sociedades patrióticas. Imposible referir todos los clamores que suscitó este decreto; el aldeano estaba unido al sacerdote por una razón muy natural: el sacerdote era el mismo aldeano, su hijo, su hermano o su primo.

Los sacerdotes refractarios, reunidos en la cabeza del partido, conocían perfectamente el estado de las campiñas, el dolor profundo de las familias y la sombría indignación de los hombres. Esto les infundió una gran esperanza, y se propusieron comunicárselo al rey. En una multitud de cartas que le escribieron en la primavera de 1792, le animaban para que se mantuviera firme, que no tuviera miedo a la Revolución y que la paralizara valiéndose del derecho constitucional: el veto.

El 9 de febrero de 1792, sacerdotes refractarios reunidos en Angers, redactaron una carta para el Rey, que puede considerarse como el Acta originaria de la Epopeya de La Vendée, ya que la anuncia y predice: "(...) Señor, sois un hombre piadoso, no lo ignoramos. Haréis lo que podáis... Pero sabedlo, al fin, el pueblo está cansado de la Revolución. Su espíritu ha cambiado; le ha vuelto el fervor, frecuenta los sacramentos. A las canciones han sucedido los cánticos... El pueblo está con nosotros..." "(...) ¿Se dice que excitamos a las poblaciones?... Pero es todo lo contrario. ¿Qué sería del reino si no contuviéramos al pueblo? Vuestro trono no se apoyaría más que en un montón de cadáveres y ruinas... Ya sabéis, demasiado sabéis, señor, lo que puede hacer un pueblo que se cree patriota. Pero no sabéis de lo que sería capaz un pueblo que se ve arrebatar su culto, sus templos y sus altares".

Las dificultades comenzaron con la Constitución del Clero y su juramento: apenas uno de entre cuatro o cinco sacerdotes estuvo dispuesto a jurar. La resuelta hostilidad de los paisanos de La Vendée para con el clero constitucional se empezó a manifestar: en mayo de 1792 los alcaldes y oficiales municipales de treinta y cuatro comunas de las Mauges se reunieron para tratar esta situación.

El 12 de julio de 1792, la Asamblea Nacional proclamó la "Patria en peligro"; decretó la leva de nuevos batallones de voluntarios. En cumplimiento de dicha ley, el Director del Departamento de Deux-Sèvres ordenó a todos los municipios, por resolución del 22 de julio, confeccionar dos listas de ciudadanos: una con aquellos que se alisten y otra con aquellos que se nieguen. Esta novedad causó una profunda agitación en la región.

El domingo 19 de agosto la noticia de la inscripción de voluntarios y de las persecuciones religiosas provocó la "primera explosión". Los jóvenes de doce municipios vecinos, armados de guadañas y horquillas para recoger paja, se reunieron en Moncoutant; se agruparon alrededor del alcalde de Bressuire, Adrien Joseph Delouche y llamaron a todos los hombres para que acudieran a las armas con ellos contra un gobierno de tiranos al que se negaban servir, pidiendo el restablecimiento del Rey en su plena autoridad como único medio de retorno al orden social y a la libertad religiosa. Los campesinos se dirigieron hacia el castillo de Pugny, residencia del Marqués de Mouroy, antiguo coronel del regimiento de Mèdoc, para constituir a éste en jefe y fortificarse en sus tierras; no lo encontraron allí, pero obtuvieron de su regidor la bandera de su antiguo regimiento: de seda blanca sembrada de flores de lis en oro, con las armas reales en el centro; fue el primer estandarte de la guerra de La Vendée.

De Pugny, los campesinos se dirigieron a la morada de Brachain, a casa de un noble de la región, antiguo oficial, M. Gabriel Baudry d‘Asson, quien, después de haber titubeado, aceptó el mando de los casi dos mil hombres presentes y lanzó un llamado a las armas. El 22 de agosto, en Chantillón, hubo una revuelta de unos seis a diez mil hombres. La población de la villa, siempre hostil a los principios revolucionarios, no opuso resistencia al ejército de M. Baudry d‘Asson, que entró vigilante y triunfante al son de tambores y pífanos. Se dirigieron a la sede de la administración del distrito, quemando los archivos. El 23 de agosto, Bressuire opuso sus viejos muros a los sublevados, mechados no obstante por los fusiles de caza y las guadañas de los aldeanos. El 24 de agosto, día de San Bartolomé, se dio un último combate, en el lugar llamado "les Moulins de Cornet".

Los aldeanos, en número de seis mil y a órdenes del M. Baudry d‘Asson, seguido por M. Richeteau de la Coindrie, M. Calais de Puylouet y M. de Feu, armados con algunas escopetas de caza, barras de hierros, picas, largas horcas, y otras armas improvisadas, hicieron frente a las fuerzas republicanas, reforzadas con las tropas enviadas por el director del departamento de Deux-Sévres: dos compañías de infantería de marina de Rochefort con dos piezas de artillería, las guardias nacionales de Niort, La Mothe-Sain-Héraye, San Maixent y Parthenay, bien armadas con fusiles. Éstas hicieron fuego sobre los campesinos y los dispersaron. Más de cien perecieron, cerca de quinientos fueron apresados y el resto corrió huyendo a través del campo.

El "Journal des Deux-Sèvres" escribió que ciento dieciocho sublevados se quedaron allí y añade que "estaban cubiertos de cruces y rosarios". Los soldados republicanos, llenos de cólera, se ensañaron con los cadáveres: cortaron las orejas para hacer escarapelas para los sombreros, que serían exhibidas en la villa de Bressuire. Los prisioneros fueron llevados ante el tribunal criminal de Niort; este consideró que debía ser indulgente y los puso en libertad. Así, el primer levantamiento en La Vendée se frustró.

Paralelamente a estos acontecimientos los sacerdotes juramentados, muy mal recibidos, debían apelar a la guardia nacional para mantenerse; la mayoría de los feligreses deseaban y preferían quedarse sin sacerdote que tener a un constitucional al que no conocían. Ante estos hechos, las autoridades departamentales dejan estallar su resentimiento contra los sacerdotes refractarios. Comienza la deportación: cerca de cuatrocientos padres de Maine-et-Loires de la Sarthe, atados de a dos, son conducidos bajo guardia a Paimboeuf o son embarcados para España. Otros, cerca de doscientos cuarenta, parten de Saint-Gilles-sur-Vie o de Sables-d‘Olonne.

Continuación ...

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Las Nuevas Cruzadas. La Epopeya de la Vendée (Parte I) 
domingo, junio 25, 2006, 08:57 PM -
Boletin "Hora de Guardia". Año I - Nº 5. 9 de abril 2005. Editor: Asociación Guardia de Honor de la Virgen del Rosario del Milagro. Basílica de Santo Domingo. Av. Velez Sarsfield 30. Arquidiócesis de Córdoba (Tucumán) - República Argentina.

LAS NUEVAS CRUZADAS. LA EPOPEYA DE LA VENDÉE. Primera Cruzada Contra los "Sin Dios Jacobinos”. Primer Genocidio de la Modernidad. Parte I. Por Lic. Gustavo Carrére Cadirant. República Argentina.

«Mitis depone colla, Sicamber, adora quod incendisti, incende quod adorasti»
Remigio, Obispo de Reims

1. INTRODUCCIÓN

En la Santa Navidad de 496, durante el bautismo solemne del Rey de los Francos—Clodoveo— y tres mil de sus súbditos en la Catedral de Reims, el obispo Remigio pronunció las siguientes palabras: "Doblega tu cabeza, oh Sicambro; venera lo que hasta ahora perseguías, y persigue lo que adorabas". Cuenta una leyenda que como el sacerdote que debía llevar el óleo sagrado de la consagración no podía atravesar la ciudad por la multitud, una paloma blanca llevó en el pico la botellita de óleo —ampulla— y un ángel trajo una bandera bordada con flores de lis, símbolo que sería enseña de los Reyes de Francia.

No obstante su pasado católico, hace doscientos catorce años que Francia dejó de reconocerse a sí misma como La fille aînée de l’Eglise (La hija primogénita de la Iglesia). No era injusto ese título, ni mucho menos, porque la nación más extensa, más moderna y la más culta del continente europeo tenía una sociedad católica. De los 26 millones de franceses, sólo 40.000 eran judíos y 500.000 protestantes. Sí, se sabían parte de la Iglesia universal, pero conscientes de su peso específico: 139 diócesis y 40.000 parroquias, en 1789; 135 obispos, alrededor de 70.000 sacerdotes seculares —un sacerdote por cada 364 feligreses—, unos 30.000 religiosos y 40.000 religiosas. Con razón escribió François Furet que Francia, en vísperas de la Revolución Francesa, "tenía un paisaje católico, pues iglesias, ermitas, santuarios y monasterios integraban y, no pocas veces, modelaban pueblos y ciudades".

El estallido, el 14 de julio de 1789, de la Revolución Francesa —de neto contenido Liberal y Masónico— como nueva etapa del proceso histórico del alejamiento del hombre de Dios, lleva a la creación de un nuevo concepto de Estado y sociedad, bajo el lema: "Libertad, igualdad, fraternidad, o la muerte", verdadera parodia de la tolerancia democrática, uno de los valores más cotizados y pregonados en el mercado revolucionario; en la teoría, todo se puede tolerar, pero en la práctica no se tolera que se pongan límites a la «libertad». No se tolera el orden, ni la autoridad, ni la jerarquía, ni nada que ponga obstáculos a la «libertad». Todos gritan a coro que el valor absoluto a defender es la «libertad»; y olvidan que ésta, para ser verdadera, debe estar cimentada en la Verdad y ordenada al Bien.

La Ilustración —difundida por los enciclopedistas franceses— consigue hacerse con los resortes del poder político, sobre todo a través de la masonería y a partir de la Revolución francesa, extendiendo poco a poco su influjo mediante el liberalismo; error que lleva a la afirmación de la voluntad (de la libertad) del hombre por sí misma, por encima de la voluntad de Dios o incluso frente a ella. Es, pues, el rechazo de la soberanía de Dios sobre el hombre y el mundo, dando lugar a la revolución como proceso histórico del alejamiento del hombre de Dios. Por ello, en el nuevo régimen, los estamentos propios del orden natural deben desaparecer en beneficio de la nación francesa, ente subversivo.

La Iglesia Católica, Apostólica y Romana en Francia, institución vital en la sociedad gala y pilar fundamental para el sostenimiento de la Monarquía, sufrió desde los inicios un ataque sistemático y perverso; surgieron los adoradores de la diosa Razón, de la diosa Libertad y de la diosa Humanidad, que buscaban reemplazar la fe católica.

Comienza así la descristianización de Francia, signada por una verdadera apostasía de sus hombres, religiosos y laicos.

El mundo moderno liberal —en el pensamiento y las instituciones, las leyes y las costumbres— se va, pues, constituyendo ya en Occidente como una contra-Iglesia, pues quiere vivir sin–Dios y sin–Cristo. Y es apóstata, pues todo él procede del cristianismo: rechazando la guía de Cristo, en realidad se va configurando contra– Cristo. Este mundo liberal cree que «la razón humana, sin tener para nada en cuenta a Dios, es el único árbitro de lo verdadero y de lo falso, del bien y del mal; es ley de sí misma; y bastan sus fuerzas naturales para procurar el bien de los hombres y de los pueblos» (San Pío X, Syllabus, 1864, 3).

Así, con la finalidad de desmantelar la Iglesia Católica, Apostólica y Romana — ya que la revolución se caracteriza por la idea de la rebelión del hombre frente a Dios— se van sucediendo cronológicamente una serie de disposiciones revolucionarias:

4 de agosto de 1789: Abolición de los derechos feudales por la Asamblea nacional.

24 de agosto de 1789: Votación por la supresión de los diezmos.

2 de noviembre de 1789: Nacionalización de los bienes del clero y su conversión en bienes nacionales para su posterior venta en beneficio del Estado.

Estas medidas, que anulan en definitiva el poder de la Iglesia Católica en Francia, tienen diversas consecuencias, tales como: la separación Iglesia-Estado y la formación del primer Estado aconfesional, la desaparición del patrimonio artístico francés, la asunción por el Estado de la educación y la asistencia social por el desmantelamiento de la red educativa, y asistencia de la Iglesia y la manutención del clero por el Estado.

Esta última consecuencia —la desamortización de los bienes de la Iglesia— la lleva a la pérdida de su independencia económica.

Febrero de 1790: Primer juramento de obediencia a la Constitución; se trataba de una simple declaración de fidelidad a la nación, al monarca y a las decisiones de la Asamblea Constituyente. La totalidad del clero prestó su juramento, con la excepción del obispo de Narbona, Mons. Dillon

13 de febrero de 1790: Abolición de los votos religiosos, lo que significa la supresión de las órdenes regulares. Se exclaustra a monjas y frailes, se incautan o incendian muchos conventos.

18 de agosto de 1791: Supresión de las congregaciones seculares. Estas medidas reducen los efectivos de la Iglesia Católica a los sacerdotes diocesanos; y para ellos también hay una medida de reorganización, que les pondrá a las órdenes directas del Estado.

12 de julio de 1790: Aprobación de la Constitución Civil del Clero, que es la base angular de la instauración de una nueva iglesia y la destrucción total de la vigente hasta entonces. Esta reordenación consiste en diseñar de nuevo las diócesis, que deben coincidir con los límites de los departamentos. Sin embargo, esta medida significa la supresión de 53 diócesis. Al mismo tiempo que la reordenación parroquial, en realidad, consiste en la supresión de cuatro mil parroquias.

En cuanto al personal de la nueva iglesia, la elección de los obispos y párrocos por una asamblea de electores (ciudadanos activos), pero que por el censo censitario está reducido a las clases más acomodadas de la sociedad. Además, la ordenación de los sacerdotes será por los obispos, pero estos serán por el metropolitano y no por el Papa: es la ruptura con Roma. Se reorganiza la Iglesia Francesa sin contar con Roma. Se introduce el culto a la Diosa Razón. Se obliga a jurar la Constitución a obispos, sacerdotes y religiosos, con lo cual se origina un cisma (juramentados y refractarios). Se persigue (muerte o deportación) a quienes no juran. La enseñanza, antes muy dirigida por la Iglesia, ahora es pública y laica. La Primaria queda abandonada.

Como el nuevo clero depende del Estado en su organización y manutención y cumple una función pública como el resto de los funcionarios del Estado, sus miembros deben jurar ser fieles a la nación y apoyar con todo su poder la constitución decretada por la asamblea nacional. Empero, estas medidas que eliminan a la Iglesia Católica francesa cuentan con la total oposición del Papa Pío VI, con lo que se da comienzo al cisma de una iglesia galicana subordinada al poder civil, al margen de la autoridad pontificia, de estructura episcopalista y presbiteriana, donde los obispos y los párrocos eran elegidos por el pueblo y los nombramientos episcopales serían solamente notificados a Roma.

Entre los miembros del episcopado únicamente cuatro renegarán de la fidelidad a Roma: Talleyrand, obispo de Autun; Loménie de Brieme, Cardenal arzobispo de Sens; Jarente, obispo de Orleans; y Lafont, obispo de Viviers. Entre los miembros del clero se calcula en un 53% los refractarios al juramento y reconocimiento de la ruptura con Roma. En cuanto al pueblo creyente, éste se suma a la oposición al clero oficial y asiste a ceremonias clandestinas. El Papa Pío VI prohibió el juramento y excomulgó, el 12 de marzo de 1791, a los sacerdotes que lo prestaran.

El rechazo a la reorganización eclesial es respondida por las autoridades civiles revolucionarias con fuertes medidas:

29 de noviembre de 1791: el clérigo que no jure en ocho días será puesto bajo vigilancia.

