PRIMERA EPÍSTOLA A LOS CORINTIOS
1 Pablo,
llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por la voluntad de Dios, y Sóstenes, el
hermano,
2 a la Iglesia de Dios que está en Corinto: a los santificados en
Cristo Jesús, llamados a ser santos, con cuantos en cualquier lugar invocan el
nombre de Jesucristo, Señor nuestro, de nosotros y de ellos
3 gracia a
vosotros y paz de parte de Dios, Padre nuestro, y del Señor Jesucristo.
4 Doy
gracias a Dios sin cesar por vosotros, a causa de la gracia de Dios que os ha
sido otorgada en Cristo Jesús,
5 pues en él habéis sido enriquecidos en todo,
en toda palabra y en todo conocimiento,
6 en la medida en que se ha
consolidado entre vosotros el testimonio de Cristo.
7 Así, ya no os falta
ningún don de gracia a los que esperáis la Revelación de nuestro Señor
Jesucristo.
8 El os fortalecerá hasta el fin para que seáis irreprensibles en
el Día de nuestro Señor Jesucristo.
9 Pues fiel es Dios, por quien habéis
sido llamados a la comunión con su hijo Jesucristo, Señor nuestro.
10 Os
conjuro, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que tengáis
todos un mismo hablar, y no haya entre vosotros divisiones; antes bien, estéis
unidos en una misma mentalidad y un mismo juicio.
11 Porque, hermanos míos,
estoy informado de vosotros, por los de Cloe, que existen discordias entre
vosotros.
12 Me refiero a que cada uno de vosotros dice: "Yo soy de Pablo",
"Yo de Apolo", "Yo de Cefas", "Yo de Cristo".
13 ¿Esta dividido Cristo?
¿Acaso fue Pablo crucificado por vosotros? ¿O habéis sido bautizados en el
nombre de Pablo?
14 ¡Doy gracias a Dios por no haber bautizado a ninguno de
vosotros fuera de Crispo y Gayo!
15 Así, nadie puede decir que habéis sido
bautizados en mi nombre.
16 ¡Ah, sí!, también bauticé a la familia de
Estéfanas. Por lo demás, no creo haber bautizado a ningún otro.
17 Porque no
me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el Evangelio. Y no con palabras
sabias, para no desvirtuar la cruz de Cristo.
18 Pues la predicación de la
cruz es una necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan - para
nosotros - es fuerza de Dios.
19 Porque dice la Escritura: = Destruiré la
sabiduría de los sabios, e inutilizaré la inteligencia de los inteligentes.
=
20 = ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde el docto? = ¿Dónde el sofista de este
mundo? ¿Acaso no entonteció Dios la sabiduría del mundo?
21 De hecho, como el
mundo mediante su propia sabiduría no conoció a Dios en su divina sabiduría,
quiso Dios salvar a los creyentes mediante la necedad de la predicación.
22
Así, mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría,
23
nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad
para los gentiles;
24 mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un
Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios.
25 Porque la necedad divina es
más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que
la fuerza de los hombres.
26 ¡Mirad, hermanos, quiénes habéis sido llamados!
No hay muchos sabios según la carne ni muchos poderosos ni muchos de la
nobleza.
27 Ha escogido Dios más bien lo necio del mundo para confundir a los
sabios. Y ha escogido Dios lo débil del mundo, para confundir lo fuerte.
28
Lo plebeyo y despreciable del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para reducir
a la nada lo que es.
29 Para que ningún mortal se gloríe en la presencia de
Dios.
30 De él os viene que estéis en Cristo Jesús, al cual hizo Dios para
nosotros sabiduría de origen divino, justicia, santificación y redención,
31
a fin de que, como dice la Escritura: = El que se gloríe, gloríese en el Señor.
=
1 Pues yo, hermanos, cuando fui a vosotros, no fui
con el prestigio de la palabra o de la sabiduría a anunciaros el misterio de
Dios,
2 pues no quise saber entre vosotros sino a Jesucristo, y éste
crucificado.
3 Y me presenté ante vosotros débil, tímido y tembloroso.
4 Y
mi palabra y mi predicación no tuvieron nada de los persuasivos discursos de la
sabiduría, sino que fueron una demostración del Espíritu y del poder
5 para
que vuestra fe se fundase, no en sabiduría de hombres, sino en el poder de
Dios.
6 Sin embargo, hablamos de sabiduría entre los perfectos, pero no de
sabiduría de este mundo ni de los príncipes de este mundo, abocados a la
ruina;
7 sino que hablamos de una sabiduría de Dios, misteriosa, escondida,
destinada por Dios desde antes de los siglos para gloria nuestra,
8
desconocida de todos los príncipes de este mundo - pues de haberla conocido no
hubieran crucificado al Señor de la Gloria -.
9 Más bien, como dice la
Escritura, anunciamos: = lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del
hombre llegó, lo que Dios = preparó = para los que le aman. =
10 Porque a
nosotros nos lo reveló Dios por medio del Espíritu; y el Espíritu todo lo
sondea, hasta las profundidades de Dios.
11 En efecto, ¿qué hombre conoce lo
íntimo del hombre sino el espíritu del hombre que está en él? Del mismo modo,
nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios.
12 Y nosotros no
hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que viene de Dios, para
conocer las gracias que Dios nos ha otorgado,
13 de las cuales también
hablamos, no con palabras aprendidas de sabiduría humana, sino aprendidas del
Espíritu, expresando realidades espirituales.
14 El hombre naturalmente no
capta las cosas del Espíritu de Dios; son necedad para él. Y no las puede
conocer pues sólo espiritualmente pueden ser juzgadas.
15 En cambio, el
hombre de espíritu lo juzga todo; y a él nadie puede juzgarle.
16 Porque =
¿quién conoció la mente del Señor para instruirle? = Pero nosotros tenemos la
mente de Cristo.
1 Yo,
hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a
niños en Cristo.
2 Os di a beber leche y no alimento sólido, pues todavía no
lo podíais soportar. Ni aun lo soportáis al presente;
3 pues todavía sois
carnales. Porque, mientras haya entre vosotros envidia y discordia ¿no es verdad
que sois carnales y vivís a lo humano?
4 Cuando dice uno "Yo soy de Pablo", y
otro "Yo soy de Apolo", ¿no procedéis al modo humano?
5 ¿Qué es, pues Apolo?
¿Qué es Pablo?... ¡Servidores, por medio de los cuales habéis creído!, y cada
uno según lo que el Señor le dio.