27 de mayo de 1792: se vota un decreto que sometía a la deportación más allá de las fronteras a cualquier eclesiástico al que veinte ciudadanos denunciaran como no juramentado y al que el distrito reconociera como tal.

10 de agosto de 1792: se aprueba la famosa ley de sospechosos, donde el clero refractario forma uno de los colectivos considerados enemigos declarados de la revolución.

26 de agosto de 1792: se redacta la ley de deportación general de todos los miembros del clero que se hayan opuesto al juramento.

2 de septiembre de 1792: una banda de revolucionarios sacó del carruaje en que se conducía a la prisión a tres sacerdotes refractarios y los colgó; comienzan así las Matanzas de Septiembre. Más de mil monárquicos —aproximadamente unos doscientos cincuenta sacerdotes— y presuntos traidores apresados en diversos lugares de Francia, fueron sometidos a juicio y ejecutados; es el primer asesinato colectivo.

3 de septiembre de 1792: se redacta un nuevo juramento en el cual se debe comprometer el juramentado a mantener la libertad, la igualdad y la seguridad de las personas y propiedades.

Marzo de 1793: los sacerdotes subsistentes en territorio francés que se negaron a jurar la Constitución Civil del Clero —llamados curas refractarios— quedan condenados a muerte. Estas medidas causan la salida de más de cuarenta mil exiliados de condición religiosa, seis mil de los cuales recalan en España y ayudarán a acrecentar desde el catolicismo español un sentimiento contrario al revolucionario francés, que se materializará en 1808 en la lucha contra Napoleón.

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Réquiem in Pace 
domingo, junio 25, 2006, 08:37 PM

Homenaje al Padre Antonio Claver Verdaguer

Este breve apunte biográfico, lo escriben los hermanos José María y Antonio Amenós Vidal quienes conocieron en vida al Padre Antonio Claver Verdaguer, y han basado sus descripciones en la historia explicada por José Amenós Verdaguer, su primo hermano.

Autor: Editorial. Fecha: 18 marzo 2004.

Antonio Claver Verdaguer, nació en la población de Anglesola (Lérida) en España, hijo de María Verdaguer y Ricardo Claver, que asistieron en Roma a la beatificación de San Pedro Claver, por ser familia descendiente directa, y que muy pronto deseó ingresar en el Seminario, por su especial vocación sacerdotal.

Esta historia de la postguerra civil española, transcurre en aquellos años dificiles de la reconciliación y reconstrucción nacional, en un pueblo de labradores con escasamente mil habitantes dividido por los acontecimientos dramáticos que ocurrieron muy cercanos en el tiempo, y en condiciones especialmente dificiles para las familias que empezaban a salir de la miseria de la guerra.

En aquella época dificil, sin distinción de bandos, todas las familias habían perdido parientes, o habian sido declarados desaparecidos en combate, en la trágica batalla del Ebro, sus aguas se habían convertido en sangre de miles de combatientes, que perdieron la vida después de ser obligados a marchar al frente. María Carmen Vidal Melà, esposa de su primo hermano, con solo cuatro años salvó la vida en uno de los acostumbrados ataques aéreos y bombardeos de la población civil, cuando las balas atravesaban los flancos del camino quedando milagrosamente en medio de ellas, mientras las gentes corrían a guarecerse al refugio antiaéreo. Su padre Senén Vidal fue víctima de un obús.

Estos y otros hechos similares según testigos oculares como el de Antonio Amenós,les ocurrieron a familiares o amigos, que fueron asesinados o torturados hasta morir, mientras se quemaban y expoliaban las Iglesias de su pueblo, o se perseguía y mataba a los sacerdotes. Teresa Melà, viuda de guerra mientras duraba la contienda se volvió a casar en segundas nupcias con Juan Viles, que a riesgo de su propia vida salvó a uno de los sacerdotes del pueblo de una muerte segura, haciendo todo lo posible e imposible para esconderle y hacer creer a los milicianos que le buscaban para matarle que era un simple jornalero de su tierra. Ramona Verdaguer, también salvaría su vida, porque aunque pensaron que la habían matado, a quien habían disparado fue a la sombra que se reflejaba en el ventanal de su casa al trasluz de una lumbre, tuvo que huir y atravesar los Pirineos, sobrevivir al frío y llegar a un lugar seguro después de grandes penalidades. Muchas historias como estas se repiten una y otra vez en la memoria de quienes vivieron aquellos trágicos y dramáticos acontecimientos, esta es la herencia que le habían dejado al ¨Padrecito¨.

No nos detendremos en los primeros años dificiles de postguerra, lo que nos interesa en este momento de la historia de la vida de Antonio Claver Verdaguer desde su salida del Seminario, en el que había ingresado tempranamente a los 11 años, es cuando llegó el momento de ordenarse, en aquella época ejercía su ministerio el Obispo Tarancón, que le ofreció la posibilidad de tener dos años más de espera antes de decidir si quería ser realmente sacerdote, debido a su temprano ingreso al Seminario, y así pues, en este breve lapso de tiempo de excedencia, se dedicó al profesorado de parvulario, y posteriormente tomaría los hábitos de sacerdote, porque su vocación era su vida.

A los 22 años, sus primeros destinos transcurrieron en la provincia de Lérida (España), estuvo en el Santuario de la Gleva, después ejerció en la población de Vilasana, y posteriormente en la ciudad de Cervera, a la que llegó para ser rector, nombrando un ¨triunvirato¨, porque a causa de la necesidad económica de financiación que sufría la Iglesia en aquel lugar, tenía que trabajar de sacerdote obrero, como ocurría en muchos países de Europa, y así pues en sus ausencias por el trabajo que desempeñaba de transportista de cereales (trigo, cebada, maíz,...) al puerto de Barcelona, con una camioneta que compraron en la diócesis y compartía con otros sacerdotes, ellos mismos se encargaban de la labor pastoral de la rectoría, hasta que finalmente decidió pedir al mismo Obispo Tarancón que lo destinaran a América.

En las aldeas cercanas a Montevideo (Uruguay) en las que aún se practicaba la brujería, había una especial necesidad de misioneros religiosos, la desconfianza y recelo hacia la Iglesia eran el primer obstáculo que debería salvar, solo el recuerdo de su primera llegada, queda en nuestra memoria, cuando con las calles desiertas y sin un alma a la redonda, todos los aldeanos escondidos a su paso hacia lo que tenía que ser su futura capilla, asomaban de reojo en los ventanucos de sus casas , preguntándose quien era ese forastero y que hacía en su pueblo.

Ganándose a estas gentes humildes, porque ya conocía la necesidad y la miseria, le dieron la mejor casa del pueblo, que estaba construída con tejado de plásticos, las demás lo tenían de paja. Organizó una cooperativa agrícola, porque él sabía hacerlo, con su propio dinero ganado jugando en la liga de futbol profesional en el equipo del Montevideo, con el permiso expreso de Roma; compró un tractor con remolque, arreos y aperos de labranza, y los aldeanos de José Pedro Varela empezaron a llamarle el ¨Padrecito¨. Además, entre las mujeres del pueblo, organizó un taller de labores, con tela que él mismo traía hacía coser sacos, para llevarlos a vender a la capital, para que con sus ganancias las aldeanas tuvieran algo con que dar de comer a sus familias e hijos, el transporte lo hacía con un automóvil que compró con dinero de España, y que consiguió en uno de sus viajes para recaudar fondos, reunir ropa de abrigo, medicinas, alimentos, u otros donativos. Cuando llegaba a puerto, le esperaba un agrónomo de su mismo pueblo natal que trabajaba para el Estado Uruguayo, y que con una camioneta transportaría en varios viajes, el contenido de todo género que albergaban aquellos grandes contenedores navales.

En este momento, nos detendremos un instante en un episodio igualmente dramático de esta historia, la guerrilla urbana de los ¨tupamaros¨, que se desarrolló en origen entre los más pobres de la ciudad y alrededores de Montevideo, y que luchaba a mano armada contra las injusticias del gobierno, y que el ¨Padrecito¨ nunca aceptó por sus métodos expeditivos; cuando se produjo la revuelta que duró largo tiempo, y ocasionó que se celebrara la primera reunión de Puebla (México) sobre Teología de la Liberación, debido a los tristes acontecimientos que también estaban ocurriendo en varios países de América Latina por las mismas razones, el ¨Padrecito¨ Antonio Claver Verdaguer en idiosincracia con el Santo Padre se pronunció en contra, y años más tarde seguiría reafirmando que no podía aceptarla. Y trabajando con su esfuerzo por la paz y el desarrollo de aquellas pobres gentes, para ayudarles a no caer en la guerrilla y la miseria, siempre actuó bajo las directrices de Roma.

Cuando tuvo que volver por última vez a España, porque María Verdaguer estaba en trance de morir, tuvieron que ayudarle a reunir el dinero del pasaje entre los aldeanos, y una vez aquí, los médicos le diagnosticarían un cáncer, del que moriría tiempo después; justo antes de su fallecimiento recibíamos un íntimo, personal y cordial saludo en una misa dominical oficiada por él, y después con poco más de 50 años nos dejaría para siempre; el recuerdo que nos ha dejado, ha sido el de un sacerdote por vocación, un misionero que luchó con su propio trabajo para ayudar a aquellas pobres gentes a las que tanto quiso y entregó su vida para que sobrevivieran a la violencia y miseria a la que estaban sometidos, años después es todavía recordado, y muchos de los aldeanos con los que compartió tantas tristezas y alegrías, dones y penurias le quieren beatificar, incluso estuvieron presentes en su entierro cruzando miles de kilómetros con la ayuda de las autoridades de su pueblo, para hacerle una última y personal despedida, un último homenaje a su ¨Padrecito¨; años más tarde se bautizó con su nombre al Colegio C.E.I.P. MOSSÈN TON CLAVER de Vilasana (Lérida).

In Memoriam : Dedicatoria a José Amenós Verdaguer (29 diciembre 1929 – 18 septiembre 2005), hijo de Antonio y Antonieta, a María Carmen Vidal Melà (16 julio 1932 – 15 enero 1994), hija de Senén y Teresa, y a sus padrastros Batistet y Juan, respectivamente, sus padres adoptivos tras la guerra civil española (1936-39).

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.

Dios te salve, María, llena de gracia, el Señor es contigo. Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

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La Sábana santa, espejo del Evangelio 
domingo, junio 25, 2006, 08:04 PM -
Discurso de S.S. Juan Pablo II durante la celebración de la Palabra, en la catedral de Turín, ante la Sábana santa, domingo 24 de mayo 1998.

Amadísimos hermanos y hermanas:

1. Con la mirada dirigida a la Sábana santa, deseo saludaros cordialmente a todos vosotros, fieles de la Iglesia turinesa. Saludo a los peregrinos que durante el período de esta ostensión vienen de todo el mundo para contemplar uno de los signos más conmovedores del amor sufriente del Redentor.

Al entrar en la catedral, que muestra aún las heridas causadas por el terrible incendio que se produjo hace un año, me he recogido en adoración ante la Eucaristía, el sacramento que está en el centro de las atenciones de la Iglesia y que, bajo apariencias humildes, conserva la presencia verdadera, real y sustancial de Cristo. A la luz de la presencia de Cristo en medio de nosotros, me he arrodillado ante la Sábana santa, el precioso lienzo que nos puede ayudar a comprender mejor el misterio del amor que nos tiene el Hijo de Dios.

Ante la Sábana santa, imagen intensa y conmovedora de un dolor indescriptible, deseo dar gracias al Señor por este don singular, que pide al creyente atención amorosa y disponibilidad plena al seguimiento del Señor.

2. La Sábana santa es un reto a la inteligencia. Ante todo, exige de cada hombre, en particular del investigador, un esfuerzo para captar con humildad el mensaje profundo que transmite a su razón y a su vida. La fascinación misteriosa que ejerce la Sábana santa impulsa a formular preguntas sobre la relación entre ese lienzo sagrado y los hechos de la historia de Jesús. Dado que no se trata de una materia de fe, la Iglesia no tiene competencia específica para pronunciarse sobre esas cuestiones. Encomienda a los científicos la tarea de continuar investigando para encontrar respuestas adecuadas a los interrogantes relacionados con este lienzo que, según la tradición, envolvió el cuerpo de nuestro Redentor cuando fue depuesto de la cruz. La Iglesia los exhorta a afrontar el estudio de la Sábana santa sin actitudes preconcebidas, que den por descontado resultados que no son tales; los invita a actuar con libertad interior y respeto solícito, tanto en lo que respecta a la metodología científica como a la sensibilidad de los creyentes.

3. Para el creyente cuenta sobre todo el hecho de que la Sábana santa es espejo del Evangelio. En efecto, si se reflexiona sobre este lienzo sagrado, no se puede prescindir de la consideración de que la imagen presente en él tiene una relación tan profunda con cuanto narran los evangelios sobre la pasión y muerte de Jesús, que todo hombre sensible se siente interiormente impresionado y conmovido al contemplarlo. Además, quien se acerca a la Sábana santa es consciente de que no detiene en sí misma el corazón de la gente, sino que remite a Aquel a cuyo servicio lo puso la Providencia amorosa del Padre. Por tanto, es justo alimentar la conciencia del precioso valor de esta imagen, que todos ven y nadie, por ahora, logra explicar. Para toda persona reflexiva es motivo de consideraciones profundas, que pueden llegar a comprometer su vida.

Así, la Sábana santa constituye un signo verdaderamente singular que remite a Jesús, la Palabra verdadera del Padre, e invita a conformar la propia vida a la de Aquel que se entregó a sí mismo por nosotros.

4. En la Sábana santa se refleja la imagen del sufrimiento humano. Recuerda al hombre moderno, distraído a menudo por el bienestar y las conquistas tecnológicas, el drama de tantos hermanos, y lo invita a interrogarse sobre el misterio del dolor, para profundizar en sus causas. La impronta del cuerpo martirizado del Crucificado, al testimoniar la tremenda capacidad del hombre de causar dolor y muerte a sus semejantes, se presenta como el icono del sufrimiento del inocente de todos los tiempos: de las innumerables tragedias que han marcado la historia pasada, y de los dramas que siguen consumándose en el mundo.

Ante la Sábana santa, ¿cómo no pensar en los millones de hombres que mueren de hambre, en los horrores perpetrados en las numerosas guerras que ensangrientan a las naciones, en la explotación brutal de mujeres y niños, en los millones de seres humanos que viven en la miseria y humillados en los suburbios de las metrópolis, especialmente en los países en vías de desarrollo? ¿Cómo no recordar con conmoción y piedad a cuantos no pueden gozar de los derechos civiles elementales, a las víctimas de la tortura y del terrorismo, y a los esclavos de organizaciones criminales?.

Al evocar esas situaciones dramáticas, la Sábana santa no sólo nos impulsa a salir de nuestro egoísmo; también nos lleva a descubrir el misterio del dolor que, santificado por el sacrificio de Cristo, engendra salvación para toda la humanidad.

5. La Sábana santa es también imagen del amor de Dios, así como del pecado del hombre. Invita a redescubrir la causa última de la muerte redentora de Jesús. En el inconmensurable sufrimiento que documenta, el amor de Aquel que "tanto amó al mundo que dio a su Hijo único" (Jn 3, 16) se hace casi palpable y manifiesta sus sorprendentes dimensiones. Ante ella, los creyentes no pueden menos de exclamar con toda verdad: "Señor, ¡no podías amarme más!", y darse cuenta en seguida de que el pecado es el responsable de ese sufrimiento: los pecados de todo ser humano.

Al hablarnos de amor y de pecado, la Sábana santa nos invita a todos a imprimir en nuestro espíritu el rostro del amor de Dios, para apartar de él la tremenda realidad del pecado. La contemplación de ese Cuerpo martirizado ayuda al hombre contemporáneo a liberarse de la superficialidad y del egoísmo con los que, muy a menudo, considera el amor y el pecado. La Sábana santa, haciéndose eco de la palabra de Dios y de siglos de conciencia cristiana, susurra: cree en el amor de Dios, el mayor tesoro dado a la humanidad, y huye del pecado, la mayor desgracia de la historia.