6 Yo planté, Apolo regó; mas fue Dios quien
dio el crecimiento.
7 De modo que ni el que planta es algo, ni el que riega,
sino Dios que hace crecer.
8 Y el que planta y el que riega son una misma
cosa; si bien cada cual recibirá el salario según su propio trabajo,
9 ya que
somos colaboradores de Dios y vosotros, campo de Dios, edificación de
Dios.
10 Conforme a la gracia de Dios que me fue dada, yo, como buen
arquitecto, puse el cimiento, y otro construye encima. ¡Mire cada cual cómo
construye!
11 Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto,
Jesucristo.
12 Y si uno construye sobre este cimiento con oro, plata, piedras
preciosas, madera, heno, paja,
13 la obra de cada cual quedará al
descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la
calidad de la obra de cada cual, la probará el fuego.
14 Aquél, cuya obra,
construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa.
15 Mas aquél,
cuya obra quede abrasada, sufrirá el daño. El, no obstante, quedará a salvo,
pero como quien pasa a través del fuego.
16 ¿No sabéis que sois santuario de
Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?
17 Si alguno destruye el
santuario de Dios, Dios le destruirá a él; porque el santuario de Dios es
sagrado, y vosotros sois ese santuario.
18 ¡Nadie se engañe! Si alguno entre
vosotros se cree sabio según este mundo, hágase necio, para llegar a ser
sabio;
19 pues la sabiduría de este mundo es necedad a los ojos de Dios. En
efecto, dice la Escritura: = El que prende a los sabios en su propia astucia.
=
20 Y también: = El Señor conoce cuán vanos son los pensamientos = de los
sabios.
21 Así que, no se gloríe nadie en los hombres, pues todo es
vuestro:
22 ya sea Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, el
presente, el futuro, todo es vuestro;
23 y vosotros, de Cristo y Cristo de
Dios.
1 Por tanto,
que nos tengan los hombres por servidores de Cristo y administradores de los
misterios de Dios.
2 Ahora bien, lo que en fin de cuentas se exige de los
administradores es que sean fieles.
3 Aunque a mí lo que menos me importa es
ser juzgado por vosotros o por un tribunal humano. ¡Ni siquiera me juzgo a mí
mismo!
4 Cierto que mi conciencia nada me reprocha; mas no por eso quedo
justificado. Mi juez es el Señor.
5 Así que, no juzguéis nada antes de tiempo
hasta que venga el Señor. El iluminará los secretos de las tinieblas y pondrá de
manifiesto los designios de los corazones. Entonces recibirá cada cual del Señor
la alabanza que le corresponda.
6 En esto, hermanos, me he puesto como
ejemplo a mí y a Apolo, en orden a vosotros; para que aprendáis de nosotros
aquello de "No propasarse de lo que está escrito" y para que nadie se engría en
favor de uno contra otro.
7 Pues ¿quién es el que te distingue? ¿Qué tienes
que no lo hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿a qué gloriarte cual si no lo
hubieras recibido?
8 ¡Ya estáis hartos! ¡Ya sois ricos! ¡Os habéis hecho
reyes sin nosotros! ¡Y ojalá reinaseis, para que también nosotros reináramos con
vosotros!
9 Porque pienso que a nosotros, los apóstoles, Dios nos ha asignado
el último lugar, como condenados a muerte, puestos a modo de espectáculo para el
mundo, los ángeles y los hombres.
10 Nosotros, necios por seguir a Cristo;
vosotros, sabios en Cristo. Débiles nosotros; mas vosotros, fuertes. Vosotros
llenos de gloria; mas nosotros, despreciados.
11 Hasta el presente, pasamos
hambre, sed, desnudez. Somos abofeteados, y andamos errantes.
12 Nos
fatigamos trabajando con nuestras manos. Si nos insultan, bendecimos. Si nos
persiguen, lo soportamos.
13 Si nos difaman, respondemos con bondad. Hemos
venido a ser, hasta ahora, como la basura del mundo y el desecho de todos.
14
No os escribo estas cosas para avergonzaros, sino más bien para amonestaros como
a hijos míos queridos.
15 Pues aunque hayáis tenido 10.000 pedagogos en
Cristo, no habéis tenido muchos padres. He sido yo quien, por el Evangelio, os
engendré en Cristo Jesús.
16 Os ruego, pues, que seáis mis imitadores.
17
Por esto mismo os he enviado a Timoteo, hijo mío querido y fiel en el Señor; él
os recordará mis normas de conducta en Cristo, conforme enseño por doquier en
todas las Iglesias.
18 Como si yo no hubiera de ir donde vosotros, se han
hinchado algunos.
19 Mas iré pronto donde vosotros, si es la voluntad del
Señor; entonces conoceré no la palabrería de esos orgullosos, sino su
poder,
20 que no está en la palabrería el Reino de Dios, sino en el
poder.
21 ¿Qué preferís, que vaya a vosotros con palo o con amor y espíritu
de mansedumbre?
1 Sólo se oye
hablar de inmoralidad entre vosotros, y una inmoralidad tal, que no se da ni
entre los gentiles, hasta el punto de que uno de vosotros vive con la mujer de
su padre.
2 Y ¡vosotros andáis tan hinchados! Y no habéis hecho más bien
duelo para que fuera expulsado de entre vosotros el autor de semejante
acción.
3 Pues bien, yo por mi parte corporalmente ausente, pero presente en
espíritu, he juzgado ya, como si me hallara presente, al que así obró:
4 que
en nombre del Señor Jesús, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de
Jesús Señor nuestro,
5 sea entregado ese individuo a Satanás para destrucción
de la carne, a fin de que el espíritu se salve en el Día del Señor.
6 ¡No es
como para gloriaros! ¿No sabéis que un poco de levadura fermenta toda la
masa?
7 Purificaos de la levadura vieja, para ser masa nueva; pues sois
ázimos. Porque nuestro cordero pascual, Cristo, ha sido inmolado.
8 Así que,
celebremos la fiesta, no con vieja levadura, ni con levadura de malicia e
inmoralidad, sino con ázimos de pureza y verdad.
9 Al escribiros en mi carta
que no os relacionarais con los impuros,
10 no me refería a los impuros de
este mundo en general o a los avaros, a ladrones o idólatras. De ser así,
tendríais que salir del mundo.
11 ¡No!, os escribí que no os relacionarais
con quien, llamándose hermano, es impuro, avaro, idólatra, ultrajador, borracho
o ladrón. Con ésos ¡ni comer!
12 Pues ¿por que voy a juzgar yo a los de
fuera? ¿No es a los de dentro a quienes vosotros juzgáis?
13 A los de fuera
Dios los juzgará. = ¡Arrojad de entre vosotros al malvado! =
1 Cuando
alguno de vosotros tiene un pleito con otro, ¿se atreve a llevar la causa ante
los injustos, y no ante los santos?
2 ¿No sabéis que los santos han de juzgar
al mundo? Y si vosotros vais a juzgar al mundo, ¿no sois acaso dignos de juzgar
esas naderías?
3 ¿No sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? Y ¡cómo no las
cosas de esta vida!
4 Y cuando tenéis pleitos de este género ¡tomáis como
jueces a los que la Iglesia tiene en nada!
5 Para vuestra vergüenza lo digo.
¿No hay entre vosotros algún sabio que pueda juzgar entre los hermanos?
6
Sino que vais a pleitear hermano contra hermano, ¡y eso, ante infieles!
7 De
todos modos, ya es un fallo en vosotros que haya pleitos entre vosotros. ¿Por
qué no preferís soportar la injusticia? ¿Por qué no dejaros más bien
despojar?
8 ¡Al contrario! ¡Sois vosotros los que obráis la injusticia y
despojáis a los demás! ¡Y esto, a hermanos!
9 ¿No sabéis acaso que los
injustos no heredarán el Reino de Dios? ¡No os engañéis! Ni los impuros, ni los
idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales,
10 ni
los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los
rapaces heredarán el Reino de Dios.
11 Y tales fuisteis algunos de vosotros.
Pero habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados en
el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios.
12 "Todo me
es lícito"; mas no todo me conviene. "Todo me es lícito"; mas ¡no me dejaré
dominar por nada!
13 La comida para el vientre y el vientre para la comida.
Mas lo uno y lo otro destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación,
sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo.
14 Y Dios, que resucitó al
Señor, nos resucitará también a nosotros mediante su poder.
15 ¿No sabéis que
vuestros cuerpos son miembros de Cristo? Y ¿había de tomar yo los miembros de
Cristo para hacerlos miembros de prostituta? ¡De ningún modo!
16 ¿O no sabéis
que quien se une a la prostituta se hace un solo cuerpo con ella? Pues está
dicho: = Los dos se harán una sola carne. =
17 Mas el que se une al Señor, se
hace un solo espíritu con él.
18 ¡Huid de la fornicación! Todo pecado que
comete el hombre queda fuera de su cuerpo; mas el que fornica, peca contra su
propio cuerpo.
19 ¿O no sabéis que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu
Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os
pertenecéis?
20 ¡Habéis sido bien comprados! Glorificad, por tanto, a Dios en
vuestro cuerpo.
1 En cuanto a
lo que me habéis escrito, bien le está al hombre abstenerse de mujer.
2 No
obstante, por razón de la impureza, tenga cada hombre su mujer, y cada mujer su
marido.
3 Que el marido dé a su mujer lo que debe y la mujer de igual modo a
su marido.
4 No dispone la mujer de su cuerpo, sino el marido. Igualmente, el
marido no dispone de su cuerpo, sino la mujer.
5 No os neguéis el uno al otro
sino de mutuo acuerdo, por cierto tiempo, para daros a la oración; luego, volved
a estar juntos, para que Satanás no os tiente por vuestra incontinencia.
6 Lo
que os digo es una concesión, no un mandato.
7 Mi deseo sería que todos los
hombres fueran como yo; mas cada cual tiene de Dios su gracia particular: unos
de una manera, otros de otra.
8 No obstante, digo a los célibes y a las
viudas: Bien les está quedarse como yo.
9 Pero si no pueden contenerse, que
se casen; mejor es casarse que abrasarse.
10 En cuanto a los casados, les
ordeno, no yo sino el Señor: que la mujer no se separe del marido,
11 mas en
el caso de separarse, que no vuelva a casarse, o que se reconcilie con su
marido, y que el marido no despida a su mujer.
12 En cuanto a los demás, digo
yo, no el Señor: Si un hermano tiene una mujer no creyente y ella consiente en
vivir con él, no la despida.
13 Y si una mujer tiene un marido no creyente y
él consiente en vivir con ella, no le despida.
14 Pues el marido no creyente
queda santificado por su mujer, y la mujer no creyente queda santificada por el
marido creyente. De otro modo, vuestros hijos serían impuros, mas ahora son
santos.
15 Pero si la parte no creyente quiere separarse, que se separe, en
ese caso el hermano o la hermana no están ligados: para vivir en paz os llamó el
Señor.
16 Pues ¿qué sabes tú, mujer, si salvarás a tu marido? Y ¿qué sabes
tú, marido, si salvarás a tu mujer?
17 Por lo demás, que cada cual viva
conforme le ha asignado el Señor, cada cual como le ha llamado Dios. Es lo que
ordeno en todas las Iglesias.
18 ¿Que fue uno llamado siendo circunciso? No
rehaga su prepucio. ¿Que fue llamado siendo incircunciso? No se
circuncide.
19 La circuncisión es nada, y nada la incircuncisión; lo que
importa es el cumplimiento de los mandamientos de Dios.
20 Que permanezca
cada cual tal como le halló la llamada de Dios.
21 ¿Eras esclavo cuando
fuiste llamado? No te preocupes. Y aunque puedas hacerte libre, aprovecha más
bien tu condición de esclavo.
22 Pues el que recibió la llamada del Señor
siendo esclavo, es un liberto del Señor; igualmente, el que era libre cuando
recibió la llamada, es un esclavo de Cristo.
23 ¡Habéis sido bien comprados!
No os hagáis esclavos de los hombres.
24 Hermanos, permanezca cada cual ante
Dios en el estado en que fue llamado.
25 Acerca de la virginidad no tengo
precepto del Señor. Doy, no obstante, un consejo, como quien, por la
misericordia de Dios, es digno de crédito.
26 Por tanto, pienso que es cosa
buena, a causa de la necesidad presente, quedarse el hombre así.
27 ¿Estás
unido a una mujer? No busques la separación. ¿No estás unido a mujer? No la
busques.
28 Mas, si te casas, no pecas. Y, si la joven se casa, no peca. Pero
todos ellos tendrán su tribulación en la carne, que yo quisiera evitaros.
29
Os digo, pues, hermanos: El tiempo es corto. Por tanto, los que tienen mujer,
vivan como si no la tuviesen.