6. La Sábana santa es también imagen de impotencia: impotencia de la muerte, en la que se manifiesta la consecuencia extrema del misterio de la Encarnación. Ese lienzo sagrado nos impulsa a afrontar el aspecto más desconcertante del misterio de la Encarnación, que es también el que muestra con cuánta verdad Dios se hizo verdaderamente hombre, asumiendo nuestra condición en todo, excepto en el pecado. A todos desconcierta el pensamiento de que ni siquiera el Hijo de Dios resistió a la fuerza de la muerte; pero a todos nos conmueve el pensamiento de que participó de tal modo en nuestra condición humana, que quiso someterse a la impotencia total del momento en que se apaga la vida. Es la experiencia del Sábado santo, paso importante del camino de Jesús hacia la gloria, de la que se desprende un rayo de luz que ilumina el dolor y la muerte de todo hombre.

La fe, al recordarnos la victoria de Cristo, nos comunica la certeza de que el sepulcro no es el fin último de la existencia. Dios nos llama a la resurrección y a la vida inmortal.

7. La Sábana santa es imagen del silencio. Existe el silencio trágico de la incomunicabilidad, que tiene en la muerte su mayor expresión; y existe el silencio de la fecundidad, propio de quien renuncia a hacerse oír en el exterior, para alcanzar en lo profundo las raíces de la verdad y de la vida. La Sábana santa no sólo expresa el silencio de la muerte, sino también el silencio valiente y fecundo de la superación de lo efímero, gracias a la inmersión total en el eterno presente de Dios. Así, brinda la conmovedora confirmación del hecho de que la omnipotencia misericordiosa de nuestro Dios no ha sido detenida por ninguna fuerza del mal, sino que, por el contrario, sabe hacer que incluso la fuerza del mal contribuya al bien. Nuestro tiempo necesita redescubrir la fecundidad del silencio, para superar la disipación de los sonidos, de las imágenes y de la palabrería, que muy a menudo impiden escuchar la voz de Dios.

8. Amadísimos hermanos y hermanas, vuestro arzobispo, el querido cardenal Giovanni Saldarini, custodio pontificio de la Sábana santa, ha propuesto como lema de esta ostensión solemne las palabras: "Todos los hombres verán tu salvación". Sí, la peregrinación que grandes multitudes están realizando a esta ciudad es precisamente un "venir a ver" este signo trágico e iluminador de la Pasión, que anuncia el amor del Redentor. Este icono del Cristo abandonado en la condición dramática y solemne de la muerte, que desde hace siglos es objeto de significativas representaciones y que, desde hace cien años, gracias a la fotografía, se ha difundido en muchísimas reproducciones, nos exhorta a penetrar en el misterio de la vida y de la muerte para descubrir el mensaje, grande y consolador, que se nos da en ella. La Sábana santa nos presenta a Jesús en el momento de su máxima impotencia, y nos recuerda que en la anulación de esa muerte está la salvación del mundo entero. La Sábana santa se convierte, así, en una invitación a vivir cada experiencia, incluso la del sufrimiento y de la suprema impotencia, con la actitud de quien cree que el amor misericordioso de Dios vence toda pobreza, todo condicionamiento y toda tentación de desesperación.


Fuente: Asociación Cultural Círculo de Encuentro

Ciudades del Perú y Ecuador fueron escenario de numerosas conferencias sobre una de las reliquias más estudiadas de la historia: la Sábana Santa. Según la tradición cristiana la Sábana Santa o Manto de Turin sería la tela en que envolvieron el cuerpo de Jesús después de su muerte y a través de los siglos ha sido motivo de arduas investigaciones científicas, pero también reflexiones en torno a un misterio de la fe.

Precisamente, el título de esta conferencia fue La Sábana Santa, un desafío para la ciencia y un encuentro con el Misterio, y estuvo a cargo de la Doctora Emanuela Marinelli, Licenciada en Ciencias Naturales y Geológicas de la Universidad la Sapienza de Roma, y experta en Sindonología, quien lleva cerca de treinta años dedicada al estudio de este manto.

Un total de siete conferencias tuvieron lugar en la ciudad de Santiago de Guayaquil, en Ecuador, entre los días 8 y 11 de agosto, contando con la asistencia de más de 1500 personas. En Perú la conferencia en Lima fue realizada el 13 de agosto reuniendo a cerca de 200 participantes; y como punto final de su itinerario, fue acogida en la ciudad de Trujillo, el día 19 del mismo mes en el colegio San Vicente de Paúl, registrándose una asistencia superior a las 500 personas.

Esta conferencia expone un recorrido histórico, científico y escatológico sobre la Sábana Santa, y permite reflexionar en un misterio trascendental para la vida del hombre, recorriendo los caminos de la ciencia y la fe en un interesante complemento.

La Síndone, o Sábana Santa es un lienzo de lino rectangular, de 436 cm de largo y 110cm de ancho, tejido a espina de pescado. Sobre un mismo lado de la tela son impresas las huellas frontales y dorsales de un hombre muerto después de haber sido crucificado. El Sudario ha sido sometido a los estudios mas rigurosos de la ciencia, descubriéndose numerosos datos asombrosos que se equiparan idénticamente a los descritos en las Sagradas Escrituras sobre la crucifixión del Señor Jesús.

Esta conferencia es posible adquirirla en un CD que contiene el material escrito y audiovisual con impactantes imágenes sobre esta reliquia y una completa explicación de los hechos científicos que indicarían que este manto fue el que envolvió a Cristo después de su muerte.

APÉNDICE: Emanuela Marinelli.

Nació en Roma en el 1951.

Ha conseguido las licenciaturas en Ciencias Naturales, 1973 y Ciencias Geológicas (1977) en la universidad " La Sapienza " de Roma.

Estudiosa de la Sábana Santa desde 1977.

Ha participado en los Congresos sobre la Sábana Santa : Turín 1978, Boloña 1981, Trani 1984, Siracusa 1987, Boloña 1989, París 1989, Cáller 1990, Roma 1993, Niza 1997, Turín 1998, Richmond 1999, Rio de Janeiro 1999, Dallas 2001, París 2002, Rio de Janeiro 2002.

1. A partir del 1977 ha tenido muchas conferencias en Italia y el extranjero y numerosos cursos de actualización para enseñantes de religión en varias diócesis.
2. Ha formado parte del Centro Romano de Sindonología del 1977 al 1985. En este Centro ha frecuentado el curso bienal de estudios sindonológicos sobre la Pasión de Cristo.
3. Ha estado entre los promotores del movimiento "Collegamento pro Sindone" de Roma y la homónima revista de su fundación, 1985.
4. En 1987 ha conseguido cerca del Vicariato de Roma el Diploma de Catequista de la Pasión.
5. En el 1990 la editorial Rizzoli le ha publicado, en colaboración con Orazio Petrosillo, el libro " La Sindone - Un enigma alla prova della scienza” , traducida al inglés, francés, español y polaco.
6. En 1996 la editorial San Paolo le ha publicado el libro " La Sindone , un'immagine impossibile" (segunda edición 1998) traducido en portugués y polaco.
7. En 1997 la editorial San Paolo, le ha publicado, en colaboración con Maurizio Marinelli, los textos del CD-ROM "Sindone viva" y ha colaborado a su realización.
8. Desde 1997 administra, con su hermano Maurizio, el sitio de "Collegamento pro Sindone" www.sindone.info que se aggiorna periódicamente.
9. En 1998 la editorial San Paolo, en colaboración con Maurizio Marinelli, le ha publicado el libro "Cosa vuoi sapere sulla Sindone?".
10. En 1998 la editorial Rizzoli, en colaboración con Orazio Petrosillo, ha publicado el libro " La Sindone - Storia di un enigma" , edición aggiornata del 1990.
11. La editorial San Paolo le ha publicado una versión inglesa en el 1999 del título "The Living Shroud".
12. En los años 1998-1999 y 1999- 2000 ha tenido en la sede de Orvieto (Ternos) de la LUMSA , "Libera Università Maria Santissima Asunta", las lecciones de Iconografía, Iconologia y Simbología Cristiana en el ámbito del Curso de Perfeccionamiento por Operatori/Esperti en Turismo Cultural y Religioso.
13. En 1999 la editorial "Messaggero di Padova", en colaboración con Giulio Sota, le ha publicado el libro "Cento prove sulla Sindone - Un giudizio probabilistico sull'autenticità", segunda edición 2000.
14. Ha sido la coordinadora del Comité Organizador del Congreso Mundial "Sindone 2000", (Orvieto, el 27-29 de agosto de 2000) y la editora, junto al Prof. Angel Ronca, de la publicación de los relativos Actos.
15. En años 2000-2001 ha tenido en la sede de Roma de la LUMSA , "Libera Università Maria Santissima Asunta ”, el curso de prácticas de Sindonologia en la cátedra de Historia romana.
16. El 2002 la editorial "Delta 3", en colaboración con Maurizio Marinelli, ha publicado el libro " La Sindone , un incontro con il mistero".
17. El 2003 la editorial "Progetto Editoriale di Padova", en colaboración con Giulio Sota, ha publicado el libro "La Sindone rinnovata - Misteri e certezze".

Ha publicado numerosos artículos en periódicos y revistas y ha participado en varios programas de radio y television.

Actualmente enseña en el instituto Profesional Estatal de Servicios Comerciales y Turísticos "Giulio Verne" de Roma.

OTROS ARTÍCULOS: Fe y Ciencia

Este breve artículo está dedicado al Padre Jesuita Jorge Loring, S.I., - profesor emérito de la FPC -, por sus más de 30 años de estudio sobre la Sábana Santa de Turín.

Si desea recibir mayor información puede escribir a la dirección: informes@cecchile.org del Congreso Internacional y Exposición sobre la Sábana Santa; o puede hacer su llegar su consulta a través del formulario habilitado al efecto en Internet.
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Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia 
domingo, junio 25, 2006, 04:50 PM

Boletin "Hora de Guardia". Año I - Nº 9. mayo 2005. Editor: Asociación Guardia de Honor de la Virgen del Rosario del Milagro. Basílica de Santo Domingo. Av. Velez Sarsfield 30. Arquidiócesis de Córdoba (Tucumán) - República Argentina.

Con motivo de haberse publicado en Argentina, el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, preparado por el Pontificio Consejo “Justicia y Paz”, ofrecemos una recensión del mismo, que puede servir, asimismo, como un esquema sintético para iniciarse en el estudio de la doctrina, o actualizar su conocimiento. Este documento se publica en una época de crisis de la Iglesia, que podemos resumir en palabras de Benedicto XVI, pronunciadas días antes de su proclamación, cuando en la meditación del Vía Crucis del Viernes Santo, en Roma (Novena Estación), expresó:

“¡Cuántas veces se deforma y se abusa de su Palabra!. ¡Qué poca fe hay en muchas teorías, cuántas palabras vacías!. ¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él!. ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia!.

Señor, frecuentemente tu Iglesia nos parece una barca a punto de hundirse, que hace aguas por todas partes. Y también en tu campo vemos más cizaña que trigo.”

COMPENDIO DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

Este documento presenta, de una manera completa y sistemática, aunque sintética, la enseñanza social de la Iglesia. Constituye un cuadro de conjunto sobre el cuerpo doctrinal, con un método orgánico, para la búsqueda de soluciones a los problemas del orden temporal. Pretende responder a los desafíos de hoy:

- la verdad misma del ser-hombre.
- el pluralismo.
- la globalización.

La Iglesia es entre los hombres la tienda del encuentro con Dios. El hombre no está sólo; lo acompaña la Iglesia, servidora de la Salvación, en el contexto del mundo en que vive el hombre. La Iglesia, con su doctrina social, quiere anunciar el Evangelio para fecundar y fermentar la sociedad, pues no es indiferente a la vida social.

La doctrina social quiere evangelizar el ámbito social: promover una sociedad a medida del hombre, y construir una ciudad más humana, más conforme al Reino de Dios. Con su doctrina social, la Iglesia no se aleja de su misión; es estrictamente fiel a ella, puesto que lo sobrenatural no debe ser concebido como un espacio que comienza donde termina lo natural, sino como la elevación de éste.

Nada de lo humano le es extraño a la Iglesia. La doctrina social no es algo marginal, que se añade a su misión, está en el corazón mismo de su ministerio. Es cierto que la misión que Cristo le confió es de orden religioso, pero de esa misma misión derivan luces y energías para consolidar la comunidad según la Ley Divina.

La DSI no pertenece al ámbito de la ideología sino al de la teología, más precisamente, a la teología moral. No es una tercera vía entre el liberalismo y el marxismo. Tiene una categoría propia, y su objetivo es orientar la conducta humana en sociedad.

Refleja los tres niveles de la enseñanza teológico-moral:

- Nivel Fundante: de las motivaciones.
- Nivel Directivo: de las normas de la vida social.
- Nivel Deliberativo: de la conciencia, para aplicar las normas a las situaciones concretas.

Conjuga fides et ratio; la fe y la razón son las dos vías cognoscitivas de la DSI. Las dos fuentes que la nutren son la Revelación y la Naturaleza humana. Recuerda el Compendio el pasaje evangélico, en que Jesús le recomienda al joven rico (Mt. 19, 18) que cumpla los mandamientos. Es que los diez mandamientos constituyen las reglas primordiales de toda vida social (Veritatis Splendor, 97). Pero, además utiliza los conocimientos aportados por las ciencias humanas, que le permiten tener actualizado un diagnóstico preciso de la realidad.

Participa en la elaboración de la doctrina social toda la comunidad eclesial: sacerdotes-religiosos-laicos; siendo expuesta por quienes tienen la autoridad para enseñar, conferida por Cristo: el Papa y los Obispos en comunión con él.

Pío XII explicó que la DSI:

a) es obligatoria para todo católico, y b) está fijada definitivamente, de manera unívoca, en sus principios fundamentales, pero es suficientemente amplia para adaptarse y aplicarse a las situaciones cambiantes de la realidad (Alocución, 29-4-1945). Ninguna encíclica aislada, puede pretender ser indiscutida, pero, cuando hay continuidad en varios documentos y en sucesivos Papas, no puede dudarse de la autenticidad de la doctrina (LG, 25).

Conviene tener en cuenta algunas reglas para la correcta interpretación de los documentos :

- utilizar el texto oficial, que se publica en L´Osservatore Romano. Un ejemplo típico de deformación del texto, ocurrió con la encíclica "Mater et Magistra", de Juan XXIII; el concepto de socialización -entendido como incremento de las relaciones sociales- fue traducido en algunas ediciones por socialismo.

- comparar textos sobre el mismo tema - por ejemplo la propiedad-, en distintos documentos, para verificar la continuidad de la doctrina.

- distinguir lo doctrinal de lo prudencial, que sólo puede aplicarse a una situación o país determinado.

La doctrina social realiza una tarea de anuncio y de denuncia. Anuncio de lo que la Iglesia posee como propio: una visión global del hombre y de la humanidad. Denuncia de los pecados de injusticia y de violencia que se cometen en la sociedad. Abarca:

1) Una síntesis teórica sobre todos los temas de la vida social.
2) Posee un alcance práctico, ya que la teoría es elaborada para ser aplicada. Una teoría para la acción de los católicos.
3) Como ya dijimos, es obligatoria para los católicos, pero está abierta a los hombres de buena voluntad, frase que se coloca en la portada de las encíclicas, desde 1963, con la encíclica "Pacem in terris", de Juan XXIII.

Su contenido, incluye:

- Principios de reflexión, sobre valores permanentes.
- Criterios de juicio, para evaluar las situaciones, las estructuras y los sistemas, vigentes en la sociedad.
- Directrices para la acción, puesto que los medios deben ser coherentes con los fines. La Iglesia no tiene soluciones técnicas para ofrecer, pero es experta en humanidad.

Los Principios de la Doctrina Social de la Iglesia.

Estos principios brotan del encuentro del mensaje evangélico con los problemas de la vida en sociedad. La Iglesia, en el curso de la historia, ha podido dar a tales principios una fundamentación y configuración cada vez más exactas. La DSI se caracteriza por la continuidad y por la renovación. La continuidad de una enseñanza que se fundamenta en los valores universales que derivan de la Revelación y de la naturaleza humana. La doctrina social recorre la historia sin sufrir sus condicionamientos, ni correr el riesgo de la disolución. Pero, la firmeza en los principios no la convierte en un sistema rígido de enseñanza, sino sometida a las necesarias y oportunas adaptaciones sugeridas por la variación de las condiciones históricas.

El Compendio incluye una sección denominada “apuntes históricos”, para recordar algunas de las principales encíclicas, desde la "Rerum novarum", de León XIII, de 1891, que comienza un desarrollo orgánico de la enseñanza en el campo social. La Iglesia ha considerado tan importante dicho documento, que periódicamente se lo recuerda y actualiza.

- Al cumplirse los 40 años, Pío XI, aprueba la "Quadragesimo Anno" (1931).
- A los 50 años, Pío XII, produce el Radiomensaje "La Solemnità" (1941).
- A los 70 años, Juan XXIII, promulga la "Mater et Magistra" (1961).
- A los 80 años, Pablo VI, alumbra la "Octogesima adveniens" (1971).
- A los 90 años, Juan Pablo II, dedica al trabajo humano la "Laborem Exercens" (1981).

Finalmente, a los 100 años, el mismo Papa, aprueba la última encíclica social, la Centesimus annus (1991). En la introducción a éste documento, señala su deseo de mostrar “como la rica savia, que sube desde aquella raíz no se ha agotado con el paso de los años, sino que por el contrario, se ha hecho más fecunda”.

Analiza a continuación el Compendio, cada uno de los principios.

1. DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA.

El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, lo que fundamenta la dignidad de la persona humana, y el significado del actuar humano en el mundo, que está ligado al descubrimiento y al respeto de las leyes de la naturaleza que Dios ha impreso en el universo. La persona es un ser dotado de cuerpo y alma, con facultades únicas entre los seres corpóreos: inteligencia, libertad y voluntad. En la dimensión interior del hombre radica, en definitiva, el compromiso por la justicia y la solidaridad, para la edificación de una vida social, económica y política conforme al designio de Dios.

El hombre es un ser social por naturaleza, que necesita la relación con otros, lo que da origen a un pluralismo social. Existen grupos necesarios: la familia, el Estado, la Iglesia. Y otros formados por libre iniciativa: empresas, sindicatos, asociaciones de todo tipo, que contribuyen a una vida más plena.

2. BIEN COMÚN.

Es el conjunto de condiciones sociales que hacen posible a cada hombre y a cada grupo, el logro de la propia perfección. No es la suma de los bienes particulares, constituye un nuevo valor.

El bien común es la misión del Estado y base de la legitimidad política. Por eso, según Sto.Tomás, el bien común debe cumplir tres condiciones:

a) Que asegure la paz en la comunidad. La paz, como definió San Agustín, es la tranquilidad en el orden, sin injusticias ni desigualdades irritantes.
b) Que permita una convivencia virtuosa; pues la ciudad existe para vivir bien (Aristóteles).
c) Que todos los miembros de la comunidad tengan bienes materiales y espirituales, en el más alto grado que permita la realidad.

3. DESTINO UNIVERSAL DE LOS BIENES.

Dios dió la tierra al género humano, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno, pues todo hombre necesita bienes materiales. De la apropiación por medio del trabajo, nace la propiedad privada, que es un derecho natural secundario, pues está subordinado al derecho natural primario que es el destino universal de los bienes. De modo que nunca puede admitirse la propiedad como un derecho absoluto; por el contrario, como afirmó Juan Pablo II: sobre toda propiedad privada grava una hipoteca social. La doctrina exige un recto uso de los bienes, lo que fundamenta el sentido auténtico de la bienaventuranza de los pobres: el desapego de los bienes y la obligación moral de ayudar a los necesitados.

4. SUBSIDIARIEDAD.

Es imposible la dignidad personal o de los grupos, si todo queda sujeto a la decisión de una instancia única, por ejemplo, el Estado. Por eso, al definir este principio, la "Quadragesimo Anno", de Pío XI, enseñaba que no es lícito quitar a las personas ni a los grupos menores lo que pueden hacer por si mismos, así como absorberlos o destruirlos.

Con este principio, la Iglesia se opone a todo colectivismo. Puede entenderse mejor el concepto, si lo contraponemos al sistema totalitario, que responde al enfoque que precisó "Mussolini" para el Estado Fascista: “Todo en el Estado, todo para el Estado, nada fuera del Estado”.

Una sociedad sana está integrada por un conjunto de grupos intermedios, que se denominan así, por encontrarse entre la familia y el Estado. Esos grupos actúan con autonomía de acuerdo a sus propias normas. La subsidiariedad opera de dos formas:

- Negativa: implica abstenerse de interferir en la vida interna de los grupos. Un ejemplo clásico de lo que debe evitarse es la Ley "Le Chapelier", promulgada durante la Revolución Francesa, que prohibió la existencia de cualquier asociación que pretendiera representar a un grupo de ciudadanos.

- Positiva: es la ayuda brindada desde el Estado, para auxiliar a determinadas personas -jubilados, indigentes- y a determinados sectores o grupos sociales -desgravaciones impositivas, tarifas de fomento-.

5. PARTICIPACIÓN.

El hombre, sólo o asociado con otros, contribuye a la vida cultural, económica, política, de la sociedad en que vive. La participación comunitaria es una aspiración legítima y una exigencia necesaria para el logro del bien común.

En el plano político, la "Centesimus Annus" afirma que la Iglesia aprecia el sistema de la democracia, en cuanto los ciudadanos participan en la elección de los gobernantes, en su control y su sustitución por vías pacíficas. Es claro que, para la Iglesia, la democracia se entiende como régimen político o forma de Estado opuesta al totalitarismo, y por lo tanto es compatible con cualquier forma de gobierno. Apunta más al tipo de relaciones entre los gobernantes y los ciudadanos, que a una forma determinada de organización jurídica.

6. SOLIDARIDAD.

La solidaridad confiere particular relieve a la intrínseca sociabilidad de las personas, a la igualdad de todos en dignidad y derechos, al camino común de los hombres y de los pueblos hacia una unidad cada vez más convencida. El proceso de aceleración de la interdependencia entre las personas y los pueblos debe estar acompañado por un crecimiento en el plano ético-social igualmente intenso, para así evitar las nefastas consecuencias de una situación de injusticia de dimensiones planetarias, con repercusiones negativas incluso en los mismos países actualmente más favorecidos.

La fuente de este principio es el vínculo filial entre todos los hombres, que tenemos el mismo Padre. Es, a la vez:

- principio social, ordenador de la convivencia en paz, que favorece la concordia.
- virtud moral: consistente en la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común, lo que hace a todos responsables de todos.

Evitando el individualismo y el sectarismo, implica el reconocimiento de la deuda que tenemos con la sociedad: cultura, bienes colectivos, que facilitan la existencia humana.

En el mensaje de Cristo encontramos un nexo de solidaridad y caridad, que nos enseña amar al prójimo, hasta el extremo de dar la vida por los hermanos.

Doctrina Social y Acción Eclesial.

“Es absolutamente indispensable -sobre todo para los fieles laicos comprometidos de diversos modos en el campo social y político- un conocimiento más exacto de la doctrina social de la Iglesia” (Christifideles laici, 60). Este patrimonio doctrinal no se enseña ni se conoce adecuadamente: esta es una de las razones por las que no se traduce pertinentemente en un comportamiento concreto.

Es importante, sobre todo en el contexto de la catequesis, que la enseñanza de la doctrina social se oriente a motivar la acción para evangelizar y humanizar las realidades temporales. La doctrina social ha de estar a la base de una intensa y constante obra de formación, sobre todo de aquella dirigida a los cristianos laicos. Esta formación debe tener en cuenta su compromiso en la vida civil; “A los seglares les corresponde, con su libre iniciativa y sin esperar pasivamente consignas y directrices, penetrar de espíritu cristiano la mentalidad y las costumbres, las leyes y las estructuras de la comunidad en que viven” (Populorum progresio, 81).

El primer nivel de la obra formativa dirigida a los cristianos laicos debe capacitarlos para encauzar eficazmente las tareas cotidianas en los ámbitos culturales, sociales, económicos y políticos, desarrollando en ellos el sentido del deber practicado al servicio del bien común.

El segundo nivel se refiere a la formación de la conciencia política para preparar a los cristianos laicos al ejercicio del poder político: “Quienes son o pueden llegar a ser capaces de ejercer ese arte tan difícil y tan noble que es la política, prepárense para ella y procuren ejercitarla con olvido del propio interés y de toda ganancia venal” (Gaudium et Spes, 75).

Con especial referencia a la realidad local, el Obispo tiene la responsabilidad de promover la enseñanza y difusión de la doctrina social, a la que provee mediante instituciones apropiadas.

Con la programación de oportunos itinerarios formativos, el presbítero debe dar a conocer la doctrina social y promover en los miembros de su comunidad la conciencia del derecho y el deber de ser sujetos activos de esta doctrina.

Un ámbito especial de discernimiento para los fieles laicos concierne a la elección de los instrumentos políticos, o la adhesión a un partido y a las demás expresiones de la participación política. Es necesario efectuar una opción coherente con los valores, teniendo en cuenta las circunstancias reales.

El cristiano no puede encontrar un partido político que responda plenamente a las exigencias éticas que nacen de la fe y de la pertenencia a la Iglesia: su adhesión a una formación política no será nunca ideológica, sino siempre crítica, a fin de que el partido y su proyecto político resulten estimulados a realizar formas cada vez más atentas a lograr el bien común, incluido el fin espiritual del hombre.

CONCLUSIONES.

1) El Compendio constituye un aporte a los fieles, comparable al Catecismo, y está estructurado en una forma similar, con un Índice Analítico de 158 páginas, que facilita la búsqueda de los temas.

2) Se aclara que: “Las aportaciones múltiples y multiformes -que son también expresión del sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo- son asumidas, interpretadas y unificadas por el Magisterio, que promulga la enseñanza social como doctrina de la Iglesia” (79). No han faltado, hasta ahora, fieles -laicos y religiosos- que estimaban que no existía una doctrina social, sino que cada Pontífice expresaba en los documentos su propia opinión. Si bien era una tesis sin fundamento, a partir del Compendio queda ratificada la validez y obligatoriedad de la Doctrina Social de la Iglesia. “Es Magisterio auténtico, que exige la aceptación y adhesión de los fieles” (80).

3) “El peso doctrinal de las diversas enseñanzas y el asenso que requieren depende de su naturaleza, de su grado de independencia respecto a elementos contingentes y variables, y de la frecuencia con la cual son invocadas” (80). Esta regla interpretativa nos lleva a considerar necesario distinguir en cada artículo del Compendio:

a. Frases que están avaladas por un documento pontificio, citado a pié de página.
b. Frases que comentan o amplían una referencia doctrinaria, del tipo anterior, o son colocadas como epígrafe, al comenzar un artículo.

Estimamos que las frases del segundo tipo (“b”), pueden suscitar dudas y hasta objeciones lícitas, si tienen una sintaxis confusa o contienen un concepto contradictorio con la doctrina tradicional.

4) Nos permitimos señalar un ejemplo concreto, el epígrafe al artículo 395:

“El sujeto de la autoridad política es el pueblo, considerado en su totalidad, como titular de la soberanía”.
Esta frase no está avalada por ninguna referencia, y contradice explícitamente varios textos pontificios:

- León XIII, Inmortale Dei, 2:

”Autoridad que, como la misma sociedad, surge y deriva de la Naturaleza, y, por tanto, del mismo Dios, que es su autor. De donde se sigue que el poder público, en sí mismo considerado, no proviene sino de Dios. Sólo Dios es el verdadero y supremo Señor de las cosas. Todo lo existente ha de someterse y obedecer necesariamente a Dios. Hasta tal punto, que todos los que tienen el derecho de mandar, de ningún otro reciben este derecho si no es de Dios, Príncipe supremo de todos. No hay autoridad sino por Dios (Rom, 13,1)”.

- León XIII, Diuturnum illud:

“Muchos de nuestros contemporáneos, siguiendo las huellas de aquellos que en el siglo pasado se dieron a sí mismos el nombre de filósofos, afirman que todo poder viene del pueblo. Por lo cual, los que ejercen el poder no lo ejercen como cosa propia, sino como mandato o delegación del pueblo y de tal manera que tiene rango de ley la afirmación de que la misma voluntad popular que entregó el poder puede revocarlo a su antojo. Muy diferente es en este punto la doctrina católica, que pone en Dios, como en principio natural y necesario, el origen del poder político” (3).

“Es importante advertir en este punto que los que han de gobernar los Estados pueden ser elegidos, en determinadas circunstancias, por la voluntad y juicio de la multitud, sin que la doctrina católica se oponga o contradiga esta elección. Con esta elección se designa el gobernante, pero no se confieren los derechos del poder. Ni se entrega el poder como un mandato, sino que se establece la persona que lo ha de ejercer” (4).

“De aquella herejía [Reforma] nacieron en el siglo pasado una filosofía falsa, el llamado derecho nuevo, la soberanía popular y una descontrolada licencia, que muchos consideran como la única libertad” (17).

- San Pío X alertó en "Notre Charge apostolique", que la Iglesia:

“Ha condenado una democracia que llega al grado de perversidad que consiste en atribuir en la sociedad la soberanía al pueblo” (9).

5) Llama la atención que el Compendio no haya incluido un capítulo para analizar la doctrina sobre la educación.

6) Asimismo, en el Índice Analítico no se han incluido temas importantes, como: liberalismo, marxismo, socialismo, comunismo, secularismo y teología de la liberación. En la Agenda Social, que fue una primera versión del Compendio, publicada en 2002, figuraron en el Índice Temático: socialismo, marxismo y comunismo.

Da la impresión que se ha preferido hablar de individualismo, en lugar de liberalismo, y de colectivismo, en lugar de marxismo, socialismo o comunismo. Esto deja un vacío conceptual y puede confundir a quienes lean el Compendio sin preparación previa.

Por eso, es importante recordar el peligro de las ideologías, y afirmar como lo hizo Pablo VI, en la "Octogesima adveniens":

“El cristiano que quiere vivir su fe en una acción política concebida como servicio, no puede adherirse, sin contradecirse a sí mismo, a sistemas ideológicos que se oponen, radicalmente o en puntos sustanciales, a su fe y a su concepción del hombre. No es lícito, por tanto, favorecer a la ideología marxista....Tampoco apoya el cristiano la ideología liberal...” (26).

“¿Es necesario subrayar las posibles ambigüedades de toda ideología social?" (27).

Prof. y Dr. Mario Meneghini.

Para información general enviar correo electrónico con preguntas o comentarios a la Escuela Santo Tomás Moro - dirección postal : Río Negro 365 - Córdoba (Argentina).

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Academia Pontificia Cultorum Martyrum 
domingo, junio 25, 2006, 01:48 PM -
Académie Pontificale Cultorum Martyrum. Sede (Schola Collegii): S. Maria in Camposanto. Piazza Protomartiri Romani. 00120 Città del Vaticano.