30 Los que lloran, como si no llorasen. Los que
están alegres, como si no lo estuviesen. Los que compran, como si no
poseyesen.
31 Los que disfrutan del mundo, como si no disfrutasen. Porque la
apariencia de este mundo pasa.
32 Yo os quisiera libres de preocupaciones. El
no casado se preocupa de las cosas del Señor, de cómo agradar al Señor.
33 El
casado se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su mujer;
34
está por tanto dividido. La mujer no casada, lo mismo que la doncella, se
preocupa de las cosas del Señor, de ser santa en el cuerpo y en el espíritu. Mas
la casada se preocupa de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido.
35
Os digo esto para vuestro provecho, no para tenderos un lazo, sino para moveros
a lo más digno y al trato asiduo con el Señor, sin división.
36 Pero si
alguno teme faltar a la conveniencia respecto de su novia, por estar en la flor
de la edad, y conviene actuar en consecuencia, haga lo que quiera: no peca,
cásense.
37 Mas el que ha tomado una firme decisión en su corazón, y sin
presión alguna, y en pleno uso de su libertad está resuelto en su interior a
respetar a su novia, hará bien.
38 Por tanto, el que se casa con su novia,
obra bien. Y el que no se casa, obra mejor.
39 La mujer está ligada a su
marido mientras él viva; mas una vez muerto el marido, queda libre para casarse
con quien quiera, pero sólo en el Señor.
40 Sin embargo, será feliz si
permanece así según mi consejo; que también yo creo tener el Espíritu de
Dios.
1 Respecto a
lo inmolado a los ídolos, es cosa sabida, pues todos tenemos ciencia. Pero la
ciencia hincha, el amor en cambio edifica.
2 Si alguien cree conocer algo,
aún no lo conoce como se debe conocer.
3 Mas si uno ama a Dios, ése es
conocido por él.
4 Ahora bien, respecto del comer lo sacrificado a los
ídolos, sabemos que el ídolo no es nada en el mundo y no hay más que un único
Dios.
5 Pues aun cuando se les dé el nombre de dioses, bien en el cielo bien
en la tierra, de forma que hay multitud de dioses y de señores,
6 para
nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las
cosas y para el cual somos; y un solo Señor, Jesucristo, por quien son todas las
cosas y por el cual somos nosotros.
7 Mas no todos tienen este conocimiento.
Pues algunos, acostumbrados hasta ahora al ídolo, comen la carne como
sacrificada a los ídolos, y su conciencia, que es débil, se mancha.
8 No es
ciertamente la comida lo que nos acercará a Dios. Ni somos menos porque no
comamos, ni somos más porque comamos.
9 Pero tened cuidado que esa vuestra
libertad no sirva de tropiezo a los débiles.
10 En efecto, si alguien te ve a
ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un templo de ídolos, ¿no se
creerá autorizado por su conciencia, que es débil, a comer de lo sacrificado a
los ídolos?
11 Y por tu conocimiento se pierde el débil: ¡el hermano por
quien murió Cristo!
12 Y pecando así contra vuestros hermanos, hiriendo su
conciencia, que es débil, pecáis contra Cristo.
13 Por tanto, si un alimento
causa escándalo a mi hermano, nunca comeré carne para no dar escándalo a mi
hermano.
1 ¿No soy yo
libre? ¿No soy yo apóstol? ¿Acaso no he visto yo a Jesús, Señor nuestro? ¿No
sois vosotros mi obra en el Señor?
2 Si para otros no soy yo apóstol, para
vosotros sí que lo soy; pues ¡vosotros sois el sello de mi apostolado en el
Señor!
3 He aquí mi defensa contra mis acusadores.
4 ¿Por ventura no
tenemos derecho a comer y beber?
5 ¿No tenemos derecho a llevar con nosotros
una mujer cristiana, como los demás apóstoles y los hermanos del Señor y
Cefas?
6 ¿Acaso únicamente Bernabé y yo estamos privados del derecho de no
trabajar?
7 ¿Quién ha militado alguna vez a cosa propia? ¿Quién planta una
viña y no come de sus frutos? ¿Quién apacienta un rebaño y no se alimenta de la
leche del rebaño?
8 ¿Hablo acaso al modo humano o no lo dice también la
Ley?
9 Porque está escrito en la Ley de Moisés: = "No pondrás bozal al buey
que trilla." = ¿Es que se preocupa Dios de los bueyes?
10 O bien, ¿no lo dice
expresamente por nosotros? Por nosotros ciertamente se escribió, pues el que
ara, en esperanza debe arar; y el que trilla, con la esperanza de recibir su
parte.
11 Si en vosotros hemos sembrado bienes espirituales, ¡qué mucho que
recojamos de vosotros bienes materiales!
12 Si otros tienen estos derechos
sobre vosotros, ¿no los tenemos más nosotros? Sin embargo, nunca hemos hecho uso
de estos derechos. Al contrario, todo lo soportamos para no crear obstáculo
alguno al Evangelio de Cristo.
13 ¿No sabéis que los ministros del templo
viven del templo? ¿Que los que sirven al altar, del altar participan?
14 Del
mismo modo, también el Señor ha ordenado que los que predican el Evangelio vivan
del Evangelio.
15 Mas yo, de ninguno de esos derechos he hecho uso. Y no
escribo esto para que se haga así conmigo. ¡Antes morir que...! Mi timbre de
gloria ¡nadie lo eliminará!
16 Predicar el Evangelio no es para mí ningún
motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. Y ¡ay de mí si no
predicara el Evangelio!
17 Si lo hiciera por propia iniciativa, ciertamente
tendría derecho a una recompensa. Mas si lo hago forzado, es una misión que se
me ha confiado.
18 Ahora bien, ¿cuál es mi recompensa? Predicar el Evangelio
entregándolo gratuitamente, renunciando al derecho que me confiere el
Evangelio.
19 Efectivamente, siendo libre de todos, me he hecho esclavo de
todos para ganar a los más que pueda.
20 Con los judíos me he hecho judío
para ganar a los judíos; con los que están bajo la Ley, como quien está bajo la
Ley - aun sin estarlo - para ganar a los que están bajo ella.
21 Con los que
están sin ley, como quien está sin ley para ganar a los que están sin ley, no
estando yo sin ley de Dios sino bajo la ley de Cristo.
22 Me he hecho débil
con los débiles para ganar a los débiles. Me he hecho todo a todos para salvar a
toda costa a algunos.
23 Y todo esto lo hago por el Evangelio para ser
partícipe del mismo.
24 ¿No sabéis que en las carreras del estadio todos
corren, mas uno solo recibe el premio? ¡Corred de manera que lo consigáis!
25
Los atletas se privan de todo; y eso ¡por una corona corruptible!; nosotros, en
cambio, por una incorruptible.
26 Así pues, yo corro, no como a la ventura; y
ejerzo el pugilato, no como dando golpes en el vacío,
27 sino que golpeo mi
cuerpo y lo esclavizo; no sea que, habiendo proclamado a los demás, resulte yo
mismo descalificado.
1 No quiero
que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y
todos atravesaron el mar;
2 y todos fueron bautizados en Moisés, por la nube
y el mar;
3 y todos comieron el mismo alimento espiritual;
4 y todos
bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que les
seguía; y la roca era Cristo.
5 Pero la mayoría de ellos no fueron del agrado
de Dios, pues sus cuerpos = quedaron tendidos en el desierto. =
6 Estas cosas
sucedieron en figura para nosotros para que no codiciemos lo malo como ellos lo
codiciaron.
7 No os hagáis idólatras al igual de algunos de ellos, como dice
la Escritura: = "Sentóse el pueblo a comer y a beber y se levantó a divertirse."
=
8 Ni forniquemos como algunos de ellos fornicaron y cayeron muertos 23.000
en un solo día.
9 Ni tentemos al Señor como algunos de ellos le tentaron y
perecieron víctimas de las serpientes.
10 Ni murmuréis como algunos de ellos
murmuraron y perecieron bajo el Exterminador.
11 Todo esto les acontecía en
figura, y fue escrito para aviso de los que hemos llegado a la plenitud de los
tiempos.
12 Así pues, el que crea estar en pie, mire no caiga.
13 No
habéis sufrido tentación superior a la medida humana. Y fiel es Dios que no
permitirá seáis tentados sobre vuestras fuerzas. Antes bien, con la tentación os
dará modo de poderla resistir con éxito.
14 Por eso, queridos, huid de la
idolatría.
15 Os hablo como a prudentes. Juzgad vosotros lo que digo.
16
La copa de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la sangre de
Cristo? Y el pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?
17
Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos
participamos de un solo pan.
18 Fijaos en el Israel según la carne. Los que
comen de las víctimas ¿no están acaso en comunión con el altar?
19 ¿Qué digo,
pues? ¿Que lo inmolado a los ídolos es algo? O ¿que los ídolos son algo?
20
Pero si lo que inmolan los gentiles, = ¡lo inmolan a los demonios y no a Dios! =
Y yo no quiero que entréis en comunión con los demonios.
21 No podéis beber
de la copa del Señor y de la copa de los demonios. No podéis participar de la
mesa del Señor y de la mesa de los demonios.
22 ¿O es que queremos provocar
los celos del Señor? ¿Somos acaso más fuertes que él?
23 "Todo es lícito",
mas no todo es conveniente. "Todo es lícito", mas no todo edifica.
24 Que
nadie procure su propio interés, sino el de los demás.
25 Comed todo lo que
se vende en el mercado sin plantearos cuestiones de conciencia;
26 pues = del
Señor es la tierra y todo cuanto contiene. =
27 Si un infiel os invita y
vosotros aceptáis, comed todo lo que os presente sin plantearos cuestiones de
conciencia.
28 Mas si alguien os dice: "Esto ha sido ofrecido en sacrificio",
no lo comáis, a causa del que lo advirtió y por motivos de conciencia.
29 No
me refiero a tu conciencia, sino a la del otro; pues ¿cómo va a ser juzgada la
libertad de mi conciencia por una conciencia ajena?
30 Si yo tomo algo dando
gracias, ¿por qué voy a ser reprendido por aquello mismo que tomo dando
gracias?
31 Por tanto, ya comáis, ya bebáis o hagáis cualquier otra cosa,
hacedlo todo para gloria de Dios.
32 No deis escándalo ni a judíos ni a
griegos ni a la Iglesia de Dios;
33 lo mismo que yo, que me esfuerzo por
agradar a todos en todo, sin procurar mi propio interés, sino el de la mayoría,
para que se salven.
1 Sed mis
imitadores, como lo soy de Cristo.
2 Os alabo porque en todas las cosas os
acordáis de mí y conserváis las tradiciones tal como os las he transmitido.
3
Sin embargo, quiero que sepáis que la cabeza de todo hombre es Cristo; y la
cabeza de la mujer es el hombre; y la cabeza de Cristo es Dios.
4 Todo hombre
que ora o profetiza con la cabeza cubierta, afrenta a su cabeza.
5 Y toda
mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta a su cabeza; es
como si estuviera rapada.
6 Por tanto, si una mujer no se cubre la cabeza,
que se corte el pelo. Y si es afrentoso para una mujer cortarse el pelo o
raparse, ¡que se cubra!
7 El hombre no debe cubrirse la cabeza, pues es
imagen y reflejo de Dios; pero la mujer es reflejo del hombre.
8 En efecto,
no procede el hombre de la mujer, sino la mujer del hombre.
9 Ni fue creado
el hombre por razón de la mujer, sino la mujer por razón del hombre.
10 He
ahí por qué debe llevar la mujer sobre la cabeza una señal de sujeción por razón
de los ángeles.
11 Por lo demás, ni la mujer sin el hombre, ni el hombre sin
la mujer, en el Señor.
12 Porque si la mujer procede del hombre, el hombre, a
su vez, nace mediante la mujer. Y todo proviene de Dios.
13 Juzgad por
vosotros mismos. ¿Está bien que la mujer ore a Dios con la cabeza
descubierta?
14 ¿No os enseña la misma naturaleza que es una afrenta para el
hombre la cabellera,
15 mientras es una gloria para la mujer la cabellera? En
efecto, la cabellera le ha sido dada a modo de velo.
16 De todos modos, si
alguien quiere discutir, no es ésa nuestra costumbre ni la de las Iglesias de
Dios.
17 Y al dar estas disposiciones, no os alabo, porque vuestras reuniones
son más para mal que para bien.
18 Pues, ante todo, oigo que, al reuniros en
la asamblea, hay entre vosotros divisiones, y lo creo en parte.
19 Desde
luego, tiene que haber entre vosotros también disensiones, para que se ponga de
manifiesto quiénes son de probada virtud entre vosotros.
20 Cuando os reunís,
pues, en común, eso ya no es comer la Cena del Señor;
21 porque cada uno come
primero su propia cena, y mientras uno pasa hambre, otro se embriaga.