Secretaría: Palazzo del Pontificio Istituto di Archeologia Cristiana. Via Napoleone III, 1. 00185 Roma. Telefono e fax: 06.445.58.33. e-mail: cultorum.martyrum@org.va
Trad. Istituto San Clemente I Papa e Martire - Stefano Calvi

gennaio
febbraio
marzo
aprile
maggio
giugno
luglio
agosto
settembre
ottobre
novembre
dicembre


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Nombramiento del Prof. Edmund Pellegrino como Presidente del Consejo de Bioética del Presidente Bush 
domingo, junio 25, 2006, 01:35 PM -
Bioethics Research - 17 sept. 2005.

Queridos amigos:

Con mucho gusto quisiera hacerles partícipes del nombramiento del Prof. Edmund Pellegrino, miembro del Consejo Científico de nuestra Facultad, como Presidente del Consejo de Bioética del Presidente Bush.

Tenemos programado un curso de 3 días con el Prof. Pellegrino durante el mes de abril de 2006 (27-29). Por el momento está sujeto a confirmación debido a este inesperado nombramiento.

Les mantendré al tanto de este curso.

Prof. y Dr. Cristián Borgoño.
Facultad de Bioética.
Ateneo Pontificio Regina Apostolorum.
Roma. Italia.
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Comentarios a la Declaración de Bioética de la UNESCO 
domingo, junio 25, 2006, 01:28 PM -
Bioethics Research - 17 sept. - 1 nov. 2005

Queridos amigos:

Con mucho gusto les mando esta entrevista a nuestro decano, Gonzalo Miranda, que participó como delegado de la Santa Sede en las reuniones de elaboración de esta Declaración.

Como algunos de ustedes saben, en el congreso anual de la FIBIP hizo una conferencia sobre este tema que aparecerá en las actas del mismo.

Prof. y Dr. Cristián Borgoño.
Facultad de Bioética.
Ateneo Pontificio Regina Apostolorum.
Roma. Italia.

Logros y límites de la recién aprobada «Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos»

Según el padre Gonzalo Miranda, quien participó en algunas fases de la elaboración

CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 31octubre 2005 (ZENIT.org).- El 19 de octubre pasado, la 33ª Conferencia General de la UNESCO aprobó definitivamente la «Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos». Un documento sin duda importante, elaborado durante dos años por el Comité Internacional de Bioética y el Comité Intergubernamental de Bioética, ambos de la UNESCO.

El padre Gonzalo Miranda, L.C., decano de la Facultad de Bioética del Ateneo Pontificio «Regina Apostolorum» de Roma, ha participado en algunas fases de la elaboración de la Declaración, en calidad de delegado de la Santa Sede.

En esta entrevista concedida a Zenit analiza los aspectos más destacados de este documento.

--¿Cuál puede ser el significado de la aprobación de esta Declaración?

--Miranda: Ante todo, se confirma la importancia universal de la Bioética y de los temas y problemas estudiados por esta disciplina nacida hace 35 años. Universal en el sentido de que nos afectan a todos (médicos y biólogos, pero también políticos y legisladores, periodistas, sacerdotes, etc. y a la sociedad en general). Universal también en cuanto que hoy día estos problemas son percibidos y estudiados en todas las áreas geográficas y culturales del mundo. La globalización galopante ha contribuido sin duda a este fenómeno.

La Declaración, por su misma naturaleza, no es un documento vinculante para los Estados. Pero pretende ejercer un influjo importante en las legislaciones de los países y en las decisiones y comportamientos de todas las personas implicadas en los problemas de Bioética.

La UNESCO desea ser una agencia líder mundial en este campo, y lo dice explícita y claramente. He podido constatar cómo los representantes de muchos gobiernos, sobre todo de los países en vías de desarrollo piden a la UNESCO que les ayude a orientarse en los temas de Bioética y a difundir esta disciplina en sus naciones, colaborando, por ejemplo, para la creación de sus comités nacionales de Bioética. No faltan quienes ven en todo ello el peligro de que se instaure una especie de gobierno ético mundial.

--¿Cuál ha sido la participación de la Santa Sede en estos trabajos?

--Miranda: Como usted sabe, la Santa Sede tiene un Observador Permanente ante la UNESCO, en París. Actualmente es monseñor Francesco Follo quien cubre este puesto, de manera muy digna y eficaz. Se me invitó a participar en los trabajos de elaboración de la Declaración; primero para que expusiera la visión católica de la Bioética, en agosto del año pasado; y este año en la reunión de los expertos representantes de los gobiernos, en junio, y ahora en la Conferencia General.

Como observador, podía tomar la palabra, aunque no participar en las decisiones. También era interesante poder hablar informalmente con los delegados de los gobiernos, intercambiando impresiones, escuchando y proponiendo.

He podido notar un profundo aprecio por la Santa Sede y un grande interés por el pensamiento de la Iglesia en muchos delegados y expertos.

--¿Qué juicio global le merece la Declaración que acaba de ser aprobada?

--Miranda: Creo que es importante que la Declaración sea estudiada atenta y libremente por parte de quienes se dedican a la Bioética, de forma que se vayan captando sus instancias, el significado de los principios que propone, las posibles consecuencias de su influjo en el mundo, etc. No me parece que se pueda hacer un juicio ponderado sin pasar por ese análisis y ese debate.

De cualquier modo, pienso que la Declaración es en general aceptable, e incluso buena en algunos puntos. Desde luego, representa el fruto de una negociación y un esfuerzo de consenso entre visiones e intereses contrapuestos. Precisamente por ello no aparecen en el texto, ni por asomo, temas como la protección de los seres humanos no nacidos o el estatuto del embrión humano. Mucho menos hay un intento de ponerse de acuerdo sobre lo que se entiende por persona, dignidad humana, etc.

Como usted sabrá, al inicio se manejaba el título de «Declaración de Normas Universales de Bioética», y había una lista larga de problemas específicos de Bioética que la Declaración debería afrontar. Luego se vió más conveniente quedarse en principios generales, y quitar el término «normas» del título de la Declaración. Se decidió también al final introducir la expresión «derechos humanos», con lo que se subraya la plataforma sobre la que se basan los principios propuestos por la Declaración.

--¿Cuáles fueron los puntos más controvertidos en la elaboración del texto?

--Miranda: Hubo varios, muy interesantes. En la reunión de junio, en la que los expertos representantes de los gobiernos tenían que revisar el texto preparado por los comités de bioética de la UNESCO, se logró dialogar y ceder en aras del consenso sobre algunos de estos puntos más conflictivos, mejorando sin duda el texto.

Por ejemplo, algunos países pidieron que se introdujera el principio del derecho a la vida humana. Otros decían que sus gobiernos no podían aceptarlo. Después de muchos intentos, tras haber consultado algunos delegados con sus respectivos gobiernos, se aceptó que en la sección sobre los objetivos de la Declaración se dijera, hablando de los derechos humanos: «asegurando el respeto de la vida de los seres humanos». Como dije en la reunión, era un poco chusco que una declaración de bioética, elaborada por seres humanos, se olvidara de proponer el principio del derecho a la vida de los seres humanos. Pero al menos quedó consignado entre los objetivos de la Declaración.

Por otro lado, el borrador introducía --al hablar de la distribución de los beneficios de la medicina-- el tema de la «salud reproductiva», que, como se sabe, incluye prácticas problemáticas desde el punto de vista ético, como la anticoncepción, la esterilización y hasta el aborto. Algunos propusieron que se dijera más genéricamente «salud de las mujeres y los niños». La verdad es que, como dije a los delegados (y bastantes concordaban), se trataba de la introducción de un problema muy concreto y específico, cuando se había concordado que la Declaración se mantuviera a nivel de principios generales. Además, en bastantes países no son legales algunas de esas prácticas incluidas de hecho en la expresión discutida. Se terminó por adoptar la fórmula más genérica, aunque algunos delegados pidieron que constara en las actas de la reunión su preferencia por incluir el tema de la «salud reproductiva».

--Si miramos al futuro...

--Miranda: si miramos al futuro, creo que esta Declaración ejercerá cierto influjo en el mundo, posiblemente mayor en las zonas en las que la Bioética no ha echado todavía fuertes raíces. Fueron sobre todo los representantes de esos países quienes ponderaron la importancia de la UNESCO en este campo. En cambio, varios delegados de países desarrollados puntualizaron que en sus naciones la Declaración será aplicada de acuerdo con sus leyes nacionales. Anotación significativa sobre todo si se tiene en cuenta que, como decía antes, ya se sabe que la Declaración, por su misma naturaleza, no es legalmente vinculante.

Por otra parte, algunos auspiciaron que la UNESCO afronte algunos de los temas que no pudieron ser incluidos en la Declaración. Podríamos ver en los próximos años la publicación de documentos de la UNESCO sobre temas de Bioética muy complejos, delicados y controvertidos.

Comienzan a correr voces, además, sobre la posible elaboración de una Convención de Bioética de la UNESCO. En la recién terminada Conferencia General se ha aprobado una Convención sobre la Diversidad Cultural, sobre la base de una precedente Declaración. Las convenciones son legalmente vinculantes.

Habrá que seguir muy atentamente todo este proceso, y colaborar en la profundización y difusión de los temas de Bioética, en todo el mundo. La Iglesia católica tiene mucho que decir, y dice mucho.

Nota editorial : Federazione Internazionale dei centri ed Istituti di Bioetica di Ispirazione Personalista

III FIBIP International Congress. “Critical commentary on the universal norms of bioethics of Unesco”. Mexico City, September 29-30 th 2005. Más información : Dr. Oscar J. Martínez González. Coordinador general de la Facultad de Bioética de la Universidad Anáhuac.
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Las Nuevas Cruzadas. La Epopeya Porteña (Parte II)  
miércoles, junio 21, 2006, 10:42 AM -
Extracto del trabajo de docencia e investigación de la Fundación Psicología y Cristianismo, con el título "Psicología y Martirio: un estudio preliminar sobre las capitulaciones martiriales y la cláusula de excepción" (G.Carrére y J.M. Amenós): Abstract en "Fe y Ciencia: el principio de verificabilidad y la teoría de falsación" (J.M. Amenós) - VI Congreso Internacional Virtual de Educación (CIVE) - 6-26 febrero 2006. Área temática: Formación Continua; y Paper en la Revista Monografías.

LAS NUEVAS CRUZADAS. LA EPOPEYA PORTEÑA. Primera persecución religiosa en la República Argentina. Parte II. Por Lic. Gustavo Carrére Cadirant.

Conmemoración del 50º Aniversario del Movimiento de Liberación Nacional Argentina : Buenos Aires (1955).

2. Persecución religiosa.

El segundo gobierno del Gral. Perón se destacó, entre otras particularidades, por su animosidad manifiesta contra la Iglesia Católica y su Jerarquía, desencadenando una serie de medidas y acciones gubernamentales que dieron lugar a la “Primera Persecución religiosa en la República Argentina”, y que concluyó en la triste, irreproducible y sacrílega jornada del 16 de junio de 1955, donde muchos templos porteños fueron incendiados y profanados, amén de la Curia Arzobispal –que ardió hasta quedar aniquilada con su rica biblioteca de 80.000 volúmenes y sus archivos que guardaban casi cuatro siglos de historia-, y las magníficas iglesias de Santo Domingo y San Francisco, la Capilla de San Roque, San Ignacio, La Merced, San Miguel Arcángel, La Piedad, Nuestra Señora de las Victorias, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, San Nicolás de Bari, San Juan Bautista, y la misma Catedral Primada, tesoros venerables de Fe y Patriotismo.

Bastan unas frases, significativas por cierto, de boca del entonces Vicepresidente de la Nación, Contralmirante Alberto Tessaire, para ilustrar la esencia de los tristes y sacrílegos hechos que se sucedieron en la República Argentina durante la segunda presidencia del General Juan Domingo Perón:

“(...) La crisis partidaria fue, como es lógico, una consecuencia de la crisis política argentina. Se origina principalmente en la inmoralidad administrativa y culmina con la agresión contra la Iglesia, cuya iniciación nace del despecho que le produjeron a Perón los éxitos de público en los actos estudiantiles secundarios de Córdoba, frente al fracaso de los mitines organizados por la UES, creada por él como instrumento político. Pero como Perón no podía arrastrarnos a la lucha anticatólica con ese pobre argumento, fabricó la leyenda de la intromisión clerical en la política, a cuyo efecto inventó hechos imaginarios, exhibiéndonos elementos de juicio totalmente falsos. Embaucados de esa manera, se produjo el acto del Luna Park, donde algunos oradores -haciendo fe en su palabra y en sus afirmaciones—censuramos esa intromisión de la Iglesia en la política, sin advertir –hasta días después—que todo era un fraude cuidadosamente preparado por el ex presidente, cuya fingida indignación era parte de la comedia representada”.

(...) “Posteriormente, Perón intentó arrancar de las Cámaras legislativas una ley de expropiación del templo de la Catedral, a cuyo efecto le hizo presentar un proyecto a su ministro Méndez San Martín que, se empeñó personalmente en prestigiarlo. Pero varios nos opusimos terminantemente a ese propósito, evitando que se consumara otro atropello contra la Iglesia. Ya estábamos en antecedentes de la verdad del problema y esta vez Perón no pudo sorprendernos con otro engaño”.

(...) “En cuanto a la forma en que Perón ejercía el poder, debo significar que él conocía absolutamente todo y manejaba todo, hasta cosas muy chicas y generalmente de mala fe. Nada de lo que el gobierno de Perón ha ejecutado, sea cual fuere la naturaleza de los hechos ocurridos, se ha llegado a concretar sin el consentimiento directo de Perón. En consecuencia, hemos asistido a un ejercicio del poder con el que no se gobernaba, sino que se ordenaba”.

(...) “En homenaje a la más estricta verdad, por muchos presentida pero por mí bien conocida, debo destacar que Perón carecía absolutamente de sentimientos. Sin sentimientos para la madre, para la esposa, para el hermano, para nadie, solo tenía el sentimiento del odio, sentimiento sensualista y codicioso. No quería al país” (Contralmirante Tessaire, Alberto. Declaraciones del Ex Vicepresidente el 4 de octubre de 1955).

El actuar de los blasfemos y sacrílegos fue certeramente manipulado, y frases del entonces presidente de la nación argentina, resultan más que lustrativas al respecto:

2 de agosto de 1946."El día que ustedes se lancen a colgar, yo estaré del lado de los que cuelgan".

13 de agosto de 1946. "Entregaremos unos metros de piola a cada descamisado y veremos quién cuelga a quién".

24 de junio de 1947. "Con un fusil o con un chillo a matar".

8 de septiembre de 1947. "Levantemos horcas en todo el país para colgar a los opositores".

3 de junio de 1951. "Vamos a salir a la calle una sola vez ... para que no vuelvan más ellos ni los hijos de ellos".

31 de agosto de 1951. "Distribuiremos alambre de fardar para ahocar a nuestros enemigos".

7 de mayo de 1952. "Compañeros, cuando haya que quemar voy a salir yo a la cabeza de ustedes a quemar. Pero entonces, si ello fuera necesario, la historia recordará la más grande hoguera que haya encendido la humanidad hasta nuestros días".

16 de abril de 1953. "Vamos a tener que volver a la época de andar con el alambre de fardo en el bolsillo".

16 de abril de 1953. "Hay que buscar a esos agentes y donde se encuentren colgarlos de un árbol”.

16 de abril de 1953. "Eso de la leña que ustedes me aconsejan por ¿Qué no empiezan ustedes a darla?”.

31 de agosto de 1955. "Aquel que en cualquier lugar intente alterar el orden en contra de las autoridades puede ser muerto por cualquier argentino (...) Y cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de ellos (...)”.

“Noche de la Pasión de Jesús en Buenos Aires”, fue llamada aquella noche trágica del sacrilegio, de la blasfemia, de la destrucción y del pecado. Junto a la Eucaristía pisoteada, los sagrarios rotos, los altares mancillados, los cálices ultrajados, las imágenes sacras deshechas y vejadas, no pocas reliquias patrias sufrieron el mismo y endemoniado castigo. Desde las tumbas de los héroes hasta las banderas nacionales y los trofeos de guerra.

Y en esa noche de orgía, el Rvdo. P. Jacobo Wagner, C.SS.R, se encontraba con su comunidad redentorista, para dar comienzo a la frugal refección presidida por el Cardenal Caggiano; cerca de las 20:15 hs se oyeron gritos en las calles y pocos minutos después, una turba asalariada por el régimen, violentaba las puertas de la Iglesia de Las Victorias, sita en la calle Paraguay 1204 de la entonces Ciudad de Buenos Aires, irrumpiendo en el templo y en la residencia, rugiendo y blasfemando, quemando y destrozando cuanto hallaban a su paso. La comunidad se dispersó por el interior del convento, las azoteas y el campanario, se hicieron sonar las campanas en demanda de auxilio, al que acudió un auto policial, cuyo oficial después de verificar lo que sucedía en el interior del templo, se retiró tranquilamente. El P. Wagner guió por los corredores de la casa al cardenal Caggiano, a fin de ponerlo a salvo; concluida su misión, pasó frente a la pieza del Padre Provincial, saqueda por siete u ocho de los asaltantes. Quiso entrar para llamarles la atención por lo sucedido, pero fue detenido por uno de aquellos forajidos y golpeado salvajemente con un palo. Aturdido por los golpes, sangrándole las heridas del rostro y de la cabeza, caminó penosamente hasta otra puerta, y a punto de abrirla varios malhechores se precipitaron hacia la salida y volvieron a golpear al sacerdote. Gracias a la acción de un caballero y una señorita, fue arrancado de los malvados y puesto a salvo, siendo rápidamente conducido a otra casa más lejana; en ese interín se hizo presente la policía para detener al sacerdote, y al no hallarlo, llevaron detenidos al caballero y a la señorita que le habían prestado auxilio. En el hogar de la familia Martínez del Villar, el P. Wagner recibió las delicadas atenciones que le salvaron la vida en principio, pero que dejaban entrever su lamentable estado y hacía temer la probabilidad de un rápido fin. Poco a poco fue reponiéndose de sus heridas y de la tremenda conmoción sufrida; no obstante, poco a poco se va acentuando su falta de estabilidad. El 25 de julio debía haber celebrado en el altar mayor de las Victorias, pero solo pudo asistir a la misa sentado en un sillón en medio del presbiterio. En la tarde del 30 de julio, el P. Leo Harkins lo confesó y el Padre Provincial en presencia de todos los Padres y Hermanos de la comunidad le administró los santos sacramentos del Viático y la Extremaunción, que recibió con toda lucidez y admirable serenidad de espíritu. Lentamente fue consumiéndose hasta la tarde del 7 de agosto; durante la mañana y en horas de la tarde permaneció inconsciente. A las 16:32 hs, susurra la invocación “Cristo”, terminando en ese instante “su agonía y pasión”, “verdadero martirio”, y comenzando su gloria, a casi 71 años de edad.

Continuación ...

Otros artículos del autor: Monográfico (I y II) sobre los mártires de la fe en la Revolución francesa y la República Mejicana. Las Nuevas Cruzadas. La epopeya de la vendée y cristera. Primera y Segunda Cruzada contra los "sin Dios jacobinos". Primer y Segundo Genocidio de la Modernidad.
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Las Nuevas Cruzadas. La Epopeya Cristera (Parte I) 
lunes, junio 19, 2006, 11:19 AM -
LAS NUEVAS CRUZADAS. LA EPOPEYA CRISTERA. Segunda Cruzada Contra los "Sin Dios Jacobinos". Segundo Genocidio de la Modernidad. Parte I. Por Lic. Gustavo Carrére Cadirant. República Argentina.

1. Introducción.

La persecución liberal y masónica contra la Iglesia Católica en México, que desencadenó la “Epopeya Cristera” en el siglo XX, no era sino continuación de la iniciada en el siglo XIX.

El 16 de septiembre de 1810, en el llamado “Grito de Dolores”, el sacerdote Miguel Hidalgo y Costilla iniciaba el proceso de “guerra insurgente o civil” que culminaría con la independencia de México. Los obispos sostenían que no se trataba de guerra por la independencia sino, una lucha injustificada y salvaje contra una clase de la sociedad: la exaltación de las turbas, conocidas como los “chinacos”, contra las clases altas de la sociedad, conocidos como los “gachupines”. No obstante, la burguesía criolla americana del siglo diecinueve, ansiosa de liberarse del poder de la Corona española y de la influencia de la Iglesia Católica, se agrupó en logias masónicas locales, intervenidas por francmasones del norte anglosajón, que ya entonces buscaban penetrar en el solar iberoamericano. En 24 de febrero de 1821, el Plan de Iguala decide la independencia completa como monarquía constitucional y señala a la Religión Católica como base espiritual de la vida mexicana; el emperador Agustín de Iturbide ocupará el gobierno. Paralelamente, el “Manifiesto Destino” les señalaba a los gobernantes de Estados Unidos el Lejano Oeste como meta; así Texas, Nuevo México, la Alta California y Arizona entraban en los planes anexionistas. Por ello fue comisionado su embajador Poinsett, a la formación de un “Partido Americano” en México; sobre la base de las “logias yorkinas”; el proyecto era “La República Federal y Laica”. Con la colaboración de liberales-masones y los constitucionalistas, en 1824 Iturbide será destituido y fusilado en Padilla. El Gral. Vicente Guerrero proclamará así la República en 1824; se sanciona la Constitución. Comienza un período de decadencia: el separatismo centroamericano, la propaganda antirreligiosa, la guerra de Texas y la guerra contra los Estados Unidos, que culmina con el Tratado de Guadalupe, el 2 de febrero de 1848, que lo lleva a la pérdida del 50% de su territorio –Texas, Nuevo México, Arizona y la Alta California-; la política exterior de México quedó así subordinada a los Estados Unidos.

a. Presidencia del Dr. Benito Juárez (1855-72).

En 1855, se desata la revolución liberal con toda su virulencia anticatólica, cuando se hace con el poder Benito Juárez, indio zapoteca, de Oaxaca, que a los 11 años, con ayuda del lego carmelita Salanueva, aprende castellano y a leer y escribir, lo que le permite ingresar en el Seminario. Abogado más tarde y político, impone, obligado por la logia norteamericana de Nueva Orleans, la Constitución de 1857, de orientación liberal, y las Leyes de Reforma de 1859, una y otras abiertamente hostiles a la Iglesia: algunas disposiciones específicas, entre las que sobresalieron: Articulo 3º: Elimina a la Iglesia de la educación; Artículo 13º: Ratifica la Ley Juárez de 1855 que pone fin a los privilegios y tribunales especiales para la Iglesia; Artículo 27º: Ratifica la Ley Lerdo de 1856 que prohíbe a la Iglesia administrar bienes o empresas no destinados al culto religioso; Artículo 56º: Impide a los sacerdotes ser diputados; Artículo 57º: Impide a los sacerdotes aspirar a la Presidencia de la República; y Artículo 123º: Permite al Gobierno controlar la práctica del culto. Su gobierno dió también apoyo a una Iglesia mexicana, precario intento de crear, en torno a un pobre cura, una Iglesia cismática. SS Pío IX condenó estas medidas; envió un comunicado al Presidente de la República Mexicana de cuyo texto tomamos un fragmento que a la letra dice: "levantamos nuestra voz pontificia con la libertad apostólica para condenar, reprobar y declarar írritos y de ningún valor los llamados decretos de reforma y todo lo demás que haya practicado la autoridad civil con tanto desprecio de la autoridad eclesiástica y de esta silla apostólica". Este respaldo absoluto del Papa hacia el clero mexicano auspició un “alzamiento popular católico” en los años 1858-1861, conocido como la "guerra de tres años"; primer precedente de la epopeya cristera. La catolicidad mejicana sostuvo esa lucha contra aquellos laicistas de la Reforma, también jacobinos, que habían impuesto la libertad para todos los cultos -excepto el culto católico, sometido al control restrictivo del Estado-, la puesta a la venta de los bienes de la Iglesia, la prohibición de los votos religiosos, la supresión de la Compañía de Jesús y, por tanto, de sus colegios, el juramento de todos los empleados del Estado a favor de estas medidas, la deportación y el encarcelamiento de los obispos o sacerdotes que protestaran y una represión sangrienta de las manifestaciones de protesta, particularmente numerosas en los estados de Jalisco, Michoacán, Puebla, Tlaxcala; el gobierno liberal prevaleció gracias a la ayuda de los Estados Unidos. En 1860 Juárez expulsó del país a todos los prelados extranjeros, lo cual hizo que los conservadores pensaran en llamar a un rey o emperador de la nobleza que los "acercara a Dios", para sustituir al presidente indígena que los estaba "acercando al diablo".

b. Presidencia de Sebastián Lerdo de Tejada (1872-76).

Éste, que había estudiado en el Seminario de Puebla, acentuó la persecución religiosa. Con la restauración de la República se aplicaron al pie de la letra las Leyes de Reforma; el 20 de mayo de 1873, el Gobernador del Distrito Federal, por órdenes del Presidente arrestó a todos los jesuitas, así como a los frailes, monjas y sacerdotes extranjeros. El periódico subsidiado por el Gobierno llamado "el federalista" en su edición del 21 de mayo de 1873 consignó textualmente: "los sacerdotes naturales del país seguirán purgando en la cárcel su desobediencia a las leyes; las monjas no podrán volver a consagrarse y los sacerdotes extranjeros, particularmente los jesuitas, serán desterrados del país como ciudadanos perniciosos". El gobierno federal decidió reformar la Constitución, completándola; el decreto del 25 de septiembre de 1873, incorporaba los cinco decretos, conocidos como Leyes de la Reforma, a la Constitución de 1857. Una enmienda constitucional decidió la expulsión de las Hermanas de la Caridad -a quienes el mismo Juárez respetó-, no obstante que de las 410 que había, 355 eran mexicanas, que atendían a cerca de 15.000 personas en sus hospitales, asilos y escuelas. En cambio, se favoreció oficialmente la difusión del protestantismo, con apoyo norteamericano; asimismo se prohibió que hubiera fuera de los templos cualquier manifestación o acto religioso. Todo esto provocó otro “alzamiento popular católico”, llamado de los Religioneros (1873-1876), segundo precedente de la epopeya cristera. Los primeros levantamientos se produjeron en noviembre de 1873 en Morelia, Zinacatepec, Dolores Hidalgo, León; mucho más graves fueron las tragedias en Jonacatepec, Temascaltepec y Tejupilco. En enero de 1874, la “Epopeya religionera” se extendía como mancha de aceite al grito de ¡Viva la Religión! ¡Muera el mal gobierno! ¡Mueran los protestantes! La ciega represión del gobierno produjo un mayor apoyo popular; en tal sentido señalaban: “La conducta de los jefes mandados por el gobierno para sofocar la revolución es más propia para avivar el incendio que para sofocarlo”. Al frente de esta guerra popular, verdadera guerra de guerrillas, se encontraban: Jesús González, Benito Mesa, Domingo Juárez, Gabriel Torres, Antonio Reza, Jesús Soravilla, Socorro Reyes. Los prelados, como en muchas ocasiones, no obraron de manera uniforme; mientras unos recomendaban obediencia a las leyes, otros azuzaban en contra del gobierno. El Gral. Porfirio Díaz derribó a Lerdo de Tejada gracias al apoyo popular; el movimiento religionero desaparece, por no tener ya razón de ser pues, Porfirio Díaz se apresuró a pactar con la Iglesia Católica con el aval de El Vaticano: el régimen suavizaría la aplicación de las Leyes de Reforma si el clero se comprometía a concentrarse exclusivamente en su labor pastoral.

c. Presidencia del General Porfirio Díaz ( 1877-1910).

Era, como Juárez, de Oaxaca y antiguo seminarista; desencadenó una revolución que le llevó al gobierno de México durante casi 30 años: fue reelegido ocho veces, en una farsa de elecciones, entre 1877 y 1910. El liberalismo del Porfiriato fue más tolerante con la Iglesia. Aunque dejó vigentes las leyes persecutorias de la Reforma, normalmente no las aplicaba; pero mantuvo en su gobierno, especialmente en la educación preparatoria y universitaria, el espíritu laicista antirreligioso. Se movilizó con audacia y obtuvo el apoyo de la Confederación Masónica Internacional y del Supremo Consejo Mundial de Londres que enviaron emisarios a México a dialogar con los integrantes de las logias, de cuyas conversaciones se obtuvo la anuencia de la masonería universal para que el Gral. Porfirio Díaz actuara en busca de la paz y de la reconciliación Iglesia-Estado, con objeto de dejar al país en condiciones de estabilidad para favorecer la inversión extranjera, los créditos y el progreso del suelo mexicano. La conciliación propuesta por el gobierno consistió en no combatir las manifestaciones religiosas externas de la Iglesia mientras ésta colaborase a conservar la paz. Sujeto el acuerdo a la conveniencia mutua, las órdenes religiosas fueron restablecidas, se abrieron escuelas y centros de enseñanza religiosa, se mostró tolerancia a los actos de culto externo, se erigieron los obispados de Tabasco, en 1880; el de Colima, en 1881, y Sinaloa en 1883. Para 1895, el número de templos ascendió a 9.580, aumentando en 4.687 en relación a los que existían en 1878. El clero denominó a esta época de tranquilidad y bonanza "pax porfiriana" que fue muy comentada, controvertida y criticada. Sin embargo, los católicos conservadores manifestaban que no modificarían su posición respecto a la legislación reformista, pues la consideraban un problema de conciencia; por lo tanto, continuaba su condena a lo que consideraban robos sacrílegos de los objetos y propiedades eclesiásticos, a la educación impartida por el Estado y a la secularización del matrimonio. Consolidado en el poder el grupo liberal, se favoreció la difusión del protestantismo, como base liberal radical en el marco de su confrontación con la Iglesia Católica. Con apoyo del gobierno, se reprodujeron las congregaciones reformistas protestantes, las que tenían como característica esencial ofrecer al individuo pautas y modelos organizativos, en ruptura con los modelos corporativos tradicionales, ligados en gran parte al catolicismo.

Pero será a partir de 1910, con la denominada “Revolución Mexicana”, la irrupción en el panorama ilustrado de un socialismo y un marxismo rampantes, cuando la situación alcance su punto crítico: entre 1914 y 1917 los obispos fueron detenidos o expulsados, los sacerdotes encarcelados, las monjas expulsadas de sus conventos, el culto religioso prohibido, las escuelas religiosas cerradas, las propiedades eclesiásticas confiscadas. La Constitución de 1917 legalizó el ataque a la Iglesia y lo radicalizó de manera intolerable. En el período de 1914 a 1934, el más cruento de la persecución religiosa en México, obispos, sacerdotes, laicos, hombres, mujeres y niños, ofrecieron sus vidas al grito de ¡Viva Cristo Rey! Tuvo su punto culminante de 1926 a 1929, cuando el entonces Presidente de la República, General Plutarco Elías Calles, promulgó una ley sobre el culto, que llevase a la práctica las disposiciones de la Constitución de 1917. Estas disposiciones, conocidas como “Ley Calles”, establecían el número de ministros sagrados por localidad, prohibían la presencia de sacerdotes extranjeros en el país, limitaban el ejercicio de los actos de culto y, entre otras disposiciones más, prohibían los seminarios y conventos. Ante estas restricciones, y tras frustrantes negociaciones por parte de los obispos mexicanos con las autoridades del Gobierno, la Iglesia de México, en señal de protesta, decidió suspender los actos de culto.