22 ¿No
tenéis casas para comer y beber? ¿O es que despreciáis a la Iglesia de Dios y
avergonzáis a los que no tienen? ¿Qué voy a deciros? ¿Alabaros? ¡En eso no los
alabo!
23 Porque yo recibí del Señor lo que os he transmitido: que el Señor
Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan,
24 y después de dar gracias,
lo partió y dijo: "Este es mi cuerpo que se da por vosotros; haced esto en
recuerdo mío."
25 Asimismo también la copa después de cenar diciendo: "Esta
copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en
recuerdo mío."
26 Pues cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa,
anunciáis la muerte del Señor, hasta que venga.
27 Por tanto, quien coma el
pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre
del Señor.
28 Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba de la
copa.
29 Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su
propio castigo.
30 Por eso hay entre vosotros muchos enfermos y muchos
débiles, y mueren no pocos.
31 Si nos juzgásemos a nosotros mismos, no
seríamos castigados.
32 Mas, al ser castigados, somos corregidos por el
Señor, para que no seamos condenados con el mundo.
33 Así pues, hermanos
míos, cuando os reunáis para la Cena, esperaos los unos a los otros.
34 Si
alguno tiene hambre, que coma en su casa, a fin de que no os reunáis para
castigo vuestro. Lo demás lo dispondré cuando vaya.
1 En cuanto a
los dones espirituales, no quiero, hermanos, que estéis en la ignorancia.
2
Sabéis que cuando erais gentiles, os dejabais arrastrar ciegamente hacia los
ídolos mudos.
3 Por eso os hago saber que nadie, hablando con el Espíritu de
Dios, puede decir: "¡Anatema es Jesús!"; y nadie puede decir: "¡Jesús es Señor!"
sino con el Espíritu Santo.
4 Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es
el mismo;
5 diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo;
6
diversidad de operaciones, pero es el mismo Dios que obra en todos.
7 A cada
cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común,
8 Porque
a uno se le da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia
según el mismo Espíritu;
9 a otro, fe, en el mismo Espíritu; a otro, carismas
de curaciones, en el único Espíritu;
10 a otro, poder de milagros; a otro,
profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversidad de lenguas; a
otro, don de interpretarlas.
11 Pero todas estas cosas las obra un mismo y
único Espíritu, distribuyéndolas a cada uno en particular según su
voluntad.
12 Pues del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos
miembros, y todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman
más que un solo cuerpo, así también Cristo.
13 Porque en un solo Espíritu
hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos,
esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.
14 Así también
el cuerpo no se compone de un solo miembro, sino de muchos.
15 Si dijera el
pie: "Puesto que no soy mano, yo no soy del cuerpo" ¿dejaría de ser parte del
cuerpo por eso?
16 Y si el oído dijera: "Puesto que no soy ojo, no soy del
cuerpo" ¿dejaría de ser parte del cuerpo por eso?
17 Si todo el cuerpo fuera
ojo ¿dónde quedaría el oído? Y si fuera todo oído ¿donde el olfato?
18 Ahora
bien, Dios puso cada uno de los miembros en el cuerpo según su voluntad.
19
Si todo fuera un solo miembro ¿dónde quedaría el cuerpo?
20 Ahora bien,
muchos son los miembros, mas uno el cuerpo.
21 Y no puede el ojo decir a la
mano: "¡No te necesito!" Ni la cabeza a los pies: "¡No os necesito!"
22 Más
bien los miembros del cuerpo que tenemos por más débiles, son
indispensables.
23 Y a los que nos parecen los más viles del cuerpo, los
rodeamos de mayor honor. Así a nuestras partes deshonestas las vestimos con
mayor honestidad.
24 Pues nuestras partes honestas no lo necesitan. Dios ha
formado el cuerpo dando más honor a los miembros que carecían de él,
25 para
que no hubiera división alguna en el cuerpo, sino que todos los miembros se
preocuparan lo mismo los unos de los otros.
26 Si sufre un miembro, todos los
demás sufren con él. Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte en su
gozo.
27 Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada
uno por su parte.
28 Y así los puso Dios en la Iglesia, primeramente como
apóstoles; en segundo lugar como profetas; en tercer lugar como maestros; luego,
los milagros; luego, el don de las curaciones, de asistencia, de gobierno,
diversidad de lenguas.
29 ¿Acaso todos son apóstoles? O ¿todos profetas?
¿Todos maestros? ¿Todos con poder de milagros?
30 ¿Todos con carisma de
curaciones? ¿Hablan todos lenguas? ¿Interpretan todos?
31 ¡Aspirad a los
carismas superiores! Y aun os voy a mostrar un camino más
excelente.
1 Aunque
hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy
como bronce que suena o címbalo que retiñe.
2 Aunque tuviera el don de
profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera
plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy.
3
Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no
tengo caridad, nada me aprovecha.
4 La caridad es paciente, es servicial; la
caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe;
5 es decorosa; no
busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal;
6 no se alegra de
la injusticia; se alegra con la verdad.
7 Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo
lo espera. Todo lo soporta.
8 La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las
profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia.
9 Porque parcial es
nuestra ciencia y parcial nuestra profecía.
10 Cuando vendrá lo perfecto,
desaparecerá lo parcial.
11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba
como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé todas las cosas de
niño.
12 Ahora vemos en un espejo, en enigma. Entonces veremos cara a cara.
Ahora conozco de un modo parcial, pero entonces conoceré como soy
conocido.
13 Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres.
Pero la mayor de todas ellas es la caridad.
1 Buscad la
caridad; pero aspirad también a los dones espirituales, especialmente a la
profecía.
2 Pues el que habla en lengua no habla a los hombres sino a Dios.
En efecto, nadie le entiende: dice en espíritu cosas misteriosas.
3 Por el
contrario, el que profetiza, habla a los hombres para su edificación,
exhortación y consolación.
4 El que habla en lengua, se edifica a sí mismo;
el que profetiza, edifica a toda la asamblea.
5 Deseo que habléis todos en
lenguas; prefiero, sin embargo, que profeticéis. Pues el que profetiza, supera
al que habla en lenguas, a no ser que también interprete, para que la asamblea
reciba edificación.
6 Y ahora, hermanos, supongamos que yo vaya donde
vosotros hablándoos en lenguas, ¿qué os aprovecharía yo, si mi palabra no os
trajese ni revelación ni ciencia ni profecía ni enseñanza?