La rebelión no se hizo esperar: en la parte occidental de México (especialmente en Jalisco, Aguascalientes, Michoacán, Guanajuato y Colima), muchos católicos tomaron las armas para defender la libertad religiosa. Algunos sacerdotes, aunque en número exiguo, se unieron a ellos; pero la mayor parte optó por una resistencia pacífica. Los estudiosos cuentan sólo veinte sacerdotes entre los adherentes a la lucha armada. Entre los laicos se formaron dos grupos: los favorables a la lucha armada y los que se inclinaban por la resistencia pacífica. Se trataba de la Epopeya de los Cristeros, que, como sus hermanos de La Vendée, se formaron bajo las banderas del Sagrado Corazón: cerca de cien mil hombres armados, apoyados por las llamadas "Brigadas Bonitas" (mujeres que tomaban a su cargo la sanidad, la intendencia y las comunicaciones).

La Epopeya se desarrolló desde 1926 hasta 1929, en que se firma el Pacto Religioso entre el Gobierno y los Obispos, por el que éstos acataban la Constitución y se ponía fin a la lucha cristera. A pesar del decisivo apoyo popular que levantaban los Cristeros en su avance, la orden llegada de la Santa Sede de deponer inmediatamente las armas, fue diligentemente obedecida. Los de la Liga y los cristeros sabían que era una trampa, que el Gobierno no respetaría nunca los arreglos, y que entregando las armas y dejando la clandestinidad la muerte era segura; lo hicieron simplemente porque lo mandaba la Iglesia, por fidelidad. Por obediencia a la Iglesia. Esto supuso una larga y durísima prueba para la fe de los cristeros, que sin embargo se mantuvieron fieles a la Iglesia con la ayuda sobre todo de los mismos sacerdotes que durante la guerra les habían asistido.

Continuación ...
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Viaje Apostólico de Benedicto XVI a Polonia 
viernes, junio 16, 2006, 10:07 AM -
Informe 2006 : Viaje Apostólico de su Santidad Benedicto XVI a Polonia (25-28 mayo 2006).

Fuente : Artículo publicado por la revista ConocereisdeVerdad.org con fecha 16 junio 2006.

Discurso del Santo Padre en su visita al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. Domingo, 28 de mayo de 2006.

Tomar la palabra en este lugar de horror, de acumulación de crímenes contra Dios y contra el hombre que no tiene parangón en la historia, es casi imposible; y es particularmente difícil y deprimente para un cristiano, para un Papa que proviene de Alemania. En un lugar como este se queda uno sin palabras; en el fondo sólo se puede guardar un silencio de estupor, un silencio que es un grito interior dirigido a Dios: ¿Por qué, Señor, callaste? ¿Por qué toleraste todo esto?.

Con esta actitud de silencio nos inclinamos profundamente en nuestro interior ante las innumerables personas que aquí sufrieron y murieron. Sin embargo, este silencio se transforma en petición de perdón y reconciliación, hecha en voz alta, un grito al Dios vivo para que no vuelva a permitir jamás algo semejante.

Hace veintisiete años, el 7 de junio de 1979, se encontraba aquí el Papa Juan Pablo II; y en esa ocasión dijo: "Vengo aquí hoy como peregrino. Se sabe que he estado aquí muchas veces... ¡Cuántas veces! Y muchas veces he bajado a la celda de la muerte de Maximiliano Kolbe y me he parado ante el muro del exterminio y he pasado entre las escorias de los hornos crematorios de Birkenau. No podía menos de venir aquí como Papa" (Homilía en el campo de concentración de Auschwitz, n. 2: L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 17 de junio de 1979, p. 13).

El Papa Juan Pablo II estaba aquí como hijo del pueblo que, juntamente con el pueblo judío, tuvo que sufrir más en este lugar y, en general, a lo largo de la guerra: "Son seis millones de polacos los que perdieron la vida durante la segunda guerra mundial: la quinta parte de la nación", recordó entonces el Papa (ib.). Luego aquí hizo el solemne llamamiento al respeto de los derechos del hombre y de las naciones, que anteriormente habían hecho al mundo sus predecesores Juan XXIII y Pablo VI, y añadió: "Pronuncia estas palabras (...) el hijo de la nación que en su historia remota y más reciente ha sufrido de parte de los demás múltiples tribulaciones. Y no lo dice para acusar, sino para recordar. Habla en nombre de todas las naciones, cuyos derechos son violados y olvidados" (ib., n. 3).

El Papa Juan Pablo II estaba aquí como hijo del pueblo polaco. Yo estoy hoy aquí como hijo del pueblo alemán, y precisamente por esto debo y puedo decir como él: No podía por menos de venir aquí. Debía venir. Era y es un deber ante la verdad y ante el derecho de todos los que han sufrido, un deber ante Dios, estar aquí como sucesor de Juan Pablo II y como hijo del pueblo alemán, como hijo del pueblo sobre el cual un grupo de criminales alcanzó el poder mediante promesas mentirosas, en nombre de perspectivas de grandeza, de recuperación del honor de la nación y de su importancia, con previsiones de bienestar, y también con la fuerza del terror y de la intimidación; así, usaron y abusaron de nuestro pueblo como instrumento de su frenesí de destrucción y dominio.

Sí, no podía por menos de venir aquí. El 7 de junio de 1979 yo me encontraba aquí, como arzobispo de Munich-Freising, entre los numerosos obispos que acompañaban al Papa, que lo escuchaban y oraban juntamente con él. En 1980 volví una vez más a este lugar de horror con una delegación de obispos alemanes, turbado a causa del mal y agradecido por el hecho de que sobre estas tinieblas había surgido la estrella de la reconciliación.

Esta es también la finalidad por la que me encuentro hoy aquí: para implorar la gracia de la reconciliación; ante todo, a Dios, el único que puede abrir y purificar nuestro corazón; luego, a los hombres que aquí sufrieron; y, por último, la gracia de la reconciliación para todos los que, en este momento de nuestra historia, sufren de modo nuevo bajo el poder del odio y bajo la violencia fomentada por el odio.

¡Cuántas preguntas se nos imponen en este lugar! Siempre surge de nuevo la pregunta: ¿Dónde estaba Dios en esos días? ¿Por qué permaneció callado? ¿Cómo pudo tolerar este exceso de destrucción, este triunfo del mal?

Nos vienen a la mente las palabras del salmo 44, la lamentación del Israel doliente: "Tú nos arrojaste a un lugar de chacales y nos cubriste de tinieblas. (...) Por tu causa nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza. Despierta, Señor, ¿por qué duermes? Levántate, no nos rechaces más. ¿Por qué nos escondes tu rostro y olvidas nuestra desgracia y nuestra opresión?

Nuestro aliento se hunde en el polvo, nuestro vientre está pegado al suelo. Levántate a socorrernos, redímenos por tu misericordia" (Sal 44, 20. 23-27). Este grito de angustia que el Israel doliente eleva a Dios en tiempos de suma angustia es a la vez el grito de ayuda de todos los que a lo largo de la historia —ayer, hoy y mañana— han sufrido por amor a Dios, por amor a la verdad y al bien; y hay muchos también hoy.

Nosotros no podemos escrutar el secreto de Dios. Sólo vemos fragmentos y nos equivocamos si queremos hacernos jueces de Dios y de la historia. En ese caso, no defenderíamos al hombre, sino que contribuiríamos sólo a su destrucción. No; en definitiva, debemos seguir elevando, con humildad pero con perseverancia, ese grito a Dios: "Levántate. No te olvides de tu criatura, el hombre". Y el grito que elevamos a Dios debe ser, a la vez, un grito que penetre nuestro mismo corazón, para que se despierte en nosotros la presencia escondida de Dios, para que el poder que Dios ha depositado en nuestro corazón no quede cubierto y ahogado en nosotros por el fango del egoísmo, del miedo a los hombres, de la indiferencia y del oportunismo.

Elevemos este grito a Dios; dirijámoslo también a nuestro corazón, precisamente en este momento de la historia, en el que se ciernen nuevas desventuras, en el que parecen resurgir de nuevo en el corazón de los hombres todas las fuerzas oscuras: por una parte, el abuso del nombre de Dios para justificar una violencia ciega contra personas inocentes; y, por otra, el cinismo que ignora a Dios y que se burla de la fe en él.

Nosotros elevamos nuestro grito a Dios para que impulse a los hombres a arrepentirse, a fin de que reconozcan que la violencia no crea la paz, sino que sólo suscita otra violencia, una espiral de destrucciones en la que, en último término, todos sólo pueden ser perdedores. El Dios en el que creemos es un Dios de la razón, pero de una razón que ciertamente no es una matemática neutral del universo, sino que es una sola cosa con el amor, con el bien. Nosotros oramos a Dios y gritamos a los hombres, para que esta razón, la razón del amor y del reconocimiento de la fuerza de la reconciliación y de la paz, prevalezca sobre las actuales amenazas de la irracionalidad o de una razón falsa, alejada de Dios.

El lugar en donde nos encontramos es un lugar de la memoria, el lugar de la Shoah. El pasado no es sólo pasado. Nos atañe también a nosotros y nos señala qué caminos no debemos tomar y qué caminos debemos tomar.

Como hizo Juan Pablo II, he recorrido el camino de las lápidas que, en diversas lenguas, recuerdan a las víctimas de este lugar: son lápidas en bielorruso, checo, alemán, francés, griego, hebreo, croata, italiano, yiddish, húngaro, holandés, noruego, polaco, ruso, rom, rumano, eslovaco, serbio, ucraniano, judeo-hispánico e inglés. Todas estas lápidas conmemorativas hablan de dolor humano; nos permiten intuir el cinismo de aquel poder que trataba a los hombres como material, sin reconocerlos como personas, en las que resplandece la imagen de Dios. Algunas lápidas invitan a una conmemoración particular.

Está la lápida en lengua hebrea. Los potentados del Tercer Reich querían aplastar al pueblo judío en su totalidad, borrarlo de la lista de los pueblos de la tierra. Entonces se verificaron de modo terrible las palabras del Salmo: "Nos degüellan cada día, nos tratan como a ovejas de matanza". En el fondo, con la aniquilación de este pueblo, esos criminales violentos querían matar a aquel Dios que llamó a Abraham, que hablando en el Sinaí estableció los criterios para orientar a la humanidad, criterios que son válidos para siempre. Si este pueblo, simplemente con su existencia, constituye un testimonio de ese Dios que ha hablado al hombre y cuida de él, entonces ese Dios finalmente debía morir, para que el dominio perteneciera sólo al hombre, a ellos mismos, que se consideraban los fuertes que habían sabido apoderarse del mundo. En realidad, con la destrucción de Israel, con la Shoah, querían en último término arrancar también la raíz en la que se basa la fe cristiana, sustituyéndola definitivamente con la fe hecha por sí misma, la fe en el dominio del hombre, del fuerte.

Luego está la lápida en lengua polaca: en una primera fase, y ante todo, se quería eliminar la élite cultural y borrar así al pueblo como sujeto histórico autónomo, para reducirlo, en la medida en que seguía existiendo, a un pueblo de esclavos.

Otra lápida que invita particularmente a reflexionar es la que está escrita en la lengua de los sinti y de los rom. También aquí se quería hacer desaparecer a un pueblo entero, que vive emigrando en medio de otros pueblos. Era considerado como un elemento inútil de la historia universal, en una ideología en la que ya sólo debía contar lo útil mensurable; todo lo demás, según sus conceptos, se clasificaba como lebensunwertes Leben, una vida indigna de ser vivida.

Después está la lápida en ruso, que evoca el inmenso número de vidas sacrificadas entre los soldados rusos en el enfrentamiento con el régimen del terror nacionalsocialista; sin embargo, al mismo tiempo, nos hace reflexionar sobre el trágico doble significado de su misión: libraron a los pueblos de una dictadura, pero sometiendo también a los mismos pueblos a una nueva dictadura, la de Stalin y la ideología comunista.

También todas las demás lápidas, en muchas otras lenguas de Europa, nos hablan del sufrimiento de hombres de todo el continente. Si no nos limitáramos a hacer memoria de las víctimas de modo global, sino que, además, viéramos los rostros de cada una de las personas que murieron aquí, en lo más lóbrego del terror, nuestro corazón se sentiría profundamente afectado.

He sentido en mi interior el deber de detenerme en particular ante la lápida en lengua alemana. Allí emerge ante nosotros el rostro de Edith Stein, Teresa Benedicta de la Cruz, judía y alemana, que juntamente con su hermana murió en el horror de la noche del campo de concentración nazi alemán; como cristiana y judía, aceptó morir junto con su pueblo y por él.

Los alemanes que entonces fueron traídos a Auschwitz-Birkenau y que murieron aquí eran considerados Abaschaum der Nation, la basura de la nación. Sin embargo, ahora nosotros los reconocemos con gratitud como testigos de la verdad y del bien, que en nuestro pueblo tampoco habían desaparecido. Damos gracias a estas personas porque no se sometieron al poder del mal y ahora están ante nosotros como luces en una noche oscura. Con profundo respeto y gratitud nos inclinamos ante todos los que, como los tres jóvenes frente a la amenaza del horno de Babilonia, supieron responder: "Sólo nuestro Dios puede librarnos; pero si no lo hace, has de saber, oh rey, que nosotros no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que has erigido" (Dn 3, 17-18).

Sí; detrás de estas lápidas se oculta el destino de innumerables seres humanos. Sacuden nuestra memoria, sacuden nuestro corazón. No quieren provocar en nosotros el odio; más bien, nos demuestran cuán terrible es la obra del odio. Quieren hacer que la razón reconozca el mal como mal y lo rechace; quieren suscitar en nosotros la valentía del bien, de la resistencia contra el mal. Quieren despertar en nosotros los sentimientos que se expresan en las palabras que Sófocles pone en labios de Antígona ante el horror que la rodea: "Están aquí no para odiar juntos, sino para amar juntos".

Gracias a Dios, con la purificación de la memoria, a la que nos impulsa este lugar de horror, crecen en torno a él múltiples iniciativas que quieren poner un límite al mal y dar fuerza al bien. Hace poco he bendecido el Centro para el diálogo y la oración. En las cercanías se desarrolla la vida oculta de las religiosas carmelitas, conscientes de estar particularmente unidas al misterio de la cruz de Cristo; nos recuerdan la fe de los cristianos, que afirma que Dios mismo ha descendido al infierno del sufrimiento y sufre juntamente con nosotros. En Oswiecim existe el Centro de San Maximiliano y el Centro internacional de formación sobre Auschwitz y el Holocausto. Además, está la Casa internacional para los encuentros de la juventud. En una de las antiguas Casas de oración existe el Centro judío. Por último, se está constituyendo la Academia para los derechos humanos. Así podemos esperar que del lugar del horror surja y crezca una reflexión constructiva, y que recordar ayude a resistir al mal y a hacer que triunfe el amor.

En Auschwitz-Birkenau la humanidad atravesó por "un valle oscuro". Por eso, precisamente en este lugar, quisiera concluir con una oración de confianza, con un Salmo de Israel que, a la vez, es una plegaria de la cristiandad: "El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas; me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. (...) Habitaré en la casa del Señor por años sin término" (Sal 23, 1-4. 6).

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40º Aniversario de la Declaración "Nostra Aetate" del Concilio Vaticano II 
martes, junio 13, 2006, 01:46 PM -
Fuente : Artículo publicado por la revista ConocereisdeVerdad.org con fecha 13 junio 2006.

Mensaje de Benedicto XVI en el cuadragésimo aniversario de la promulgación de la declaración «Nostra Aetate» del Concilio Vaticano II.

A mi venerable hermano Cardenal Walter Kasper, Presidente de la Comisión para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo:

Han pasado cuarenta años desde que mi predecesor, el Papa Pablo VI, promulgara la declaración del Concilio Vaticano II sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas, Nostra Aetate, que abrió una nueva era en las relaciones con el Pueblo Judío y sentó la base de un sincero diálogo teológico. Este aniversario nos ofrece razones suficientes para expresar gratitud a Dios omnipotente por el testimonio de todos los que, a pesar de una complicada y con frecuencia dolorosa historia, y de manera especial después de la trágica experiencia de la Shoah, que fue inspirada por una ideología neopagana racista, han trabajado con valentía por promover la reconciliación y fomentar la comprensión entre cristianos y judíos.

Al poner los cimientos de una renovada relación entre el Pueblo Judío y la Iglesia, la «Nostra aetate» subrayó la necesidad de superar los prejuicios, las incomprensiones, la indiferencia y el lenguaje de desprecio y hostilidad del pasado. La declaración fue la oportunidad para una mayor comprensión y respeto recíprocos, para la cooperación y, con frecuencia, para la amistad entre católicos y judíos. Les ha desafiado, además, a reconocer sus raíces espirituales compartidas y a apreciar su rica herencia de fe en un único Dios, creador del Cielo y de la Tierra, que ha establecido su alianza con el Pueblo Elegido, revelado sus mandamientos y enseñado la esperanza en esas promesas mesiánicas que dan confianza y consuelo en las dificultades de la vida.

En este aniversario, en el que volvemos nuestra mirada a las cuatro décadas de contactos fructuosos entre la Iglesia y el Pueblo Judío, es necesario que renovemos nuestro compromiso a favor del trabajo que todavía queda por hacer. En este sentido, desde los primeros días de mi pontificado, y en particular durante la reciente visita a la Sinagoga en Colonia, he expresado mi firme determinación de recorrer las huellas trazadas por mi predecesor, el Papa Juan Pablo II. El diálogo judeocristiano tiene que seguir enriqueciendo y profundizando los lazos de amistad que se han desarrollado, y la predicación y la catequesis tienen que comprometerse para asegurar que se presenten nuestras relaciones recíprocas a la luz de los principios establecidos por el Concilio.

Mirando hacia el futuro, espero que tanto en el diálogo teológico como en la colaboración cotidiana los cristianos y los judíos ofrezcan un testimonio compartido aún más convincente del único Dios y de sus mandamientos, de la santidad de vida, de la promoción de la dignidad humana, de los derechos de la familia y de la necesidad de edificar un mundo de justicia, reconciliación y paz par las futuras generaciones.

En este aniversario, le aseguro mis oraciones por usted y por todos los que están comprometidos en promover una mayor comprensión y colaboración entre cristianos y judíos, de acuerdo con el espíritu de «Nostra Aetate». Invoco la bendición de Dios de sabiduría, alegría y paz sobre todos vosotros.

Vaticano, 26 de octubre. BENEDICTUS PP. XVI.

Nota de prensa: VIS - Vatican Information Service. JUDÍOS Y CRISTIANOS: COOPERAR PARA LA CONSTRUCCION DE UN MUNDO EN PAZ.

CIUDAD DEL VATICANO, 28 OCT 2005 (VIS).-El cardenal Walter Kasper, presidente de la Comisión de la Santa Sede para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo, leyó ayer por la tarde un mensaje del Papa durante el acto celebrado en Roma para conmemorar el 40 aniversario de la Declaración "Nostra aetate" del Concilio Vaticano II.

El Santo Padre escribe que este aniversario es un motivo para dar gracias a Dios "por el testimonio de todos los que, a pesar de la compleja y a menudo dolorosa historia, y especialmente tras la trágica experiencia de la Shoah, que fue inspirada por una ideología racista neopagana, trabajaron con valentía por promover la reconciliación y mejorar la comprensión entre cristianos y judíos".

"Al sentar las bases para una relación renovada entre el pueblo judío y la Iglesia, "Nostra aetate" subrayó la necesidad de superar los prejuicios, incomprensiones, indiferencias del pasado y el lenguaje de desprecio y hostilidad. La declaración fue la ocasión para una mayor comprensión recíproca y respeto, cooperación y a menudo, amistad entre católicos y judíos".

Benedicto XVI señala que mientras se hace memoria de las cuatro décadas de "contactos fructíferos entre la Iglesia y el pueblo judío, tenemos que renovar nuestro compromiso para llevar a cabo lo que falta por hacer. En este sentido -añade-, desde los primeros días de mi pontificado (...) manifesté la firme determinación de seguir las huellas trazadas por mi querido predecesor Juan Pablo II".

El Papa pide que continúe "el diálogo entre judíos y cristianos para enriquecer y profundizar en los lazos de amistad desarrollados, mientras la predicación y la catequesis aseguren que las relaciones mutuas se presenten a la luz de los principios establecidos por el Concilio Vaticano II".

Al final del mensaje, el Santo Padre expresa su esperanza de que "cristianos y judíos, a través del diálogo teológico y de todos los contactos y colaboraciones, ofrezcan un testimonio aún más convincente del único Dios y de sus mandamientos, de la santidad de vida, la promoción de la dignidad humana, los derechos de la familia y la necesidad de construir un mundo de justicia, reconciliación y paz para las generaciones futuras".

MESS/NOSTRA AETATE/KASPER VIS 051028 (360)

Apéndice : DECLARACIÓN NOSTRA AETATE SOBRE LAS RELACIONES DE LA IGLESIA CON LAS RELIGIONES NO CRISTIANAS.

Proemio.

1. En nuestra época, en la que el género humano se une cada vez más estrechamente y aumentan los vínculos entre los diversos pueblos, la Iglesia considera con mayor atención en qué consiste su relación con respecto a las religiones no cristianas. En cumplimiento de su misión de fundamentar la Unidad y la Caridad entre los hombres y, aún más, entre los pueblos, considera aquí, ante todo, aquello que es común a los hombres y que conduce a la mutua solidaridad.

Todos los pueblos forman una comunidad, tienen un mismo origen, puesto que Dios hizo habitar a todo el género humano sobre la faz de la tierra, y tienen también un fin último, que es Dios, cuya providencia, manifestación de bondad y designios de salvación se extienden a todos, hasta que se unan los elegidos en la ciudad santa, que será iluminada por el resplandor de Dios y en la que los pueblos caminarán bajo su luz.

Los hombres esperan de las diversas religiones la respuesta a los enigmas recónditos de la condición humana, que hoy como ayer, conmueven íntimamente su corazón: ¿Qué es el hombre, cuál es el sentido y el fin de nuestra vida, el bien y el pecado, el origen y el fin del dolor, el camino para conseguir la verdadera felicidad, la muerte, el juicio, la sanción después de la muerte? ¿Cuál es, finalmente, aquel último e inefable misterio que envuelve nuestra existencia, del cual procedemos y hacia donde nos dirigimos?.

Las diversas religiones no cristianas.

2. Ya desde la antigüedad y hasta nuestros días se encuentra en los diversos pueblos una cierta percepción de aquella fuerza misteriosa que se halla presente en la marcha de las cosas y en los acontecimientos de la vida humana y a veces también el reconocimiento de la Suma Divinidad e incluso del Padre. Esta percepción y conocimiento penetra toda su vida con íntimo sentido religioso. Las religiones al tomar contacto con el progreso de la cultura, se esfuerzan por responder a dichos problemas con nociones más precisas y con un lenguaje más elaborado. Así, en el Hinduismo los hombres investigan el misterio divino y lo expresan mediante la inagotable fecundidad de los mitos y con los penetrantes esfuerzos de la filosofía, y buscan la liberación de las angustias de nuestra condición mediante las modalidades de la vida ascética, a través de profunda meditación, o bien buscando refugio en Dios con amor y confianza. En el Budismo, según sus varias formas, se reconoce la insuficiencia radical de este mundo mudable y se enseña el camino por el que los hombres, con espíritu devoto y confiado pueden adquirir el estado de perfecta liberación o la suprema iluminación, por sus propios esfuerzos apoyados con el auxilio superior. Así también los demás religiones que se encuentran en el mundo, se esfuerzan por responder de varias maneras a la inquietud del corazón humano, proponiendo caminos, es decir, doctrinas, normas de vida y ritos sagrados.

La Iglesia católica no rechaza nada de lo que en estas religiones hay de santo y verdadero. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, por más que discrepen en mucho de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres. Anuncia y tiene la obligación de anunciar constantemente a Cristo, que es "el Camino, la Verdad y la Vida" (Jn., 14,6), en quien los hombres encuentran la plenitud de la vida religiosa y en quien Dios reconcilió consigo todas las cosas.

Por consiguiente, exhorta a sus hijos a que, con prudencia y caridad, mediante el diálogo y colaboración con los adeptos de otras religiones, dando testimonio de fe y vida cristiana, reconozcan, guarden y promuevan aquellos bienes espirituales y morales, así como los valores socio-culturales que en ellos existen.

La religión del Islam.

3. La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todo poderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres, a cuyos ocultos designios procuran someterse con toda el alma como se sometió a Dios Abraham, a quien la fe islámica mira con complacencia. Veneran a Jesús como profeta, aunque no lo reconocen como Dios; honran a María, su Madre virginal, y a veces también la invocan devotamente. Esperan, además, el día del juicio, cuando Dios remunerará a todos los hombres resucitados. Por ello, aprecian además el día del juicio, cuando Dios remunerará a todos los hombres resucitados. Por tanto, aprecian la vida moral, y honran a Dios sobre todo con la oración, las limosnas y el ayuno.

Si en el transcurso de los siglos surgieron no pocas desavenencias y enemistades entre cristianos y musulmanes, el Sagrado Concilio exhorta a todos a que, olvidando lo pasado, procuren y promuevan unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres.

La religión judía.

4. Al investigar el misterio de la Iglesia, este Sagrado Concilio recuerda los vínculos con que el Pueblo del Nuevo Testamento está espiritualmente unido con la raza de Abraham.

Pues la Iglesia de Cristo reconoce que los comienzos de su fe y de su elección se encuentran ya en los Patriarcas, en Moisés y los Profetas, conforme al misterio salvífico de Dios. Reconoce que todos los cristianos, hijos de Abraham según la fe, están incluidos en la vocación del mismo Patriarca y que la salvación de la Iglesia está místicamente prefigurada en la salida del pueblo elegido de la tierra de esclavitud. Por lo cual, la Iglesia no puede olvidar que ha recibido la Revelación del Antiguo Testamento por medio de aquel pueblo, con quien Dios, por su inefable misericordia se dignó establecer la Antigua Alianza, ni puede olvidar que se nutre de la raíz del buen olivo en que se han injertado las ramas del olivo silvestre que son los gentiles. Cree, pues, la Iglesia que Cristo, nuestra paz, reconcilió por la cruz a judíos y gentiles y que de ambos hizo una sola cosa en sí mismo.

La Iglesia tiene siempre ante sus ojos las palabras del Apóstol Pablo sobre sus hermanos de sangre, "a quienes pertenecen la adopción y la gloria, la Alianza, la Ley, el culto y las promesas; y también los Patriarcas, y de quienes procede Cristo según la carne" (Rom., 9,4-5), hijo de la Virgen María. Recuerda también que los Apóstoles, fundamentos y columnas de la Iglesia, nacieron del pueblo judío, así como muchísimos de aquellos primeros discípulos que anunciaron al mundo el Evangelio de Cristo.

Como afirma la Sagrada Escritura, Jerusalén no conoció el tiempo de su visita, gran parte de los Judíos no aceptaron el Evangelio e incluso no pocos se opusieron a su difusión. No obstante, según el Apóstol, los Judíos son todavía muy amados de Dios a causa de sus padres, porque Dios no se arrepiente de sus dones y de su vocación. La Iglesia, juntamente con los Profetas y el mismo Apóstol espera el día, que sólo Dios conoce, en que todos los pueblos invocarán al Señor con una sola voz y "le servirán como un solo hombre" (Soph 3,9).

Como es, por consiguiente, tan grande el patrimonio espiritual común a cristianos y judíos, este Sagrado Concilio quiere fomentar y recomendar el mutuo conocimiento y aprecio entre ellos, que se consigue sobre todo por medio de los estudios bíblicos y teológicos y con el diálogo fraterno.

Aunque las autoridades de los judíos con sus seguidores reclamaron la muerte de Cristo, sin embargo, lo que en su Pasión se hizo, no puede ser imputado ni indistintamente a todos los judíos que entonces vivían, ni a los judíos de hoy. Y, si bien la Iglesia es el nuevo Pueblo de Dios, no se ha de señalar a los judíos como reprobados de Dios ni malditos, como si esto se dedujera de las Sagradas Escrituras. Por consiguiente, procuren todos no enseñar nada que no esté conforme con la verdad evangélica y con el espíritu de Cristo, ni en la catequesis ni en la predicación de la Palabra de Dios.

Además, la Iglesia, que reprueba cualquier persecución contra los hombres, consciente del patrimonio común con los judíos, e impulsada no por razones políticas, sino por la religiosa caridad evangélica, deplora los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona contra los judíos.

Por los demás, Cristo, como siempre lo ha profesado y profesa la Iglesia, abrazó voluntariamente y movido por inmensa caridad, su pasión y muerte, por los pecados de todos los hombres, para que todos consigan la salvación. Es, pues, deber de la Iglesia en su predicación el anunciar la cruz de Cristo como signo del amor universal de Dios y como fuente de toda gracia.

La fraternidad universal excluye toda discriminación.

5. No podemos invocar a Dios, Padre de todos, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios. La relación del hombre para con Dios Padre y con los demás hombres sus hermanos están de tal forma unidas que, como dice la Escritura: "el que no ama, no ha conocido a Dios" (1 Jn 4,8).

Así se elimina el fundamento de toda teoría o práctica que introduce discriminación entre los hombres y entre los pueblos, en lo que toca a la dignidad humana y a los derechos que de ella dimanan.

La Iglesia, por consiguiente, reprueba como ajena al espíritu de Cristo cualquier discriminación o vejación realizada por motivos de raza o color, de condición o religión. Por esto, el sagrado Concilio, siguiendo las huellas de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, ruega ardientemente a los fieles que, "observando en medio de las naciones una conducta ejemplar", si es posible, en cuanto de ellos depende, tengan paz con todos los hombres, para que sean verdaderamente hijos del Padre que está en los cielos.

Todas y cada una de las cosas contenidas en esta Declaración han obtenido el beneplácito de los Padres del Sacrosanto Concilio. Y Nos, en virtud de la potestad apostólica recibida de Cristo, juntamente con los Venerables Padres, las aprobamos, decretamos y establecemos en el Espíritu Santo, y mandamos que lo así decidido conciliarmente sea promulgado para la gloria de Dios.

Roma, en San Pedro, 28 de octubre de 1965. PABLO VI, Obispo de la Iglesia Católica.

El último documento de la Comisión Pontificia Bíblica, transformada por el Papa Pablo VI en 1971 en órgano consultivo de expertos, y que estuvo presidida por el Cardenal Joseph Ratzinger, hoy S.S. Benedicto XVI, lleva por título «El pueblo judío y sus Sagradas Escrituras en la Biblia cristiana» (24 de mayo de 2001).
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Ordenación de Diáconos 
miércoles, junio 7, 2006, 08:36 PM -

"Señor, Tú lo sabes todo; Tú sabes que te amo". (Jn. 21, 17).

Francisco José García-Roca López

Con gran alegría os comunicamos que será ordenado diácono por Monseñor César A. Franco Martínez. Nos gustaría que nos acompañáseis en alabanza y acción de gracias.

La celebración tendrá lugar, Dios mediante en la Capilla del Seminario Conciliar de Madrid, c/ San Buenaventura, 9. El día 10 de junio a las 11 de la mañana.
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