7 Así sucede con
los instrumentos de música inanimados, tales como la flauta o la cítara. Si no
dan distintamente los sonidos, ¿cómo se conocerá lo que toca la flauta o la
cítara?
8 Y si la trompeta no da sino un sonido confuso, ¿quién se preparará
para la batalla?
9 Así también vosotros: si al hablar no pronunciáis palabras
inteligibles, ¿cómo se entenderá lo que decís? Es como si hablarais al
viento.
10 Hay en el mundo no sé cuántas variedades de lenguas, y nada hay
sin lenguaje.
11 Mas si yo desconozco el valor del lenguaje seré un bárbaro
para el que me habla; y el que me habla, un bárbaro para mí.
12 Así pues, ya
que aspiráis a los dones espirituales, procurad abundar en ellos para la
edificación de la asamblea.
13 Por tanto, el que habla en lengua, pida el don
de interpretar.
14 Porque si oro en lengua, mi espíritu ora, pero mi mente
queda sin fruto.
15 Entonces, ¿qué hacer? Oraré con el espíritu, pero oraré
también con la mente. Cantaré salmos con el espíritu, pero también los cantaré
con la mente.
16 Porque si no bendices más que con el espíritu ¿cómo dirá
"amén" a tu acción de gracias el que ocupa el lugar del no iniciado, pues no
sabe lo que dices?
17 ¡Cierto!, tu acción de gracias es excelente; pero el
otro no se edifica.
18 Doy gracias a Dios porque hablo en lenguas más que
todos vosotros;
19 pero en la asamblea, prefiero decir cinco palabras con mi
mente, para instruir a los demás, que 10.000 en lengua.
20 Hermanos, no seáis
niños en juicio. Sed niños en malicia, pero hombres maduros en juicio.
21
Está escrito en la Ley: = Por hombres de lenguas extrañas y por boca de extraños
hablaré yo a este pueblo, y ni así me escucharán, dice el Señor.
22 Así pues,
las lenguas sirven de señal no para los creyentes, sino para los infieles; en
cambio la profecía, no para los infieles, sino para los creyentes.
23 Si,
pues, se reúne toda la asamblea y todos hablan en lenguas y entran en ella no
iniciados o infieles, ¿no dirán que estáis locos?
24 Por el contrario, si
todos profetizan y entra un infiel o un no iniciado, será convencido por todos,
juzgado por todos.
25 Los secretos de su corazón quedarán al descubierto y,
postrado rostro en tierra, adorará a Dios confesando que = Dios está
verdaderamente entre vosotros. =
26 ¿Qué concluir, hermanos? Cuando os
reunís, cada cual puede tener un salmo, una instrucción, una revelación, un
discurso en lengua, una interpretación; pero que todo sea para
edificación.
27 Si se habla en lengua, que hablen dos, o a lo más, tres, y
por turno; y que haya un interprete.
28 Si no hay quien interprete, guárdese
silencio en la asamblea; hable cada cual consigo mismo y con Dios.
29 En
cuanto a los profetas, hablen dos o tres, y los demás juzguen.
30 Si algún
otro que está sentado tiene una revelación, cállese el primero.
31 Pues
podéis profetizar todos por turno para que todos aprendan y sean
exhortados.
32 Los espíritus de los profetas están sometidos a los
profetas,
33 pues Dios no es un Dios de confusión, sino de paz. Como en todas
la Iglesias de los santos,
34 las mujeres cállense en las asambleas; que no
les está permitido tomar la palabra antes bien, estén sumisas como también la
Ley lo dice.
35 Si quieren aprender algo, pregúntenlo a sus propios maridos
en casa; pues es indecoroso que la mujer hable en la asamblea.
36 ¿Acaso ha
salido de vosotros la palabra de Dios? O ¿solamente a vosotros ha llegado?
37
Si alguien se cree profeta o inspirado por el Espíritu, reconozca en lo que os
escribo un mandato del Señor.
38 Si no lo conoce, tampoco él es
conocido.
39 Por tanto, hermanos, aspirad al don de la profecía, y no
estorbéis que se hable en lenguas.
40 Pero hágase todo con decoro y
orden.
1 Os recuerdo,
hermanos, el Evangelio que os prediqué, que habéis recibido y en el cual
permanecéis firmes,
2 por el cual también sois salvados, si lo guardáis tal
como os lo prediqué... Si no, ¡habríais creído en vano!
3 Porque os
transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por
nuestros pecados, según las Escrituras;
4 que fue sepultado y que resucitó al
tercer día, según las Escrituras;
5 que se apareció a Cefas y luego a los
Doce;
6 después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los
cuales todavía la mayor parte viven y otros murieron.
7 Luego se apareció a
Santiago; más tarde, a todos los apóstoles.
8 Y en último término se me
apareció también a mí, como a un abortivo.
9 Pues yo soy el último de los
apóstoles: indigno del nombre de apóstol, por haber perseguido a la Iglesia de
Dios.
10 Mas, por la gracia de Dios, soy lo que soy; y la gracia de Dios no
ha sido estéril en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Pero no yo,
sino la gracia de Dios que está conmigo.
11 Pues bien, tanto ellos como yo
esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.
12 Ahora bien, si se
predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos ¿cómo andan diciendo
algunos entre vosotros que no hay resurrección de los muertos?
13 Si no hay
resurrección de los muertos, tampoco Cristo resucitó.
14 Y si no resucitó
Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe.
15 Y somos
convictos de falsos testigos de Dios porque hemos atestiguado contra Dios que
resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si es que los muertos no
resucitan.
16 Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo
resucitó.
17 Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana: estáis todavía en
vuestros pecados.
18 Por tanto, también los que durmieron en Cristo
perecieron.
19 Si solamente para esta vida tenemos puesta nuestra esperanza
en Cristo, ¡somos los más dignos de compasión de todos los hombres!
20 ¡Pero
no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que
durmieron.
21 Porque, habiendo venido por un hombre la muerte, también por un
hombre viene la resurrección de los muertos.
22 Pues del mismo modo que en
Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo.
23 Pero cada cual
en su rango: Cristo como primicias; luego los de Cristo en su Venida.
24
Luego, el fin, cuando entregue a Dios Padre el Reino, después de haber destruido
todo Principado, Dominación y Potestad.
25 Porque debe él reinar = hasta que
ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. =
26 El último enemigo en ser
destruido será la Muerte.
27 Porque = ha sometido todas las cosas bajo sus
pies. = Mas cuando diga que "todo está sometido", es evidente que se excluye a
Aquel que ha sometido a él todas las cosas.
28 Cuando hayan sido sometidas a
él todas las cosas, entonces también el Hijo se someterá a Aquel que ha sometido
a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todo.
29 De no ser así ¿a qué
viene el bautizarse por los muertos? Si los muertos no resucitan en manera
alguna ¿por qué bautizarse por ellos?
30 Y nosotros mismos ¿por qué nos
ponemos en peligro a todas horas?
31 Cada día estoy a la muerte ¡sí hermanos!
gloria mía en Cristo Jesús Señor nuestro, que cada día estoy en peligro de
muerte.
32 Si por motivos humanos luché en Éfeso contra las bestias ¿qué
provecho saqué? Si los muertos no resucitan, = comamos y bebamos, que mañana
moriremos. =
33 No os engañéis: "Las malas compañías corrompen las buenas
costumbres."
34 Despertaos, como conviene, y no pequéis; que hay entre
vosotros quienes desconocen a Dios. Para vergüenza vuestra lo digo.
35 Pero
dirá alguno: ¿Cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vuelven a la
vida?
36 ¡Necio! Lo que tú siembras no revive si no muere.
37 Y lo que tú
siembras no es el cuerpo que va a brotar, sino un simple grano, de trigo por
ejemplo o de alguna otra planta.
38 Y Dios le da un cuerpo a su voluntad: a
cada semilla un cuerpo peculiar.
39 No toda carne es igual, sino que una es
la carne de los hombres, otra la de los animales, otra la de las aves, otra la
de los peces.
40 Hay cuerpos celestes y cuerpos terrestres; pero uno es el
resplandor de los cuerpos celestes y otro el de los cuerpos terrestres.
41
Uno es el resplandor del sol, otro el de la luna, otro el de las estrellas. Y
una estrella difiere de otra en resplandor.
42 Así también en la resurrección
de los muertos: se siembra corrupción, resucita incorrupción;
43 se siembra
vileza, resucita gloria; se siembra debilidad, resucita fortaleza;
44 se
siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual. Pues si hay un cuerpo
natural, hay también un cuerpo espiritual.
45 En efecto, así es como dice la
Escritura: = Fue hecho el primer hombre, = Adán, = alma viviente; = el último
Adán, espíritu que da vida.
46 Mas no es lo espiritual lo que primero
aparece, sino lo natural; luego, lo espiritual.
47 El primer hombre, salido
de la tierra, es terreno; el segundo, viene del cielo.
48 Como el hombre
terreno, así son los hombres terrenos; como el celeste, así serán los
celestes.
49 Y del mismo modo que hemos llevado la imagen del hombre terreno,
llevaremos también la imagen del celeste.
50 Os digo esto, hermanos: La carne
y la sangre no pueden heredar el Reino de los cielos: ni la corrupción hereda la
incorrupción.
51 ¡Mirad! Os revelo un misterio: No moriremos todos, mas todos
seremos transformados.
52 En un instante, en un pestañear de ojos, al toque
de la trompeta final, pues sonará la trompeta, los muertos resucitarán
incorruptibles y nosotros seremos transformados.
53 En efecto, es necesario
que este ser corruptible se revista de incorruptibilidad; y que este ser mortal
se revista de inmortalidad.
54 Y cuando este ser corruptible se revista de
incorruptibilidad y este ser mortal se revista de inmortalidad, entonces se
cumplirá la palabra que está escrita: = La muerte ha sido devorada en la
victoria. =
55 = ¿Dónde está, oh muerte, = tu victoria? = ¿Dónde está, oh
muerte, tu aguijón? =
56 El aguijón de la muerte es el pecado; y la fuerza
del pecado, la Ley.
57 Pero ¡gracias sean dadas a Dios, que nos da la
victoria por nuestro Señor Jesucristo!
58 Así pues, hermanos míos amados,
manteneos firmes, inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor,
conscientes de que vuestro trabajo no es vano el Señor.
1 En cuanto a
la colecta en favor de los santos, haced también vosotros tal como mandé a las
Iglesias de Galacia.
2 Cada primer día de la semana, cada uno de vosotros
reserve en su casa lo que haya podido ahorrar, de modo que no se hagan las
colectas cuando llegue yo.
3 Cuando me halle ahí, enviaré a los que hayáis
considerado dignos, acompañados de cartas, para que lleven a Jerusalén vuestra
liberalidad.
4 Y si vale la pena de que vaya también yo, irán conmigo.
5
Iré donde vosotros después de haber atravesado Macedonia; pues por Macedonia
pasaré.
6 Tal vez me detenga entre vosotros y hasta pase ahí el invierno,
para que vosotros me encaminéis adonde haya de ir.
7 Pues no quiero ahora
veros sólo de paso: espero estar algún tiempo entre vosotros, si así lo permite
el Señor.
8 De todos modos, seguiré en Éfeso hasta Pentecostés:
9 porque
se me ha abierto una puerta grande y prometedora, y los enemigos son
muchos.
10 Si se presenta Timoteo, procurad que esté sin temor entre
vosotros, pues trabaja como yo en la obra del Señor.
11 Que nadie le
menosprecie. Procurad que vuelva en paz a mí, que le espero con los
hermanos.
12 En cuanto a nuestro hermano Apolo, le he insistido mucho para
que vaya donde vosotros con los hermanos; pero no tiene intención alguna de ir
ahora. Irá cuando tenga oportunidad.
13 Velad, manteneos firmes en la fe, sed
hombres, sed fuertes.
14 Haced todo con amor.
15 Os hago una
recomendación, hermanos. Sabéis que la familia de Estéfanas son las primicias de
Acaya y se han puesto al servicio de los santos.
16 También vosotros mostraos
sumisos a ellos y a todo aquel que con ellos trabaja y se afana.
17 Estoy
lleno de alegría por la visita de Estéfanas, de Fortunato y de Acaico, que han
suplido vuestra ausencia.
18 Ellos han tranquilizado mi espíritu y el
vuestro. Sabed apreciar a estos hombres.
19 Las Iglesias de Asia os saludan.
Os envían muchos saludos Aquila y Prisca en el Señor, junto con la Iglesia que
se reúne en su casa.
20 Os saludan todos los hermanos. Saludaos los unos a
los otros con el beso santo.
21 El saludo va de mi mano, Pablo.
22 El que
no quiera al Señor, ¡sea anatema! "Maran atha."
23 ¡Que la gracia del Señor
Jesús sea con vosotros!
24 Os amo a todos en Cristo
Jesús.